Aznar en el siglo XXI

El discurso de Aznar fue corto, preciso y brillante. No fue agresivo, pero sí muy sólido. Es tiempo de espera y otros tendrán que mover ficha, de no ocurrir así,  algo grave tendrá que suceder, porque, en caso contrario, se habría puesto un dedo de polvo más en la estantería en la que se guardan las ideas políticas. No perderá Aznar, perderemos todos, y mucho. Espero que no pase. 
Cambios en el IOS

Aznar al aparato

Expectación por la conferencia de Aznar en el siglo XXI. ¿Qué dirá? ¿Qué podría decir? Lo que tengo claro es que Aznar, pese a todo, representa mejor que nadie una derecha posible y frustrada, la única esperanza de reequilibrio político e ideológico del sistema nacido tras la transición. También me parece indiscutible que cualquier recuperación de esa derecha no pasa por fundar un nuevo partido, sino por dar la batalla en el interior del que hay, porque los problemas pendientes tienen tanto que ver con la política en el sentido ideológico como con el ejercicio cotidiano de la política y hace falta mostrar que un partido que no tiene que ser anti-conservador en los valores y debe ser liberal desde el punto de vista político puede hacer mucho porque la democracia sea una realidad viva y operativa, además de impedir que otros lo impidan. Veremos si acierto o me equivoco. 
Las políticas de impedir al contrario y obligar al cliente

Una boda

Hoy he estado de boda, una ceremonia normalmente alegre que, junto con los entierros, constituye, seguramente, el rito más antiguo de la especie humana. Da que pensar que las bodas estén en retirada, que crezcan las meras uniones sin pasar por el altar. Es obvio que la familia pierde sentido religioso, tan obvio com peligroso, a mi modo de ver. Podemos culpar a los no contrayentes, pero sería interesante un poco de espíritu autocrítico por parte de los partidarios porque algo no va bien y las consecuencias no debieran confundirse con las causas. 
Obama y Larry Page

Abiertamente no creíble

Al parecer este es uno de los calificativos que el juez Elpidio Silva aplica a las respuestas o explicaciones de Blesa sobre los delitos que el juez le imputa. ¿Soy el único al que le preocupa la extraña expresión que el juez emplea? ¿Qué demonios quiere decir «abiertamente no creíble»? ¿Es lo contrario de «abiertamente creíble»,  o de «ocultamente no creíble»? El juez manifiesta una amplia disposición a consentir que las palabras se asocien de manera arbitraria, tal vez como él entiende las leyes, porque no tiene sentido juntar un adverbio, como lo es «abiertamente», con un adjetivo, como lo es «creíble», porque ambos apuntan en direcciones opuestas. Lo que sea o no creíble puede ser objeto de disputa, pero no de disimulo. Lo creíble apunta a la condición objetiva de un relato, en tanto se valora por cualidades que lo definen, pero que son las que son en tanto el relato queda objetivado, mientras que «abiertamente» remite a una actitud, la contraria de «disimuladamente» o «taimadamente», del que hace el relato, o de la manera en que lo expone. Es un absurdo juntar ambas cualidades, un disparate no menor que si hubiera dicho «era de noche, y sin embargo, llovía». Encarcelarle es casi lo menos malo que le ha podido pasar a Blesa con un juez tan poseído por tan  disparatada diglosia. 

El juez Elpidio y los señores del Sur

La Justicia española es bastante sorprendente, sin duda. Suele ser casi eterna, pero a veces es fugaz y deslumbrante, como con Blesa, o, por el contrario, lenta, pesada y mistérica, como con el 11M y los «señores del sur» que asoman ahora por las decenas de miles de folios de los ERE de Sevilla. Es evidente que a nadie, absolutamente a nadie, le interesa gran cosa que esto  cambie, y menos que a nadie a los que de verdad cocinan: un Blesa de vez en cuando no es un riesgo inasumible.
Concurso de tontadas 

De trenes y de aeropuertos

Tomo la palabra a Mikel Iturralde en su magnífico Treneando:

«Otra de políticos. Y ese es el mal del ferrocarril español. Demasiada política y demasiados políticos. Cuando solo los condicionantes técnicos deberían cuestionar la continuidad de las líneas. Pero desde hace muchos años, solo es política, como en otras disciplinas de este país. Y así nos va. La cuestión es que la Política ha entrado como elefante en cacharrería para confundir más al sector y a los usuarios.
La cuestión es que el plan de cierre de líneas, que el Gobierno se empeña en negar, ha encendido el país. A la crítica de usuarios, clientes, asociaciones, concejales y alcaldes se une ahora la cúpula del PSOE, como si los males no fueran también consecuencia de su improvisación y quehacer sin pensar en el futuro. Sólo se ha actuado pensando en el día a día. “Del modelo de aeropuerto sin aviones al de estaciones sin trenes”. La figura elegida como paradigma de lo que sucede por el secretario federal de Organización del PSOE y portavoz socialista en las Cortes de Castilla y León, Óscar López, está bien traída. Pero esa símbolo no es nuevo. Con los socialistas se llegó a la flota más moderna del mundo; y no fue un eslogan. La renovación del parque motor visto en la distancia fue un disparate. Y aún lo estamos pagando. ¿Por qué no nos muestran los talleres de La Sagra (Toledo) donde se acumulan decenas de locomotoras apartadas de la vía con escasos kilómetros en sus lomos? Ese es otro paradigma de los tiempos de la abundancia, donde se pensaba que en este país los perros se ataban con longaniza. Y de esos polvos, estos lodos.»
Contra Amazon y contra los franceses


La vicetodo

La decisión de que Soraya Sáenz de Santamaría coordine la comisión delegada de asuntos económicos del Gobierno no parece deberse ni a un calentón ni a un descuido. Se trata de una remodelación simulada y acentúa la tendencia a un gobierno de mesa camilla que al parecer complace al Presidente. Es otro mundo.

El derecho a confundir

Como la mentira es el verdadero dueño del mundo, el derecho a confundir debiera ser básico. Lo es, en efecto: nadie lo reconoce como tal sino tras una sofisticada serie de disfraces sin los que mentir sería imposible. Uno de los disfraces más frecuentes del derecho a confundir se llama derecho a decidir. Es un disfraz excelente, tan bueno que puede acabar por ser un argumento contrario a quienes lo blanden sin las debidas precauciones. 
El punto débil de todos los derechos es el de sus límites. No existe el derecho sin ellos, y los del derecho a decidir son realmente impensables, que es señal inequívoca de confusión. No resultará extraño que los más encarnizados enemigos de que nadie decida nada, los revolucionarios sin consuelo, hayan venido a reconocer que los separatistas catalanes pueden decidir lo que se les antoje, pero que los demás deberemos abstenernos. En tal encrucijada han venido a perecer nuestros internacionalistas  más acreditados, aquellos que se ofrecen al mercado con un nombre contradictorio, sutileza confusionaria que no está al alcance de cualquiera. En efecto, llamarse Izquierda Unida, y ser lo que se es, no es pequeña proeza, y seguramente a ello se deba que, según los arúspices al uso, se trate de una enseña crecedera, de un embuste con futuro.

El derecho a decidir es, además de una mentira rotunda, una melonada, y las melonadas no tienen remedio, hay que apartarse de ellas con prontitud, claridad y decencia, a ver si el melón que las defiende recupera el buen sentido, cosa difícil, pero, sobre todo, para evitar que las melonadas acaben en tragedia. Si cabía alguna duda de la mendacidad y la tontuna de semejante engendro, el certificado de Izquierda Unida lo ha hecho inconfundible. Ustedes deciden.
[Publicado en La Gaceta]
Estamos allí

Aquí alguien ha matado a alguien…

Si no recuerdo mal, tal era la forma de comenzar algunas historia de Gila, o sea humor puro. Debo ser muy raro, pero no entiendo que ese estilo vagamente alusivo sea el que emplea el Presidente del Gobierno de España para decir a los catalanes que no está de acuerdo con la secesión: «los pequeños países no cuentan nada»… No creo que sea esa la cuestión, ni siquiera en plan pedagógico. El problema es que no puede existir el supuesto derecho a decidir, incluso si fuere extraordinariamente positivo tener un tamaño pequeñísimo en la Unión Europea. 
A base de no decir lo que se piensa, no es que no se piense lo que se dice, sino que se acaba por no pensar lo que se debe pensar. El presidente del Gobierno tiene que poder decir que no existe el supuesto derecho a decidir, y luego puede seguir hablando de lo que quiera, pero  nunca debería dar la sensación de que les desaconseja a los secesionistas que hagan algo que no les conviene pero a lo que tienen derecho, que es el riesgo evidente de los mensajes blandos.
Acabar con el roaming