Silbidos aislados

Lo peor que puede pasar con un hecho desdichado es que se comente de una manera estúpida. Los recientes silbidos y abucheos al Himno nacional, en presencia de los Reyes, constituyen, sin posible discusión, un grueso paquete de malas noticias, pero algunos descerebrados, celosos de preservar nuestro bienestar, los han transformado en una auténtica desgracia al comentarlos diciendo que se trata sólo de unos hechos aislados. Es muy difícil decir una cosa más idiota, más inexacta y más absurda con menos palabras.

Ya es grave que muchos españoles entiendan que les irá mejor si faltan de esa manera al respeto que nos deben a todos los demás y a nuestros símbolos comunes; es, por supuesto, grave, la muestra de gamberrismo y de pésima educación que eso supone; pero es más irritante aún que haya quien nos tome por tontos de solemnidad y pretenda convertir ese suceso en una mera anécdota. Es como si alguien quisiese consolarse de que le han robado la cartera o le han atropellado, arguyendo que el autor había sido sólo uno.

En primer lugar, el hecho no puede considerarse aislado de ninguna manera. Ni es la primera vez que se produce, ni ha sido nada imprevisto, sino, al contrario, perfectamente organizado. Por otra parte, el número de los saboteadores fue realmente alto. Pues bien, aquí estamos en manos de gente a la que lo único que se le ocurre es no televisar el acto, culpando luego al inocente director de deportes de TVE, cuando se protesta por esa manipulación intolerable. También es grave que el líder de la oposición, que es cómo se le llama, haya dicho algo muy semejante: se ve que está en racha de aciertos.

¿Por qué razón tendríamos que negar los españoles gravedad a una falta de respeto que se consideraría insoportable en cualquier otro lugar? ¿En razón de qué se puede considerar una especie de virtud política el disimulo frente a esa afrenta necia y cobarde? El nuevo ministro de deportes debiera tomar rápidamente medidas para que no pueda volver a producirse nada semejante. Si parte de las aficiones del Barça o del Athletic quieren pasarlo bien a costa de nuestra honra, o hacerse los valientes, deberíamos establecer un escenario legal en que esas bravuconadas les resulten lo suficientemente excitantes. Por algo bastante parecido a llamar negro a un negro se puede cerrar un estadio, pero si se trata de agredir a los símbolos comunes, a lo que esos idiotas piensan que es España, la cosa resulta gratis.

Es increíble que tengamos tantas tragaderas, pero más intolerable aún es que haya tantos memos en puestos de importancia que se piensen que nos chupamos el dedo. ¡Qué mal los hemos acostumbrado, por Dios!

El retruécano

Aunque tal vez  no tenga una gran formación retórica, está claro que ZP es aficionado a los juegos de palabras y, si no es él quien los cultiva, tiene un grupito de asesores que le preparan papelas la mar de ingeniosas con las que luce su aplomo en la tribuna. Eso que le dijo a Rajoy de no ser quien para dar lecciones porque lo suyo es perder elecciones es una cosa muy fina y muy ocurrente, además de que rima. 

ZP venera la sutileza que le parece, casi con seguridad, la parte más positiva en la herencia dialéctica de la lucha de clases que la izquierda ha debido abandonar, más que nada, porque resulta aburrido comer con los pobres cuando se puede cenar con los ricos y, encima, tenerlos con el corazón encogido, siempre a la espera de las dádivas presupuestarias. Además, a falta de buenos datos y de ideas originales, qué duda cabe que lo mejor es dar muestras de  ese ingenio florido que tanto veneran los españoles de a píe.

Cabe sospechar, sin embargo, que el presidente sea algo más que un aficionado a las frasecitas; algo hay en él que induce a creer en que es un solipsista del tamaño de un rascacielos. Lo razonable, dada su manera de afrontar los debates, o las hipotéticas crisis, es asumir que profesa vehementemente la creencia de que, lo que no se menciona, no existe en realidad. Su teoría es una variante de aquella afirmación, un tanto cínica, según la cual,  ya que no podemos cambiar el mundo, deberíamos, al menos, cambiar de conversación. Esa es, me temo, su arma secreta contra Rajoy: conseguir que el líder del PP se vea asociado con un aguafiestas, con una especie de cobrador del frac que, no en vano, va vestido con un aire relativamente fúnebre.

Frente a ese aire triste y amargamente realista, ZP pretende investirse de una gaya conciencia, ser amigo de las finuras y el cinismo suave. Cree que los españoles no son pasotas, sino escépticos, y siempre van a preferir a un humorista capaz de hacer un chiste en un funeral que a un contable que trabaja hasta los días en que hay partido.  En consecuencia, ZP se ha deshecho de personas tristes y taciturnas, como Solbes, y se recrea con la compañía de mujeres alegres y faldicortas, aunque la verdad alguna no está ya para muchos trotes, pero eso son minucias cuando se tiene voluntad de juerga y de pasarlo bien.

Pero ZP no se confía solo al efecto de las sutilezas sino que, a Dios rogando y con el mazo dando, se trabaja bien el apoyo de la artillería mediática, en espacial de las teles, tan divertidas, y tan predispuestas a las buenas noticias. La hormiga lo tiene crudo en su enfrentamiento con la cigarra. A Rajoy no se le ocurren frases ingeniosa sino cifras contundentes y eso resulta áspero y reiterativo, cree ZP. Algún día hará una variante de “mi reino por un caballo”, pero puede que se quede con ambos, por el asombro que produce su facundia y su imperturbable sonrisa. 

[Publicado en Gaceta de los negocios]

Sexo, mentiras y cintas de video

El título de la estupenda película de Soderbergh me ha venido a la cabeza con motivo del último discurso del presidente del Gobierno ante el Congreso. El tema principal es la mentira, mucho empeño en crear una realidad paralela para seguir tirando, lo demás fuegos de artificio, otra maniobra de distracción en la que picarán coroneles torpes. El Gobierno ha superado hace ya tiempo la normalidad para convertirse en un auténtico caso: la explicación tendrá que ver con tuertos y ciegos, pero no voy a entrar en eso. 

 

Los españoles no parecen ser  plenamente conscientes de que la política del PSOE nos lleva, por emplear otra expresión cinéfila, a la tormenta perfecta, al desastre total. Una de las pocas virtudes del presidente es la audacia, pero la audacia sin prudencia se llama temeridad, y puede llamarse crimen. En una situación tan mala como la española, Zapatero persiste en errores que le son advertidos con alarma hasta por los suyos que conservan un adarme de buen sentido.

 

El uso orwelliano del lenguaje está quedando convertido en un juego de niños en comparación con el cuajo del Gobierno para cambiar el nombre de las cosas: Aznar es el causante de la crisis, la economía reverdece, los niños catalanes aventajan al resto de niños españoles en el conocimiento de la lengua común, vamos a superar la crisis con más gasto, y un sinfín de etcéteras que podrían argüirse y que harían patente que Humpty Dumpty era un mero aficionado en comparación con Zapatero a la hora de hacer que las palabras signifiquen lo que a él le pueda convenir.

 

Pero no solo las palabras se retuercen. Deberíamos ser muy conscientes de que el retorcimiento de las leyes es, ahora mismo, la técnica de gobierno más efectiva de la izquierda de que gozamos de manera aparentemente tan inmerecida. Bastará con recordar las ideas, por llamarlo de algún modo,  de Zapatero sobre el significado del término nación o los trabalenguas con los trasvases y las reconducciones. Tal vez el caso más notable y reciente sea el de la reforma de la financiación de la televisión pública, y el apoyo consiguiente para la fusión de las cadenas amigas, al tiempo que se tapa la boca de los tibios. Se modifica lo que haga falta de la legislación y las condiciones de los concursos de adjudicación, de manera que el resultado sea el que convenga al Presidente y a su partido. De esta manera se obtiene dinero de todos para el disfrute del clan gobernante, sin que los suyos se le escandalicen porque se lo impide el estado de feliz inconsciencia en que les ha hecho caer el arrobo. Si Zapatero no tuviese que ganar elecciones, podría hacer suyo lo que dijo el presidente de la SGAE, que no estaban aquí “para ser simpáticos”.

 

Es muy evidente que esta izquierda que nos gobierna no cree en nada, pero, a cambio, es audaz, es decir, cree en sí misma, lucha denodadamente por su intereses sin que nada se interponga en su camino, ni leyes, ni diccionarios, ni lógicas. Tiene un método de explotación política que funciona bien, y lo aplica sin rebozo porque posee reservas de buena conciencia y de hipocresía literalmente inagotables. El apoyo incondicional de los suyos, a los que, además de halagar el oído, riega con abundantes regalías, no parece flojear, por el momento, de modo que no hay motivos para cambiar de catecismo. La izquierda es, además, previsora y ya se ha dado cuenta de la cobardía y sumisión de la derecha, de que el pacto con los happy few, siempre al servicio del que manda a ver qué se saca, le resulta suficiente para tener a la derecha en una suerte de impotencia crónica.  Pero, por si acaso, la izquierda está empezando a practicar también la acción directa, como lo pone de manifiesto el reciente asedio a la Asamblea de Madrid. Si le salió a pedir de boca el cerco de Génova en plena jornada de reflexión (¡aquí no hay nada que pensar!), es lógico que ensayen diversas medidas de intimidación, si ven que algo se mueve: tienen para ello suficiente ejército de reserva en esa nueva clerigalla que vive de la sopa boba sindical.

 

¿Cuánto puede durar este sainete? Si de ellos dependiese, la temporada sería eterna. ¿Puede acabar con esta clase de espectáculos la oposición? Parece que Zapatero no tiene mucho miedo por esa parte, pero tal vez se equivoque. Lo que debiera ser  evidente es que, en buena lógica, el electorado tendría que movilizarse en una gran operación de rechazo hacia esta superchería continua e irresponsable, pero, hasta ahora, no lo ha hecho. No hay que descartar que la cosa acabe haciendo realidad las teorías acerca de la cólera del español sentado, aunque para eso puede faltar todavía más tiempo del disponible. En medio de estas incógnitas, una democracia demediada y sin vitalidad se desangra. Como los conejos de la fábula, agonizamos discutiendo sobre galgos y podencos, en lugar de movernos en todas direcciones para que los cuentistas de este chapucero retablo de las maravillas tengan que salir por piernas del escenario.


[Publicado en El Confidencial]

Metaamorfosis

En la WWW2009 que se celebró el pasado abril en Madrid, Alfred Spector, de Google, titulo su intervención como “The Continuing Metamorphosis Of the Web”. Ese nombre, que suena a mitología antigua, es el que mejor cuadra a lo que está pasando ante nuestros ojos y que tanto nos cuesta entender. Las cosas van tan deprisa que casi dan ganas de recurrir a Heráclito, “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”.  La historia de la red es un ejemplo continuo de vitalidad, de participación y de creatividad. Como es lógico, hay unas cuantas empresas que van por delante, pero nadie tiene asegurado que las cosas vayan a seguir siendo así. Por eso resulta cómico que se propongan cosas tan absurdas como dar un ordenador a cada niño para resolver nuestra peculiarísima crisis económica, es decir que se aplique la misma receta de posguerra, un chusco para cada uno. Es evidente que algo hemos mejorado, porque siempre resultará más flexible un PC que un chusco, pero nuestra economía seguirá siendo de tercera, y con amenazas de ruina, mientras no se dejen sueltas las energías de cada cual, mientras la gente no se arriesgue y espere al subsidio, mientras el gobierno, este o cualquier otro, quiera seguir dirigiendo la orquesta, en plan Titanic.

Además de los que repiten fórmulas viejas, abundan los que tratan de adivinar qué va a pasar, para subirse a tiempo al carro. Es otro error. Las adivinanzas se han vuelto imposibles en la era digital, si es que alguna vez sirvieron. Los pronósticos tienen muy mal pronóstico. Lo único que cabe hacer es tratar de hacer cosas valiosas, cada vez más valiosas y sin querer dar lecciones a nadie, aprendiendo del mercado, que a veces no es muy sabio, pero siempre tiene razón. O se innova o no hay nada que hacer, es la tumba de la rutina. Nosotros tenemos una pésima educación al respecto, tan acostumbrados a repetir, a preguntar al que manda, en lugar de al público. Pero, pese a nuestros antecedentes exculpatorios, nadie nos va a regalar nada, especialmente si premiamos al que miente por sistema.

Editores y soportes

A medida que se va clareando el panorama de los dispositivos que permiten la lectura de textos con tecnología de tinta electrónica (una pantalla sin reflejos, sin titilaciones, sin molestias, tan fácil y grata de usar como el papel, pero más ligera y agradecida), se van complicando las relaciones entre las distintas entidades que soportan y organizan el mundo de la lectura y el futuro.

Los editores. Seguirán existiendo, sin duda, aunque su misión esencial no será la de articular una industria de producción y de distribución, y obtener beneficios de ella, sino la de escoger y preparar los textos para ofrecerlos con la mejor calidad, rigor y accesibilidad a los lectores. El editor será, sobre todo, el garante de una serie de criterios de calidad.

El librero. Lo tiene más complicado. El editor, o los autores, tenderán a quedarse  con parte de su negocio, si es pequeño, pero el librero siempre podrá luchar ofreciendo escaparates digitales de mucha mayor calidad y ventajas que la mayoría de editores no  podrán conseguir para sí mismos. De hecho a quien mejor le va en este negocio, por ahora, es a un librero, a Amazon.

Las bibliotecas. Tendrán que asumir una función que solo será lejanamente parecida a la de las bibliotecas clásicas. En el futuro, los libros, idealmente todos los libros, dejarán de ser ilocalizables y escasos, de manera que las bibliotecas no tendrán que prestigiarse por tener lo que otras no tengan, pues todos tendrán casi de todo. Su futuro estará en la especialización y en ser editores de lecturas, en proporcionar elementos de valoración de cualquier libro o texto que entreguen a los usuarios para tratar de aprender de ellos. El bibliotecario será un erudito acerca de las ediciones que maneja, tendrá que saber sobre ellas cuanto se pueda saber si quiere ser alguien en el futuro.

¿Qué pasará con los derechos de autor? Probablemente habrá que reducir los períodos de vigencia y habrá que adaptarlos al uso de los textos digitales. Quizá no tenga sentido que las bibliotecas presten libros digitales sin cobrar por ello, puesto que, a medio plazo,  ese será uno de los usos más frecuentes de lectura y el papel de las bibliotecas se confundirá, en cierto modo, con el de los editores. De cualquier manera, las bibliotecas deberán especializarse en libros (y en otra clase de formatos) que sean muy significativos y tratar de seguir el rastro de su lectura para que esas lecturas estén disponibles para cualquier estudioso posterior. Los textos más comerciales probablemente no podrán ser archivados en bibliotecas, porque con su servicio estarían haciendo una competencia insoportable a los editores sin ningún valor añadido.

No hay que preocuparse. Nadie sabía en 1920 cómo se iba a organizar la aviación civil y se sabía que estaba llegando. No lo hemos hecho del todo mal y tampoco lo haremos mal con la lectura y con el mundo del conocimiento. Pero es absurdo seguir pensando en que la nobleza y el valor del un libro consiste en que es un mazo de papeles cosidos.


[Publicado en adiosgutenberg.com]

Lo buena que es una ley

Un buen amigo, me manda un correo con este contenido que me pide difunda. Como estoy enteramente de acuerdo con lo que dice, así lo hago:

Lo bien que está hecha la ley:

SEÑORES LETRADOS, ¿ME   PUEDEN ACLARAR ESTOS DATOS?  

1. SUPUESTO  

 a) PEPE se descarga una canción de Internet.

b) PEPE decide que prefiere el disco original y va a El Corte Inglés a hurtarlo. Una vez allí, y para no dar dos viajes, opta por llevarse toda una discografía. La suma de   lo hurtado no supera los 400 euros.  

ACLARACIÓN: La descarga de la canción sería un delito con pena de 6 meses a dos  años. El hurto de la discografía en El Corte Inglés ni   siquiera sería un delito, sino una simple falta (art. 623.1   del Código Penal). 

2. SUPUESTO  

 a) CARMEN se descarga una   canción de Internet.  

 b) CARMEN va a hurtar a El Corte Inglés y, como se la va la mano, se lleva cincuenta   compactos, por valor global de 1.000 euros. 
ACLARACIÓN:
Seguiría siendo más grave la descarga de Internet. El hurto sería un delito, porque supera los 400 euros, pero
 sería de menor pena que la descarga (art. 234 del Código Penal).
 

3. SUPUESTO  

 a) JOAQUÍN , en el pleno uso de sus facultades mentales, se descarga una canción de Malena Gracia. 

  b) JOAQUIN en un descuido de Malena Gracia, se lleva su coche y lo devuelve 40 horas después. 
ACLARACIÓN:
Sería más grave la descarga. El hurto de uso de vehículo tiene menos pena, a tenor del artículo 244.1 del Código Penal.
 

4. SUPUESTO  

  a ) Ocho personas se intercambian copias de su música favorita.  

 b) Ocho personas participan en una riña tumultuosa utilizando medios o instrumentos que pueden
poner en peligro sus vidas o su integridad física.
ACLARACIÓN: Es menos grave participar en una pelea que participar en el intercambio de compactos. Participar en una riña tumultuosa tiene una pena de tres meses a un año (art. 154 del Código Penal)y el intercambio tendría una pena de 6 meses a 2 años (art. 270 del Código Penal). Si algún día te ves obligado a elegir entre participar en un intercambio de copias de CDs o participar en una pelea masiva, escoge siempre la segunda opción, que es obviamente menos reprobable.
 

5. SUPUESTO  

 a) JUAN copia la última   película de su director favorito de un DVD que le presta su   secretaria Susana.  

 b) Juan, aprovechando su superioridad   jerárquica en el trabajo, acosa sexualmente a su secretaria Susana. 
ACLARACIÓN: El acoso sexual tendría menos pena según el artículo 184.2 del Código Penal.
 

6. SUPUESTO  

 a) MÓNICA Y CRISTINA van a un colegio y distribuyen entre los alumnos de preescolar copias de películas educativas de dibujos animados protegidas por copyright y sin autorización de los autores. 

 b) MÓNICA Y CRISTINA van a un colegio y distribuyen entre los alumnos de preescolar películas pornográficas protagonizadas y creadas por la pareja. 

ACLARACIÓN: La acción menos grave es la de distribuir material pornográfico a menores según el
articulo 186 del Código Penal. La distribución de copias de material con copyright sería un delito al existir un
lucro consistente en el ahorro conseguido por eludir el pago de los originales cuyas copias han sido objeto de distribución.
 

7. SUPUESTO  

 a) NACHO, que es un bromista, le copia a su amigo el último disco de Andy y Lucas, diciéndole que es el ‘Kill’em All’ de Metallica. 

 b) NACHO, que es un bromista, deja una jeringuilla infectada de SIDA en un parque público.
ACLARACIÓN: La segunda broma sería menos grave, a tenor   del artículo 630 del Código Penal
 

8. SUPUESTO 

 a) ANTONIO fotocopia una página de un libro.  

 b) ANTONIO le da un par de puñetazos a su amigo por recomendarle ir a ver la película ‘La Jungla 4.0’. 


ACLARACIÓN: La acción más grave desde un punto de vista penal sería la ‘a’, puesto que la reproducción, incluso parcial, seria un delito con pena de 6 meses a dos años de prisión   y multa de 12 a 24 meses. Los puñetazos, si no precisaron una asistencia médica o quirúrgica, serían tan solo una   falta en virtud de lo dispuesto en el artículo 617 en relación con el 147 del Código Penal.
 

Hala, chavalotes, ya sabéis: pegad, violad, acosad, robad, pero no uséis el emule. ¡A esto hay que darle la mayor vuelta posible por toda la red a ver si alguien con criterio pone algún remedio!

 

Por la transcripción.

Se habla de libros

Por estos días ha llegado a ser costumbre hablar de libros, especialmente en Barcelona por el peculiar colorido de su día de San Jordi. Ahora mismo hay cierta confusión en el debate, digamos, periodístico; tan pronto se nos habla de que desaparecerán los libros de papel, como de máquinas fabulosas que fabricarán cualquier libro en escasos segundos, y abundarán como los quioscos de prensa, que también están en el alero.

Lo que se demuestra es que la abundancia de información no siempre se relaciona linealmente con la sencillez para formar criterio, o para hacerse cargo de cualquier cosa. De hecho, la información siempre se mezcla con un contrario enormemente variopinto, con la desinformación, y eso produce extrañas figuras en las que lo correcto se amalgama con lo fantásticamente inverosímil.

Quizá deberíamos serenarnos y pensar que, salvo que el progreso pueda consistir en una larga y veloz caminada hacia atrás, cosa que tampoco se puede descartar a la ligera, lo que parece más probable es que nos vayamos adentrando en un mundo en el que la información (que es lo que contienen los libros) se haga mucho más abundante, accesible y barata, y que, en consecuencia, se permita una mejora continua y efectiva de su calidad. Es decir, no habrá que competir por fabricar o tener un libro, sino por conseguir el libro mejor, la edición más completa e interesante. Sabemos, además, que esa edición va a estar accesible para que pueda ser leída de muchas maneras, como también han existido muchas variantes físicas de cada libro impreso, y que escogeremos la que más nos convenga o apetezca. ¿Algún problema? Siempre han existido grupos de personas a los que molesta que los demás podamos elegir, pero deberían ir acostumbrándose a que elijamos. ¿Desaparecerán los editores?: no; habrá más y mejores editores que se tendrán que centrar, casi en exclusiva, en la calidad textual e intelectual de lo que ofrecen, sin preocuparse de cosas que, bien mirado, son enteramente ajenas a aquello por lo que los libros nos interesan. 


[Publicado en otro blog]

Una democracia por hacer

Javier Marías escribió que España es un país monoteísta. Suscribiría el diagnóstico, aunque habría que hablar, más bien, de maniqueísmo, de entrega al Uno y al Otro, sin la menor heterodoxia. De esa falta de herejes se quejaba Unamuno, y en ella se funda ese conformismo, nada quijotesco, que nos caracteriza, por encima de la passion for life que proclaman los carteles turísticos. 

El caso es que deberíamos de caer en la cuenta de que la democracia se ha desarrollado entre nosotros con un mínimo de debate, con auténticas carencias de participación, como una simple fachada, valiosa, sin duda, pero insuficiente. Me parece que eso es especialmente evidente si se mira de cerca la forma en que los españoles nos relacionamos con el poder. De Pío Cabanillas se cuenta una anécdota que me parece sirve para ilustrar el caso: alguien le hizo notar que el joven Aznar se parecía cada vez más a Fraga y le contestó, «a Fraga no, se parece directamente a Franco». El problema sería relativamente menor si solo Aznar se hubiese parecido a Franco, pero la verdad es que el general gallego hizo auténtica escuela por doquier. No solo se parecen a Franco los líderes de la derecha, sino los líderes de la izquierda, los directores de El País, los catedráticos, los líderes sindicales, los periodistas, los conductores de Metro, por no decir nada de los presidentes de Banco. Los españoles tendemos a creer que la única forma de mandar es que todo el mundo calle en torno a nosotros. No tenemos una tradición democrática y liberal, sino una educación autoritaria que, además, no se inició con el franquismo sino que viene muy de atrás. Se suponía que la democracia iba a acabar con eso, pero todavía no ha sido el caso. 

Las consecuencias del autoritarismo son muy pesadas, y tienen una tendencia a permanecer y multiplicarse.  El debate auténtico queda proscrito o criminalizado, y lo que se hace a cambio es tener monótonos y repetitivos contrastes de pareceres con escuetas fórmulas en las que no cabe profundizar. Nuestra atmósfera política es extremadamente cansina: se puede leer un periódico de hace seis meses, o seis años, y tomarlo por uno de ayer, sin mayor problema. Y, a cambio de ese quietismo rutinario, una absoluta anomía práctica: en todo lo que a nadie importa, como la educación,  movida a tope. Lo único que parece interesarnos son los sucesos, si son con mujeres bellas, como las que le gustan a Berlusconi, mejor. 

En una atmósfera así, es casi imposible que aparezca nada realmente nuevo y competitivo porque tendería a ser ahogado desde las dos esquinas del peculiar planeta ibérico con un entusiasmo inquisitorial, aunque ahora se vilipendie a la Inquisición para disimular las nuevas reglas de obligado cumplimiento. La devotio ibérica, que ya llamó la atención a los romanos, sigue muy viva entre nosotros, de manera que la adhesión al líder sustituye cualquier capacidad de análisis de la situación, cualquier patriotismo,  el mero buen sentido: una conducta interesada que oculta la cobardía. Esta ausencia de competencia real mata por completo cualquier pluralismo y subvierte la legitimidad. No son los de abajo los que eligen al de arriba, sino el de arriba el que elige a los de abajo. Ya no se trata de ser representativo, sino de ser un hombre-de o una mujer-de, que también las hay. 

En esta atmósfera moral, la izquierda se ha transformado en un partido de posibilistas que sigue a ciegas las ocurrencias del líder, aunque muchos sean conscientes de que todo puede acabar en un desastre; ni rastro de esa izquierda liberal que podría haber surgido, si creyésemos en los milagros. Aquí la izquierda pasó, a toda prisa, de ser dogmática y marxista a ser oportunista y disciplinada: ha comprobado la eficacia de la táctica y conoce el desdén de los españoles por las verdades abstractas, sin dueño y sin provecho.  

La derecha, bien nutrida de altos funcionarios que aprenden a servir al que manda por encima de cualquier otra moral, ha conseguido, hasta ahora con éxito, reprimir su componente liberal para que triunfe su matriz autoritaria. Para certificar su mal fario, enteramente ajena al debate al que teme más que al demonio,  comete además, muy frecuentemente, el error de adoptar las ideas y el lenguaje del enemigo, se ejercita en gestos absurdamente tardo-progres esperando a que la fruta le caiga madura en la boca, por efectos de un turnismo no apoyado en el mérito, sino en el hartazgo.   

Lo demás, viene por si solo: subvenciones por doquier para que aprendamos que todo don viene de lo alto, protección al que forma parte del equipo aunque sea un robaperas de primera, y mucho darle leña al mono hasta que se aprenda el catecismo. Lo escribió Galdós al final de sus Episodios: “Un país sin ideales, que no siente el estímulo de las grandes cuestiones tocantes al bienestar y a la gloria de la Nación, es un país muerto. […] Prensa, Gobierno, Partidos, altos y bajos Poderes, todo ello anuncia su irremediable descomposición”: ¿Estamos a tiempo de evitarlo?

[Publicado en El Confidencial]

Madrid, tras los pasos de Barcelona

No me refiero al 2-6, del que diré alguna cosa luego. Madrid sigue a Barcelona en su empeño por ser sede olímpica en 2016, un cuarto de siglo más tarde del éxito global de la Ciudad Condal.  Me parece que los madrileños aguardan la noticia definitiva más que con una corazonada, como dice el anuncio oficial de la candidatura, con una mezcla de esperanza y de escepticismo que es muy propia de los habitantes de esta ciudad escasa de auténticas raíces, lo que muchos tienen por una de sus ventajas.

Madrid envidia, como es lógico, el empujón de imagen internacional que fueron los Juegos del 92 para Barcelona, y lleva años preparándose para ser digna de unos Juegos igualmente memorables. Sin embargo, todos sabemos que los Juegos se adjudican de un modo relativamente tangencial a cualquier justicia, a cualquier relación entre mérito y esfuerzo, porque, al fin y al cabo, estamos en la esfera del deporte, de la emoción, de la sorpresa y de los intereses no siempre evidentes.

Pero Barcelona, lo mismo que Madrid, no es conocida únicamente por sus Olimpiadas, sino por ser la ciudad en la que juega al fútbol el Barça, mes que un club, un equipo que con frecuencia ha practicado el fútbol más exquisito y sofisticado que se juega en el mundo, como ahora, por ejemplo. Cuando, hace ya cincuenta años, viajaba por España de niño madridista, me sorprendía encontrar en todas partes muchos núcleos de admiradores del Barça. A veces se dice que eso es, simplemente, un reflejo anti-centralista, pero se equivoca quien piense así. Lo que refleja es un símbolo de calidad, de ambición y de buen juego que la gente ha sabido reconocer desde hace muchísimos años, y que el Barça ha sabido mantener y renovar. Total, que lo menos que puede hacer el COI es dar a Madrid los Juegos del 2016, a ver si así nos olvidamos cuanto antes de la herida más dura y más reciente. Nuestra rivalidad es una de las mayores y mejores peculiaridades españolas y será siempre un factor de estímulo, de progreso y de perpetuo relevo en la cabeza.  

El Real Madrid en la encrucijada

Tras una temporada institucionalmente convulsa, el Real Madrid ha sufrido dos graves descalabros deportivos que han supuesto una durísima demostración de cuál es su realidad futbolística. El Liverpool derrotó al Real Madrid de forma contundente e inapelable: parecían niños de colegio luchando contra profesionales, pero lo peor llegó el pasado dos de mayo con la paliza azulgrana a domicilio: un contundente 2 a 6. Hay que remontarse a las derrotas frente al Milán de Gullit y compañía para recordar un trance tan amargo para la hinchada blanca. 

Ahora se aproximan elecciones y es muy de temer que una parte importante del público sienta deseos de arrojarse en manos del recuerdo para entregar  el Club a Florentino Pérez. La memoria es selectiva y tiende a olvidar lo que más duele, pero la verdad es que, independientemente de lo que Florentino pudiera hacer en el futuro, lo que ha hecho en el pasado difícilmente serviría para recomendar una segunda vuelta. Que segundas partes nunca son buenas es una lección demasiado nítida de la experiencia más común como para echarla en saco roto. Pero es que, además, Florentino dejó al Real Madrid tras tres años de sequía de trofeos que son los que han servido para cimentar la supremacía blaugrana de las últimas temporadas.   

Los presidentes sucesivos no han tenido una gestión brillante, pero son muchos los que afirman que la larga sombra de Florentino y los poderes que dejó instalados en la sede social no han permitido que  los presidentes interinos pudieran hacerse con el control de la sociedad. La prensa, deportiva y política, no ha cesado de aplaudir los supuestos milagros del futuro mandatario, bien engrasada, imagino, por el potente aparato del magnate de la construcción. Así se pueden ganar elecciones, que habrá que verlo, pero no se ganan partidos, y más dura será la caída. 

Los socios del Real Madrid deberían pensar que se encuentran ante una coyuntura histórica: o sacan fuerzas de flaqueza y se hacen con el control real del club, o vuelven a caer en manos de quienes no han sabido mantener la categoría que la institución se merece, ni con los zidanes ni con los pavones. Florentino practicó un presidencialismo sin flexibilidad en el que se escogía a los futbolistas por su fotogenia, antes que por su capacidad de sufrir por todos nosotros.  Si eso es lo que nos espera, que Dios nos ampare y, los que tengan estómago, que se hagan del Barça.