¿Un nuevo Aznar?

En plena cumbre de la Obamanía, ha podido pasar inadvertido el discurso de Aznar como doctor honoris causa en la Universidad Cardenal Herrera. Es un texto lleno de interés por la circunstancia y por el personaje.  Aznar nos invita a asumir el pasado y a afrontar la gravedad del presente huyendo de la resignación y apostando por la esperanza. Aznar recuerda que vivimos en una triple crisis, económica, política y moral, y nos exhorta a volver al camino del éxito seguido durante cerca de treinta años, incluyendo el largo período de González a quien Aznar cita en un contexto muy positivo. 

Bien, todo esto podría pasar, sin más, por retórica de ocasión, pero parece algo más. Aznar constata que la situación actual va más allá de una simple crisis de alternancia y que es necesario reemprender una ambiciosa agenda reformista que abandone la dinámica en la que España acabaría siendo únicamente una rara especie de Estado residual. 

¿Quiere esto presagiar una cierta vuelta a la política? Yo no lo veo así, pero creo que Aznar está advirtiendo a todos, pero en especial a los suyos, que deben abandonar la miopía y tomar medidas extraordinarias para  hacer que España pueda reemprender el camino del éxito. Como dice Aznar, la historia de las naciones libres la hacen los ciudadanos, con sus decisiones y asumiendo sus responsabilidades: es el único camino para hacer de  España una de las mejores democracias del mundo. 

Creo que Aznar es muy consciente de que los años transcurridos desde que dejó el poder no han sido lo que él pensó  que podrían haber sido. Las responsabilidades de cada cual son ya objeto de la historia, pero la política nunca se detiene y Aznar hace muy bien en recordar en clave mayor cuáles son los fundamentos morales de la tarea política. El éxito de Obama se ha basado, precisamente, en esa clase de recursos, en la convicción de que hay ocasiones en que es necesaria una ruptura con la inercia del pasado, en las que es gravemente necia la pretensión de seguir, sin más,  en el día a día, cuando el escenario ha cambiado de manera tan dramática.

 ¿Qué significa todo esto? En mi opinión, una clara advertencia al PP, no solo a sus dirigentes, a todos los militantes, de que se precisa una catarsis, de que es necesario tomarse la democracia en serio y que no se puede seguir tratando de administrar una supuesta herencia que ha sido desbaratada por muy diversos desastres.

No creo que el mensaje de Aznar sea únicamente para el PP porque su fondo es, inequívocamente, el patriotismo, una invocación que de ninguna manera debería dejar indiferente a la izquierda española, pero los primariamente concernidos son los militantes del PP a los que se recuerda que su deber es estar a la altura de unas circunstancias, que ahora no son cualquier cosa. 

[publicado en Gaceta de los negocios]

El Real Madrid y la política española

Aunque la actualidad del mundo del fútbol está sometida a una fortísima obsolescencia, es posible que los lectores aún recuerden los penosos sucesos de la semana pasada en torno a la presidencia del Real Madrid. Creo que, si se examinan con un cierto detenimiento, encontraremos en ellos una minuciosa reconstrucción de los defectos estructurales de nuestro sistema  político cuyo análisis puede tener algún interés. Al fin y al cabo, se trata de la forma en que los españoles organizamos y soportamos el poder, la forma en que entendemos la democracia.

Lo más doloroso es comprobar la ausencia absoluta de criterios éticos, de comportamientos ejemplares que se traduce, entre otras cosas, en una pornográfica falta de respeto a las reglas y en una entronización de la tropelía  y el insulto como artes supremas de la lucha política. Hace días, viendo uno de los episodios de El ala oeste de la Casa Blanca, escuche al Presidente Joshia Bartlet (demócrata) defender la contratación de una militante republicana diciendo: “soy capaz de percibir el ansia por cumplir con el deber a kilómetros de distancia”; esa capacidad para reconocer los valores que están por encima del interés partidista y egoísta brilla por su ausencia entre nosotros, de manera que se han impuesto como reglas de conducta tanto el desprecio a los argumentos y a las razones ajenas, como el pisoteo de cualquier mínimo atisbo de objetividad. De esta manera se explica con facilidad el éxito de los mentirosos.

En el caso del Real Madrid hay muchos testimonios de ese envilecimiento colectivo. Empezaré por lo más obvio: una parte muy importante de nuestra prensa, en lugar de informar,  ataca; en lugar de aislarse de la pelea para proporcionar elementos de juicio a sus lectores, se convierte en mamporrera y no renuncia a dedicarse al puro y simple matonismo. Que ese ejercicio de cinismo y de parcialidad sea propuesto como modelo de ética produce vómitos a cualquiera que conserve un mínimo de conciencia cívica. Una noticia puede definirse como la revelación de algo que algunos no quieren que se sepa, aunque muchos entienden que informar es conseguir que se haga real aquello que les interesa que lo sea: en lugar de periodismo de investigación, tenemos una gran industria de  suplantación que otros muchos se limitan, sin más, a repetir. 

Lo más grave, sin embargo, está, tal vez, en el fondo del asunto, en cómo las ambiciones más desorejadas de poder se disfrazan de desinterés, de madridismo, de afán de servicio en medio de la pasividad de los teóricos dueños del club, del pueblo soberano. Los electores, en este caso las decenas de miles de socios del club, suelen limitarse a ver cómo se despedazan los distintos candidatos mientras, a lo que parece, dan por válidas las proclamas de decencia y desinterés, de madridismo, que emiten en su nombre cualquier de los muchos portavoces que contratan con sueldos astronómicos para conseguir el apoyo de los medios de información

Todo hace patente que nuestra democracia solo se rinde ante el dinero. El dinero es casi el único poder, y el dinero se compra con más dinero, creando una burbuja de corrupción incontrolada e incontrolable que caerá, a no dudarlo,  sobre las cabezas de quienes  han consentido  tanto desafuero. Hace ya mucho tiempo que la izquierda dejó de hablar de los poderes fácticos, seguramente porque ha ingresado en el club aunque sea de temporera, pero lo que esa expresión mencionaba tiene ahora mucho más poder que nunca y es un cáncer en la democracia… y una enorme hipoteca en el Real Madrid.   

Se supone que el Real Madrid es de los socios, pero todo el mundo sabe que en el Madrid no se mueve un dedo sin que lo sepa quien de verdad tiene el poder, aunque haga protestas de ausencia, mientras terminales bien engrasados se dedican a cantar sus glorias y a pedir su regreso, tras el breve e iluso reinado de tres temporeros. En la democracia española, pasa un poco lo mismo y dejo que cada cual saque las analogías pertinentes porque no conviene pecar de excesivamente obvio.

 El Real Madrid se enfrenta a nuevas elecciones, pero, salvo que los socios decidan inquietarse por lo que en teoría les pertenece, el porvenir está atado y bien atado. El caso del Real Madrid es un aviso a navegantes. Lo curioso es que el desastre social y la mentira moral que supone seguir diciendo que el club es de los socios mientras sus destinos se deciden en muy otras partes, podría terminar si los socios cayeran en la cuenta del poder que efectivamente tienen. Bastaría que un candidato, hasta ahora inexistente,  se atreviese a jugar en serio la baza de la propiedad del Club proponiendo su conversión en una sociedad anónima, que dejaría un buen dinero a los socios que no quisiesen ser accionistas por mucho amor que profesen al club, para que se acabase esa farsa. Pero seguro que son muchos los que prefieren seguir creyendo que son los dueños del club aunque los empleados les traten como ganado. También hay analogía política para esto, pero tiene más miga y no es tan sencilla. 

[publicado en elconfidencial.com]

Madrid 10 Barcelona 1

Los madridistas, que son mayoría entre los madrileños, aunque Teruel también existe, desearían que un titular como este pudiera referirse al fútbol, pero eso resulta pero que muy improbable, al menos hoy por hoy. No se trata de fútbol, sino de deuda, y ahí las cosas son así de claras. Gallardón ha llevado la deuda madrileña a las cotas más altas que imaginarse pueda, hasta el punto de que ha dejado cortos a sus rivales socialistas, siempre tan competentes en esta clase de desaguisados.  Ha superado con creces, incluso, la barrera que le había propuesto el muy flexible Solbes, de manera que, con un caso tan nítido,  el PSOE estará en condiciones de echar la culpa a Rajoy, que suele llevarse esta clase de bofetadas propiciadas por el entusiasmo de sus más fieles, del crecimiento del déficit público.  Según informa Carlos Sánchez en elconfidencial.com, de acuerdo con las cifras del Banco de España, el ayuntamiento de Madrid debía al finalizar el tercer trimestre del año pasado, 6.496 millones de euros, lo que supone un 400% de la cifra existente al comienzo del mandato de Gallardón y que está a punto de alcanzar la supercifre de 8.000 millones, casi tres mil euros por madrileño.  Quizá no sea mucho si se tiene en cuenta que Gallardón aún no ha estropeado del todo la calle Serrano, aunque está en ello, ni ha puesto patas arriba el Paseo del Prado, que es uno de sus próximos proyectos.

Creo que una de las ventajas que Barcelona ha tenido siempre sobre Madrid ha sido la mayor categoría de sus alcaldes, seguramente porque para un barcelonés llegar a la plaza de Sant Jaume era una de sus mayores aspiraciones, mientras que los políticos madrileños han actuado siempre como si ser alcalde de la capital fuese un destino de segunda. Lo malo es que Gallardón quiere ser el líder del PP y está decidido a romper esa tradición poco brillante a base de gastar pasta y que lo pague el que venga. Visto que oponerse a ZP no funciona, piensa dejar en ridículo las cifras de déficit del PSOE. 

[publicado en Gaceta de los negocios]

Jugar con Internet o tomarse la democracia en serio

Ahora resulta que El PSOE golea al PP también en Internet. Leo en la Gaceta de los negocios un estudio sobre el uso de las páginas web, los buscadores,  las redes sociales y un cierto etcétera, en relación con los dos partidos que concluye con ese dictamen. También leo, en varios lugares, que Rajoy piensa convertirse en el Obama español y que para eso se ha agenciado la colaboración de un grupo de expertos (alguno de los cuales da mucha risa) con el fin de ponerse a la tarea.

No quiero engañar a nadie: ¡ojalá lo consiga!, pero me temo que, en esto, como en tantas cosas, suele ser inútil por completo querer arreglar la fachada del edificio sin ocuparse de los desequilibrios y problemas estructurales que la llenan de grietas. 

Los votantes del PP se preguntan muchas veces, sin duda, por las razones que hacen que su partido, salvo las escasas excepciones que están en la mente de todos, tienda a perder las elecciones más allá de la frecuencia que sería razonable vista la composición de la sociedad española. El diagnóstico está hecho y es rara la unanimidad de los analistas al respecto, de manera que lo que empieza a resultar intrigante es la inusual habilidad de los cabecillas del PP (de muchos, aunque no de todos ni siempre) para comportarse de manera inadecuada. En mi opinión personal, el error de análisis que precedió a la derrota de las últimas generales fue de los que hacen época, porque el sesgo que hizo ganar a ZP es más simple que el mecanismo de un chupete. Nunca he logrado adivinar a qué se dedican exactamente los que asesoraron a Rajoy en esa ocasión en que, al parecer y por una vez, sí se estaba jugando algo. Pero bueno, eso es ya historia, es decir aquello que desprecian los que se obstinan en ser más listos que la realidad.

Volvamos a Internet y a preguntarnos por las razones de esa diferencia. En primer lugar, habrá que considerar que la edad es un factor importante: los más jóvenes son más navegantes y, grosso modo, es un hecho que están prefiriendo a Zapatero. No entraré en este asunto que merece, por lo sorprendente, análisis aparte. Tiendo a pensar, sin embargo, que la sola variable de la edad no sea suficiente.

Otra variable creo que podría ser el grado de pericia tecnológica de los dirigentes y los asesores, pero me parece que ese es un factor que debiéramos desconsiderar porque por malo que sea el nivel de Rajoy  y los suyos no parece fácil superar el nivel de impericia del que ha dado muestras ZP en una entrevista reciente. Por lo demás, González Pons, que me parece que algo tiene que ver con esto, sí es persona competente y capaz de orientarse en estos asuntos, o, al menos, lo era.

A mi entender, la verdadera causa del desaguisado es que los militantes y simpatizantes del PSOE se sienten más motivados que sus pares  del PP porque su partido es relativamente más permeable, primera razón, y, en segundo término,  porque cada uno de ellos se juega más en el triunfo de su partido. Lo primero me parece evidente. El PP presume de tener cientos de miles de afiliados pero o bien no sabe aprovecharlos, para lo que bastaría con no querer que la competencia interna sea fuerte, lo que es un deseo muy razonable en los bien colocados, o bien los militantes y los simpatizantes saben que no cuentan realmente para nada y tratan de no sufrir más de la cuenta intentándolo en vano.

Internet representa un tipo de apertura que el PP está muy lejos de poder representar, de manera que los intentos de la maquinaria por simular mayores cuotas de participación conducirán inevitablemente a lo contrario.  Internet no es ya una imagen, sino una realidad bien granada en la que se mueve a su gusto la parte más dinámica y responsable de la sociedad española. De nada sirve tratar de engañar a este tipo de gente a la que su experiencia navegando le ha hecho capaz de buscar eficazmente lo que merece la pena y le ha enseñado a pasar ampliamente de las meras fachadas, de los simulacros. 

Un partido que evita el debate interno, que simula los congresos, que privilegia insensatamente los mecanismos hereditarios y que hace todo lo posible para designar desde arriba a los que habrían  de elegir desde abajo, está condenándose a ser un partido con muy escasa movilidad, con menos reflejos que la Cibeles, como diría un castizo.  El PP necesita tomarse en serio la democracia no solo hacia fuera sino, muy sobre todo, hacia dentro y, mientras no sea capaz de hacerlo en serio, seguirá fortaleciendo la impresión de que es un partido que ni se fía de los ciudadanos ni se gobierna democráticamente, de modo que seguirá sin ser capaz de merecer directamente el voto de la mayoría. 

Las últimas orientaciones estratégicas del PP, seguramente tomadas con la mejor intención, dan la impresión de que los dirigentes ya no se fían tampoco de las ideas que les dieron el poder hace casi quince años y que andan a la espera de que se produzca el abandono de los votantes socialistas, por otra parte extremadamente lógico. Pero se equivocan de medio a medio si piensan que esos desencantados van a votar una versión oportunista y acomplejada de la derecha porque siempre verán en ella no a un manso cordero, sino a un lobo cobarde, pero peligroso. La batalla hay que darla muy de otra manera, no disimulando sino convenciendo y para eso hay que ser, para empezar, ejemplar. 

El PP tiene que empezar a creer en serio en la democracia y eso significa apostar de manera efectiva por el debate de ideas y por la nitidez ideológica, de cara al exterior, y, hacia dentro, por un partido abierto en el que la gente de valía pueda  progresar sin necesidad de inclinar a todas horas el espinazo ante el que se encuentra momentáneamente arriba. El Obama que dicen andar buscando no saldrá de simular el empleo de Internet, sino de tomarse en serio la libertad, el debate de ideas y  la democracia.   

[Publicado en El estado del derecho]

El papel del papel

Una encuesta realizada en los Estados Unidos muestra que, por primera vez, Internet se convirtió en 2008 en la segunda fuente de información, superando la lectura de fuentes impresas, aunque aún por debajo de la televisión. Un 40% de los encuestados usa la red para enterarse de lo que pasa mientras que un 35% prefiere todavía el papel.  Aunque la TV sigue en cabeza de las preferencias, la encuesta registra un descenso significativo en el caso de los menores de de 30 años.

Hasta aquí la noticia, aunque las fuentes no precisan el grado de fiabilidad de la misma, pero el comentario que esto sugiere es el de un previsible e insoslayable declive del papel como soporte primario de la información. En este proceso se combinan, seguramente, dos factores: por un lado el fuerte hábito de apego a la lectura de papel impreso en las personas de más edad que solo desaparecerá de manera biológica y, por otro lado, que la lectura a través de pantalla va siendo cada vez más satisfactoria para los usuarios puesto que estos abandonan el sistema del papel impreso, si bien, como es lógico no de manera radical, para irse acostumbrando a las nuevas fórmulas, cada vez más eficaces.

Podíamos preguntarnos, bíblicamente, si esto se hace con el árbol nuevo, ¿qué no se hará con el viejo? Sin embargo, los datos sobre el uso de la pantalla para el estudio, la lectura culta y la investigación escasean o están, casi seguramente, muy sesgados por intereses nada inciertos. 

[Publicado en otro blog]

Montserrat Nebrera

El Partido Popular empieza a tener de nuevo la iniciativa. Ya era hora. Montserrat Nebrera, una militante catalana, que tuvo la osadía de presentarse a unas elecciones internas sin el visto bueno del aparato, va a ser emplumada por haber hecho unos comentarios desafortunados en una tertulia. La secretaria general se ha adelantado a Pepiño al denunciar el crimen nebreril y ha comunicado que se le abrirá expediente disciplinario.

Hay que preguntarse si esta mentalidad disciplinaria va a ser la tónica general a partir de ahora en el PP o si se cree que es la que siempre ha existido. A mí me parece, modestamente, que se trata de una novedad porque, en caso contrario, no entiendo la laxitud mostrada con algunas declaraciones de Fraga o del propio Rajoy, por no citar sino a los más significados y a  pifias que están en la mente de todos, que dejan en pañales las meteduras de pata de la asilvestrada Nebrera. Yo también creo que las declaraciones de Nebrera han sido inoportunas y que pueden haber perjudicado al PP en Andalucía, aunque esto sea difícil de comprobar. Pero estoy seguro de que perjudica bastante más al PP esa actitud autoritaria que nace, muy probablemente, de que la dirección se muestra incapaz de encauzar el cabreo de los suyos ante la falta de éxito de las iniciativas del PP, un dato que no será necesario argumentar, me imagino.

No hay manera alguna de crear y consolidar una democracia mínimamente respetable con la mentalidad inquisitorial que delata la iniciativa disciplinaria del PP. Un partido político no puede ser un clan de marselleses ni la Compañía de Jesús ni un regimiento de infantería ni la dirección general de la función pública. Las tareas políticas que tendría que cumplir con eficacia la dirección del PP son tantas y tan arduas que asombra que tengan tiempo para reparar en menudencias como el desliz de Nebrera. Por lo demás, si un partido no está a la altura de lo que piensan y sienten los militantes, aunque a veces se articule y se exprese de manera incorrecta, está bastante fuera de lugar.

El PP debería tomarse en serio su inspiración liberal en asuntos como este y echar por la borda su pasado ordenancista, que viene de donde viene, para tratar de abrirse a la sociedad y cumplir fielmente con su función constitucional que no es otra que dar cauce  al  pluralismo político, a la voluntad popular y a la participación política.  El PP debe estar más atento a preparar efectivamente una alternativa política que a corregir los exabruptos de los suyos, mucho más cuando no ostentan cargo público alguno. Lo contrario muestra una mentalidad de dueño de finca que debe ser muy placentera para quien la posee pero que no le sirve para nada a los millones de electores que esperan que el PP cumpla con eficacia su misión y deje de marear la perdiz a la espera del santo advenimiento.

[publicado en Gaceta de los negocios]

Un lugar en el mundo o el sueño del Faraón

La dureza de la situación económica ha dejado inservible la habitual contraposición entre optimistas y pesimistas: los primeros han pasado a ser pesimistas y los últimos son ya claramente catastrofistas. Se trata de un estado de ánimo con poco aspecto de pasajero y del que no saldremos hasta que no se cobre clara y pública conciencia de cuál es problema de fondo. No basta con adivinar que vienen años de vacas flacas, por usar la metáfora del Génesis (41, 17-33). Lo importante es acertar, como hizo José ante el Faraón, con el diagnóstico correcto del problema, porque sólo cuando se entiende lo que pasa se hace posible la solución correcta.

La primera decisión que habría que tomar es desterrar para siempre las interpretaciones oportunistas, interesadas y superficiales, es decir, todo lo que viene diciendo un gobierno incapaz y demagógico. Ni la crisis va a pasar en pocos meses, ni tiene solo causas externas, ni pasará hasta que no tomemos  la correspondiente medicina amarga.

La segunda decisión es comprender que estamos ante una crisis que afecta al conjunto del sistema y no solo a la economía: a la política, a las instituciones, a nuestra forma de vida. 

Durante un largo período de tiempo, casi cincuenta años, los españoles hemos aprovechado una apertura al exterior que nos era muy favorable. Los efectos más benéficos se han notado desde la entrada en la zona euro, pero la economía española, con crisis más o menos pasajeras, ha venido creciendo y fortaleciéndose mientras ha disfrutado de esa ventaja comparativa.

El problema es que todo eso se ha acabado de manera definitiva y, aunque no bruscamente, si en un momento y de un modo que nos ha cogido a casi todos mirando a las musarañas (“avanzando” absurdamente en el estado autonómico, diseñando planes asistenciales megalómanos, bajando los índices de productividad, etc.). Nos encontramos en una situación que podría representarse del siguiente modo: de repente en nuestra tienda no entran los clientes y tenemos que preguntarnos qué se puede hacer. Los gobernantes pueden, irresponsablemente, tratar de consolarnos haciéndonos notar que en las de los demás tampoco entran muchos, pero esa mentira va a tener un recorrido muy corto. Basta con ver el increíble ritmo de destrucción de empleo para subrayar que el problema que nos afecta de manera más grave tiene poco de general. 

Hay que preguntarse cuál es el lugar de nuestra economía en un mercado global, el único que realmente existe. Eso choca de manera brutal con la tendencia indescriptiblemente paleta de una gran mayoría de españoles que creen que el extranjero es Cataluña o Castilla y se da de bruces con la inmensa irresponsabilidad de los dirigentes políticos que usan la política exterior únicamente para consumo interno, algo así como el timo de Rumasa que decía vender telares en el exterior para cobra las subvenciones españolas. Esto es insostenible, además de ser penoso desde el punto de vista intelectual, pero va a costar sacudirnos esa roña y esa carroña que se sirve, por ejemplo, de atacar a Israel para poner en supuestos apuros al PP, como si éste no tuviese suficiente con lo suyo.

Hay que dejar de pensar que la economía española lo aguanta todo, que el sistema de pensiones no puede colapsar, que el Estado, o lo que de él va quedando, no puede entrar en quiebra. Si no se toman pronto medidas que lo eviten, veremos que las tres cosas son falsas.

No estamos, por tanto, ante una mera crisis económica, sino ante una crisis social y de sistema. Tenemos una clase política que adora el estúpido becerro de oro de la imagen y se olvida de nosotros, una casta cada vez más nutrida pero que se muestra notoriamente incapaz de coger el toro por los cuernos, que sigue pensando que manda el día a día sin caer en la cuenta de que el Titanic ha chocado  con un iceberg en la fría noche del atlántico y que se impone un plan riguroso de salvamento, aunque los heroicos músicos (que en nuestro caso son ridículos titiriteros) se empeñen en seguir tocando.

El amable lector pensará, sin duda, que soy de los catastrofistas, pues no: creo firmemente en que es posible salir de ésta, es más, creo que saldremos, pero estoy convencido que no podemos salir si nos empeñamos en no darnos cuenta de que lo que tenemos delante es un desafío mucho mayor, más grave y más profundo, que el que afrontamos  a comienzos de la democracia.

Mientras nuestro gobierno persista, y lo hará mientras se lo toleremos, en imitar  medidas que tal vez, aunque no se sabe, sean oportunas en otros lugares, sin pensar en lo muy específico de nuestra situación, estaremos perdidos. La situación es extrema y no empezaremos a ver la salida hasta que no nos convenzamos de que lo es. Entonces será el momento de la gran política y el éxito o el desastre dependerán de que podamos y sepamos escuchar la voz capaz de salvarnos del ridículo, pero también de la bancarrota.

[Publicado en El Confidencial]

Autobuses teológicos

Barcelona se ha adelantado a Madrid, aunque por poco, en utilizar la publicidad para promover un ateísmo supuestamente ilustrado. Un colectivo de ateos y librepensadores se ha hecho responsable de esta insólita campaña y, como las tonterías son muy fértiles, ya ha habido quien ha puesto en marcha la campaña contraria. Como hay que ser muy necio para pensar que la gente pueda creer o descreer en función de unos slogans, y no cabe suponer que gentes agudas y sutiles como los de ese colectivo de librepensadores sean tan poco avisados, habrá que pensar en que la campaña se debe a muy otras razones que las filosóficas. Supongo que, para empezar, como ocurre con todas las campañas, se trata de salir del anonimato y ver si alguien regala algún espacio gratuito que conceda ese minuto de gloria, terrenal, por supuesto, al que tiene derecho cualquier librepensador que se precie.   

Se trata de política, no de teología. Vivimos en sociedades en las que el que no se mueve no sale en la foto y gente tan valiosa como los ateos publicitantes, gente capaz, por ejemplo, de leer un libro inglés, o, al menos, de haber oído que se ha escrito, ha debido pensar que ya era hora de que fuesen tenidos en cuenta  por los poderes públicos, tan dados últimamente a la sumisión al Vaticano.

Además, los ateos comunicativos quieren que se sepa que, pese a la Navidad y otras engañifas teológicas, son gente muy dichosa y que nos desean a todos una vida ausente de prejuicios y entregada a los infinitos motivos de placer que adornan la vida de cualquiera y que la malhadada religión nos impide disfrutar. O sea, la chispa de la vida. Los ateos ilustrados quieren liberarnos de una dirección espiritual que produce toda clase de molestias y convertirse en unos coach más modernos y tolerantes para que nadie tenga ni miedo ni conciencia. Pretenden crear una raza nueva, porque son ateos genéticos y nos ofrecen un mundo feliz. El que se queje es que realmente es muy cenizo.

[publicado en Gaceta de los negocios]

Francia no nos clickea

Una de las cosas que más me han sorprendido del análisis de los datos que ofrece el repositorio institucional del CSIC, un espacio en el que sus científicos pueden depositar los trabajos de investigación que deseen y que, en régimen de Open Acces están abiertos a cuantos quieran consultarlos y bajar una copia a su archivo personal, es que desde Francia no nos clickean nada. Esto es lo que se puede comprobar en la página que examina las visitas y descargas por países de este sitio, que dicho sea de paso, está bien organizado y se utiliza con facilidad por los usuarios. La verdad es que,  desde que descubrí este dato hasta hoy que he vuelto a comprobarlo, la situación gálica ha mejorado, pero sigue siendo poco brillante.

A grandes rasgos, los datos muestran que nuestra ciencia depende y se aprecia mucho más en el ámbito anglosajón y en Iberoamérica que en Europa, lo que no sé si debería preocuparnos. El país con mayor número de visitas y de descargas es Estados Unidos que ha entrado 337.000 veces en el sitio y ha bajado casi 120.000 documentos. Le seguimos nosotros mismos, España, con 175.000 visitas y casi 118.000 descargas. Luego, hay un gran salto hacia abajo hasta que se tropieza con Méjico, que se sitúa, para ambos supuestos, en los 30.000 y con Inglaterra que está en cifras en torno a los 20.000. Francia aparece muy descolgada con cifras respectivas de 2091 y 2136, algo inferiores a las alemanas y un tanto por encima de las de Portugal. En medio, una notable sorpresa: Irán tiene solo 378 visitantes, pero, sorprendentemente, casi alcanza las 20.000 descargas, lo que supone unos 60 documentos descargados por visita, intensidad lectora que, de darse en caso de los Estados Unidos significaría que debieran haber descargado cerca de los 20.000.000 de documentos que, supongo, habrían puesto en un aprieto a los técnicos del CSIC. ¿Qué significa todo esto? Pues que vivimos en una época en que hay más datos que buenas informaciones, porque para saber lo que significa un dato hay que saber ponerlo en un contexto inteligible y, para el caso de Irán, no tengo ni idea de cuál puede ser el contexto. 

[publicado en adiosgutenberg.com]

Causas y síntomas

Parece que algo se mueve en el PP, aunque lo anormal sería que no se moviera, visto el panorama. Tanto la designación de Jaime Mayor como el rescate aznariano de María San Gil parecen moverse en una misma dirección, a saber, tratar de contener lo que pudiera ser una fuerte pérdida de votos por el flanco de UPyD. Creo que el éxito de UPyD merece una consideración más de fondo que la meramente táctica.  Tanto en este caso como en el anterior de Ciutadans, es claro que esas nuevas fuerzas surgen de la insatisfacción con el comportamiento de los grandes partidos. El PP no debería confundir su análisis: aunque sea obvio que ambas novedades tienen que ver con limitaciones de su política, el PP no debería entregarse al lamento o al intento de combatirlas, puesto que no dependen sólo de su inhabilidad, sino que tendría que ocuparse de que el espacio electoral que a él pudieran arrebatarle fuese mínimo.

No hay política sin limitaciones (nadie puede gustar a todo el mundo), de manera que siempre pueden cristalizar núcleos de descontento inmediatos a la zona de influencia de cualquier fuerza política, lo que hace completamente inútil y melancólico el esfuerzo directo por evitarlos.  Esto significa que es especialmente necio combatir el síntoma sin estudiar a fondo las causas y que, especialmente en el caso de UPyD, que nace inequívocamente de la izquierda, la política del PP debiera dirigirse a facilitar el crecimiento del UPyD a costa del PSOE, que es su electorado natural, sin dar por hecho que la mera existencia de UPyD le perjudique.

La pregunta esencial es ¿cuáles son las razones por las que UPyD arrebata votos al PP? Esa es la pregunta que se habrían hecho los estrategas del PSOE si hubiese existido una escisión del PP por su izquierda y se comprobase que quitaba votos a los socialistas. Mi impresión es que el problema del actual PP consiste en que ha aceptado pelear con las reglas que establece ZP, una conducta que le condena a la esterilidad e impide radicalmente su victoria, justamente lo que habrán perdibido los votantes del PP que decidan votar a Rosa Díez. Se trata de un error de bulto, algo así como que la Pepsi encargase su campaña de imagen a los ejecutivos de Coca Cola.

Ayer mismo leí unas declaraciones de un responsable (es decir, de alguien que debiera serlo) del PP afirmando que “Todos coinciden en que la pasada fue la legislatura de la crispación”, un diagnóstico que no mejoraría ni Pepiño Blanco. Ceder la iniciativa, imitar la estrategia del contrario, aceptar su lenguaje, renunciar a ofrecer planes coherentes y a argumentar de modo persuasivo, lleva a la repetición, al enfrentamiento ritual, cansa al público y hace que, en el circo del PP, se agiganten los enanos.