El pacto

Hay que ser un desalmado para estar en contra de los pactos, aunque sea inevitable sentir estupor,  cansancio y un asomo de ira cuando se escucha, por ejemplo, que los partidos urden un pacto contra la corrupción, ¡Dios nos libre! El pacto que la mayoría de los españoles desean es muy otro, un pacto de los partidos con los electores para acabar con el desánimo de todos. 

La democracia española se inició con una presunción de inocencia hacia las fuerzas políticas porque, la necesidad de cambiar nos hizo suponer su carácter angelical. Ahora, ya se han pasado los efectos de ese desodorante, y hace falta que la política recupere el prestigio que debiera tener y  que aquí se ha desvanecido, en horas veinticuatro, y tanto a babor como a estribor.
Sindicatos y partidos políticos comparten el dudoso privilegio de ejercer su actividad principal en ausencia de una mínima regulación, y así han llegado a convertirse en auténticos engendros, en entidades sañudamente egoístas y extrañamente selectivas cuyos intereses todo lo arrasan. Pero la democracia exige poliarquía, un juego de equilibrios regido por reglas que haga posible la libertad política, y eso se hace muy difícil cuando el monopolio se extiende y nadie puede, aunque lo quisiere, controlar que la libertad y la democracia estén mínimamente vigentes en sindicatos y en partidos.
Hace falta una ley que establezca con claridad las obligaciones que tienen, y en ese pacto está todo por hacer. Ambos han de respetar los principios de transparencia y de rendición de cuentas, de modo que la ley tase exactamente lo que no pueden perdonarse, sus obligaciones,  con sus militantes y con todos nosotros, y lo que no pueden hacer, aunque lo hagan a diario. La democracia tiene que acabar con ese agujero negro que nos amenaza a todos. 
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La leyenda del imperturbable y lo de Cataluña

Cada político tiene derecho a escoger su figura y a cultivar una imagen que le resulte atractiva, cómoda y, a poder ser, simpática. Rajoy parece pretender que se le recuerde como un político sereno, como alguien  a quien no perturba cualquier cosa. No está mal, para un país tan propenso al sopetón y al disparate, pero de la virtud al esperpento no siempre hay tanta distancia como se pueda desear.

La declaración soberanista del Parlamento catalán no es precisamente un documento de interpretación sencilla, de manera que caben las disquisiciones de todo tipo sobre lo que significa. Sin embargo, de lo que no cabe duda ninguna es de que los secesionistas catalanes están poniendo a prueba la capacidad de respuesta del conjunto de la Nación y de cada una de sus instituciones, y que está claro que la mejor respuesta política a este desafío, por evasivo y equívoco que se pretenda, no puede ser la afectación de una olímpica indiferencia o el jugar a que se está tan seguro en la propia posición que se considera que el asunto es un temita menor.
Adoptar un mohín minimizador puede que tenga alguna oscura ventaja, pero tiene inconvenientes muy mayores. No se podría aparentar normalidad, por ejemplo,  el día que los bomberos decidieran hacer una falla en el interior de su cuartel, por mucho que se les suponga capacidad para controlarla, entre otras cosas porque no se les paga el sueldo para eso. El caso catalán es mucho peor porque los que están montando la falla en las instituciones no son bomberos, sino pirómanos, así que pocas bromas. El Gobierno no puede conformarse con pedir ahora un dictamen a la abogacía del Estado, eso debería haberlo hecho meses atrás, aunque solo sea porque lo que está pasando también tiene que ver con  la prima de riesgo.
Estamos ante un desafío político de enorme envergadura y no se puede tratar como si estuviésemos ante una pugna sobre las competencias administrativas para decidir la clasificación de los huevos de gallina.  Los españoles en general, y con más urgente motivo, los muchísimos catalanes que se sienten plenamente españoles y no quieren dejar de serlo para que se infle el ego del señor Jonqueras, están verdaderamente preocupados con los signos de tibieza y lentitud de este Gobierno. Para nuestra desgracia, no basta con advertir que se va a hacer cumplir la Constitución, hay que decir ya cómo se va a hacer eso, porque es evidente que nunca se ha admitido que se fuera a incumplir, y los nacionalistas y secesionistas han podido hacer girones  de ella.
El Estado, garante de la ley y del derecho y las libertades de todos, tiene la obligación de aplicar la ley y no puede mirar para otra parte cuando sus representantes se reúnen para decir que van a hacer lo que no se puede hacer de ninguna manera. Un Gobierno que ha encontrado motivos para indultar a personajes lamentables o a un conductor suicida, contra todos los pronunciamientos jurídicos, debiera ser capaz de encontrar alguna medida eficaz contra el cacareo político de los soberanistas, aunque eso pudiere suponer que el señor Rajoy tenga que alterar el gesto. Hay veces que la calma puede causar pavor. 
Clockphones

Sostres en vena

Salvador Sostres es un artista de la provocación, y eso merece un respeto, pero además es un auténtico maestro en el arte de decir las verdades que no suelen decirse. Les dejo hoy con un análisis realmente magistral, un retrato de Marta Ferrusola y los Pujol, algo que solo un catalán listísimo e implacable, como es él, podría escribir,  un texto que rezuma sabiduría, rigor, elegancia y, hasta cierto punto, admiración. 

Las habilidades de Amy

Para que los pesimistas no se refocilen en el deterioro del clima moral y cultural, no hay otro remedio que reconocer que hay un progreso evidente entre las corruptelas de «mienmano» y las habilidades de Mulas & Amy. Que se paguen unos artículos que nadie ha leído nunca a 3.000 euritos de nada, a una escritora ficticia, que resulta ser la esposa del pagador, o ex esposa que eso tampoco está claro, sin que el pagador lo sepa, él que cree estar comprando en el mercado internacional, sin que tampoco lo sepan ni Caldera, bueno, nunca se ha enterado de nada, ni Rubalcaba, que, lógicamente, está ocupado en otros temas de corrupción que no le afectan,  indica lo rápidamente que se aprende lo de la ingeniería financiera. Lo que sigue siendo lo mismo es el arte de quitarnos dinero a todos para dárselo a la familia, y eso que son socialistas y enemigos de lo privado.

TV y PC

Trasparencia necesaria

Un personaje financiero del más alto nivel internacional ha reclamado opacidad para sus negocios, alegando que tampoco el público conoce cómo trabajan los ingenieros aeronáuticos. No tengo dinero en su banco, pero lo retiraría al instante porque sin duda se trata de una de las mentes más toscas que haya ascendido nunca a ese Olimpo, o tal vez no. Hay dos detalles decisivos que se le escapan al personaje: en primer lugar, que entre las empresas aeronáuticas hay una competencia efectiva y una regulación externa bastante eficaz, y, en segundo lugar, que  los aviones no se han caído nunca todos a la vez. La banca explota un privilegio seguramente necesario, pero no puede hacerlo con ninguna opacidad de fondo porque sus resultados no permiten que la consideremos infalible y, aunque no necesitemos saber al detalle qué hacen con nuestro dinero, sí tenemos saber que puede saberse, y que hay intermediarios, periodistas, inspectores y gestores que lo saben y, además, lo cuentan, como pasa con los ingenieros que, además, no explotan ningún privilegio. En caso contrario nadie debería dejar nada a nadie, y menos a tipos que piden condiciones de trabajo tan sospechosas. 

El indulto

Este Gobierno se ha pasado mil pueblos con los indultos, pero el caso del conductor suicida que se ha comentado estos días sobrepasa lo tolerable. Es increíble que algunos comentaristas hayan considerado a Gallardón como un personaje progresista, tal es su habilidad para el disfraz y la escasa nariz de tantos. Lo que sin duda le convierte en un campeón es su capacidad para hacer lo necesario, ¿les suena?

No basta ninguna investigación interna

El defecto absolutista de la cultura política imperante en los partidos españoles se ve incluso cuando hablan de corregirse (¿de qué si nunca han hecho nada?). Estamos ante un escándalo público colosal, y a los jefes del PP se les ocurre una investigación interna, lo que implica un oxímoron como una casa de grande. Si es interna no es investigación y si es investigación no puede ser interna, a ver si se entera la señora Cospedal que con tanto cargo se olvida de la más elemental lógica. Una investigación «interna» sería como la parodia de Ludwig Wittgenstein a propósito de la idea de verificación, algo así como  bajar a la calle a comprar un periódico para comprobar que el ejemplar  del mismo diario previamente comprado decía la verdad. Nada de interna, ni privada, o hay luz, ventanas abiertas y jueces públicos, o no servirá de nada, salvo para demostrar que ya ni siquiera saben cómo ocultar sus fechorías.  No se trata de comprobar qué se ha hecho con el dinero del PP sino qué han hecho con nuestro dinero, con el esfuerzo de los contribuyentes. ¿Dónde están los de «Manos limpias», qué se hizo de jueces y fiscales? 

Reinventar el PC

Rojo y negro

El negro asunto de los millones suizos del tesorero del PP se ha puesto al rojo, porque hace falta tener un alma de cántaro para aceptar que esos euros no tengan nada que ver con el PP y se deban únicamente al genio para los negocios, en ratos libres, del muy avispado gerente, que en función de sus largos méritos fue ascendido a tesorero, nada menos. No tiene nada de extraordinario que quienes hacen las leyes tiendan a sentirse por encima de ellas, ni tampoco el que, al final, queden con las posaderas a la intemperie. Lo que sería del orden de lo milagroso es que los demás aceptemos explicaciones que son imposibles de tragar. Por muchísimo menos que todo lo que ahora se sabe, el PP tuvo que hacer una limpia espectacular hace ya muchos años, pero se ve que se trató de una operación cosmética en la que acabaron pagando algunos que pasaban por ahí, y se quedó dentro el secreto de la esfinge que se dedica a producir y distribuir unos euros que no manchan ni se notan, como las mejores compresas. 

No cabe descartar que ese dinerito sea la parte que se quedaba para sí el untador del tinglado, porque lo de la financiación de los partidos es una excusa perfecta para el trinque, pero urge conocer la fuente y los beneficiarios del maná. En realidad, lo que es absolutamente necesario es que exista una norma específica que obligue a los partidos a ser transparentes y a mostrar respeto a la legalidad, a tomarse en serio la democracia sin prostituirla con prácticas que enrojecerían a cualquier mafioso. Para beneficio de los sindicatos no existe ley de huelga, y para solaz de las cúpulas de los partidos no tienen ninguna ley que cumplir, al parecer porque ellos se encargan de aplicarla a los demás en su reino de Jauja. O acabamos con esto, o esto se acaba. 

Rajoy

No tiene demasiada buena fama como político, pero se trata de un baldón que podría corregir con facilidad. Bastaría que dijese públicamente que reta a Luis Bárcenas a publicar la información que pueda comprometer a cualquier dirigente pasado o presente del PP, incluso a él mismo, o que se presente ante el juzgado, es una forma de hablar, y que reclame que se obligue al tal Bárcenas a contar cuanto sepa en su posible defensa y a hablar cuanto antes. Todo lo que no sea eso será escapismo hacia la miseria más absoluta, y lo pagaremos todos con él, pero él también. ¡Ya está bien!
Libros digitales

Un Estado fallido

Estamos a punto de desembocar en un Estado fallido si no se corrigen las leyes que permiten el descaro de los de arriba y no se activan los sistemas de control más exigentes. ¿Qué juez tendría cara de exigir el pago de impuestos abusivos a quienes soportan el cinismo y la ostentación universal que empieza en el pináculo mismo del sistema? O los jueces hacen algo, o esto se desbaratará más pronto que tarde. Si aplican la ley a rajatabla y sin miramientos, sin dejarse impresionar por el ventilador en marcha, todavía estaremos a punto de corregir, pero sin miramientos. 
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