El problema difícil

Cuando, en cualquier esfera del saber, un problema resulta muy difícil es corriente dividirlo hasta dejar desnudo y solo al núcleo de dificultad más irreductible. Esto, que supone una buena estrategia en la ciencia, puesto que puede caminar a su paso y sin apuros, no acaba de ser una conducta lógica en política, porque las complicaciones pueden estropear cualquier plan bien pensado, y el tiempo disponible se agota a gran velocidad. Sin embargo, los políticos suelen acogerse con frecuencia a la estrategia de ir postergando los problemas difíciles haciendo lo que popularmente se conoce como marear la perdiz. Pensemos, por ejemplo, en el caso de los mineros: los políticos llevan décadas tratando de evitar lo inevitable, echando dinero al pozo negro de la mina,  aprovechando la feliz circunstancia de que el pago corre a cargo de quienes no se enteran. Ahora en cambio, pasan dos cosas, el dinero de apuntar se ha acabado, y el personal está con la mosca detrás de la oreja, con lo de los mineros y con mil cosas más. 

Solo a un político se le puede ocurrir que si, por ejemplo,  hubiese que operar de apendicitis, la cirugía se lleve a cabo por partes y en cómodos plazos, un recorte por aquí, algo de bisturí por allá, betadine y tiritas, para que el enfermo se vuelva, de momento, a casa, hasta que el mes que viene se le opere otro poquito. Ni que decir tiene que un enfermo grave se moriría en el proceso, sin que sirva el consuelo cínico de tener un problema menos.   No estoy diciendo que la política tenga que consistir en hacer escabechinas, pero es muy mala solución hacer creer al paciente que la cosa va a ser más simple de lo que parece. Lo que ocurre es que algunos políticos llegan al poder creyendo que la cosa consiste en aplausos y halagos, y así pasa lo que pasa. 
Woz y los Lumia

Desdecirse

Desdecirse es algo muy corriente en política, y puede llegar a ser irreprochable, pero no todo desdecirse es acertado. Lo acertado es decir lo que hay que decir, se haya dicho o no antes. Lo de hoy de Rajoy, ya se verá: es un buen paso, pero no acaba de aclararse la dirección de fondo, me parece. 
King size

Economía y libertad

En sus orígenes, la ciencia económica estuvo muy ligada a consideraciones morales; ahora, puede parecer que la economía se haya alejado por completo de esa perspectiva, pero es un error creerlo así. La razón de que tendamos a desvincular economía y moral es doble: el carácter técnico, impersonal y anónimo que parecen haber adquirido las transacciones dinerarias, y la errónea sensación de abundancia y riqueza que nos han dado las técnicas monetaristas, el dinero muy barato. Hay, sin embargo, un aspecto en el que es necesario ser algo más simple de lo conveniente para no comprender que sigue existiendo una relación muy estrecha entre el dinero y la libertad. Cuando contraemos una deuda, perdemos independencia y, cuando lo hacen las naciones, pierden parte de su soberanía, aunque sean los amos del mundo, mucho más si, como nos pasa, no lo somos.

Aquí suele entrar en juego una determinada, y corrupta, concepción de la democracia que afirma que tenemos derecho a lo que queramos, que nuestra soberanía es total, que podemos hacer leyes, cambiar costumbres, decidir cuanto se nos antoje y, en último término, de las piedras pan, pero no es el caso. Y no lo es porque la realidad sigue existiendo y suele cobrarse el precio de la necedad, mucho más cuando resulta que esa realidad tiene cara y ojos en las personas y las instituciones que nos han prestado un dinero no únicamente para ayudarnos, sino para ganarse legítimamente un interés. Está claro que podemos hacer como que no vamos a pagarlo, que podemos amenazarles, y que eso les hará poca gracia, pero es de tontos engañarse, porque cuanto más debamos, menos independientes seremos, incluso si nos hacemos peronistas, que es lo que parece que ansían algunos. Si quieres ser libre, no gastes más de lo que puedas pagar. 
Jueces guay

Mezquindad

Que en la política abunde la mezquindad es muy mala cosa, porque la política debiera ser un oficio noble y de grandeza. Es evidente que no siempre es así, pero todo admite grados y aquí estamos al borde del abismo. Ya son varios los firmantes de nuestra carta abierta al presidente del gobierno que me han advertido de represalias diversas, sutiles, al menos en intención, pero efectivas. No es raro que quienes no creen en la libertad no sepan ver sino conspiraciones en lo que es una mera afirmación de verdades bastante obvias, y con la simple intención de ayudar al gobierno a que se atreva a tenerlas en cuenta, y a ser consecuente. Pero aquí abundan los que no conocen otro gesto de lealtad que la genuflexión, exigencia indigna en quien alcanza el éxito, pero delirante en quienes se pasean con el rabo entre las piernas y están a punto de conseguir que hasta sus predecesores más ruines puedan llegar a parecer titanes.
Sobran los Cajales 

La difícil Economía

Ando siempre muy cerca de pensar que la Economía no es solo una ciencia difícil sino imposible, y la culpa la tienen los economistas, y no porque no encuentren el bosón de Giggs o sus equivalentes, sino por lo mucho que se contradicen, no solo unos y otros, sino cada uno consigo mismo.  Valga esto es para introducir una larga entrevista a Paul Krugman que hay que leer sin perder de vista que está en España no para salvarnos, sino para vender un libro.
Fútbol y tecnología

Recortes finos

Un problema adicional con el que el Gobierno se va a a encontrar a la hora de recortar es que, puesto que conocen muy mal el funcionamiento real de las administraciones, lo que es un mal endémico, fruto de la manera habitual de gobernar, rodearse de asesores e ignorar a los curritos, es que muchos recortes van a suponer daños irreparables, cosa que no debiera suceder nunca, pero que sucederá porque las prisas son malas consejeras, y el andar a ciegas no garantiza ningún éxito. Ejemplo: un diplomático me contó que habían despedido al funcionario que, en su país de destino, agilizaba la expedición de ciertos documentos, a sesenta euros el tamponazo: en conclusión, se ha ahorrado un sueldo, pero se han perdido miles de euros diarios a causa de ese ahorro. Veremos muchos casos de este tipo, imagino. 
Nuevas formas de interacción

Lo de Bankia

Nunca he tenido buena impresión de los jueces españoles, y no me gusta generalizar, pero después de lo de Divar y compañía la he empeorado. Ahora un juez emula a algunos de sus famosos compañeros y empapela a todo el mundo de Bankia y la gente parece encantada: se va a hacer justicia: ¿Sí?  Salvo que Rato sea oligofrénico perdido, no parece fácil explicar que se metiese en Bankia si no tenía el respaldo del gobierno de entonces, además del de Rajoy y del resto de la Banca, para hacer la salida a Bolsa, sabiendo todos que se trataba de tapar un agujero enorme, pero a un coste que les parecía asumible. Luego, el tomate lo organizan unos beneméritos auditores que, como de repente, se sienten obligados a no seguir tapando lo que todos sabíamos que había que tapar y que, by the way, ellos habían tapado siempre, sin mayor problema. Algún tonto ha sugerido que Guindos quiso matar al padre, a Rato: creo que tan mal no estamos, la verdad. Lo razonable es que haya sido el BCE quien le movió la silla al auditor para que la operación saltase por los aires… pero ahora viene un juez y lo va a arreglar todo. Da gusto vivir en un Estado de derecho, donde los jueces son independientes, justos y diligentes, los políticos honestos, los periodistas valientes, y los ciudadanos trabajadores, ponderados, decentes y patriotas.
Apple contraataca

España sí puede

John Carlin es un escritor excepcional y tiene una idea muy positiva de nosotros, de los españoles, incluso conociéndonos bien. Repito hoy el título de su columna en El País que suscribo punto por punto y cuya lectura recomiendo por su buen sentido y su efecto lenitivo y hasta euforizante, aunque sea claro que no conviene pasarse. Yo, de todos modos, creo que hay muchos Xavis, Casillas, Iniestas y Llorentes, por no citarlos a todos, sueltos por esta hermosa España, pero tenemos un pésimo seleccionador en casi todas las actividades,  salvo en el fútbol, y muy especialmente en la política. 
IVA y e books

Ya vamos por 35.000

En un país escéptico, en el aspecto más negativo del término, especialmente con sus políticos y sus políticas (advierto que no es una concesión a la cosa del género), que ya llevemos 35.000 firmas en la carta al presidente del gobierno es una espléndida noticia. Somos, sin más, un grupo de personas, sin medios y sin apoyo de los grandes grupos de prensa, que están a los suyo, y, sin embargo, ha habido 35.000 españolitos que se han molestado ya en firmar. Creo que es una gran noticia y que nos acercaremos al medio millón, lo que sería todo un aldabonazo.
Lo curioso es que lo que decimos lo piensan el 90 por ciento de los electores del  PP, el 90 por ciento de los del PSOE y seguramente hasta un 100 por 100 de los de UPyD, pero es noticia que se diga. Así estamos, con una democracia cada vez más formal, más anquilosada y más engañosa y eso es lo primero que hay que ir removiendo, si no queremos acabar mal, muy mal.
El éxito de un nombre