Elecciones en dos lugares

Aunque los electorados sean muy distintos, y las circunstancias también lo sean, Galicia y el País Vasco supondrán un test de enorme importancia para el futuro del PP. Si, como imagino, los resultados son muy negativos, Rajoy deberá pensar en facilitar el paso a alguien que le pueda suceder con más fortuna. Si no lo son, continuará el deterioro, no por lento menos deletéreo. Cabe que rectifiquen, pero no se me alcanzan las razones para que pudieren hacer luego de un mal resultado explicable lo que debieran haber hecho desde el principio, así que no veo margen para esa buena noticia sin que medien conmociones y desastres:  esto es lo que cabe esperar en una situación en que «las leyes flotan de aquí para allá, como si estuvieran sobre el agua», por decirlo con palabras de Hobbes. 
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Un liderazgo moral

El Mundo publicó hace unos días un excelente artículo de Miguel Ángel Quintanilla que recuerda cosas que habitualmente se olvidan en la política, justo aquello que la hace imprescindible como una actividad dignamente humana, y sin lo cual no es posible que sea una actividad digna. Lejos de ser pura preocupación por el poder, y, consecuentemente, subordinación idólatra al mismo, la política es una función que procura dar sentido a la vida colectiva, que incorpora un liderazgo moral y un proyecto nacional,  de modo que pueda ser capaz de suscitar en los ciudadanos una comprensión nítida de los mejores fines y una disposición a aceptar, en función de ellos, esfuerzos, privaciones y sacrificio.
Muchos se sienten hastiados de la política, pero es porque nadie les ofrece ninguna que merezca la pena. La política de lo inevitable es una hipócrita e irresponsable negación de la democracia y de la política. Que tantos ignoren esto es una buena medida de la sima en que hemos venido a parar, y de la que hay que salir.
Neil Armstrong 

Miente a sabiendas

Como no es la primera vez que se usa por gentes distinguidas, no pienso renunciar a comentar esta perla titular que, ahora,  según parece, ha sido proferida por el Duque de Segorbe, para recriminar a quienes le acusan de estar en connivencia con los asaltantes de lo ajeno al mando de Sánchez Gordillo. 
Con quien no está, ni siquiera, en connivencia el señor Duque es con la lengua que supuestamente habla. En español, mentir, según definía el Catecismo, y con el acuerdo del DRAE, es decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar. De manera que mentir a sabiendas es como acuerdo mutuo o como duración en el tiempo, una de esas tontadas que se ponen de moda entre los tontos pretenciosos, que son quienes las hacen famosas y las prestigian. Ni siquiera los gobiernos pueden mentir sin saberlo, y mira que lo intentan. 
Empate en juicios

Dos reflexiones

La primera es que algo marcha muy mal con las instituciones judiciales, con la justicia, en último término, cuando se pueden dar, al tiempo, dos resoluciones tan patentemente opuestas como la de condenar a Armstrong a perder sus triunfos, y la de condenar a Breivik a solo veinte años, de modo que podrá estar en la calle antes de los 55 años para volver a intentarlo. No está mal para 71 asesinatos. Supongo que es opinable, pero me parece un exceso el castigo del ciclista y una broma el del tiroteador noruego. Hay que revisar el sentido y la medida de los castigos, y a no olvidar que deben servir para algo, pues, de lo contrario, son perjudiciales para todos. 
La segunda cosa que quiero enseñarles es un mapa de Amazon que muestra la distribución de las ventas de libros según su ideología más o menos favorable a la reelección de Obama. ¿Se imaginan algo así en España? ¿Cuáles debieran ser los libros favorables a la reelección de Rajoy?

Ética y política


Me temo que una buena mayoría de políticos españoles considere que la democracia se limita a ser un trámite de legitimación del poder, y que, una vez arriba, sólo hace falta  mantenerse. Cuando lo único que importa es la eficacia electoral, suelen olvidarse los principios. Esta desmemoria expresa una grave carencia de nuestra cultura política, y se explica, al menos en parte, por un entorno maniqueo. Como los otros son muy malos, cualquier sospecha sobre nosotros será una perversa sugestión del maligno. En consecuencia, se produce un absoluto desprestigio de las instituciones, sometidas al control más cutre de los aparatos, puestas al servicio no del pueblo, que quiere saber, sino de los mandamases, que quieren que no se sepa. Es lo que pasa, por ejemplo, con las comisiones de investigación, como la de las cajas en el Congreso, o la del fraude del ERE en Andalucía: sirven a la hipocresía, y no investigan nada, para que parezca que nadie ha hecho algo censurable, y que todo el mundo es bueno.
Seguramente las películas exageran, pero basta ver cualquiera sobre la vida política norteamericana para entender que allí no vale con ser del partido, sino que hace falta tomarse en serio una serie de normas que garantizan que las instituciones sirvan al país y no a sí mismas, es decir a los que las ocupan.

O la democracia incorpora los principios éticos, o se convierte en una caricatura. ¿Cómo puede ser que los políticos se consideren autorizados a mentir de forma tan descarada, o a hacer cosas diametralmente opuestas a las que prometieron y esperaban sus electores? ¿Cómo puede ser que nos digan que no hay alternativas a lo que están haciendo? La democracia no es eterna, pero si se acabara, seguro que sabrían a quién echar la culpa, si les quedase tiempo enredados como estarían, en lo suyo, en lo que venga. 
Mucho por inventar

Anemia política

Entre tantas malas noticias económicas apenas se discierne un mensaje político coherente, ni dentro, ni fuera. Cuando parece que los políticos olvidan su oficio, y que todo lo fían a cuadrar las cuentas, es indispensable recordar que la política existe para crear metas y caminos, que no puede reducirse a contabilidad, recorte, y espanto. Pero la política exige saber quién se es y dónde se está, y eso es más difícil de definir de lo que se supone cuando ya casi nada es lo que era.
Como españoles, estamos a punto de despertar del sueño idílico de Europa, de una meta que nos llenó de orgullo, y que ahora, una vez conseguida, parece, de repente, una cruel desventaja, una institución estrecha que nos niega el pan y la sal. Es gracioso, por decir algo, ver a algunos de nuestros europeístas extrañarse de la tacañería del BCE, que parece tener mayores preocupaciones que nuestra deuda, lo que algunos, muy empeñados en tener razón, juzgan un desafuero. ¿No será que impulsados por esa utopía perfectamente alicorta nos olvidamos de trazar una senda propia? Muchos, no se olvide, han querido ser europeos para olvidarse de lo que somos, y eso no puede funcionar. 
Es penoso descubrir tan tarde las carencias de Europa, y que hayamos aspirado a perdernos en un entramado institucional más caótico que otra cosa. Puede decirse que no sabemos ni qué hacer, ni dónde estamos exactamente, mientras se siguen repitiendo mantrasgastados y tristes. Pero alguien hablará con fuerza y con pasión, no tengan dudas, porque el tiempo, decía Quevedo, ni vuelve ni tropieza, y las viejas naciones se resisten a morir. Lo que llama la atención es la renuncia de los elegidos a hacer aquello que tanta falta hace, que pudiendo evitarlo dejen que crezca el vacío de poder, que triunfe la anemia política.
amigos y enemigos tecnológicos

Se sube el telón

La convocatoria de elecciones en el País Vasco va a constituir una cita muy importante para el futuro político de todos los españoles. Por supuesto, puede que pasen cosas muy desagradables, como una cierta victoria, al menos moral, de los etarras, gentes muy bien intencionadas al parecer de algunos, pero también pasarán otro tipo de cosas. Será la primera vez que los del PP puedan comprobar lo mal que les va a ir con el extraño y bizco posibilismo de quien es hoy por hoy su líder, porque lo probable es que el PP se estrelle hasta casi desaparecer.  Si el fracaso electoral en el País Vasco es muy grande, como muy probablemente ocurrirá,  deberían irse a su casa, en pura ética democrática, pero no se irán, o sea que habrá que hacer otras cosas. Si eso no trae consigo una amplísimo debate en ese partido es que ya están muertos, porque si lo trajere habría posibilidades de salvación una vez que se retire del puente de mando la tripulación titular, cuanto antes. 
La manzana de la discordia

Assange y Garzón

El asunto de Assange y Wikileaks es de los que se prestan a controversia por la gran cantidad de implicaciones; yo tendía a apoyar una tendencia contraria a las pretensiones del personaje que pretendió desmontar el tinglado de la farsa. La elección de Garzón como caballero blanco de sus derechos mancillados me deja todo bastante más claro. Creo que don Julian no es un muy fino escogiendo sus asesores legales, o tal vez sí. 
Negocios en la red

Cosas que te helarán la sangre

La medida del gobierno respecto al carcelero de Ortega Lara es una de esas cosas que hielan la sangre. Es difícil resistirse a la explicación de que el Gobierno tiene un plan y no se atreve a contarlo, y, tras esta constatación, no se puede evitar que nos invada una honda tristeza, casi una desesperación. ¿Qué obliga a los poderes públicos a tratar de manera tan desigual a un asesino y a cerca de mil delincuentes comunes que mueren cada año en las cárceles sin que nadie haga nada por evitarlo, según cuenta La Gaceta en portada? La respuesta no puede ser otra que el miedo. Pero si el Gobierno tiene miedo, ¿qué miedo no tendremos que tener los simples mortales? Miedo a este gobierno, a su miedo,  y a lo que puede acabar haciendo con nosotros. Al parecer todo vale, pero no se sabe para qué, aunque tal vez sea mejor no saberlo para evitar tentaciones demasiado radicales. 
La prensa en la red

Otra decisión cínica e hipócrita del gobierno de Rajoy

Con ser muy grave lo que ha hecho el gobierno al conceder el tercer grado al carcelero de Ortega Lara, más grave aún me parece el burdo engaño de sus explicaciones a la opinión pública. Interior ha pretendido ampararse en la ley para ocultar sus responsabilidades, dura lex sed lex, dijo cínicamente el ministro,  pero la ley dice solo que el gobierno podrá hacer algo, no que haya de hacerlo. Esta distinción sustancial, que explica la irritación de cualquier persona con un mínimo de dignidad, de perspicacia y de valentía, es lo que las explicaciones mentirosas del gobierno pretenden ocultar, asumiendo que los españoles, además de cobardes, debemos ser tontos. Yo entendería a un gobierno que dijese, creo que lo más razonable es soltar a este canalla por h o por b, pero no puedo ni justificar ni aplaudir  a un gobierno que hace lo que cree le conviene, y seguramente se equivoca, pero pretende engañar a los españoles al simular que está haciendo lo que hace, como si no quisiera hacerlo,  porque se lo ordena precisamente la ley.  He aquí, de nuevo, un gobierno que emula al de Zapatero, nada que ver con lo que sus votantes teníamos derecho a esperar.