Europa, Europa

No estaría de más que ante las elecciones europeas nos preguntásemos qué es lo que nos falta para dejar de hablar de Europa como algo, a la vez, extraño y admirable, aunque cada vez menos, según se oye a muchos. La izquierda más empeñada en parecer radical y moderna se ha convencido de que puede ser rentable presentarnos una Europa hostil que, absurdamente, al parecer, quiere que se le paguen las deudas. Nos han acostumbrado tanto a echarle la culpa a Europa de cualquier reforma aparentemente antipática que corremos el riesgo de que deje de ser un ideal y se convierta en una madrastra. Ese es el error que hay que combatir: Europa puede seguir siendo un ideal y debe seguir siéndolo, pero no podemos consentir que la conviertan en el chivo expiatorio. 
El problema no es que los europeos quieran cobrar los préstamos, el problema es que no aprendemos a vivir con el fruto de nuestro esfuerzo y nos dedicamos a a gastar lo que no tenemos, a vender la soberanía. Los demagogos acuden luego a la soberanía, pero quieren olvidarse de que hemos gastado lo que no tenemos y que, salvo para los que crean  ingenuamente en la revolución, no es sano ir por el mundo sin pagar las deudas y sin dar la sensación de que esa es una obligación de la que se puede prescindir alegremente. 
De Europa tenemos que aprender rigor, limpieza, sentido estratégico, democracia y participación… y dejar de dar lecciones tan malas y con tan poco fundamento. 
Adiós, por un tiempo

Luz, más luz

Me permito copiar lo que me dice un amigo que sabe sobre las últimas invenciones del ministro Soria en materia de electricidad, contadores de la luz y demás magnas reformas. Todo menos entrar a fondo en un asunto que va a peor, que es lo que pasa siempre con lo que no se sabe o no se quiere o no se puede arreglar:
“La enésima ocurrencia del gobierno –como de los anteriores- ante el insoportablemente alto coste del recibo de la luz y del déficit eléctrico se debe a lo de siempre: no reconocer que tenemos una electricidad carísima por culpa de las subvenciones a las renovables y todo tipo de impuestos directos e indirectos, es decir, por culpa de los políticos que han mandado en España en los últimos 30 años. Todo lo que no sea bajar cada año esas subvenciones y la fiscalidad abusiva es marear la perdiz y seguir con un sistema eléctrico que es, o carísimo para los particulares y empresas consumidoras, o inviable financieramente para los productores o inversores, o ambas cosas a la vez (como ahora). Habría que bajar cada año los subsidios e impuestos en el recibo eléctrico de forma sustancial, hasta que el recibo de la luz baje al menos un 30% – 40%, suponiendo que los costes de las materias primas energéticas se mantengan en sus niveles actuales”

Los afiliados de Vox

Con frecuencia me preguntan sobre los afiliados de Vox y contesto lo que voy sabiendo, cuántos son, ahora mismo pasamos de tres mil, cómo son, lo que no es tan fácil, porque todavía no los conozco a todos, y qué pretenden al afiliarse. Esto último me parece de enorme interés, aunque no sea fácil dar una respuesta, digamos, científica, porque hay una enorme variedad de casos y situaciones. Se trata, obviamente, de un impulso de generosidad y de responsabilidad que, en ocasiones, va acompañado de una legítima ambición política personal, y en otras se reduce a una exigencia moral de contribuir a mejorar una democracia sobre cuyos defectos apenas hay dudas, pero hay una cosa que quiero resaltar y que me ha producido una gran satisfacción: el altísimo número de personas sin ninguna historia previa de afiliación, con un entusiasmo grande y una preparación profesional y humana muy alta. Esto, como es lógico, me llena de orgullo, saber que estamos contribuyendo a que se renueve el personal que dedica una parte de su tiempo a los asuntos públicos, a los temas de interés general, y que está dispuesto a intentar hacer un partido en el que la democracia sea algo más que un título legitimador de la representación formal, que la democracia interna se convierta en una realidad y en un factor que potencia la participación y la libertad política, el debate civilizado y cortés, el hablar de las cosas reales y no solo de los tópicos políticos archimanoseados y que, en el fondo, ni mueven a nadie ni interesan gran cosa. Ver cómo todos estamos aportando nuestro granito de arena a un proyecto político ingenuo, ambicioso y renovador me da la energía que los años me discuten, o eso espero.

La organización

Siempre he pensado que las mayores dificultades de la democracia en España derivan de factores culturales. Ahora estoy experimentando en carne propia alguno de esos defectos tan españoles, aunque sea un tópico, como poco simpáticos. Nos cuesta trabajo organizarnos, abreviar, saber cuándo hay que tomar decisiones, distinguir lo esencial de lo que no es del caso, y mil cosas más. Nos faltan, en último término, buenas tradiciones y eso es en lo que hay que esforzarse más, en crearlas. En eso estamos, pero sin incurrir en un feo defecto, el pesimismo, el desánimo, el pensar que los problemas siempre los causan los demás, siendo autocríticos, y todo lo bien educados que podamos ser. 

El no de Ciudadanos

En Vox habíamos dado toda clase de muestras de estar dispuestos a acudir a las elecciones europeas en coalición con los pocos partidos con que compartimos un ideario de respeto a la democracia, de renovación política, y, en consecuencia, de aprecio a la unidad nacional, al imperio de la ley y de denuncia de las supercherías para implantar privilegios y desigualdades. En estas elecciones se podrían olvidar otros factores como, por ejemplo, la orientación política, más o menos liberal, más o menos estatista, y otras cosas relativamente secundarias en el momento actual de España. Se trataba de unir para abrir un hueco a fuerzas renovadoras, pero no ha sido posible y, lo que es peor, ha habido cierto mal estilo al desechar la posibilidad con un mohín afectadamente despectivo. Vamos que Ciudadanos ha hecho con Vox lo que UPyD le había hecho, y mal en ambos casos. En política, como en la vida, es más fácil predicar que dar ejemplo: mucho hablar de lo que nos une, pero, a la hora de colaborar, yo con lo mío que lo mismo tú me arrebatas algo. Es una pena por lo que denota, no por lo que pueda suponer. En particular, pienso que Ciudadans se equivoca doblemente, que puede sufrir con una doble pinza entre Vox y UPyD, por aceptar la alineación más clásica. En fin, que el elector decida, que siempre es bueno, aunque puede lamentar que no le hayan dejado intentar lo mejor. 

El pudor político

Pido disculpas a mis lectores, pero he de dedicar más espacio a la política, habida cuenta de la aventura en que me he metido, o sea Vox. Procuraré, con todo, conservar una cierta independencia de criterio, una higiene. No se puede criticar, como voy a hacerlo, a los talibanes  que insultan, calumnian y tratan de despreciar al adversario, a ese al que ni se nombra, haciendo lo mismo. De todas formas, esa manera de tratar al público al referirse a terceros es una muestra inequívoca de lo que piensan de nosotros, que somos bobos. Creo que en política el pudor exige defender lo que se cree sin pretender que de eso dependa el destino último del universo, la salvación de las almas o el futuro de España. Somos agentes de un gran drama, y tenemos que procurar cumplir bien el papel que se nos asigna, pero sin sobreactuar que es  poco elegante.
Tuits peligrosos

Le habría gustado

No soy el más fervoroso admirador del estilo literario de Pedro J. Ramírez, aunque reconozca su excepcionalidad como periodista. Precisamente por eso quiero subrayar la belleza de la fórmula que ha empleado para despedirse cuando le han echado, pero haciendo como que no es así, porque se han guardado las fórmulas: «Entiendo la decisión, pero si de mí hubiera dependido, habría seguido siendo director de EL MUNDO toda mi vida». Ya veremos lo que ha pasado, porque el mundo de la información está lleno de oscuridades. 
Motorola Tchang

Alejo Vidal Quadras

La salida de Alejo Vidal-Quadras del PP y su anuncio de que se incorporará Vox ha permitido, entre otras cosas, calibrar la absoluta mediocridad intelectual y la bajeza moral de algunos que se tienen por personajes públicos. Aquellos que adoran a su partido como si fuese una divinidad, muestran el escaso aprecio que tienen de la libertad política al criticar a quien se va de sus filas por creer en conciencia que ya no se puede seguir apoyando a un partido que ha perdido el Norte y el sentido. Hacer esto, aunque se pueda estar equivocado, será siempre síntoma de grandeza y de dignidad, mientras que negar la realidad mientras se permanece al abrigo de unas siglas, por el mero hecho de haber significado algo, es muestra de pusilanimidad, de un cálculo de interés,  y de cortedad de miras,  las cualidades que los españoles detestan en los políticos.  Creo, por supuesto,  que personas honradas puedan seguir apoyando al PP, pese a lo que hace, pero no creo en los argumentos que solo muestran la bajeza moral de quien los esgrime, su íntima convicción de no ser nada sin su marca. Son personas que se olvidan de cualquier mirada crítica o inteligente a lo que están haciendo, hábiles  en disfrazar su conveniencia de lealtad,  pero nadie puede ser leal a otra cosa que a ideales, y nunca una mentira descarada y oportunista puede pasar por un ejercicio de valor político, de grandeza. El espectáculo que están dando algunos mediocres atacados de fidelidad perruna a quien los mantiene es de los que gustaría no tener que contemplar, pero el mundo es así. 
Normas tuiteras

Justicia de la china

Gran revuelo bienpensante porque el gobierno dicta normas para evitar que la Audiencia Nacional encause a dirigentes chinos. Me parece pasmoso que algunos jueces pretendan tener una jurisdicción universal, y si lo hacen con amparo en leyes vigentes, peor me lo ponen, porque se trata de leyes lelas, da país de pandereta, como lo es suponer que se pueda ejercer la justicia sin un brazo armado que la respalde y, que yo sepa, no lo tenemos. Lo más sonrojante es que quien sí lo tiene, los EEUU, cuando lo ejercen, son acusados por los mismos histriones de intervencionistas. Es de broma que los tribunales españoles, que apenas aciertan a arreglar medianamente bien asuntos de por aquí, se dediquen a ejercer de justicieros allende los mares, con rojos o con azules, me da igual. Es ridículo que se haya querido procesar a Pinochet, aunque no a Castro, o a los dirigentes chinos que, al parecer, siguen siendo comunistas.  Jueces a sus asuntos, que les sobran, sin necesidad de ir al Tibet. 

Más sobre el descarrilamiento, una respuesta a José Luis Cerdán

Repito aquí la contestación que le ha dado a un viejo amigo que había posteado el comentario del viernes por creer que tiene interés general.

Querido José Luis:

Parece bien establecido que cuando se produce una catástrofe es porque han fallado una serie de cosas entre las que no existe una conexión necesaria, una cadena desafortunada de azares. Además de eso, parece razonable suponer que en un tren de alta velocidad debiera existir una serie de precauciones técnicas  que impidan que un error humano ocasione una matanza. Yo no hablo de culpas, eso se lo dejo a otros, pero no me negarás que hay una evidente diferencia entre lo que ocurrió con el naufragio del Prestige, sin víctimas humanas, y lo que se está intentando hacer que pensemos con este descarrilamiento. Tu eres ingeniero, creo recordar, te voy a hacer una pregunta muy simple: ¿das por hecho que el tren, un tren inaugurado a toda prisa por PSOE y luego reinaugurado y aireado por la señora Pastor reúne todas las condiciones? ¿Te consta que haya sido debidamente homologado? No es demasiado difícil ver que el tren accidentado entra bien en la curva, y como, en unas décimas de segundo, la enorme masa de la locomotora de cola empuja al convoy, que por diseño es muy ligero, y lo descabalga de la vía. Parece como si el freno del tren y el de la locomotora trasera no estuviesen bien sincronizados, perdona mis deficiencias de expresión técnica. ¿No es eso algo que tendría que ser imposible? Hay muchas más preguntas como esta, pero como, en el fondo, existe una responsabilidad conjunta de los dos grandes partidos, y de grandes empresas, nadie va a empujar la investigación como no lo haga el juez contra viento y marea, o el sindicato de maquinistas para defender a un compañero, y, entre unos y otros, van a tratar, y tal vez consigan, que la cosa se archive bajo el cómodo marbete de fallo humano. Es obvio que una compleja maraña de intereses de todo tipo está tratando de encausar al que cometió el último fallo, pero hay otros, sin duda, y no puede haber una democracia que se respete si no se investigan a fondo este tipo de cosas, y no solo las que escogen los progres para dar leña cuando les apetece, que ya se ve que no es siempre. Un abrazo, 

Las gafas de la policía