Retos

Persiste un descontento muy mañanero con el gobierno que parece dar pinceladas sin que se sepa qué va a pintar: eso dicen muchos amigos y partidarios. Luego está la historia de algunos nombramientos, como el de Carmen Vela, que ofició de sacerdotisa en un aquelarre contra los del PP en el lejano año de 2008, aunque personalmente pienso que exageran los críticos y que es una buena conocedora del terreno que ha de administrar, aunque con un bajón de 600 millones que es como para echarse a temblar. Va a ser esencial la política de comunicación, pero no hay arte que la salve si no hay mensaje claro y portavoz con aurtoridad, alguien que no puede limitarse a leer una lista de ministros como quien lee la de la lotería. 
Un aparato, dos aparatos, tres aparatos

Abundan las críticas

Entre muchos de mis amigos ha cundido el cabreo y la decepción por la subida de impuestos. A mi tampoco me gusta, pero no acabo de entender a  críticos tan tempranos. La situación parece no solo grave sino urgente, y había que empezar por lo más obvio, además de dar una señal de que se va en serio. Creo que eso es lo que se ha hecho, y no me parece mal, Veremos lo que viene luego.

El gobierno no vacila

Rajoy ha tomado medidas rápidas y valientes, aunque siempre discutibles. Lo de los impuestos puede acogerse a la cláusula de «no hay más remedio», pero caben dudas de que resulte una medida eficaz para reactivar la economía, además de que debería acompañarse de mayores esfuerzos en el gasto. Seguramente debieran haberse suprimido las subvenciones, en concreto, a partidos, sindicatos y patronal, que suponen un gasto muy discutible y plenamente insolidario: ni siquiera los afectados se atreverían a protestar, tal como está el patio. Las medidas van acompañadas de un calendario, lo que indica que no gustan al gobierno, pero le gustarán menos si no funcionan. Es cómico que los socialistas critiquen que otros hagan lo que ellos no se atrevieron a hacer; lo peor es que se suponga que estas cosas son para que las hagan los socialistas, no, precisamente, el gobierno del PP, pero ya se sabe que es un gobierno magmático, aunque, de momento, no parece indeciso.

Un año más, un año menos

Los calendarios nos dan una idea del tiempo como algo monótono, repetitivo, porque se ajustan al ritmo circular de las estaciones. Sin embargo, en nosotros, el renuevo es algo engañoso, porque el tiempo, decía Quevedo, ni vuelve ni tropieza. Puede que eso produzca temor, pero también es el asiento de la esperanza, del afán de saciar esa curiosidad que nos hace estar vivos, atentos, sorprendidos y, con algo de suerte, felices. 
Diccionario de citas

¿Contra quién se aplaude?

La larga, unánime y espontánea ovación de diputados y senadores al Rey a su entrada en el Congreso bien merece un análisis. Caben muchas interpretaciones de bienvenida tan calurosa como la del día 27, pero tal vez haya que suponer que algo no anda demasiado bien cuando tanto se aplaude.
Miguel Espinosa (1926-1982), un gran novelista, injusta y escasamente célebre, que conocía al dedillo los entresijos de la clase dirigente del régimen anterior, escribió en su Escuela de mandarines que “la resignación es la naturaleza del Pueblo” y que “la política es la simpatía del Poder hacia sí mismo”. Me parece que ambas sentencias sirven para enmarcar el significado de esos aplausos, incluso para entender lo que en ellos pueda haber de positivo. Lo más fácil es empezar por eso último, y es lo que han hecho los abundantes monárquicos: recalcar la unión entre los representantes de la soberanía nacional y la Corona.
Ahora bien, un examen cuidadoso no debería detenerse en lo más obvio, en que los representantes populares hayan querido recibir con calor a un Rey que acababa de hacer un cierto ejercicio de autocrítica, aunque oblicuo y moderado, y que, al hacerlo, unía su destino al de una clase política que tal vez haya hecho aún menos por poner en cuestión buena parte de sus comportamientos colectivos.  La reserva de legitimidad de uno y otros es todavía muy larga, y nadie sensato trataría de ponerla en entredicho, pero la perfección de los fundamentos del sistema no bastará para seguir manteniendo su legitimidad al abrigo de cualquier crítica cuando el descontento popular llegue a sobrepasar ciertos límites, algo que muy bien pudiera suceder si los políticos se empeñan en aplaudirse a sí mismos como si todo lo hicieran bien.
Si el desafecto hacia los políticos del que hemos tenido sobradas pruebas en los últimos meses no ha llegado a más, es porque ha existido la esperanza de que, aun no siendo percibida como bálsamo de Fierabrás, la alternativa democrática podría curar muchos de los males que se estaban experimentando de manera tan aguda. De ahí que la responsabilidad de Mariano Rajoy y del PP sea tan enorme, mucho mayor aún que el amplio respaldo de poder que les han dado las urnas.
La consigna política del nuevo gobierno no puede ser, por tanto, un mero bussines as usual, tentación en la que pueden caer quienes crean que han sido elegidos por sus méritos, sin caer en la cuenta de que en su éxito ha influido enormemente el hartazgo con la situación anterior, y que ese hartazgo, amén de concernirles en el pasado, les afectará de manera muy intensa, y no a muy largo plazo, en la medida en que no sepan entender que se espera de ellos algo más y algo distinto que una costosa y difícil recuperación económica, que, siendo necesaria, no será suficiente. La conformación del Gobierno, que merece, en cualquier caso, un amplio margen de confianza, podría sugerir que Rajoy va a dedicarse de manera intensiva a la tarea económica, dejando para las calendas griegas todo lo demás, una actitud que, si así fuere, debiera considerarse como un error de principio.
El caso de la Corona puede ser indicativo de lo que quiero sugerir, de que no basta con arreglar desperfectos de apariencia. El discurso navideño del Rey, la pieza inmediata que motivó el exceso en el aplauso,  se refirió a la necesidad de poner coto a la desconfianza que se extiende respecto a algunas de nuestras instituciones, y todo el mundo interpretó que se refería a su yerno, aunque luego haya dicho que no se trata de personalizar. En cualquier caso,  el Rey reconoció la lógica del escándalo y el descontento de la sociedad. Sin embargo, la cuestión que se ha de plantear, no el Rey, sino los legisladores, es que las actividades de la familia real, del propio Rey, deberían  estar más sujetos a normas de lo que han estado, de esa laxitud que ha permitido que un yerno se pase veinte pueblos, creyendo que podía hacerlo, porque nadie le había dicho lo contrario, y muchos se prestaban entusiasticamente a la liturgia. Si queremos Monarquía para largo, será necesario que una ley establezca con absoluta y meridiana claridad lo que el rey puede hacer y en qué negocios puede y no puede estar. Bien está que el Rey recuerde que la Justicia se ha de aplicar a todo el mundo, pero hace falta que se sepa cuál es la que se le debe aplicar a él y a los de su Casa.
Pues bien, es este tipo de análisis el que hay que hacer no solo de la casa Real sino del sistema en su conjunto, y si no se hace y se tratare de chapucear mejorando la economía, y aún en el caso de que se consiga, se habrá perdido otra oportunidad de relegitimar  y consolidar la democracia como clave del progreso de la sociedad española hacia fórmulas crecientes de progreso, libertad y bienestar.
Son muchas las cosas que hay que cambiar en Educación, Universidades, Investigación, Justicia, Administración pública, Régimen laboral, Sistema fiscal y un amplísimo etcétera. Por todo ello no acaba de ser buena señal que los políticos comiencen aplaudiéndose.

Un gobierno bisoño

Ha tenido suerte este gobierno con las Navidades que, dígase lo que se diga,  se prestan poco a los conflictos, sobre todo a los políticos. Así, los ministros y altos cargos han podido dedicarse a las tomas de posesión, a dejarse ver que es cosa muy grata, y se han podido disimular algunas improvisaciones, tal vez inevitables. El gobierno entrará en fase de funcionamiento en enero, y entonces ya veremos lo dura que es la cuesta. 
Los problemas de Android

Sobre las disculpas del Rey

Todo el mundo ha subrayado la valentía del Rey al aludir al episodio de Urdangarin, tan poco edificante. El Rey no es un español más, está por encima de nuestras diferencias y de nuestras querellas, precisamente para representar y garantizar la unidad indisoluble de la Nación en que se funda la  Constitución. Don Juan Carlos, que, de modo llamativo, apareció junto a un retrato en el que se le ve flanqueado por Rajoy y Zapatero, ha querido subrayar que, independientemente de lo que se pueda pensar de las distintas opciones políticas, él es el Rey de todos, y debe respetar a cualquiera de las formaciones que los españoles escojan para gobernar, tengan o no tengan acierto en su gestión porque representan la voluntad ciudadana en que se funda nuestra democracia. Su papel no consiste en decidir las fórmulas concretas para gobernar, sino en tratar de sumar voluntades, en acercar posiciones, en buscar avenencias, y en animar a todos a trabajar, a dialogar, a actuar  con altura de miras, rigor, patriotismo y entusiasmo.

El Rey se refirió a la necesidad de poner coto a la desconfianza que se extiende respecto a algunas de nuestras instituciones, y cómo ese problema solo se resuelve intensificando la ejemplaridad que es una exigencia pública de primer orden. A este propósito fue bastante transparente su alusión al caso que más directamente ha afectado a la buena imagen de la Monarquía desde su acceso al Trono, y lo hizo reconociendo la lógica del escándalo y el descontento de la sociedad  y recordando que nadie puede estar por encima de la ley.

La cuestión, que no ha de plantear, no el Rey, sino nosotros, es que los negocios de la familia real, del propio Rey, deberían  estar más sujetos a normas de lo que lo han estado, de esa laxitud que ha permitido que un yerno se pase veinte pueblos, supongo que creyendo que hacía lo que podía hacer, porque nadie le había dicho lo contrario y muchos se prestaban entusiasticamente al festejo. Si queremos Monarquía para largo, habrá que decirlo, será necesario que una ley establezca con absoluta y meridiana claridad lo que el rey puede hacer y en qué negocios puede y no puede estar. Bien está que el Rey recuerde que la Justicia se ha de aplicar a todo el mundo, pero hace falta que se sepa cuál es la que se le debe aplicar a él y a los de su Casa. De no hacerlo, será inevitable lo peor, que no haya dudas. 
Valor y precio

El poder de Soraya

Soraya Saénz de Santamaría es desde el momento mismo de la constitución del Gobierno la mujer más poderosa de España, y eso no se ha debido a ninguna política de imagen ni de cuota, sino a la enorme confianza que el presidente ha depositado en su buen criterio, su sentido de la responsabilidad, su buena formación, su capacidad de sacrificio y su ya importante experiencia política. Sus primeras manifestaciones al tomar posesión de sus funciones han sido de humildad y de aceptación de las críticas, con lo que ha mostrado sentido de la responsabilidad y buena disposición para asumir un trabajo ímprobo y difícil. Nada que ver con la imagen de prepotencia y arbitrariedad de otras épocas, otros partidos y otras mujeres. Hay que esperar que la Vicepresidenta sepa mantener la calma y los buenos criterios a los que se ha acogido a la hora de pronunciar sus primeras palabras como mano derecha de Mariano Rajoy, porque una parte muy importante del éxito de este Gobierno, con el que tanto nos jugamos todos los españoles, lo mismo los que votaron al PP que los que no lo hicieron, está en manos de esta mujer de aspecto jovial, carácter sereno y maneras suaves. Soraya Saénz de Santamaría representa a una generación nueva en la historia de la derecha española, un grupo de personas sin apenas vinculación con los orígenes del partido conservador, y que ha sido llevada a la política por el mismo espíritu de responsabilidad que animó a los políticos de la transición, por el convencimiento de que España y los españoles se merecen lo mejor. Su éxito será un éxito colectivo de esa parte, muy importante, de la sociedad española que sabe renovarse y asumir responsabilidades.

Navidad

Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. 

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El Ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el Ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».

¿Qué te parece el Gobierno?

Como no se habla de otra cosa, mucha gente me pregunta algo parecido, y como no es correcto no contestar, además de que en este país se pierde inmediatamente prestigio  si uno se calla, pues suelo decir que desigual, que no es decir gran cosa, pero da pistas. Un excelente equipo económico, un ministro de Educación y tal y cual realmente listo y brillante, y mucha gente con carrera política. Soraya me cae muy bien, siempre creo que me recuerda a alguien, y me parece un complemento ideal del presidente, que tiene  ese aire antiguo y respetable pero un poco aburrido, en público, me refiero, como corresponde a alguien que presume de ser previsible. Si entre estos y los demás lo hacen bien, llegarán a ser figuras, aunque me olvido de mencionar a quien estoy casi seguro que va a tratar de ser el Messi del gobierno, y no se si será peor que lo consiga o que no.