Vox da otro paso


En medio de una atmósfera de esperanza y de patriotismo, Vox ha dado hoy otro paso adelante al celebrar su primera Asamblea Extraordinaria inaugural o constituyente. Mas de mil afiliados de los casi cuatro mil que se han unido a nuestro proyecto en poco más de un mes, han asistido hoy con ilusión y con ganas a esta Asamblea. Son una pequeña parte de esa gran corriente subterránea y profunda que nos va a llevar en volandas a cambiar la situación política. Muchos se obstinan en mirar para otra parte, en negar la evidencia, conforme a una costumbre excesivamente extendida que da en creer que no existe aquello de lo que no se habla. Así les va a algunos, a cierta prensa y a ciertos políticos. De Vox se habla y se hablará, porque la democracia y la libertad son imparables cuando nos las tomamos en serio, y en Vox vamos en serio, ya está bien de libertades demediadas, de medias verdades, de eufemismos y engaños. Queremos que los que piensan como nosotros lo hacemos sean dignamente representados, que no se trate de ocultar ni nuestra decepción, ni nuestros desacuerdos, sobre todo porque no son solo nuestros sino de millones de españoles, dolidos, desencantados y, sobre todo, dispuestos a acabar con su subordinación a una política sin ambición y sin ideales. Vox no va a dejar las cosas como están, pretenden no enterarse, pero se  van a enterar. 

Democracia o, en su lugar, guerra civil en los partidos

La democracia interna en los partidos es, entre nosotros, un mandato constitucional y, también, una práctica completamente inexistente. Curiosamente, la ausencia de democracia interna no produce los efectos que serían lógicos, más que aparentemente. Las tensiones, los enfrentamientos, las divergencias no aparecen, pero están agazapadas y actúan, cómo no. La democracia es un sistema para unir esas diferencias y trenzarlas,  y cuando no se usa, las diferencias crecen, se hacen ásperas, se personalizan y consumen todas las energías de los políticos que acaban perdiendo completamente la relación con su misión fundamental, representar a otros, para dedicarse exclusivamente a defender lo suyo.
¿Se puede hacer un partido distinto? No sin intentarlo, pero debe ser posible aquí lo que ocurre con relativa naturalidad en otras partes del mundo, que los partidos sean útiles de los ciudadanos a los que representan y no pequeñas cohortes semimafiosas dedicadas al provecho propio, con olvido de todo lo demás. La verdadera rareza española está no en que no haya democracia interna en los partidos, sino en que los electores sigan siendo fieles a esa caricatura de la democracia, algo que deberá cambiar aunque la mera idea de que así suceda producirá sonrisas cínicas en muchos profesionales que se ocupan únicamente de que ocurra lo contrario. 

España en crisis

Hoy he estado en dos actos académicos importantes: en uno de ellos, sobre la crisis financiera, las previsiones de un economista jefe del servicio de estudios de un gran Banco no han podido ser más pesimistas: no recuperaremos el nivel de empleo de 2010 hasta, al menos el 2025, suponiendo un crecimiento del 2,5% anual, cosa que no esperan ni los más optimistas. En la tarde se presentaba un libro sobre Ortega, un autor brillante, claro, crítico, un patriota liberal. El contraste entre las ideas del homenajeado y el discurso de un alto cargo fue bastante patético. Hace 100 años Ortega diagnosticó males que siguen en píe, pero me parece que estamos todavía en manos peores, más pedantes y pretenciosas, que las que el maestro fustigaba en 1914. No creo ser pesimista, simplemente digo que hay muchos supuestos reyes que están en pelota, y, puestos a disculpar, puede que no lo sepan.

El miedo a la libertad

Muchos españoles tienen miedo, se les ha acostumbrado a ello. Es un obstáculo importante para hacer una sociedad competitiva y, a la vez, amable, compasiva con los que sufren y no pueden con lo que les toca. Con el miedo no se ve claro, todo se confunde, y no se pueden hacer bien las cosas. Con el miedo no actuamos en libertad y la libertad de todos se va empequeñeciendo: hay que pedir permiso para todo y nada resulta natural y espontáneo. Es un viejo vicio de una sociedad mal acostumbrada y es algo que hay que combatir; no es tarea de un día, pero el ejemplo es esencial y alguien tiene que empezar a atreverse a hacer lo que no le dejan, a hablar de lo que piensa, a elegir lo que prefiere, a actuar conforme a su criterio y conciencia. El miedo es una cadena que hay que arrojar lejos, y es importante que los electores se den cuenta de que a quien deben temer es a su mismo miedo. 

Derecho de cita

Como la fuente se esconde, provisional y retóricamente, simulando salir del vientre de una ballena, la omitiré yo también, pero el objeto es inocultable, aunque el manantial sea ya tradicional, extremadamente moderado, claro y cortés:

«Nada puede soliviantar a un patriotismo que mira las cosas con alguna sutileza como la supervivencia de un gran partido exento de ideas políticas… Pensadores, luchadores, héroes formaron el partido porque necesitaban forjar un órgano a su idealismo, a su doctrina. Ahora acontece lo inverso: el partido se compone, en su inmensa mayoría, de gentes que no son otra cosa que miembros del partido. El partido no vive de ellos, ellos viven del partido. He aquí lo que es el partido: un recinto donde los últimos representantes de la España vieja se hacen fuertes contra la nueva opinión pública»
Siempre me han gustado las citas y las definiciones, de manera que me alegro de un diagnóstico tan certero, aunque ya tenga 100 años, pueda repetirse sin ningún cuidado, y sea quien sea el repetidor porque la verdad es la verdad aunque la diga el porquero y no Agamenón. La pregunta es: ¿serán los españoles valientes o preferirán seguir votando a esos suyos que todo lo han corrompido?

Vivianne y la pequeña Europa

Las declaraciones de Vivianne Reading recomendando  que se negocie con Cataluña sin líneas rojas son lamentables; es verdad que el conjunto de lo que ha dicho es más correcto, pero ese desliz es típico de la pequeñez de ánimo que se apodera de algunos comisarios y euro-responsables, de la jibarización burocrática y blandengue del gran proyecto político que podría ser Europa. España no tiene nada que negociar con Cataluña, querida VR. Ya sé que se puede considerar un error sin demasiada mala intención, pero desde Freud sabemos que hay errores sin importancia que denuncian otros mayores, y lo que eso indica es que usted no sabe muy bien ni dónde está ni qué demonios es Europa, y, menos, qué debería ser, y eso es muy sintomático de un mal mayor, de que a usted la camisa europea le sobra por los cuatro costados, y así nos va. 

Aquí ya miente hasta ETA

Entendámonos, ETA ha mentido siempre, porque su propósito y su acción sólo pueden concebirse en medio de una gigantesca mentira sobre la historia, el poder y la violencia. Pero fuera de eso, ETA solía decir la verdad, era fiable. Es evidente que ya no lo es, que su decadencia o agonía, que no desaparición o disolución, ha hecho que se contamine del feo vicio de mentir que inunda la política española. Miente, evidentemente, al decir que entrega las armas, pero miente como miente el político que dijo que hay brotes verdes, o el que dice que estamos saliendo de la crisis sin haber hecho realmente nada por conseguirlo, sin haber actuado sobre las causas que la provocan, o como miente el corrupto que dice que perdía dinero con la política, o el que dice ser liberal y sube impuestos, o el que juega a manipular votos con la innoble excusa de la legislación sobre el aborto. 
La mentira es un arma poderosa, pero no puede ser la única arma, y es, sobre todo, el arma de quien no cree lo que dice, de quien se sabe, en el fondo, vencido. Se miente porque se desprecia al elector, al ciudadano y se seguirá mintiendo mientras la gente no castigue a quienes nos desprecian y nos humillan con mentiras tan gruesas y burdas que nadie medianamente sensato podría nunca creer, mentiras como las de ETA.

Un excelente análisis político

Los tópicos y las medias verdades circulan con enorme rapidez y facilidad porque no hay nada más simple que entender algo a medias. Esto que es verdad en casi todos los terrenos, es especialmente cierto en política y decisivamente importante en lo que se refiere a los supuestos análisis del comportamiento y las preferencias del electorado. En particular, el supuesto saber acerca de la naturaleza precisa de la llamada  escala ideológica derecha/centro/izquierda ha causado muchos malentendidos y errores de bulto. Por eso es un auténtico placer intelectual leer un análisis bien hecho como el de Miguel Ángel Quintanilla en Páginas digital (primera entrega, y segunda parte). Cualquiera que sea mínimamente amigo de la reflexión y de averiguar la verdad sobre nuestra situación política recibirá un potente fogonazo de luz que deshará alguna que otra tiniebla torpe, perezosa y malintencionada. 

Política de capricho

Muchos tienden a creer que sólo se puede apoyar a una fuerza política con la que se coincida al ciento por ciento, y puede que algunos tengan la suerte de conseguirlo, pero no es lo normal. Las fuerzas políticas nacen del compromiso con un objetivo común claro y del acuerdo de sus componentes sobre la mejor manera de conseguirlo, pero es casi imposible pretender que un colectivo se pronuncie siempre y en todo conforme a nuestro personal gusto y criterio. Cuando un partido es democrático, y en Vox nos hemos empeñado en serlo, se parte de un consenso amplio en los objetivos políticos, se aprueban unos principios y se elaboran unas políticas que han de obtener la aprobación de todos, pero que no siempre recogerán al ciento por ciento lo que cada cual pueda desear. Esta es la grandeza de la política, ceder en lo que se pueda ceder para no renunciar a lo esencial, a eso en lo que no caben dudas ni cambios, y lo que esencial para Vox está muy claro. 

Metáforas de la política

En España está tan desprestigiada la política que muchos tienden a pensar que la política debiera reducirse a defender las propias convicciones, menos aún, a tenerlas. No está mal exigir convicciones a los políticos, pero las convicciones son solo la base de la política, solo con ellas no se construye ningún edificio, salvo que se trate de un monumento a la autocomplacencia. Las convicciones son necesarias, pero no suficientes. Platón, nada menos, comparó en El Político al buen gobernante con el tejedor, con alguien que sabe conjuntar hebras distintas para hacer un tejido más sólido. Eso es lo primero que tiene que hacer un político, tejer, aunar, crear una red fuerte, un entramado en el que las hebras diversas se potencien, se defiendan y, por ello, se hermosean. Eso es lo que ha hecho grandes a las grandes naciones, y esa ausencia de grandeza en la situación española nos está llevando a la ruina histórica y económica a España y a todos los españoles. Nos merecemos políticos de verdad, con convicciones, pero con el arte de tejer muy suelto, sabiendo que el destino colectivo, de una nación, de un partido, dependen de la sabiduría, la paciencia y la prudencia del tejedor, no basta con decir muy alto cuatro verdades, hay que persuadir, que juntar, que tejer, y estamos demasiado deshilachados como para olvidarlo.