Rato

Apenas he cambiado tres palabras con Rodrigo Rato, y he oído pestes de él de supuestos amigos, de los enemigos ni hablo. La prensa ha sido sospechosamente unánime al criticar su nombramiento en Telefónica, una compañía privada, por decir algo. Creo que su abandono del FMI fue, como poco, frívolo, inconsecuente con el esfuerzo para colocarle allí, y podría decir bastante más cosas negativas, a modo de introito de lo que ahora diré. Sin embargo  me parece de un cinismo ya casi cómico tomarle como chivo expiatoria por el desastre, también por no emplear palabras insultantes, de Bankia. Mi impresión es que entre casi todos, y, señaladamente, entre Zapatero, Rajoy, el gobernador del Banco de España, y los capos de la Banca, le engatusaron para que se tragase lo de Bankia prometiéndole algo que no le pudieron dar o que, directamente, no estaban dispuestos a darle, pero creo que ha sido  más una mezcla de víctima y candidato a chivo expiatorio que otra cosa, claro que no se paso de listo al no maliciarlo. No lo sé, la verdad, pero me temo que sea lo más verosímil  por mucho que para casi todo el mundo sea lo más conveniente alancearle a modo, aunque tampoco creo que acabe por pasarle nada, estamos en España. 
La TV que no viene

En qué manos estamos

Se atribuye a Joaquín Garrigues Walker la afirmación de que si los españoles supiesen las cosas que se hablan en los consejos de ministros saldrían corriendo hacia Barajas. Tranquilícense, porque las deliberaciones de los ministros siguen siendo secretas. A cambio, y por algo se empieza, hemos sabido lo que les decía un telefonista del SAMUR a  los jóvenes que trataban de pedir auxilio para las víctimas del Madrid Arena, y, aunque no me parezca demasiado adecuado comparar a un ministro, que es un interino,  con ese servidor público, que seguramente tendrá plaza fija, hay que reconocer que esa conversación pone los pelos de punta. No voy a fijarme en un trabajador, probablemente lleno de buena voluntad, pero sí en la ridícula incompetencia de uno de tantos servicios municipales que tras una fachada de diseño, que a saber cuánto ha costado, ocultan una desorganización y un descuido más propia de una república bananera que de una ciudad que se supone moderna y bien gestionada.

Lo que ha ocurrido en el Madrid Arena debería ser la oportunidad para someter a una auditoria general a los servicios y procedimientos municipales, naturalmente con luz y taquígrafos. No se puede ocultar la responsabilidad política  que hay tras un suceso tan grave y que ha puesto de manifiesto conductas y procedimientos tan impresentables y peligrosos pero que, al parecer, se dan por excelentes en la casa de la Villa. Se comprende que el gobierno municipal se resista a este escrutinio, aunque las responsabilidades vengan, sin duda, de muy atrás, pero lo que no se entiende es la pasividad de la oposición, aunque tal vez responda a ese tipo de solidaridad que ha permitido al actual Ministro de Justicia, y anterior alcalde, indultar a delincuentes notorios por el mero hecho de ser de CiU, unos patriotas, vaya.
[Publicado en La Gaceta]
Más sobre nuestro Diccionario de citas

Diccionario de citas

Hoy voy a hablarles de mi libro, del Diccionario de citas. Bueno, no es solo mío, sino también de Wenceslao Castañares, desde su concepción, y ahora, además, de Melitón Cardona, embajador, poliglota como deben serlo todos, e informático, para más inri. A él le debemos que acabe de aparecer una nueva edición en la Kindle Store de Amazon que espero sea del agrado de ustedes. Esta nueva edición va muy mejorada en número de citas y en corrección de errores, inevitables, cuando se atesoran cerca de 15.000 citas de más de 1.500 autores y en diez lenguas,  con sus correspondientes traducciones al español.  El precio es de 9,99 dólares, o sea que mucho más barato que en papel, como debe ser. ¡Que se animen y lo disfruten!

Debería o debiera

Tengo la suerte de contar con una especie de  super-gramático, que me corrige algunos dislates que se me escapan, que ignoro, o que se cuelan de rondón en virtud del envilecimiento lingüístico común, y le estoy realmente muy agradecido porque me gusta todo lo que ayuda a saber, el placer más barato e inagotable. El otro día me corrigió, en conversación privada, una confusión entre «deber» y «deber de», un disparate que yo hubiera jurado no cometer nunca, pero me habría equivocado. A modo de venganza ejercida sobre otro colega, al  que no citaré para que el escarnio sea, si acaso, privado, voy a referirme a un error que él comete en un libro que estoy leyendo, un error que se ha convertido ya en casi inevitable, la confusión entre «debería» y «debiera», entre un condicional y un subjuntivo. El condicional debiera usarse siempre que exista alguna condición específica de la que dependa el sentido de la obligación, mientras que el subjuntivo indica una necesidad más abstracta o general, menos sometida a condiciones. Así, por ejemplo, «los niños debieran vacunarse», a diferencia de «los niños deberían vacunarse contra la difteria si fueren a viajar». Cuando estas formas verbales se emplean en negaciones, la diferencia debería estar todavía  más clara: por ejemplo, «no debieras dudar de tus amigos», que es algo muy general, frente a «no deberías dudar de la fidelidad de tu amigo pese a que las circunstancias aparenten condenarle» que se refiere a un caso muy singular y condicionado por las apariencias circunstanciales. Si hay algún gramático competente que me quiera corregir, estoy dispuesto a ello, pero me parece, ya lo he dicho otras veces, que hay que defender al subjuntivo español, tan poderoso y abstracto, frente a la tendencia a decirlo todo en presente de indicativo, en pretérito indefinido  o en condicional simple. En particular me duele que un famoso escritor prescinda habitualmente del subjuntivo para entregarse al  presente, tal vez porque crea hablar desde la eternidad. 
Google no es tan perverso

El poder de la mentira

Revel escribió que «la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”, y eso que al no ser creyente, no tendría presente el cúmulo de reticencias de la ascética cristiana frente a los embelecos y añagazas del mundo. Es comprensible que los poderes que no profesen y respeten principios que se lo impidan, recurran a la mentira en su desenfrenada carrera por eliminar cualquier clase de límites, porque la mentira no solo promueve el engaño, sino algo, en cierto modo, más grave, la confusión, la impotencia, la incapacidad para distinguir la verdad de lo que no lo es.
Las sociedades no han dejado de ingeniar medios para evitar que el poder de la mentira juegue con ellas, y ese es, se supone, el sentido que tiene la libertad de información, la presunción optimista de que habiendo una gran variedad de fuentes será más fácil distinguir el grano de la paja, pero  hay que reconocer que, aunque sea posible hacerlo son muchos los inocentes, y los memos, que quedan atrapados en cualquier red de mentiras medianamente bien orquestada. 
Una sociedad sana debería despedir al político mentiroso, aunque aquí abunden los que  le consideran un tipo hábil y hasta simpático. ¿Qué no decir de un medio de información que se dedique sistemáticamente a campañas de encubrimiento, a ocultar lo que sabe y a extender lo que es falso? No hablo de un caso imaginario, aunque ese periódico se sigue comprando, porque hay quienes lo leen como si fuera el Catecismo, otros creen que esa mentira les beneficia, y a algunos, en efecto,  les favorece mucho.  Les voy a dar una pista: con frecuencia, quienes más critican a Goebbels (“una mentira mil veces repetida se transforma en verdad”) son quienes mejor aplican sus enseñanzas para disimular los favores que, por ejemplo, le deben al casero.

[Publicado en La Gaceta]

Buenas perspectivas

Hablar para no decir nada

Supongo que, como cualquier extremo, la insistencia en que buena parte de las cosas que habitualmente se dicen carecen de cualquier contenido mínimamente interesante, creíble o razonable, será mala, pero es inevitable cuando se escuchan o, peor, se leen explicaciones que no añaden sino oscuridad a lo que supuestamente tratan de aclarar. ¡Que difícil es reconocer que no se entiende bien algo, que no se sabe todo, que poner en circulación un término no indica que hayamos entendido nada! Uno se siente inclinado a ser escéptico, pero eso está muy caro para personas que presuman de intentar usar la razón, así que no me rindo en un asunto en el que hasta el Antiguo Testamento está conmigo: hay casi tantos tontos como tonterías, son infinitos de la misma dimensión, si se me permite la pedantería.

Migajas filosóficas para empezar con buen píe

Leo una interesante perspectiva sobre la evolución humana de Francisco Ayala que han editado mis buenos amigos José Antonio Gutiérrez y José Luis Puerta y no puedo dejar de pensar en lo toscas que son las verdades que admiten los evolucionistas y en cómo la evolución se está convirtiendo en un dogma. El error, si es que lo hay, consiste en confundir el explicans y el explicandum: parece evidente que hay un cambio temporal de las especies y, si se quiere, evolutivo, pero las explicaciones del tal hecho son de traca, y las hipótesis auxiliares no son mejores. Me fijaré, por ejemplo, en algo que, de pasada, dice Ayala: que la especie humana es el único animal con conciencia de sí. Me gustaría saber cómo ha llegado a estar tan cierto de este tópico cultural. De nuevo se confunde la posesión de un lenguaje sofisticado, aunque no tanto como para evitar la tontería, y reflexivo, con la autoconciencia, y son dos cosas, al menos, distinguibles. ¿Cómo se puede saber que un animal no tiene autoconciencia? Lo que nos dice Ayala, como si tal cosa, constituye una explicación ridícula. Los evolucionistas funcionan como los malos teólogos, que son casi todos, como ya poseen la verdad de antemano, encajan las explicaciones a mamporros y eso será lo que sea, pero no es ciencia. ¡Feliz año!
Viva el e reader

2013

Será difícil que sea peor que el año que hemos padecido, pero a todo hay quien gane como dice una persona muy sabia y muy cercana. Estos días, además del aspecto familiar y religioso, tiene un efecto bastante balsámico porque la política se ve reducida a lo mínimo, y eso es siempre un alivio. Esfuércense, traten de sacar lo mejor de sí mismos, dejen de creer en tonterías y concéntrense en lo básico, y a todos nos irá algo mejor. ¡Feliz año!
Clarke y Movistar

Ni contigo ni sin tí

Tienen mis penas remedio, y me refiero a los partidos políticos, españoles, por más señas. Todo lo hacen posible, pero todo lo bloquean. Por eso me exaspera ver cómo se pierden oportunidades de hacer que España pueda dar un gran salto adelante, la crisis es una oportunidad magnífica para la conciencia, mientras el PP    está en manos poco ambiciosas, pero, al tiempo, no tengo otro remedio que admitir que estar en esas manos, es el mal menor, el paraíso de los posibilistas. Confieso ser tan tonto como para que esta aporía, me haga perder el sueño. Concretando, que en Madrid hay que apoyar a un Ignacio González, e il suo complesso, escasamente atractivo, y que hay que conformarse con Rajoy y Gallardón, o sea que si no quieres caldo, dos tazas. 
Algo hay que hacer pero es tan lento y tan sinuoso como esto: lograr victorias en el interior de los partidos a base de agitación, en cierto modo, desde fuera, porque dentro no hay mucho que hacer, para que esas victorias permitan un progreso político real que, en cualquier otro caso, sería inalcanzable, salvo revolución que acabaría por significar, sin duda, muerte y retroceso, de manera que, aunque no sea mi elección, comprendo que la gente lista decida dedicarse a sus asuntos privados.