Wert

El ministro de educación acaba de caerse de un guindo, cosa muy propia de los ministros. Ha dicho que tenemos un problemón, pero que los niños españoles no son más torpes. Adivinanza: si los niños no son más torpes y el resultado es peor: ¿quién es responsable?, ¿son los profesores? ¿no serán acaso los políticos que tardan años en caerse del guindo y pastelean con lo que ignoran? Ustedes mismos. 
Disculpas inglesas

Una nota sobre la política y la llamada crisis de valores

Tengo mis reservas sobre la conveniencia de sumar sin demasiadas precauciones los problemas morales y las deficiencias políticas. Creo que los primeros solo son aparentemente sociales y tienen una raíz indiscutiblemente personal, se dan en todas partes y no tienen un tratamiento político claro. Adicionalmente, esos problemas existen también en lugares y épocas en las que no hay problemas políticos como los que nos afectan, de modo que por pura lógica milliana deberían ser excluidos del análisis, aunque no se me ocultan dos cosas al respecto: la primera que es muy característico de ciertos tipos de conservadores hacer esa mezcla, un poco a la ligera, la segunda es que no niego que una política conservadora, de la que soy franco partidario, debería defender ciertas ideas morales, cosa que el PP ha tendido, insensatamente a eludir. Pero quiero insistir en que ese tipo de análisis moralista de la política me parece intelectualmente muy objetable, políticamente estéril, cuando no negativo, hablo siempre de debates públicos, no para hablar alrededor de una mesa de amigos cuando me parece casi inevitable, aunque también un poco cansado. 

Yendo a otros aspectos del problema, estoy de acuerdo con el análisis sociológico que distingue varios sectores distintos entre los conservadores, y hace hincapié en el hecho de que haya entre ellos serias divergencias  políticas (y de otro tipo, pero me interesan las políticas). Creo que ese es uno de los enormes errores estratégicos del PP desde su fundación y que nadie ha corregido nunca, la inexistencia de un debate interno imprescindible en una derecha plural, como lo es la española (sector católico conservador/autoritario, sector liberal/católico, sector liberal/laico, sector católico/socialdemócrata, sector conservador/tecnocrático/laico, y se podrían añadir más) que para simplificar podríamos dividir en solo tres áreas, la católica, la liberal y la tecnocrática. Pues bien, el PP no ha sido nunca consciente de que es necesario hacer política interior con ellas para llegar a soluciones inteligentes y que satisfagan un mínimo de las tres y ha tendido a confiar su dirección a un núcleo de «profesionales», trepadores de ocasión,  que pretenden explotar un carisma (en el sentido sociológico del término) con el que nunca han sido agraciados ni investidos, más allá del absurdo y ridículo sistema de investidura de la herencia fragiano-aznariana. Esta ausencia de una tensión política interior e inteligentemente tratada  ha hecho que tienda a predominar un posibilismo de vía estrecha que ahora está llegando a su más extrema caricatura, que reduce la política a una tecnocracia económica que se supone triunfará indefinidamente si las cosas van bien, olvidándose incluso del panem et circenses que tan bien maneja la izquierda, o, lo que es peor, continuando con el mismo panem et circenses de la izquierda, con un resultado previsible. Esa política trata de imponer de manera autoritaria una unidad absurda en el seno del PP y se traduce en la producción de un tipo de líderes maniqueos, oportunistas y cínicos que es lo que ahora abunda. Por si alguien no sabe a que me refiero, me bastará recordar a la secretaria general del PP quien pretende que sea un éxito político del PP el supuesto fracaso de Mas en Cataluña, y juega a que creamos que el soberanismo es solo la nube que trata de ocultar ese fracaso. Esta misma señora dijo en un debate reciente en la Fundación del Pino, creo recordar, que eso de la soberanía era cosa que había que manejar con cuidado, es decir que piensa y siente al modo zapateril. Estos políticos que no conocen ni siquiera el país al que pretenden servir (ni, por supuesto, su historia) son la quintaesencia de esa forma de hacer la política que solo ha podido triunfar, de manera transitoria, tras el ejemplo más demencial de izquierda desquiciada, y, desde luego, están llamados hundirse y hundirnos, salvo que se crea en los milagros imposibles de la macroeconomía, que no es mi caso. 

El PSOE, o la izquierda, son también plurales, pero están mejor articulados, porque hacen un cierto debate interno y no heredan ninguna tradición carismática, son algo más modernos, en esto, que los del PP que mandan. Eso explica que estando profundamente divididos y habiendo cometido errores gravísimos sean capaces de mantener un cierto tipo de unidad política que en la derecha no sabe lograrse. En el PSOE hay comunistas castristas, socialdemócratas e incluso vaticanistas, pero saben cooperar, debatir, poco de todos modos, y repartirse áreas de influencia, de manera que logran formular mejor políticas de mínimo común múltiplo, aunque, eso sí, insensatamente catalizadas por un odio visceral a la derecha. Yo creo, por cierto,  que este maniqueísmo  es una herencia sarracena que por supuesto funciona también en la derecha, lo digo porque ese fenómeno no se da de manera similar en los otros países católicos y latinos.

Esa falta de políticas inteligentemente consensuadas en el seno del PP mediante un debate habitual, que es inexistente y se sustituye por una fidelidad perruna a lo que diga Mariano, o Esperanza, hace que los electores de la derecha, no todos, pero sí muchos,  estén continuamente pidiendo nuevos partidos, como si eso arreglara algo, lo que no es sino una manifestación más de ese enfermedad del arbitrismo, tan vieja en España, y esa tentación anti-política que ya era muy poderosa antes y se incrementó con el franquismo. Todo ello sirve para fortalecer una de nuestras mayores debilidades, valga la paradoja, puesto que la querencia estatalista-socialdemócrata es potentísima, también en la derecha, y eso solo se cura viajando, que es caro y lento, y debatiendo, cosa que no se hace porque hay un sector muy amplio e instintivo en la derecha que recela  de las ideas, de los intelectuales (¿adivinan de dónde viene?) y que interpreta que la cultura y el pensamiento son peligrosos porque son de izquierdas, y así les/nos va. 

Creo que no hay otro remedio que reformar desde dentro el partido de la derecha, cosa que será lenta y difícil, pero cualquier otra solución será más lenta, más costosa y tendrá efectos incontrolables. Se que es muy jodido, pero nadie me ha pagado nunca para creer en el cuento de la lechera, aunque sea consciente de que éste mío también puede parecer de los hermanos Grimm. 

¡Más madera!

Como en la delirante escena de los Hermanos Marx en el Oeste, nuestro   ministro de Hacienda se ha soltado el pelo en plan Groucho, y, al grito de “¡más madera!”, está destrozando el tren económico a base de nuevos impuestos, hasta dejarlo en los purititos huesos. “¡Es la guerra!”, dice Groucho-Montoro sin pararse a pensar, ni un minuto, de qué lado se supone que tendría que estar, porque, al parecer, todo consiste en que la locomotora, aunque sea sin tren, llegue al déficit convenido. Miedo da este hombre creativo hasta el surrealismo, a la hora de inventar hechos imponibles y descubrir sujetos pasivos a los que dejar en pañales, como Gandhi, aunque esto sea de otra película. 
Un amigo me jura que Montoro es, en realidad,  un peligroso liberal que se ha infiltrado en un gobierno de realistas,  para poner un calificativo que no moleste, y que está firmemente dispuesto a demostrar que lo de la curva de Laffer es cierto, a ver si así convence a Rajoy y al PP de que conviene no esmerarse en la subida de impuestos. Mucho mejor sería dar la curva por demostrada, y aplicarse un poco más en gastar menos en lugar de ese empeño en recaudar más, pero los hacendistas son así de rigurosos, y no se creen nada que no sea la práctica contable, y a veces ni eso, porque siempre hay alguien ocurrente para sugerir que el resultado parece dar razón a Laffer, pero que se trata de una simplificación, y hay que seguir apretando al personal para que no se cabreen más los catalanes, que menudos se han puesto con lo de Wert, otro liberal disfrazado.
Los hermanos Marx están bien para unas risas, pero en economía conviene hacer los experimentos con gaseosa, como   recomendaba don Eugenio. ¿Es tan difícil comprender lo sano que es que la gente pueda trabajar para sí en lugar de para Hacienda?
[Publicado en La Gaceta]


La curva de Laffer y el sentido común

Hoy viene una estupenda entrevista con Arthur Laffer, que, por cierto, parece mucho más joven de lo que yo creía,  en Libertad Digital, y este es su consejo, que yo suscribiría la mil por cien:  «Pues que lo que necesita España es bajar todos los impuestos, controlar el gasto y simplificar las regulaciones», lo que no dice es que, de ese modo, el mangoneo político se vería severamente reducido, y ahí le duele, de manera que seguiremos siendo menores de edad bajo la paternal mirada de Rubalcaba y otros sabios sindicales.
Tecnología y ficción

Xavi, juega bien y piensa mal

Xavi, que es un futbolista excelso, ha declarado que no le parece bien que se les exija no hablar en catalán, y me uno a su protesta, pero me temo que esté desenfocada y no se pueda criticar a nadie. Lo que está pasando, a ver si se entera el chico de los pases magistrales, es que no se puede escolarizar en español, o castellano como dicen algunos, a los niños catalanes, o que viven en Cataluña, y quieren escolarizarse en su lengua materna, cuando casualmente es la española. Espero que el jugador no esté dispuesto a prohibir una cosa tan razonable, que es lo que hace la política de inmersión nacionalista, cosa que queda claro hasta con el nombre. De todos modos, no van a conseguir lo que se proponen, y van a quedar en ridículo antes pronto que tarde, pero es una pena que se pueda ser tan eximio jugador y tan miope, o cobarde, ciudadano.  

Nacionalistos

De nuevo cito una información de El Confidencial que me parece oro molido, de ser completamente cierta, que lo parece. Resulta que el Príncipe de CiU, uno de los Pujol juniors, se dedicaba a cobrar dinero por facilitar la deslocalización de empresas en Cataluña. Hay que reconocer que son listos y no se andan con chiquitas, cobramos por entrar, por estar y por marcharse: el cuento de la lechera, pero funcionando gracias a que la bandera no destiñe ni destapa. ¡Qué asco! ¡Ya verán en cuanto se entere la Rahola como los pone en su sitio defendiendo a Cataluña!
Google arriba y Google abajo

Consejos muy útiles

El Confidencial de hoy viene con un par de columnas con consejos que me permito recomendarles (he estado a punto de utilizar «trasladarles» para evitar «aconsejarles», pero me he reprimido a tiempo de usar esa palabra tan en boga de políticos, sobre todo en infinitivo,  «trasladar», serán memos), el primero de ellos  porque se refiere al buen escribir, y al  buen uso de la lengua, tan deteriorado, y el segundo porque recuerda muy sensatas reflexiones de Steve Jobs que, aunque no era mi héroe favorito, no era ningún tonto. 
Si es  posible, hagan un esfuerzo especial por no perder del todo el subjuntivo, sean responsables con nuestra hermosa lengua, por favor. 
¡Quiten sus manos de Internet!

No se sabe qué es peor, o corrupto o gilipollas

Un periódico pregunta al público si cree o no las explicaciones del diputado navarro, del PP, que ha sido detenido por la policía, y luego puesto en libertad, no teman, al ir a recoger un sobre que, supuestamente, contendría  25.000 euros como pago ante un chantaje. Yo no sé si el diputado es inocente de esa acusación, pero sí sé que si lo fuese tendríamos que considerarle un tonto de mucho cuidado, vistas las explicaciones que ha dado de su conducta.
Imagino que, al final, se sabrá lo que realmente ha sucedido, pero ya sabemos que el PP no escoge todo lo bien que podría hacerlo a sus diputados madrileños, pues se trata de un cunero en esta provincia.
Insisto, es posible que se haya dejado llevar por la curiosidad que mató al gato, pero es necesario ser muy tonto para no recelar la posible trampa y muy aprovechado para, siendo diputado, nada menos, no poner las informaciones que pretendidamente le hicieron ser tan cotilla en manos de la policía para que no hubiera ninguna posibilidad de  un malentendido. Total que hasta para ser corrupto hay que ser medianamente listo, y muchos no dan la talla y prefieren el riesgo de pasar por tontos inocentes antes que renunciar a la posibilidad de un bocado más. Deseo que no sea el caso de este señorito, pero ha quedado retratado por el photomatón, que no es gran cosa desde el punto de vista estético.

Los Rectores y las Rectoras

Los Rectores de las universidades públicas han firmado de manera conjunta, a la manera catalana, un vacuo y lacrimógeno comunicado en que se lamentan de lo mal que lo van pasar con los recortes presupuestarios. Como en ese comunicado no hay ni el más leve asomo de autocrítica, puesto que algo tendrán que ver en el hecho de que tengamos bastantes más universidades de lo que sería razonable, y en que sean mucho menos prestigiosas de lo que sería deseable, y ya que, además, se encabeza en nombre de «Rectores y Rectoras», creo que sobran los comentarios, no se me vaya a escapar algún elogio. 

País de risa


España está en crisis, pero hay cosas peores, por ejemplo, no ser un país serio. Si fuésemos serios podríamos salir de ésta, pero sin serlo va a ser muy difícil, y convendría caer en la cuenta.
No es serio que los políticos nunca tengan responsabilidades, ni en los ERE de Andalucía, ni en las muertes del Madrid Arena. No es serio que las autoridades no cumplan las leyes y se tomen a chacota las sentencias. No es serio que el Gobierno indulte a personajes impresentables y delincuentes con sentencia firme porque le venga bien. No es serio que los Gobiernos improvisen. No es serio que una consejera catalana de Educación, que tiene que negociar, diga que se va de una reunión porque tiene que “visualizar” su descontento. No es serio que no haya una ley de huelga. No es serio que siga habiendo televisiones públicas a mansalva mientras se recortan miserablemente las pensiones de los que no tienen otra cosa. No es serio que varias Cajas hayan dado créditos millonarios a presidentes de la patronal que parecen sacados del mundo de Rinconete y Cortadillo. No es serio que los sindicatos de Iberia digan que los ingleses quieren acabar con la compañía, cuando ellos están perfectamente capacitados para hacerlo. No es serio que Telemadrid deje de emitir porque se les pone a unos tipos que quieren seguir haciendo entre más de mil lo que normalmente puede hacerse con  unas decenas. No es serio que al ministro de Educación se le ocurra una ley porque los nacionalistas no cumplen la vigente: yo de mayor quiero ser un catalán de este tipo, poderme saltar las sentencias y que un Gobierno me prepare leyes de despiste. 
En los países de broma siempre hay algunos que se ríen mucho a costa de los más, pero la cosa no tiene ninguna gracia, y suele acabar mal. 
[Publicado en La Gaceta]
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