Reforma fiscal

El Gobierno hace como que hace caso a Aznar y encarga un estudio para reformar la fiscalidad a alguien que se supone será partidario de bajarla. ¿Buena noticia? Lo que hay que explicar es el barroquismo gallego de Rajoy y el empleo del tiempo en que todo se diluya, pero nada lo hace. En fin, más vale tarde que nunca, pero ya veremos. 
Cultura se digitaliza

La protegida, 2

El caso de la protegida dice mucho sobre el estado real de lo que llamamos PP que mil explicaciones de Cospedal, aunque son bastante elocuentes. Está claro que los partidos incumplen su obligación constitucional, que ponen en las listas, a la protegida en dos, a falta de una, a quien se le pasa por salva sea la parte, etc. etc. Está claro que o cambiamos la forma de funcionar de los partidos o lo lamentaremos, esta democracia se corroe desde dentro, activamente, apenas queda el cascarón de lo que una vez fue un proyecto atractivo y, si no se reforma a fondo y con urgencia, caerá sobre nosotros con estrépito y desgracia.
Made in USA

Cospedal defiende a los partidos

Cospedal se atreve con todo, a convertirse, incluso, en una teórica de la democracia y, como tal, ha hecho una defensa de los partidos, lo que resulta tan clarificador como que un mafioso defienda la libre empresa, o que un sindicalista nos hable de la solidaridad, que siempre empieza por uno mismo. Le sobra soltura y le falta autoridad. A su lado, Aznar guardó un respetable silencio.
Telefónica da la nota

Sólo sé que no sé nada

Han abundado los rumores sobre el temor que podría tener el PP a que Bárcenas cantase. Puede ser, pero la fantasía es menos útil que la lógica para entender las acciones humanas. Bárcenas tendrá cosas que ocultar, qué duda cabe, pero a nadie más que a él le conviene que los detalles permanezcan en el arcano. Cualquier indiscreción le haría asumir un triple riesgo: en primer lugar, rompería su estrategia de defensa, ya que Bárcenas afirma ser un habilísimo profesional que ha ganado mucho y de manera honrada; en segundo lugar, complicaría su situación penal porque por más que acusase a terceros, cualquier posible revelación haría mayor  su responsabilidad; por último, si pusiera en marcha el ventilador, perdería cualquier esperanza de recibir ayudas desde fuera, que es, justamente, lo que necesita para hacer más llevadero y corto el porvenir penal que ahora le amenaza.
Así pues, tanto si actuó solo como si lo hizo en compañía de otros, a Luis Bárcenas sólo le queda elegir el camino del martirio y confiar en que le sea soportable; esa elección puede, incluso, ennoblecer su figura con el aura que habitualmente se otorga a quien carga con penas que no le corresponden, al que actuó por “obediencia debida”, aunque haya sido en beneficio propio. De esta forma el caso Bárcenas entrará, tarde o temprano por la borrosa senda del tratamiento penal y carcelario que, como es público y notorio, deja muchas ocasiones al perdón, al indulto y al arbitrio del que manda, sea cual sea su color político que en esto nunca ha fallado el consenso básico.
Tal vez el único riesgo que puede correr Rajoy es que el exceso de turiferario de los propios, el empeño en mostrar la ejemplaridad con la que Rajoy y el PP han actuado sin piedad contra un chorizo, pueda soliviantar al agraviado hasta tal punto que se olvide de las más elementales prudencias y escoja el camino difícil, tratando de provocar una voladura del PP, pero es seguro que no le van a faltar consejeros que le adviertan de lo ingrato que le puede resultar esa forma de proceder, y  de las muchas bazas que le quedan para salir relativamente entero del proceso.

Es bastante probable que estemos más cerca del “fuese y no hubo nada” del soneto cervantino, que del “fiat iustitia et pereat mundus”, porque, al fin y al cabo, no parece que Bárcenas se haya guiado nunca por principios sublimes, mientras que, a cambio, ha acreditado una innegable solvencia para apalear una fortuna sin llamar demasiado la atención. No es la primera vez que estamos ante un caso similar, y lo razonable es que se desarrolle conforme a las pautas discretas de los anteriores, por más que haya quienes especulen con un cataclismo improbable. 
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Bárcenas

Dado el nivel de confusión entre el plano político y el plano penal no es fácil decir si el caso Bárcenas entra en fase final o está apunto de comenzar, aunque también puede que no sea ni lo uno ni lo otro. En cualquier caso, se trata de un caso en el que es fácil comprobar la amplitud de las tragaderas del respetable, o, dicho de otra manera, el tamaño de la hipocresía tolerable, que tiende a crecer.
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El bochorno

Las explicaciones de Alicia Sánchez Camacho ante la publicación de sus conversaciones con la ex novia de un Pujol son todavía más bochornosas que la conversación misma. Es difícil concebir una suficiencia y un cinismo mayores en quienes creen que todo vale.

El retorno de Zapatero

Algunos diarios hablan del retorno de ZP y de que molesta a Rubalcaba. Que yo sepa, Zapatero, como Aznar o como González, no se ha ido a ninguna parte, simplemente ya no ocupa los cargos que ocupó, eso es todo. El problema es que muchos de nuestros políticos conciben la política a su gusto y manera, de un modo funcionarial y rutinario, nada democrático,  y les molesta todo lo que no les ayuda, o eso creen; quieren una realidad más simple, una historia, por ejemplo, que ya no signifique nada, pero, por fortuna, no es ese el caso. Tanto Zapatero como Aznar o González han sido políticos importantes, independientemente de lo que de ellos se piense, han sido más que meros presidentes u ocupadores de un cargo, por importante que el cargo sea. No es lógico que, si no lo desean, se conviertan en monumentos inertes, no lo son. Su trabajo, y no su mero legado, significa algo, y es lógico que se muevan cuando todo está tan mal como parece, aunque moleste a la pareja de hecho que hoy trata de mangonear el cotarro, con tan poco éxito.


¿Derecho a que me olviden?

Filosofía en gran pantalla

Margaret Von Trotta se ha atrevido a mostrar a Hannah Arendt en la gran pantalla, y, a parte de enterarnos que fumaba de manera ininterrumpida, ha conseguido hacer un retrato de la filósofa en su momento de mayor notoriedad, y no está nada mal. Sean cuales fueren sus defectos, que los tiene, tiene el mérito de presentar a alguien que se atreve a pensar, a no dejarse llevar por las olas de decencia e indignación a las que somos tan proclives. No hace falta estar de acuerdo con el diagnóstico que hizo de Adolf Eichmann, basta con admirar su temple para decir lo que se atreve a pensar: un homenaje a la universidad americana, muy merecido, sin duda. 

¡Qué raro!