Juan Moreno y Draghi

Juan Moreno es un periodista alemán, y español, hijo de emigrante, que ha armado cierto revuelo al escribir “Estoy hasta las narices deEspaña”, con más razón que un santo, doble razón por la memoria de su padre, que tuvo que salir de este paraíso con tres hijos a las espaldas. Pues bien, hasta que Draghi no haga lo propio, y diga basta, aquí seguiremos tocando el violón, engañando al ciudadano y tratando de sortear a los mercados con la idea, felipista, de que no hay cojones para hundir a España. Mirándolo bien, puede que no haga falta que nadie nos ayude en ese noble empeño, pero algo va a pasar: no podemos seguir gastando alegremente lo que no somos capaces de pagar, el mundo no funciona así para un país como el nuestro.
Un móvil mayor

La deuda

Nuestra deuda es tan colosal que nadie piensa en que haya que pagarla. Ese es el secreto de la continuidad imposible, el gran truco de seguir viviendo a costa de los demás, de los prestamistas, de los herederos, de los ricos. La izquierda y el populismo de derechas han demostrado que pueden fabricar Argentinas en cualquier lugar, y siguen en ello. 
Cámaras con Android

¡Que vergüenza!

No cesan de repetirse las escenas realmente vergonzosas, como el pacto entre Alicia Sánchez Camacho y sus espías. Todo parece condenado a la bajeza y a la espera de que los jueces puedan y sepan hacer bien su trabajo: limpiar y limitar lo que, de otro modo, se nos puede llevar a todos por delante. 
Tony Soprano

Blesa en la calle

Uno de los inapreciables favores que ha prestado el juez Elpidio a la  Justicia es confundir un poco más el plano político y el plano penal, tratando de penar un delito probablemente inexistente: la consecuencia inmediata  es limpiar una política que habría que examinar con lupa, en su propio plano, dejando para instrucciones penales  competentes los delitos que se pudieren probar, pero sin confundir las cosas. 
Samsung ataca de nuevo

El sentido del ridículo

Hay que llegar a la conclusión de que hemos mejorado en lo que se refiere al sentido del ridículo. Teníamos un evidente exceso, o eso se decía, pero ahora parece haberse perdido.  Véase el caso del DNI de la infanta y las fincas: es de auténtica vergüenza, una chapuza universal, tanto si es una estrategia para ocultar algo (¡!), que parece lo más probable de puro absurdo, como si se debe a un simple (¡!) error. Solo hay una cosa segura, que no nos enteraremos y que, en consecuencia,  no dimitirá nadie, como es obvio. Hasta aquí está llegando el descrédito de lo que se llama la clase política.
¡ojo con los datos!

Trance

Creo que Danny Boyle es un gran director y que Trance podía haber sido mejor película, pero otro resbalón como éste y DB puede perder la categoría. Como DB es muy bueno, se tarda en distinguir la intriga del disparate y se aguantan, como siempre, las imágenes y la música. Es verdad que el cine permite explicar muy bien la diferencia entre historia y narración, pero DB se acerca peligrosamente a la incoherencia, a la reiteración y a la falta de interés. Siento decirlo, la verdad, aunque me haya gustado verla.
Batalla de los smart

La deuda contestataria

A este gobierno se le ponen de punta los indicadores y las primas pueden volver a faltarle al respeto. El problema es que, empeñado, como está, en que no se pueden bajar los impuestos, no tiene manera de evitar que la deuda suba. Pues bien, esa subida es la única cosa realmente importante que tendría que evitar un tipo con sentido común que se pusiese al frente del país: no podemos consentirnos un aumento de la deuda, porque nadie va a creer que podamos pagarla si continúa creciendo sin control, y no hacemos nada por evitarlo. Y no se hará nada por evitar que la deuda se incremente hasta cifras alucinantes mientras se siga cultivando la contabilidad política creativa, mientras no se meta mano con descaro y rotundidad a capítulos de gasto absolutamente insoportables, que son los que nos han hundido y amenazan con rematarnos, sean gastos sociales o estructurales. Lo único cierto es que es de locos pensar que se pueda seguir encontrando indefinidamente financiadores para una deuda que no se sujeta.  

Es asombroso que un Gobierno que se presumía serio esté fracasando de tal manera con su política fiscal y tenga que recurrir a meter mano a la Lola Flores de turno, como si todo nuestro problema fuese que los españoles somos unos perversos que no pagamos lo que debemos. Mucho más grave que la supuesta irresponsabilidad fiscal de Messi, que lo es, es la demagogia de los políticos que siguen prometiendo el oro y el moro, el AVE a Vitigudino o lo que sea menester, sin reparar en que lo que nos está hundiendo es la voracidad pública, el gasto sin ton ni son, y que los mercados no son tontos y saben que aquí no hacemos de piedras pan, aunque algunos lo repitan a hora y a deshora. Gastar menos, bajar impuestos, preocuparse por los españoles y no solo por ellos mismos: esa es la receta. 
Defectos de gmail

Con un par

Es reconfortante que haya personas capaces de hablar con tanta serenidad, valor y claridad como lo hace Gorka Maneiro, que no es del PP sino de UPyD. No me importa de qué es, sino lo que dice, la pura verdad, una verdad que otros que se creen importantes también conocen, pero no se atreven a proclamar. Mi enhorabuena a Gorka Maneiro y al partido al que pertenece, y a sus electores, porque no se sentirán defraudados, y no como otros. 

El globo de Google

El pacto

Truco o trato, esa es la pregunta. El riesgo mortal de un pacto entre MR, que dispone de mayoría absoluta, y APR, que casi no dispone de nada, es que sea un pacto para salir del paso, ambos, para nada más. No hay duda de que un pacto es esencial para resolver temas muy de fondo, pero el primer pacto debería ser el del PP con su programa, que es lo que dijeron las urnas,  y luego tender la mano al PSOE para que recupere el papel que nunca debió perder. Ese sería  un pacto con grandeza y desde la legitimidad, pero cabe temer que vayamos a pactos vergonzantes. Deseo equivocarme. 
La lectura y los tuits

El ejemplo de Aznar

A propósito de las intervenciones de Aznar se ha dicho de todo, pero, como somos una sociedad en exceso pasiva, no se ha dicho  algo que debiera ser obvio: si Aznar ha hecho lo que debía hacer, y así lo creo, si ha abandonado una posición cómoda, exponiéndose a toda clase de descalificaciones y recriminaciones absurdas, ¿qué deberían hacer los demás? ¿qué deberían hacer los liderillos que se limitan a repetir lo que creen que hay que repetir porque pretenden hacer política, y vivir de ello, sin exponer nada? ¿qué deberían hacer los militantes del partido que no dicen nunca nada? No es una incitación a la rebelión, es recordar que no se puede hacer una democracia sin demócratas, que la libertad no sirve de nada si la gente no se atreve a ser libre, a pensar, a arriesgarse, a exigir. Visto de este modo, el problema no es qué pretende Aznar, sino que van a hacer todos los demás. Aznar repite que España es un gran país que no depende, ni puede depender, de una sola persona, pero la parte de centro derecha de este gran país está extrañamente quieta y a la defensiva, y no tiene derecho a esperar que  Aznar, ni nadie, le saque las castañas del fuego. Aznar se ha movido, falta que cada cual cumpla con su deber, sin dejarse envolver por ese extraño mantra de que «lo que ha dicho Aznar es lo que todos pensamos». 
Tabletas y otras variacionnes