Las explicaciones de Rajoy

No explican nada, y, además, dan muestra de una deficiente coordinación lógica, lo que podría ser un indicio poderoso de algo muy lamentable, por ejemplo, de que se evita un discurso con lógica más correcta porque eso llevaría a revelar algo que quiere ocultarse.
Chantajes. Nunca un chantaje puede ser a una institución, sólo a las personas. Además para que una persona pueda sentirse chantajeada tiene que haber algo que quiera ocultar: ¿podría explicarnos a qué se refiere? No chantajea el que quiere, sino el que puede, si es que lo hace.
Ocupaciones del presidente. Dice Rajoy que no está para según qué cosas, que lo suyo es más importante que atender a cualquiera que le cite, pero ni Bárcenas es un cualquiera, ni la cita es irrelevante. Un presidente del gobierno tiene que poder acreditar su fiabilidad y su decencia, y no puede pensar que esa sea una tarea menor de la que pueda excusarse con silencios poco comprensibles. 
Psicología popular. Rajoy parece no entender que los SMS que se han dado a conocer no revelan ninguna especie de chantaje, ni negativa alguna, sino, más bien, impotencia y familiaridad. ¿Sacará Rajoy a relucir unos SMS en que le dice a Bárcenas que deje de chantajearle? Me temo que no; pues bien, la acusación de chantaje a Bárcenas es gratuita y, además, pretende ocultar lo que justamente pone de manifiesto el empleo de ese término: que hay algo que se quiere ocultar. 
Es profundamente lamentable que, hasta la fecha, impere entre los dirigentes del PP el sentido de la solidaridad, aunque sea mafiosa, que el deber de rendir cuentas a los ciudadanos y limpiar lo que pueda haber de sucio, y da la sensación de que hay mucho, en el comportamiento de sus dirigentes. Se sigue confundiendo la democracia con la sumisión, es un error gravísimo.

Lo peor que nos ha pasado

Desde el punto de vista político, lo peor que nos ha pasado tiene que ver con la perpetuación de la leyenda franquista que identifica la libertad con el caos. Así, en el seno del PP no se ha permitido nunca que exista una libertad política, una competencia, una representación. El PP se ha convertido siempre en una longa manus de su líder, es decir, se ha inmolado, ha renunciado a crear y creer en la democracia que tenía que representar y sustentar. Se trata de la continuidad del autoritarismo por otros medios, y eso ha debido llevar siempre al desastre, como está sucediendo ante nuestras narices. En lugar de ser el PP el que fuerce la dimisión de un líder y primer ministro que no está a la altura de las exigencias mínimas, va a ser la calle quien lo fuerce, de modo que, por falta de vida propia en el PP,  un incidente interno se convertirá en una deslegitimación de la democracia representativa que nadie sabe en qué puede acabar. 
Es escandaloso que nadie del PP pida la dimisión urgente de Rajoy, la formación de un gobierno que acabe la legislatura y la apertura de un proceso interno de reflexión y debate en el PP que acabe de una vez por todas con su subordinación al autoritarismo y con su perpetuación de conductas inadmisibles, si no delictivas. Yo, que desgraciadamente no represento a nadie en el PP salvo a mi mismo, pero estoy convencido de representar el sentir avergonzado de miles de militantes, lo diré con toda la claridad y fuerza con la que puedo decirlo: Rajoy tiene que marcharse de la política para evitar que el PP desaparezca y España viva una innecesaria convulsión.

Que se vaya y el PP se reorganice

Creo que las revelaciones recientes, y las que puedan llegar, hacen evidente que Mariano Rajoy no puede seguir ni un minuto más al frente del Gobierno y al frente del PP, y siento coincidir con Rubalcaba, pero la verdad es la verdad aunque la diga un mentiroso de oficio. Si Rajoy no quiere pasar a la historia como una especie de desastre universal, deberá dimitir, explicarse en lo que pueda, pedir al grupo parlamentario que escoja otro presidente que culmine las reformas, y convocar un Congreso extraordinario del PP para que este partido pueda reconstruirse desde los cimientos, esto es desde la voluntad de decencia y racionalidad de sus votantes y desde un programa político serio. Lo demás son ganas de enredar y de poner en riesgo la estabilidad y el futuro de España, nada menos. 
Nuevos Mapas de Google

Dímelo al revés

Abundan los políticos tan seguros de su posición que se arriesgan a afirmar lo  inverosímil. Si fueran leídos, lo que no suele ser el caso, podrían decir lo de Humpty-Dumpty, que lo importante es saber quién manda. Me referiré a dos casos recientes en los que PP y PSOE han decidido, con un empeño digno de mejor causa,  poner a prueba nuestras tragaderas. Por seguir un orden cronológico, empezaremos con el PSOE y su ejecutoria andaluza, tan escasamente ejemplar. Resulta que no se cortan un pelo para acusar a la juez Alaya de mil cosas, pero la más notable, es la de interferir en el proceso político de su partido. Según esto, la juez Alaya, enterada de que  Griñán va a convocar primarias, decide procesar a Maleni. De ser cierto, el asunto revelaría una cierta malicia de la jueza, pero lo contrario, es mucho más verosímil: Griñán decide quitarse de en medio, a la vista de que puede acabar empapelado por lo que él sabe mejor que nadie. Pero la astucia de contar lo contrario sólo funciona con los más tontos, que siempre creen lo que se les dice. Por lo demás, como el calendario político se llena cada día de decisiones transcendentales, al decir de quien las toma, vendría a resultar que ningún juez podría tomar nunca medida alguna para no interferir con tan pródigos  eventos y novedades.
Vayamos con el PP, en pleno ataque de nervios, vaya usted a saber las razones. Resulta que tras descubrir que Bárcenas puede decir cosas que no les gustan, afirman que Bárcenas es lo peor, un mentiroso, un delincuente, un mafioso, un defraudador, un traidor, un chupa sangres. Un poco tarde, la verdad, para que la gente se crea esta versión que llega, lamentablemente, después de larguísimas temporadas de defensa a ultranza, de afirmaciones de honorabilidad por encima de cualquier sospecha, de trato exquisito con un dirigente que ha firmado las cuentas oficiales de las que presume el partido, eso sí, tratando de que  nadie se fije en ese detalle tan singular.

La oposición en pleno se emperra en molestar a Rajoy para que repita lo que seguramente volverá siempre que haya de hacerlo, que no cobró ningún sobresueldo, y no será fácil deducir nada en contrario, pero lo que realmente es comprometedor para Rajoy, y para todos sus cuates, es este extraño ataque de inquina contra quien tan bien les servía hasta hace apenas semanas, contra quien, al parecer, les robó con tal habilidad y discreción que se hizo digno de sus loas. ¿Cómo iban a enterarse de que robaba si era el garante de que todo fuera bien con los caudales? En fin, se comprende que se enfaden, pero tal vez debieran explicar las recónditas razones  que les han llevado a tardar tanto en hacerlo.
Una batería inagotable

La gramática de Cospedal

Hay que confiar en que la gramática y la ética no vayan a la par, porque, si no, habría que salir corriendo. La gramática y la lógica tienen más que ver, o sea, que tal vez haya que apartarse un poco, de Cospedal, me refiero. Un par de declaraciones suyas, de ayer mismo: manifestó estar dispuesta, y encantada, «hasta cierto punto» de colaborar con la Justicia. O esta chica es muy sutil, o no controla bien su verbo. En el mismo día, y hablando de lo mismo, ¿de qué si no?, afrimó estar dispuesta a «aclarar todo lo que sea susceptible de aclarar», y yo me pregunto: ¿qué o quién es lo susceptible?, porque si ella está susceptible, mal asunto, y si cree que hay cosas que no se pueden aclarar, casi peor. En fin, que el nerviosismo del PP es contagioso, y esa clase de ataques no se curan con cerrazón y con empeño, requieren serenidad y reconsideración, no empecinarse en correr hacia el abismo a la espera de que el abismo se desvanezca o se retire unos metros, justo lo necesario para frenar cuando ya no se pueda. 
Google y su teléfono

Palabra de Gallardón

Dice el Justicia que no prosperará el intento de desacreditar a Rajoy. Me temo que vacila. Lo que acaso no prospere es el intento de echar a la calle a Rajoy, sea por lo que ha hecho, sea por lo que no ha hecho, sea para saber quién manda aquí. Pero ¿intento de desacreditar? No se lo cree ni él. El trabajo está ya hecho, y muchos pagarán la sinvergonzonería de unos pocos, y de muy diversas maneras: descrédito, derrota electoral, gobiernos inestables y caóticos, rehabilitación de políticos que parecían peores y eran simplemente iguales, etc. etc. ¿Sabrá Rajoy tener un último gesto de dignidad y marcharse a casa? No lo creo. ¿Tendrá que irse, en cualquier caso? No lo sé, pero no me parece lo peor que podría pasar. 
Sincronizar y guardar

Rotundamente

El comunicado del PP afirma rotundamente que la contabilidad oficial es la contabilidad oficial, lo que no se entiende es la necesidad de afirmarlo porque se trata de una evidencia. Ahora bien cuando se invocan evidencias tontas para tratar de disimular o disipar evidencias, más discutibles, sobre prácticas ilegales, es de coña suponer que con eso se prueba nada. Es la segunda edición del «destape» de la declaración de la renta de Rajoy, una segunda oportunidad para tomar por tonta a la opinión y dar muestra de lo poco que les importa a algunos su propia honorabilidad. Es evidente que Bárcenas tendría que probar lo que afirma, y cabe suponer que los ministros que, supuestamente, cobraron dineros ilegales no serían tan tontos como para firmar, de manera que es posible que de aquí no salga excesiva novedad judicial, pero el retrato social de todo un grupo ha quedado bastante bien acabado, y no es para estar contento. Alguien debiera tener un gesto de dignidad y valor por todos nosotros, por la España en la que dicen creer y la libertad y la decencia que dicen defender, pero no tengo grandes esperanzas de que se dé el caso.
Relojes inteligentes y phablets

Democracia demediada

Hay una rara unanimidad, por la derecha y por la izquierda, en que la democracia vigente ha llegado a un punto en el que se exigen cambios de fondo. La unanimidad en el diagnóstico no supone, para nuestra desgracia, unanimidad en la terapia recomendable. Aunque el tema es muy amplio, descartaré dos vías de solución que me parece no conducen a nada. La primera es la que se fija en los vicios de origen, como si nada pudiese arreglarse porque el pecado original impide cualquier enmienda. La segunda, que se parece mucho a la primera, es la objeción de totalidad, la suposición de que habría que derribar el edifico político en su totalidad para empezar la obra perfecta.
Frente a esas estrategias, por llamarlas de algún modo, que me parecen estériles, solo cabe la vía, modesta y molesta, del reformismo, que es el camino que ha permitido hacerse grandes a las grandes naciones que no padecen, al menos en la misma medida, los vicios que nosotros soportamos. Naturalmente, esa vía tropieza con una enorme dificultad, a saber, que habría que reformar instituciones y hábitos que muchas personas no demasiado inteligentes se pasan el día proponiendo como modelo. Nuestro problema a día de hoy es muy claro: las reformas que se hacen imprescindibles no gozan del beneplácito de los que mandan, de muchos líderes políticos que se imaginan estar viviendo en el mundo de la democracia ideal, pese a los ERES, las protegidas o los Bárcenas, pese al clientelismo, la corrupción, la ineficiencia y la opacidad con la que funcionan todas las instituciones políticas. No es un problema pequeño, pero no es imposible resolverlo.
Hay ciertos requisitos previos, tampoco nada fáciles, para lograrlo. El primero, la presión social, no va del todo mal, aunque desgraciadamente se mezcla con los impulsos anti sistema que nos llevarían, muy seguramente, a un mundo peor todavía que el que tenemos. El segundo la colaboración de la prensa, que sepa cumplir con su papel de informar, sin sectarismos ni anteojeras. El tercero, que los electores no se sientan necesariamente comprometidos por la estrategia del voto útil, por votar, en último término para que, ya que han de engañarnos, que nos engañen los “nuestros”. El sectarismo partidista es un vicio que ha corrompido muchas instituciones, las universidades, por ejemplo, y mientras una ola de exigencia y decencia no acabe con ello, será muy difícil mejorar la atmósfera política. Por último, y no es lo menos importante, que los españoles empecemos a exigir lo que practicamos, y dejemos de reclamar a otros lo que nosotros no hacemos. Pero no hay que desanimarse, nadie ha dicho que la democracia fuera un camino corto ni fácil, y sería necio renunciar a conseguirlo.

Muere un inventor

El destino de Rajoy

En una democracia medianamente seria, las revelaciones de Bárcenas a Pedro J. Ramírez, harían que el grupo parlamentario del PP exigiera a su líder explicaciones, pero eso no pasará. Algo pasará, sin embargo, y vendrá por el camino indirecto de los jueces: al final se tendrá deshonor y derrota, en lugar de desastre, pero no  deshonor. Lo terrible es que el honor no parezca importar nada a nadie, pero los electores, y los observadores internacionales, están tomando nota y este tinglado cutre no se podrá sostener por más tiempo. El calendario político está en manos de jueces, delincuentes y periodistas, tal vez con la colaboración de algún Fouché. Esa terrible dependencia debiera bastar para que algunos levantarán el campo, pero esa regla de honorabilidad no parece regir con algunos políticos mediocres y timoratos.  Es terrible que los que supuestamente son líderes tengan que volver a preguntarse qué va a pasar porque no saben qué hacer. 
El accidente y el tweet

Un lapsus del PP

Entre mis debilidades no está la oratoria al uso en el PP. Me parece penoso el discurso y feble a más no poder la retórica. Deberían leer a Freud, y alguna otra cosa, La Razón no basta. Hoy mismo González Pons ha reprochado al PSOE que  solo protesta cuando los jueces atacan a su partido, pero no cuando atacan al PP. ¡Manda huevos! Los jueces no atacan, querido amigo, tratan, penosamente, de aplicar algo de justicia también a los poderosos. Es tremendo que un líder de un partido que se supone liberal,  conservador y de derechas tenga esos lapsus tan notorios y que ni en TVE se den cuenta de que no deberían dar alas a tamañas tontadas totalitarias.
El timo de la cultura