Nada con sifón

He pasado en Andalucía los últimos días de la campaña, y creo que nunca he observado un nivel tan alto de indiferencia. No me extraña porque se trata de una campaña provocada por el único interés de Susana en sacar ventaja personal de la situación política, y creo que le ha salido el tiro por la culata, y porque el PP ha escogido, como siempre desde Rajoy, el perfil bajo, la chachara para el votante cautivo que aburre hasta a los aparatchiks de Génova. Lo único interesante que podremos sacar de esta campaña extemporánea es si los descontentos del PP están dispuestos a apoyar a Ciudadanos, y si lo de Podemos va en serio o se queda en una provincia más de la izquierda radical. No sería poco, de todos modos, si se pudiera sacar algo en claro.
Relojes digitales 

Encuestas y votos

La victoria de Netanyahu en Israel ha vuelto a poner en entredicho la fiabilidad de las encuestas, aunque, a decir verdad, no estoy cierto de hasta qué punto la información que manejo no estará distorsionada por la manía de la prensa española de exagerar las posibilidades de los partidos de izquierda. En cualquier caso, el domingo tenemos otro ejemplo en el que comparar encuestas y datos reales de elecciones. Las primeras aciertan a veces, los segundos no se equivocan nunca. 
Wearables imperdibles

La batalla de Madrid

La batalla electoral de Madrid se está librando en dos fases: en la primera, compiten los pocos capaces de controlar lo que pasa en el PP de Madrid, en la segunda fase, los vencedores de esta primera se enfrentarán al resto del mundo. En el PP parece que están contentos con el resultado provisional que han obtenido en la primera fase, pero no estoy seguro de que esa tranquilidad obedezca a ningún motivo real de peso. Las dos alas oficiales del partido madrileño se han enfrentado y han pactado una alineación conjunta, un dueto progre/arriolista/liberal/derecha clásica. ¿Basta eso para contener la sangría que ha provocado la política del PP entre los suyos? No lo veo claro. Creo que el PP ha perdido, a día de hoy,  todos los votos que no sean los de los que le votarían aunque declarase el aborto obligatorio y confiscase todos sus bienes, un treinta o treinta y cinco por ciento de los votos que le han dado la mayoría al PP, y no creo que el tandem femenino que han montado sea capaz de superar por completo ese desgaste. ¿Funcionará el voto del miedo en el porcentaje restante? Creo que no. 
Por eso la segunda fase de la batalla puede tener efectos decisivos en el porvenir del PP, los tendrá en cualquier caso, sin olvidar lo que pueda pasar y pasará en el resto de España en esas mismas fechas.
La batalla del mes de junio se librará en Madrid en una situación especialmente confusa con viejos candidatos muy conocidos pero cuyo aprecio popular puede estar en cuestión, frente a nuevos candidatos, supuestamente sanadores, pero a los que no conoce nadie. Que yo recuerde, se trata de un escenario nunca visto.

¿Fin del bipartidismo?

Siempre he pensado que el bipartidismo es algo más que un efecto del sisema electoral. De hecho existe el bipartidismo en los EEUU, en Inglaterra, en Francia y en Alemania, por citar países con sistemas electorales suficientemente diferentes. En España esa tendencia de los electores a formar dos grandes agrupaciones opuestas se ha visto fortalecida por un sistema electoral que prima bastante al partido con el mayor número de votos en cada circunscripción, y, aunque algo menos, también prima al segundo. Lo que ahora parece que podría pasar es que el primero y el segundo fuesen otros, o que hubiese, que es a lo que apunta la encuesta de ayer en El País, cuatro partidos con un resultado muy similar y, entonces, el poder discriminador del sistema podría dar una sorpresa.
La noticia, sin embargo, no sería esto, sino la inaudita incompetencia de los dos grandes partidos al dejarse arrebatar un privilegio discutible pero muy efectivo. Lo gracioso del caso es que sería precisamente ese privilegio sistémico lo que habría llevado a los grandes partidos a confundirse sobre los límites de su poder y los de sus obligaciones.

Mariano el acaparador

Por lo visto, los de Moncloa piensan que tienen poco poder y necesitan hacerse por las bravas con el PP de Madrid. Esto se pone interesante, pero debiera dar vergüenza la ostentación con la que se menosprecia a los afiliados de un partido a la hora de dirigirlo: algunos no quieren militantes, quieren criados, pero lo malo es que muchos se prestan.

El caso González

Parece la versión política de El cartero siempre llama dos veces. Cuando se hace una cosa extrañísima con un apartamento de lujo, es previsible que el asunto acabe salpicando, sobre todo a un personaje tan simpático y popular como el Presidente madrileño. Además, su reciente explicación de la campaña, no supuesta, sino evidente, contra él ha sido el colmo de la torpeza: si un policía intentó chantajearle hace unos años debió denunciarlo. Dedicarse a la política y pensar que la policía es tonta es un poco raro. Requiescat in pace.
Asisa

El estado de la nación

No he visto el debate, me ha bastado con seguir las informaciones posteriores para confirmar que, de nuevo, no se habla de una nación real, sino del estado anímico de quienes la gobiernan, de forma que no es extraño que el personal no se interese en exceso. Todo se rige por la autopropaganda y por la absoluta carencia de espíritu crítico, es como esa campaña de la Comunidad de Madrid para convencernos de que tenemos la mejor sanidad del mundo, lo dicho, de Madrid al cielo. Puro casticismo y pura cochambre intelectual y moral: el pote que se dan los que mandan a costa de lo que nos sacan sin miramiento alguno, y encima hay gente que aplaude. ¿Quién ha ganado? Hemos perdido todos, como siempre o casi siempre. 
Aplicaciones de aparcamiento, la culpa es siempre tuya

Índices de Educación

La Secretaria de Estado de Educación ha vuelto tímidamente a la carga poniendo en duda que el modelo de financiación de las Universidades sea sostenible. Bien está, pero eso es como preocuparse por una epidemia arguyendo que disminuirá la asistencia al cine. Nuestro problema universitario, que es pináculo del educativo, se entiende muy bien con tres hechos claros, concretos e indiscutibles: primero, no tenemos ninguna universidad entre las 250 primeras del mundo, mídase como se mida; segundo, desde 1906, hace más de un siglo, nuestra universidad no ha producido ni un sólo Nobel de Ciencia (en ese período Italia, Francia, Inglaterra, Alemania y los EEUU han obtenido centenares de galardones); tercero, nuestras escuelas de negocios están entre las primeras del mundo, y se nutren, básicamente, del mismo personal docente. A cualquiera se le ocurriría una reflexión obvia, pero estamos en un país que no quiere ver las cosas de este modo, con políticos cobardes, pueblerinos  e ignorantes que presumen de saberse el Código Civil y ser los primeros de su promoción de memoriones, y así nos va.
Finlandia