Mariñas y la socialdemocracia

El problema de los liberales es que no saben encontrar ejemplos, no tienen un mensaje que puedan entender los más necesitados (de dinero y de liberalismo). Así, por ejemplo, podrían aprovechar lo que hoy se publica sobre que Jesús Mariñas, un gurú de la telebasura más popular, cobraba 3.000 euros por programa en la TV9 de Valencia, es decir con cargo al bolsillo de todo el mundo, también de quienes no tenemos el más ligero interés en ver a ese señor ni en oír nada de lo que pueda decir. Pues el Estado y los socialdemócratas  nos obligan a pagar estas gilipolleces, y miles más con el cuento de la sanidad,  la educación y los servicios sociales, pero yo creo que democracia es poder saber siempre qué hacen con mi dinero y no votar a los que pretendan pagar esta pasta al tal Mariñas o a Bárcenas o a la tipa esa de las grandes ideas de la Fundación del propio nombre. A mi todo esto de Mariñas y de los mil más me parece mucho más grave que las corrupciones de andar por casa, pero es que soy muy raro. 
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Faisán jibarizado

El caso Faisán constituyó  a lo largo de la anterior legislatura uno de los puntos de continuada oposición del PP a la política antiterrorista de Zapatero. No faltaban razones para que así fuese: se trataba, nada menos, que de un desgraciado episodio en el que responsables de Interior habían evitado que se detuviese a un comando de ETA que estaba a punto de caer en manos de las fuerzas de seguridad. Nadie ha negado el hecho de que ese comando pudiese evitar a sus captores, ni tampoco que los criminales hayan recibido el aviso determinante para evitar su detención de un teléfono directamente ligado el Ministerio que se ocupaba, supuestamente, de desarticular a la banda terrorista. Sin embargo, es obvio que los intereses políticos del Gobierno no estaban en detener un comando  más, sino en fortalecer el malhadado proceso de paz en el que el Gobierno se había embarcado y que quería llevar a feliz término a cualquier precio.
Lo que llama la atención es que, años después y con el PP en el Gobierno, la Fiscalía pretenda circunscribir las responsabilidades del caso a la actuación de dos policías que, al parecer, hacían la guerra por su cuenta, aunque, eso sí, usando un teléfono del Ministerio para que los terroristas pudieran tomarse en serio sus humanitarias advertencias.
El Gobierno está adquiriendo una notable experiencia, aunque no mucha habilidad, en decir lo contrario de lo que decía el PP cuando estaba en la oposición. Que eso lo haga en materia de política económica es indisculpable, pero cabe la excusa, poco elegante en cualquier caso,  de que ha de llevar a cabo políticas de necesidad o impuestas por terceros. Pero es imposible imaginar  qué o quiénes tienen la fuerza suficiente como para imponer al Gobierno un giro de tal envergadura en su política antiterrorista, un giro que  ya se hizo visible con la sorprendente libertad de Bolinaga.
No hay otro remedio que ver el giro que está experimentando el caso Faisán como un nuevo ejemplo, escandaloso y sorprendente, de una política chapucera, posibilista y cobarde, como una renuncia inexplicable a las ideas y las causas que se defendían apasionadamente cuando se trataba de erosionar al PSOE, y que son también las ideas que defienden los electores que le han dado la mayoría a este Gobierno. No cabe pensar que los españoles acepten como razonable la hipótesis que asume como propia la Fiscalía: es más fácil creer que el Gobierno sea oportunista que el que unos policías avezados decidan hacer política antiterrorista por su cuenta. Se trata pues de una nueva burla a los electores, de una nueva chapucería jurídica y de un caso especialmente escandaloso de cinismo político. 
Cableados y cerebros

Envidia bostoniana

Boston es lugar prolífico para producir envidias, pero desde unos días atrás, le tengo una envidia nueva, la de su policía. No es por comparar, aunque Luis del Pino lo hace y no sin motivo, pero si se pone uno a encontrar las diferencias entre la manera en la que se ha investigado el atentado bostoniano y las bobadas que hemos tenido que tragar a propósito del 11M pues te quedas un poco preocupado, la verdad. 
Yo no creo que tengamos una mala policía, creo que el problema es más general y nos afecta a todos, pero me concentraré hoy en elogiar la eficacia, el tesón y la tozudez con que ha trabajado la policía americana, todo el país, en último término, de manera que han pillado hasta a los chechenos. Por si fuera poco, el presidente dice que hay que preguntarse por las razones del atentado. lo dicho, como aquí.  

Tabletas más baratas

Descomposición

No me gusta avivar el pesimismo y el desastre repitiendo a hora y a deshora lo mal que va todo, bueno eso creo, pero que los jueces, como los de Bilbao, bien acostumbrados a pegarse al terreno, comiencen a dictar sentencias a la vista de lo que ha de venir es realmente preocupante. ¿Estamos, de nuevo, cerca del ¡Españoles, no tenemos Estado!? No lo creo, pero  estamos pagando muy cara la incompetencia y la falsa prudencia de los dirigentes que debieran velar por el cumplimiento de las leyes. Tal vez estemos pasando de que la Justicia sea un cachondeo, en bastantes casos, al cachondeo general, y eso es insoportable. 

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Acciones de despiste

Que conste que, para empezar, creo que convendría revisar la absurda y arbitraria legislación sobre el aborto legada por Zapatero. Pero hay algo que me huele a chamusquina en el repentino deseo del Ministro de Justicia, un tipo fiable donde los haya, ¿no creen?, para decir que se va a meter con la ley, y las prisas que se ha dado el PSOE en afirmar que denunciará el Concordato. 
La política tiene siempre algo de representación y es muy importante fijarse en lo que se pone bajo los focos y en el momento que se escoge para hacerlo. 
De todos modos, la pericia del PP continuará siendo inagotable. Ya es de coña que se diga que se va a seguir la sentencia del TC como si el TC fuese un faro moral o político, que no lo es, en lugar de abordar el problema de una buena y valiente vez, pero supongo que es pedir demasiado.
Virus

Tonterías pegadizas

Entre las muchas capacidades de que nos dota el uso del lenguaje común no figura la de hacernos inmunes a las tonterías; desgraciadamente, también los tontos pueden ser creativos,  y, a veces, parece que dicen cosas de cierto interés: hay toda una técnica a disposición de algunas especies de tontos ladinos, no se crea que no existen. En cualquier caso, son mucho más comunes, aunque también más benignos, los tontos corrientes, los que se dejan seducir por cualquier novedad del habla. Tienen su función: sin ellos no se hablaría de ediles, de «aperturar», de duración en el tiempo, de acuerdos mutuos, de subidas parciales de impuestos, y otros hallazgos igual de estupendos.
Me ha llamado bastante la atención el uso cada vez más común de expresiones realmente bobas en las que se estima la duración previsible con una doble medida, cuando se dice que algo puede prolongarse, por ejemplo, semanas y meses, días y semanas, segundos y minutos, y no sigo porque ya me entienden.
La lengua tiene una lógica y si no se respeta se producen bobadas como estas. Si se entiende que algo puede durar días no tiene sentido decir días y semanas, habría que haber dicho semanas, y punto. Me imagino que este uso tontuno de unidades le da a los hablantes la sensación de que precisan más, y, en efecto, lo hace, pero no aquello que ellos suponen.

Republicanos

Me parece que mientras una República no tenga atractivo para la mayoría de los ciudadanos hablar de ella como un retorno al pasado es una verdadera necedad. Desgraciadamente parece como si las soflamas republicanas fueran meramente revolucionarias, y no debieran serlo, porque ni las revoluciones tendrían ahora sentido, ni, en ningún caso, habría que hacerlas mirando hacia atrás, sino hacia adelante. La República supondría una madurez democrática de la que creo que nos encontramos todavía lejos. Claro es que hay grupos que no lo creen, que piensan que la República es el cauce para imponer lo que sólo ellos reclaman, en lugar de ser una fórmula mejor para consolidar y hacer real una democracia moderna y valiosa para todos. Junto a estos pequeños grupos, están haciendo mucho ruido los nostálgicos y rencorosos del franquismo, sus hijos, más bien, porque hay algunos apellidos que no dejan mucho margen para las dudas, pero, en fin, están en su derecho a defender lo que creen, aunque con resentimiento no se va a ninguna parte.
Antes de cambiar de régimen tendríamos que acostumbrarnos a respetar el derecho de los demás a hacer cosas que no nos gusten, y todavía estamos lejos. 
El reloj de MS

La historia, maestro armero

Nuestra cultura abunda en expresiones que rechazan  la exculpación colectiva, extrañas islas de reflexión en un océano refractario al reconocimiento de cualquier clase de responsabilidad propia. Así sabemos que no es muy inteligente “echarle la culpa al empedrado”, “mirar para otra parte” o acusar al “maestro armero” alegando que falla la escopeta cuando, habitualmente, no hemos dado en el blanco. 

Estas expresiones muestran que nos gusta eludir la propia responsabilidad, echarle la culpa a otros. En estos recios tiempos que vivimos se ha hecho frecuente atribuir cuanto pasa a la Transición, a la Constitución, pero es insano retrotraer las culpas a la historia, de la misma manera que lo es hacer que los que todavía no han nacido tengan que pagar nuestros excesos por no saber vivir con lo que realmente tenemos. En ambos casos hay escapismo, irresponsabilidad.
No hay duda de que se cometieron errores, pero las causas de cuanto ocurre ahora mismo no tienen exactamente tres décadas. Nada de lo que ahora nos acongoja parecía real hace sólo una década, y no lo era.  Han sido, sobre todo, las insensatas decisiones de los últimos años, aquellos que han llevado la deuda a constituir una amenaza cierta de quiebra nacional, los verdaderos responsables de lo que ocurre. Y, en la medida en que el Gobierno de Rajoy no haga lo que tendría que hacer para corregir  el disparate de fondo, será responsable de que continúe o, incluso, de que empeore. A Zapatero y a Rajoy los hemos elegido nosotros, no han sido la consecuencia del sino, de ningún error  fatal que cometido por la Historia nos arrastre por el despeñadero de lo inevitable. Y de la misma manera que lo hicimos nosotros, a todos nos toca rectificar, sin echar la culpa al maestro armero de la historia. 
De tarifas

Repetir el pasado

Puede que tengamos que innovar, pero nunca tendríamos que mirar a un pasado que decidimos abandonar para vivir con libertad, normalidad y caminando hacia adelante. No soy monárquico, nunca lo he sido, ni creo que pueda serlo jamás, al menos en abstracto, pero me parece realmente peculiar este empeño, común a franquistas resentidos y a rojos inmemoriales y desnortados, de arreglar nuestros problemas quitando al Rey, como si eso arreglará algo en sus confusas entendederas o en nuestras reales carencias. Si hay algo que me parece claro es que ahora no toca, entre otras cosas, porque buscar chivos expiatorios es un deporte innoble y una auténtica gilipollez, vulgarismo que el DRAE permite y me parece apropiado al caso. 
Música en Twitter

99,85

A salvo de mejores informaciones, ha llegado a mis oídos que la elección de Cándido Méndez para seguir al frente de UGT durante otros cuatro años, hasta alcanzar los míticos veinticinco años de paz y de progreso, se ha producido por un milagroso porcentaje del 99,85. Es incomprensible, la verdad, que algunos chisgarabíses echen en falta democracia interna en partidos y sindicatos: ¿se puede pedir más?
Samsung crece