Treinta años después

No caeré en la tentación de decir que estas cosas sólo pasan en España, pero aquí ocurren con mucha frecuencia. Me refiero a lo que conocemos, o desconocemos, como 23 F, a la intentona de alterar un orden constitucional muy reciente. Pues bien, pasan los años, abundan las interpretaciones, pero la evidencia está bastante ausente. Así ha sido siempre con nuestros magnicidios, más frecuentes que en los EEUU, me parece, de modo que ni sabemos quién mató a Prim, ni si el discurso de Fernández Miranda al abandonar el gobierno tras el atentado a Carrero Blanco era algo más que lírica astúrica, y se podrían multiplicar los ejemplos.  Más reciente es el caso del atentado del 11 de marzo, el día de la historia de Madrid en el que ha habido más muertos mediante la violencia, asunto sobre el que se ciernen interrogantes sobradamente obvios. 
Ya digo que no es sólo cosa nuestra, y no hay más que pensar en el magnicidio de Dallas para caer en la cuenta, pero entre nosotros se consigue con cierta facilidad esto de que pase algo y no haya nadie capaz de explicarlo de manera plenamente satisfactoria. Somos un país viejo, perito en secretos agravios y ocultas venganzas, y a ocultación, la mentira y la hipocresía son deportes nacionales, como corresponde a una sociedad que es más cobarde de lo que debiera, tal vez porque cuando ha sido valiente no ha merecido la pena. 


Sobre un programa de reconocimiento de melodías

El futuro de España

La capacidad de los políticos para la simulación no debiera sorprendernos, pero es tanta que no deja de asombrarme. Ahora resulta que Zapatero dice que a los socialistas no debe preocuparles el futuro de su partido, sino el futuro de España. La verdad es que podemos considerar muy necesaria su declaración, visto lo que han hecho con ese futuro en los últimos años. Siempre me ha admirado el sexto sentido que tiene Zapatero para envolverse en la bandera cuando le conviene, cuando las cosas se ponen feas, se ve que no ha oído nunca lo que esa conducta le sugería a Samuel Johnson
Cuando éramos pequeñitos y nos querían sacar una foto en la que no pusiésemos cara de idem, el hábil retratista decía aquello de «mira al pajarito» y, si tenía suerte, se nos ponía cara de estar pensando en el trasmundo, que es lo que siempre buscan los fotógrafos artísticos. Zapatero es de ese gremio y nos invita a mirar al pajarito para que no se le note la cara que tiene. Lo malo es que, a veces, se le va el santo a los cielos, y vuelve a decir aquello de que lo caro no son las autonomías, sino el centralism: entonces los niños españoles nos ponemos a llorar de nuevo sin que ningún pajarito acierte a sacarnos de nuestra infinita pena. 


Una sociología optimista

Daniel Bell, uno de los sociólogos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, falleció el pasado 25 de enero de 2011, a los 91 años de edad, en su casa de Cambridge, Massachusetts. Bell, aunque comenzó su carrera como periodista, era el tipo de académico brillante y solvente que casi sólo puede abundar, a día de hoy, en las universidades de EEUU, gracias a un sistema muy competitivo que reconoce y premia la excelencia de modo inequívoco. Bell, como Thomas K. Merton, perteneció a esa estirpe de sociólogos que, dotados de una formación general muy amplia, pueden realizar su vocación estudiosa sin ninguna clase de limitaciones y con una gran variedad de medios de apoyo. Catedrático de sociología en Harvard, su obra forma parte de esa tradición política y sociológica anglosajona que se caracteriza por su capacidad de prestar atención, a un tiempo, a los fenómenos más menudos de la vida cotidiana, y al núcleo de ideas esenciales de cualquier filosofía relevante para la práctica del gobierno y para el análisis de los grandes conflictos culturales y morales con los que se enfrentan las sociedades occidentales. Daniel Bell ha sido autor de una obra muy abundante, muy variada y enormemente influyente en la que ha construido una interpretación rica, plural y coherente de nuestro pasado cultural, de las diversas crisis de las democracias contemporáneas, y en la que se ha atrevido a imaginar con fino olfato algunas de las grandes modificaciones que determinarán el futuro de la sociedad occidental. Fue el primero, seguramente, en darse cuenta de que nuestra sociedad se adentraba en una era post-industrial, en la que los conceptos económicos, políticos y laborales tendrían que cambiar de manera profunda como consecuencia del enorme impacto de las tecnologías, una modificación realmente decisiva que él supo diagnosticar ya en los años sesenta. Su influencia intelectual ha sido inmensa, hasta el punto de que el Times Literary Supplement recogiese dos de sus obras, «El fin de la ideología» (1960) y «Las contradicciones culturales del capitalismo» (1978), entre los 100 libros más influyentes desde la Segunda Guerra Mundial. Los términos que introdujo en sus análisis se han hecho comunes, y sus ideas se han extendido hasta tal punto, que algún lector desavisado podría tomar como una vulgaridad envilecida por su abundante circulación lo que hace unas décadas había constituido una de sus aportaciones plenamente originales.
Aunque sus orígenes políticos estén en la izquierda neoyorquina, sus ideas pueden ser compartidas por cualquier conservador inteligente, como el mismo se consideraba desde el punto de vista cultural. Sus críticos más feroces han procedido precisamente de la izquierda y le han reprochado que su obra oculte la realidad bajo un manto de idealismo, de teoría seductora pero, en sus esquemas dialécticos, escasamente fiel a la historia. Es normal que los pensadores de izquierda sospechen de alguien que afirmó con absoluta rotundidad que la muerte del socialismo estaba siendo el hecho político incomprendido del siglo XX. Lo esencial en su análisis del fin de la ideología, compartido con sociólogos como Lipset, Shils o Aron, era que las viejas ideas políticas del movimiento radical se habían agotado y ya no tenían el poder de despertar adhesión o pasión entre los intelectuales.
Para Bell, el factor decisivo en el desarrollo de la sociedad contemporánea es, además de la influencia tecnológica, el componente cultural, y estaba de acuerdo con Weber en que en los momentos cruciales de la historia la religión, muy lejos del opio del pueblo, puede ser la más revolucionaria de las fuerzas. Encontrar una teoría positiva del hogar público le parecía una tarea a la que nunca se puede renunciar, de modo que las relaciones entre el Estado y la sociedad, entre el interés público y el apetito privado seguirán siendo, obviamente, el problema principal del orden político para las décadas futuras
Su visión de los problemas sociales es, pues, optimista, no incurre en ninguna melancolía, ni se deja llevar por las melodías de ningún decadentismo. Es lógico que así sea en alguien al que conocemos con un apellido que fue el resultado de una americanización forzada de su nombre de cuna, Daniel Bolotsky, pues, aunque nació en el Lower East Side de Manhattan, sus padres eran judíos inmigrantes de la Europa del Este, y su familia pensó que sería conveniente liberar al niño de una carga tan notable cambiándole el apellido cuando Daniel tenía 13 años. Su biografía es pues, la de un triunfador, la de alguien que llega a la cumbre de la vida académica desde el suburbio. Esa experiencia personal de la dureza de la vida le hizo especialmente sensible a la comprensión de los complejos conflictos de que ha estado trufado el siglo XX, guerras, debates, crisis sin cuento, unos acontecimientos que supo colocar en una perspectiva positiva, optimista, como ocurre siempre que se estudian las cosas humanas sin prejuicios y con esperanza. 
[Publicado en La Gaceta]

Clint Eastwood es un genio

No descubro nada afirmando la genialidad cinematográfica de Eastwood, pero ayer tuve la oportunidad de ver Hereafter («Más allá de la vida») y tengo la imperiosa necesidad de ponerme a escribir sobre ella para afirmar que se trata de una película extraordinaria, de una verdadera maravilla. Además de un inicio realmente impactante, en el que imagino se nota la mano de Spielberg en la producción, la película cobra un ritmo narrativo que consigue mantener un in crescendo realmente extraordinario para culminar con una especie de final feliz que sorprenderá a más de uno. Siempre me ha llamado la atención el atrevimiento de Spielberg para crear películas realmente difíciles, aunque es evidente, que no todas le han salido perfectas, siendo todas realmente muy buenas. En este caso, a mi entender, la dificultad era extrema y el éxito, por tanto es mucho más meritorio. Para mí es una de sus grandes películas (Million dolar baby, Mystic River, Poder absoluto, Medianoche en el jardín del bien y del mal…), pero es, seguramente la más complicada de hacer y de hacer bien. Cojamos, por ejemplo, el caso de Sin perdón: se trata, sin duda, de una grandísima película, pero es más fácil de hacer porque hay un número alto de películas similares, y extraordinarias, que pueden servir de plantilla, si es que sabes hacerlo. No estoy queriendo decir que el cine haya de ser analizado por géneros, no lo creo, pero no cabe duda de que determinadas películas tienen detrás más tradición y oficio que otras, y, aunque sea muy difícil superar ese peso de la historia, también hay que reconocer que, al que domina su oficio, esa tradición le sirve de mucha ayuda si acierta a hacer algo más que repetir. Pero Hereafter no tiene, en lo que a mi se me alcanza, precedentes; hay que ser un auténtico maestro para meterse en un tema tan difícil y hacer una película tan honda, tan emotiva, tan escéptica y tan crédula a un tiempo. Vayan a verla, me lo agradecerán, y, si no les gusta, nunca más me hagan caso en esto del cine; yo, por mi parte, le negaré el pan y la sal a cualquiera que diga que no se trata de una obra maestra, aunque en algunos casos condescendería a explicar los porqués, pero no ahora, en que me voy a limitar a expresar mi admiración y a recomendarla con vehemencia.

Bruc


Pocas cosas me producen mayor satisfacción que poder hablar bien de una película española, aunque solo sea por lo raro que resulta. Bruc es una cinta que reúne una serie rara de virtudes, y, aunque no esté exenta de defectos, estos no son siempre los aparentemente inevitables en una producción nacional. Para empezar, lo que cuenta Bruc es interesante y visualmente atractivo. El argumento es suficientemente original y está planteado en el lugar justo: entre la leyenda y la historia. Lo que se narra es la persecución de un guerrillero avant la lettre, al que los napoleónicos atribuyen una derrota humillante de su ejército y al que pretenden exhibir como trofeo y arma de propaganda. Los guionistas han jugado con habilidad, y han transformado al niño tamborilero de la leyenda en un joven carbonero, hábil cazador y magnífico conocedor de un entorno difícil que, además, está teñido por el temor legendario que siempre provoca lo sagrado como ocurre con las inmediaciones de Montserrat. Asistimos entonces a una batalla desigual pero equívoca, en la que la víctima se transforma en verdugo de manera inexorable, un tema que la película asume conscientemente al acabar con una frase de Napoleón según la cual el inicio de la guerra de España fue el comienzo de la desgracia de Francia.

Tal vez haya habido un exceso de adaptación a las modas más recientes en películas de género más o menos similar, pero esto, aparte de difícil de evitar, es pecado menor. El caso es que cuesta creer que estés viendo sucesos de 1808 porque el aire general resulta demasiado contemporáneo, aunque tal vez me equivoque. La película no cansa, la acción está conducida con pericia, hay suficientes referencias realistas, las familias, y románticas, la novia, como para que la película no sea una fantasmada a lo Rambo. La música es también acertada, y, lo único que falla, si acaso, es la credibilidad de las armas y efectos especiales que, en cualquier caso, está mucho más cerca de o correcto que de lo esperpéntico.

Los productores se han atrevido, y no es mérito pequeño, a hacer una película catalana y española a la vez, lo que no debería ser extraño, pero hay que reseñarlo. Cataluña y España son tan inseparables como lo ha sido su historia y ese momento especial de guerra al francés es un sello sangriento y nobilísimo de esa hermandad, cosa que muy bien supieron ver nuestros grandes novelistas, Peréz Galdós y Baroja, tan desaprovechados por el cine, por cierto. La historia que nos cuenta Bruc no habría desmerecido la pluma de ninguno de ellos y es un soplo de aire fresco en entornos tan enrarecidos y envilecidos como lo son el cine y la política española.

El malestar político y el mito de la reforma de la ley electoral

Son muchos, y muchos más de los que debieran, los que piensan, y lo repiten con frecuencia, que una reforma de la ley electoral podría terminar con buena parte de nuestros problemas políticos. Dicha tesis se sostiene con los más variados motivos, aunque el más frecuente es la queja del excesivo papel que tienen los partidos nacionalistas, y en especial el PNV y CiU, en la política española. Se trata de un mal argumento, como espero mostrar, pero, peor aún, es una solución meramente aparente a un problema mal formulado.
La explicación del papel excesivamente influyente de los escaños nacionalistas y/o regionalistas en las Cortes hay que buscarla en otra parte, a saber, en la negativa del PSOE, sobre todo, pero también del PP, a ponerse de acuerdo en una serie de asuntos de fondo. Esta discrepancia de las dos grandes fuerzas les lleva a buscar el apoyo de grupos que, de otro modo, tendrían un peso notablemente menor en la política española. Es, pues, la pugna de los dos grandes partidos, y no la ley electoral, lo que eleva el valor de esos votos y lo que tantas veces nos obliga a tragar como medicina general lo que solo a ellos conviene.
La Constitución establece el sistema proporcional y eso hace que sea literalmente imposible prescindir de grupos que alcancen un cierto nivel, no demasiado alto, de representación, salvo en los distritos de muy pocos escaños. Es cierto que cabría una modificación de la ley actual, sin tocar su fundamento constitucional, ampliando el número de diputados, pero por esa vía no se conseguiría otro efecto que el mejorar la posición de los demás a costa del PP y del PSOE que son los más beneficiados con el sistema actual. Es obvio que los grandes partidos no se van a poner de acuerdo en perjuicio mutuo, de manera que poco más que hablar por este lado.
Cuadro 10. Distribución de votos y escaños en el Congreso





Candidaturas
votos
(%)*
escaños
(%)
PP
10.144.951
39,86
152
43,42
PSOE
9.599.424
37,72
144
41,14
PSC-PSOE
1.689.911
6,64
25
7,14
CIU
779.425
3,06
10
2,85
EAJ-PNV
306.128
1,20
6
1.71
ERC
291.532
1,14
3
0,85
IU
969.946
3,81
2
0,57
BNG
212.543
0,83
2
0,57
CC-PNC
174.629
0,68
2
0,57
UPN-PP
133.059
0,52
2
0,57
UPyD
306.079
1,20
1
0,28
NA-BAI
62.398
0,24
1
0,28
Total
24.670.025
96,94
350
100,00
Otros
778.659
3,05


Total votos a candidaturas
25.448.684
100,00







Indice de participacio: 73,84%



A poco que se observe en el cuadro adjunto, que refleja los resultados de las elecciones generales de 2008, se verá que el PSOE, al que hay que sumar los votos de PSC-PSOE, es el gran beneficiario del sistema, puesto que transforma un 44,36% de votos en un 48,28% de escaños, seguido de cerca por el PP. El reparto perjudica ligeramente a CiU, beneficia al PNV y a UPN-PP, perjudica a ERC, NA-BAI, BNG, CC-PNC, y a UPyD, pero, sobre todo a IU que obtiene un 0,57% de los diputados con un 3,87% de los votos. Cualquiera mínimamente versado en estas cosas sabe que no existe sistema perfecto, y que, aunque discutibles, las razones a favor del sistema proporcional frente al mayoritario, no son tampoco pequeñas.
¿Queremos expulsar a los nacionalistas del juego político? No, seguramente no; concentrémonos, pues, en analizar los problemas que realmente existen, y no los que nos imaginemos. Es evidente que hay un divorcio entre los intereses de los políticos y los de los ciudadanos, pero lo que se ha de hacer es tratar de atenuar esa situación sin apadrinar fórmulas milagrosas, sin caer en ese arbitrismo al que los españoles somos tradicionalmente propensos. Este divorcio político tampoco es cosa de ayer y no debiera llevarnos a disparatar. Nada menos que en pleno período electoral para las Cortes constituyentes de la II República, el siempre agudo Josep Plá escribía lo siguiente: “se ha producido en España un profundo divorcio entre las necesidades profundamente oligárquicas de la clase política triunfante y las necesidades sociales del propio país”. Ya se ve que no se trata de ninguna tara específica del momento presente de nuestra democracia, aunque es necesario insistir en que ahora ha adquirido un carácter especialmente grave.
Para verificarlo, bastará con echar un vistazo a este cuadro del CIS, que me ha facilitado mi amigo el politólogo Miguel Ángel Quintanilla. En él, se refleja la actitud que los españoles mantienen ante su gobierno y ante la oposición. Como se ve, lo que se trata de subrayar con una línea amarilla, la situación no ha dejado de deteriorarse desde el ya lejano año 2000.
Es muy fácil quejarse y decir que no nos merecemos unos políticos como los que tenemos, y en algunos casos, será verdad. Pero no seríamos dignos de queja si no nos preguntásemos cada uno de nosotros qué hemos tratado de hacer para mejorar esta situación, hasta qué punto somos mejores que nuestros políticos en nuestra actividad profesional, en nuestros negocios. Estamos ante una España que cada vez nos gusta menos, pero no debiéramos conformarnos con echar la culpa al empedrado, aunque sea el de la Carrera de San Jerónimo.
[Publicado en El Confidencial]

Sobran leyes de intenciones dudosas

La creación de instrumentos legales excepcionales debería reservarse para casos gravísimos, para asuntos que no generasen ninguna posibilidad de interpretación equivocada o de abuso; para el resto de situaciones debería bastar la ley ordinaria. El hecho de que se puedan producir determinadas formas de abuso de lo que habitualmente se entiende como propiedad intelectual, un asunto menos claro que lo que pudiera parecer, no justifica de ningún modo que el gobierno o el parlamento se puedan sentir legitimados para crear nuevas normas que pongan en riesgo los derechos ciudadanos para sobreproteger los intereses de grupos bien organizados y que se no dudan en pisotear los derechos de los demás para defender sus viejos negocios. El manifiesto adjunto se opone a la iniciativa del Gobierno español que introduce una serie de medidas, unas muy discutibles, otras claramente regresivas,en la llamada Ley de Economía Sostenible, nombre que es, en sí mismo, una paradoja, como ya he señalado otras veces en este blog. Bastan las leyes comunes y hay que oponerse a los estados de excepción en defensa de intereses de terceros bien organizados, poderosos y no precisamente ecuánimes. Una de las páginas web que han surgido en contra de las medidas que prepara el gobierno español es Internet no será otra TV, es decir no quedará únicamente en manos de gobiernos y grupos poderosos, al menos eso debiéramos procurar los ciudadanos que amamos las libertades y detestamos el dirigismo y las imposiciones despóticas por muy ilustradas que se supongan.

A partir de hoy, Red y Libertad

Consideramos imprescindible la retirada de la disposición final primera de la Ley de Economía Sostenible por los siguientes motivos:

1 -Viola los derechos constitucionales en los que se ha de basar un estado democrático en especial la presunción de inocencia, libertad de expresión, privacidad, inviolabilidad domiciliaria, tutela judicial efectiva, libertad de mercado, protección de consumidoras y consumidores, entre otros.

2 – Genera para la Internet un estado de excepción en el cual la ciudadanía será tratada mediante procedimientos administrativos sumarísimos reservados por la Audiencia Nacional a narcotraficantes y terroristas.

3 – Establece un procedimiento punitivo “a la carta” para casos en los que los tribunales ya han manifestado que no constituían delito, implicando incluso la necesidad de modificar al menos 4 leyes, una de ellas orgánica. Esto conlleva un cambio radical en el sistema jurídico y una fuente de inseguridad para el sector de las TIC (Tecnología de la Información y la Comunicación). Recordamos, en este sentido, que el intercambio de conocimiento y cultura en la red es un motor económico importante para salir de la crisis como se ha demostrado ampliamente

4 – Los mecanismos preventivos urgentes de los que dispone la ley y la judicatura son para proteger a toda ciudadanía frente a riesgos tan graves como los que afectan a la salud pública. El gobierno pretende utilizar estos mismos mecanismos de protección global para beneficiar intereses particulares frente a la ciudadanía. Además la normativa introducirá el concepto de «lucro indirecto», es decir: a mí me pueden cerrrar el blog porque «promociono» a uno que «promociona» a otro que linka a un tercero que hace negocios presuntamente ilícitos

5 – Recordamos que la propiedad intelectual no es un derecho fundamental contrariamente a las declaraciones del Ministro de Justicia, Francisco Caamaño. Lo que es un derecho fundamental es el derecho a la producción literaria y artística.

6 – De acuerdo con las declaraciones de la Ministra de Cultura, esta disposición se utilizará exclusivamente para cerrar 200 webs que presuntamente están atentando contra los derechos de autor. Entendemos que si éste es el objetivo de la disposición, no es necesaria, ya que con la legislación actual existen procedimientos que permiten actuar contra webs, incluso con medidas cautelares, cuando presuntamente se esté incumpliendo la legalidad. Por lo que no queda sino recelar de las verdaderas intenciones que la motivan ya que lo único que añade a la legislación actual es el hecho de dejar la ciudadanía en una situación de grave indefensión jurídica en el entorno digital.

7 – Finalmente consideramos que la propuesta del gobierno no sólo es un despilfarro de recursos sino que será absolutamente ineficaz en sus presuntos propósitos y deja patente la absoluta incapacidad por parte del ejecutivo de entender los tiempos y motores de la Era Digital.

La disposición es una concesión más a la vieja industria del entretenimiento en detrimento de los derechos fundamentales de la ciudadanía en la era digital.

La ciudadanía no puede permitir de ninguna manera que sigan los intentos de vulnerar derechos fundamentales de las personas, sin la debida tutela judicial efectiva, para proteger derechos de menor rango como la propiedad intelectual. Dicha circunstancia ya fue aclarada con el dictado de inconstitucionalidad de la ley Corcuera (o ley de patada en la puerta).

El Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet, respaldado por más de 200 000 personas, ya avanzó la reacción y demandas de la ciudadanía antes la perspectiva inaceptable del gobierno.

Para impulsar un definitivo cambio de rumbo y coordinar una respuesta conjunta, el 9 de enero se ha constituido la «Red SOStenible» una plataforma representativa de todos los sectores sociedad civil afectados. El objetivo es iniciar una ofensiva para garantizar una regulación del entorno digital que permita expresar todo el potencial de la Red y de la creación cultural respetando las libertades fundamentales.

En este sentido, reconocemos como referencia para el desarrollo de la era digital, la Carta para la innovación, la creatividad y el acceso al conocimiento, un documento de síntesis elaborado por más de 100 expertos de 20 países que recoge los principios legales fundamentales que deben inspirar este nuevo horizonte.

En particular, consideramos que en estos momentos es especialmente urgentes la implementación por parte de gobiernos e instituciones competentes, de los siguientes aspectos recogidos en la Carta para la innovación, la creatividad y el acceso al conocimiento:

1 – Las/os artistas como todos los trabajadores tienen que poder vivir de su trabajo (referencia punto 2 Demandas legales, párrafo B. «Estímulo de la creatividad y la innovación», de la Carta);

2 – La sociedad necesita para su desarrollo de una red abierta y libre (referencia punto 2 «Demandas legales«, párrafo D «Acceso a las infraestructuras tecnológicas», de la Carta);

3 – El derecho a cita y el derecho a compartir tienen que ser potenciado y no limitado como fundamento de toda posibilidad de información y constitutivo de todo conocimiento (referencia punto 2 «Demandas legales«, párrafo A «Derechos en un contexto digital», de la Carta);

4 – La ciudadanía debe poder disfrutar libremente de los derechos exclusivos de los bienes públicos que se pagan con su dinero, con el dinero publico (referencia punto 2 «Demandas legales«, párrafo C «Conocimiento común y dominio público», de la Carta);

5 -Consideramos necesaria una reforma en profundidad del sistema de las entidades de gestión y la abolición del canon digital (referencia punto 2 Demandas legales«, párrafo B. «Estímulo de la creatividad y la innovación», de la Carta).

Por todo ello hoy se inicia la campaña INTERNET NO SERA OTRA TELE y se llevarán a cabo diversas acciones ciudadanas durante todo el periodo de la presidencia española de la UE.

Consideramos particularmente importantes en el calendario de la presidencia de turno española el II Congreso de Economía de la Cultura (29 y 30 de marzo en Barcelona), Reunión Informal de ministros de Cultura (30 y 31 de marzo en Barcelona) y la reunión de ministros de Telecomunicaciones (18 a 20 de abril en Granada).

La Red tiene previsto reunirse con representantes nacionales e internacionales de partidos políticos, representantes de la cultura y legaciones diplomáticas.

Firmado

Red SOStenible

http://Red-SOStenible.net

La Red Sostenible somos todos/as. Si quieres adherirte a este texto, cópialo, blogguéalo, difúndelo.

Facebook: http://www.facebook.com/pages/Red-SOStenible/252285874338

¿Le gusta Zapatero?

Una encuesta reciente de Intereconomía Televisión, que, sin pretender ser científica, sí ha sido honesta con los entrevistados, nos ha ofrecido un testimonio más de que el presidente está empezando a perder credibilidad entre los suyos. Los porcentajes de adhesión a su tarea, con ser altos, están muy por debajo del nivel habitual de aceptación de la izquierda. Parece que cada vez son más los españoles que piensan que Zapatero es una desgracia inmerecida.

España está en medio de una gravísima crisis económica, que siempre ha sido negada por un gobierno que, coherente a su manera, tampoco está haciendo nada por salir de ella. Por si fuera poco, cada día se nos aflige con un nuevo disparate y ya no sabemos qué cara poner de la vergüenza que nos da estar en tales manos. Es muy significativo lo que tanta gente repite: el peor gobierno… y la peor oposición. Naturalmente, quienes saben que en la política se juega con algo más que con palabras, están ya muy poco dispuestos a soportar la facilidad de Zapatero para decir vaguedades con tono de solemnidad, mientras es incapaz de hacer nada positivo.

Son muchos los españoles que valoran muy escasamente la situación internacional, seguramente prisioneros de un esquema muy simple que contrapone buenos y malos. Es normal, hasta cierto punto, que los buenos de Zapatero sean quienes son, Castro, Chavez y Evo, pero no hay manera de comprender la mansedumbre con la que se aceptan las chulescas marrullerías de Marruecos o las amenazas de los… ¡gibraltereños! En este clima de auténtico desprestigio de España no es raro que aumenten a toda prisa los valerosos independentistas regados con el dinero de Madrid (léase Madrit). Cualquier español mínimamente viajado, puede comprobar la irrelevancia internacional de España, y que estamos empezando a ser la comidilla de Europa, donde según sus promesas íbamos a ser centrales, y donde no se nos hace el menor caso, reducidos, como estamos, a la condición de enfermo holgazán que no se toma la medicación adecuada porque resulta desagradable.

Volviendo a la encuesta, también nos advierte que quienes creamos que Zapatero está siendo un pésimo gobernante, tenemos motivos para reflexionar, porque el nivel de quienes todavía le apoyan está muy alto; que, con todo lo que está pasando, un treinta y ocho por ciento se manifieste partidario de darle otra oportunidad no deja de ser asombroso, y seguramente no es casual. Todos los que pensamos que la destitución pacífica de Zapatero, mediante voto de censura o mediante las urnas, es una necesidad y una urgencia, deberíamos preguntarnos si se está haciendo lo que hace falta para lograrlo, o si estamos dispuestos a esperar estoicamente la caída de la hoja… que lo mismo no llega con esto de la lluvia fina y el cambio climático.

En defensa de los derechos fundamentales en Internet



Esta imagen es un símbolo de apoyo al manifiesto que sigue, y que extraigo del blog de Enrique Dans

«Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas,bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividadesasociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticasauspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia».