Que si quieres arroz, Catalina

Draghi y Merkel han escenificado la armonía preestablecida entre dos poderes que parecen ir a su aire, salvo para poner a los españoles en su sitio. En realidad tenemos el presidente perfecto para dejar de ser completamente independientes, para perdernos en el anonimato y en la nada. Así será, me temo, pero se hará con disimulo, y los españolitos descansarán tranquilos sintiéndose rescatados de sí mismos, como con Franco.
Tamaños y funciones

El juez copiota y otros episodios nacionales

Ahora resulta que el juez Castro,  visitante de Bolinaga, ha externalizado sus argumentos jurídicos copiándolos de un libro, lo que no parece demasiado decente; el auto/acto del juez muestra, una vez más, la confianza absoluta de la mayoría de los españoles supuestamente cultos (es decir, los que saben que hay libros) en que cualquier libro pueda ser un lugar secreto en el que se hallen tesoros nunca vistos, para apropiarse de ellos, naturalmente. 
El ministro del interior se inventa excusas inexistentes, para decirlo de manera suave, el juez es un copiota y CR7 está triste, pero no por dinero,…¡admirable país que disfraza sus mentiras con sabiduría!
Pagos móviles

La democracia y los políticos

La idea es muy simple: que los ciudadanos estén descontentos de los políticos no es malo, es perfectamente normal; tampoco es peligroso, lo peligroso sería la indiferencia y la credulidad, y precisamente porque esa actitud ha sido abundante hay ahora más quejas de lo habitual. Hay que creer menos en los políticos y más en la democracia, ese es el mensaje de Clint Eastwood y debería ser el de cualquiera que dedicase un minuto a pensar en el poder sin creer demasiado en  cuentos de hadas. Pero no basta con creer en la democracia, hay que practicarla, y eso es arduo y cansado, aunque solo los soldados cansados ganan las batallas importantes, pese a que lo haya dicho Napoleón. 
No es para tanto

Se queja la izquierda del lenguaje

Un sesudo artículo de tres profesores universitarios, en EP, ¿dónde si no? se queja de que la derecha ha impuesto un lenguaje descarado. Pronto empezamos, se ve que acostumbrados a las mayorías indiscutidas, les resulta incómodo cualquier lenguaje distinto al suyo. Me temo que, esta vez, pese al desastroso rumbo que el gobierno ha tomado como propio, un rumbo que todavía rinde homenaje a los mitos que veneran estos profesores, la pretendida solidez y decencia de la izquierda ha quedado in pudibus, pese a que sean todavía muchos los que añoran un paraíso tan desmentido e ilusorio.

Segundo intento de Nokia

Rajoy ganará las próximas elecciones

Eso dice en el ABC. Es toda una noticia, porque, de momento, se está desangrando, él y su partido, sin beneficio aparente. Dice que está cumpliendo con su deber y que hay que saber en qué estado se encuentran las cosas para juzgar. No puedo estar más de acuerdo con ese juicio formal, y doy por hecho que no miente al expresar sus convicciones morales acerca de la conducta que ha elegido, pero mis apreciaciones de hecho son diametralmente opuestas a las de Rajoy. Me gustaría equivocarme, porque aprendería mucho con ello y a España le iría mejor, pero lo malo del deber, y lo bueno de la libertad política,  es que cada cual cree tener el suyo. 

primores de lo vulgar

Sin paliativos

Escucho a Juan Manuel Moreno, Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, decir que todas las administraciones están colaborando sin paliativos en, creo recordar, la extinción de un incendio. Esta manía de los políticos de tratar de justificar lo bien que funciona todo es insoportable, y constituye un ejemplo más de la idea que tienen acerca de nuestra estupidez, que consideran, sin duda, mucho mayor que la suya. Que además no sepan hablar, es también corriente, dado lo estupendamente que se seleccionan los altos cargos y los responsables políticos. Es decir, que nos tendremos que arreglar, sin que quepan paliativos,  para acabar con esta plaga de mediocridad y tontería. 
pantalla sin bordes

Clint Eastwood

Algunos han podido sorprenderse de la aparición de Clint Eastwood en un acto del GOP contra Obama y en apoyo de Romney. Es lo más coherente con sus películas, responsabilidad individual, valor, libertad, fortaleza frente al mal, etc., y con su trayectoria como alcalde de Carmel. Lo que no es Clint Eastwood es un paniaguado de ningún partido, y por eso dijo lo que le dió la gana, no se atuvo al guión que le trataron de imponer, recordó a los americanos que ellos, y no los políticos, son los que mandan, y que al que lo hacía mal, había que echarle, que para eso están las democracias, y no como aquí, que al que manda hay que aplaudirle, incluso cuando suelta a Bolinaga. 

Ministros fuera de lugar

Los ministros son, lógicamente, objeto del pin-pan-pun, y no debieran quejarse demasiado. En el gobierno de Rajoy hay un ministro del Interior que siempre está dando la cara al exterior, con muy escasa fortuna, y un ministro de Exteriores que no viaja, se ve que ha decidido arreglar el mundo desde su despacho, es muy capaz. La tendencia de Rajoy al inmovilismo, viejo reflejo de una forma muy cañí de entender la política, hace difícilmente imaginable un cambio de gobierno, pero no será porque no encuentre motivos. Si prefiere que sean tres, podría añadir Hacienda, y ya puestos, cambiar a los/las que nunca debió nombrar. 

Más sobre Apple

Un poli en la tele

El caso de los niños supuestamente quemados por su padre en Córdoba está rebasando todos los  límites concebibles en el respeto a la presunción de inocencia,  y está sirviendo para que las autoridades dejen de cumplir escrupulosamente con su función, y se dediquen a balancearse en los minutos de gloria  que provoca la marea del morbo y la indignación popular. 
Que el ministro del Interior continúe con su estela de aciertos convirtiéndose en portavoz de un caso que debería ser exclusivamente policial, era previsible, pero muy lamentable. Este ministro es una pesadilla, la verdad. Que el jefe del grupo de investigación, un comandante de la policía, vaya por las televisiones participando en programas de gran audiencia y mostrando que, en la práctica, toda suerte de cautelas, profesionales y éticas,  están para que cualquiera se las salte cuando convenga es desolador. 
Creo que es bastante verosímil que el padre cordobés sea culpable de cuanto se imagina, pero la verosimilitud no debería arrasar con la presunción de inocencia. No se ha demostrado que los restos sean de los niños, ni que él los haya dejado allí haciéndolos arder, por mucho que eso seduzca a los calenturientos y a los ayatolás del antimachismo feminista de género. Hay mil hipótesis alternativas que debieran ser descartadas con un mínimo rigor antes de condenar a un sospechoso, por antipático que parezca. Por mencionar solo un par de motivos de sospecha contrario al canónico: ¿qué razón podría tener el supuesto asesino para quemar a sus hijos en el primer lugar en que podía imaginar se investigaría?
Parece obvio que el padre haya podido quererse vengar de su mujer, y menos obvio lo contrario. Pero parecer no es probar, y menos con las chapuceras investigaciones policiales que parecen ser  corrientes en  Andalucía. Además, es bastante infrecuente y extraño que la venganza induzca al asesinato de unos hijos. 
Lo más probable, sin embargo, es que lo que se sospecha unánimemente sea bastante cierto, pero para estos casos se fabricaron las cautelas. 
El Corte Inglés

¿Quién prevarica?


Existe una gran diferencia entre prevaricar y llevar a cabo una decisión política, de modo que el ministro del Interior no puede pretender que se le crea cuando afirma que la decisión, de todo punto difícil de comprender, de excarcelar a Uribetxeberría Bolinaga, ha sido tomada, dura lex sed lex, para no prevaricar.  El ministro olvida que las leyes pueden ser consultadas, y que hay que estar muy aturdido para pretender que todo el mundo entienda que cuando la ley dice que “el gobierno podrá”, se tenga que leer que el “gobierno tendrá que”. Es bastante probable que el ministro no mienta, y que haya hecho lo que se le ha ordenado, pero no por la ley. Estamos pues ante una chapuza que, claramente, pretende ocultar una claudicación o una pirueta política incomprensible, de tal modo que hasta el propio PP vasco, que parece decidido a llevar la fidelidad a Rajoy hasta el límite de su posible extinción, ha tenido que admitir que Jorge Fernández Díaz ha sido poco hábil, aunque no haya explicado exactamente en qué.
Como es inevitable, esta sorprendente actitud del Gobierno, ejecutada, además, mediante esos inconsistentes vaivenes que alguna vez creímos que se podrían relegar al olvido, ha suscitado en el interior del PP todo menos entusiasmo. Jaime Mayor Oreja, al que una propaganda tontorrona pretende hacer pasar como autor de la norma que obliga a esta decisión tan execrable, ha subrayado que la medida fortalece a ETA, y Esperanza Aguirre, tras reconocer que el Gobierno ha actuado conforme a la ley, faltaría más, ha expresado claramente que no está conforme con la medida. Es natural que los líderes del PP sean prudentes al enjuiciar acciones del Gobierno que se ha formado con el apoyo de su mayoría parlamentaria, pero los electores del PP no tienen por qué mantener esas cautelas, y así han menudeado los pronunciamientos muy contrarios a esa medida supuestamente humanitaria y piadosa, pero que no sirve más que para exaltar la fuerza política de un criminal que, sin renuncia a las armas y sin ninguna forma de autocrítica, pretende convertirse en persona respetable con el auxilio del Gobierno elegido por los españoles, entre otras cosas, porque creían que así podrían evitar esa fácil y rápida metamorfosis de auténticos criminales en padres  de la patria. Las asociaciones de víctimas del terrorismo no salen de su asombro ante lo que consideran una traición del PP ante los intereses políticos de la banda. Tampoco resulta fácil comprender cómo está dispuesto este Gobierno a afrontar un  más que posible desafío soberanista que el PP vasco todavía proclama como su principal objetivo.
Es muy posible que el Gobierno se vea tentado al sostenella y no enmendalla, pero debería de considerar que todo tiene un límite y que, de hacerlo, podría poner seriamente en riesgo la unidad del PP, cosa que no conseguirá evitar recurriendo al tópico de echar la culpa de las críticas al sector durodel partido, porque no hay duda alguna de que si hay una característica que el PP, y sus electores, han mantenido con constancia, es una constante y valiente oposición a los objetivos de ETA, y no se ve razón respetable para que esa política se pueda cambiar de la noche a la mañana, sin claridad ni taquígrafos, con solo la oscura complacencia de quienes fueron sus iniciadores, y que, por esas razones, entre otras, perdieron las elecciones de manera estruendosa hace menos de un año. 
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