No se puede negar que uno de los espectáculos más genuinamente españoles es el de la pugna de jueces, todo un ejemplo del celo de la justicia, aunque también de su caos. Ruz y el motero Gómez Bermudez se pelean por Bárcenas, pero no hay forma de evitar la impresión de que entre unos y otros la casa se quedará sin barrer.
Autor: JLGQ
Otro que no dimite
El Pujol de las ITV y la secretaria general tampoco dimite, ¿para qué habría de hacerlo, si está casi completamente seguro de que nadie lo va a condenar? ¿Acaso no han sabido atar bien las cosas en Cataluña? En la política española hemos llevado a la suma perfección el derecho a la presunción de inocencia: Nixon nunca hubiera debido dimitir, por ejemplo. Los políticos son inocentes siempre porque nunca hay tiempo a que un juez, habitualmente bien controlado, atado y bien atado, pueda hacer nada que le moleste. Es, sencillamente, perfecto, ni Franco lo habría imaginado mejor.
¿derecho a cancelar datos?
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La Iglesia de los pobres
Como era de esperar, ya han aparecido comentarios negativos sobre los deseos del nuevo Papa de que la Iglesia sea pobre y para los pobres, por ejemplo los del comecuras ocasional Espada. No puedo decir que los comparta del todo, pero sí espero que el Papa sea consciente de las dificultades de interpretación que afectan a la expresión de sus deseos. No puedo entender que la pobreza se convierta directamente en un ideal, tal vez porque sepa demasiado bien lo que significa esa palabra para la mayoría, aunque creo entender lo que dice el Papa, lo que quiere decir, sobre todo, y lo comparto. Sin embargo, hay el riesgo de que incluso el Papa se meta en un berenjenal si llegase a insinuar que todas las relaciones económicas pudieran reducirse a una cuestión moral, o, más específicamente, religiosa. Porque una cosa es que exista, y vaya si existe, un aspecto moral fundamental en las relaciones de las personas y el dinero, y otra cosa es que la economía pueda reducirse a la moral o, incluso, que haya una verdad sobre la economía y que esa verdad esté, por ejemplo, en la Doctrina Social de la Iglesia, por adaptable y versátil que ésta haya sido a lo largo del tiempo. De pensarse así, el paso a un Regnum Christi político sería inmediato, y la democracia, especialmente la única que merece el término, la democracia liberal, pasaría a ser un mal en sí mismo. No sería la primera vez que se pensase algo como eso, pero me parece que sería un error enorme volver a intentarlo. Veremos.
Bentham y Ruiz Gallardón
Nuestro muy emotivo Ministro de Justicia va camino de ser un incomprendido, tal vez por no haberse dedicado a la música, campo en el que, dados sus brillantes ancestros, muy bien podría haber dado rienda suelta a un numen tan romántico. No le entienden bien ni jueces ni fiscales, y, ahora, por donde menos esperaba, se le ha abierto un nuevo frente al ministro de las tasas y los sentimientos.
Un ciudadano tan escasamente atrabiliario como el profesor Andrés de la Oliva, que algo sabe de derecho procesal, ha decidido publicar la primera traducción al español de un escrito de Bentham titulado «Una protesta contra las tasas judiciales», y hay que reconocer que la ocasión la pintaban calva. ¿Y qué le puede importar a nadie lo que pueda decir un tal Bentham? Pues resulta que Bentham, que no pecaba precisamente de conformista, acertó a enhebrar una serie de impecables argumentos contra las tasas que son de aplicación lógica e inmediata en cualquier parte, y lo son porque se fijan en lo esencial y no en las coyunturas, esas ocasiones que sirven, al parecer, para que donde se dijo digo se diga Diego, y todo el mundo tenga que aplaudir tan peculiar sentido del deber.
Concluye Bentham diciendo: “que una tasa judicial es la peor de todas las tasas actuales o posibles, que para la mayoría constituye una negación de justicia y que, en el mejor de los casos, es una tasa sobre la aflicción; que impone la carga, no donde hay más, sino donde hay menos abundancia de recursos, que coopera con cada daño y cada delito […] y que lejos de ser un freno a la litigiosidad la promueve”. Tiendo a pensar que Gallardón que es tan social, al menos, como Montoro, desandará sus yerros, al no preocuparle otra cosa que la Justicia y el éxito de Rajoy.
Sobre ciertos usos imprescindibles del papel
Sobre ciertos usos imprescindibles del papel
Atado y bien atado
Rubalcaba se ha apresurado a apoyar la sentencia del Tribunal Supremo que echa un cerrojo más sobre el turbio y evidentemente oscuro asunto del 11M, tal vez por aquello del «Hoy por mí, mañana por ti». ¿Hará Rajoy otro tanto? ¿Se ocupará Cospedal? No hace falta alguna que Franco resucite para ciertas cosas, sus sucesores, o herederos, que todo cabe, han aprendido muy bien ciertas cosas del imperio. Lo que hace falta es que los viejos súbditos aprendan a convertirse en ciudadanos, pero me temo que llevará tiempo, y que Rubalcaba no haya venido a este mundo para engrandecer la libertad política, aunque, claro está, Rajoy tampoco.
Albert Rivera
Llevo tiempo creyendo que Albert Rivera es uno de los pocos descubrimientos de la política española en los últimos años. Este video de Ciutadans es impagable, valor, claridad, limpieza. El objeto de su requisitoria es un personaje perfectamente prescindible, y ojalá muchos catalanes que han votado a un Navarro de mero nombre lo vean con la misma claridad que lo veo yo. Que en el PP no sepan hacer nada similar a lo que hace Albert es irritante y debería movernos a pensar… y a hacer algo antes de que sea demasiado tarde y todos hayamos de lamentarlo.
Hackers y leyes
Hackers y leyes
El Papa y los demás
Hay algunos comentaristas que, a poco que crean en el Espíritu Santo, y dicen estar muy seguros de creer, se deberían replantear su oficio, vistas las cosas que han escrito sobre el nuevo Papa, eso sí, cuando sólo era un viejo cardenal. Ahora cerrarán filas, pero me temo que pronto volverán por donde solían, porque creer en la Iglesia y ser comentarista de sus actos son actividades de difícil conciliación, pero los que estimen poder con ello, adelante, no seré yo quien discuta su derecho, por dudas que mantenga sobre su lógica.
A mi me parecen bien todos los Papas, independientemente de lo que hagan, porque su misión tampoco es de este mundo, y en lo que sí se refiera a este mundo, preferiré siempre a los que apuesten por el espíritu y la libertad que a los que se apoyen en el poder, cosas mías.
Bye, bye GR
Bye, bye GR
Habemus Papam
Estoy tan lejos de ser un vaticanólogo como de ser cualquiera de las cosas que no soy, pero no me resisto a subrayar que la sorpresa que se han llevado esos sabihondos no es menor que la que nos hemos llevado todos: argentino y jesuita ¿quién da más? No tengo nada ni contra los primeros, ni contra los segundos, pero, si pudiera, elegiría famas mejores, lo que tal vez no sea sino una manera de demostrar que Dios escribe derecho con renglones torcidos o, mejor, que, como decía el VT, los tontos son, o somos, innumerables… e incansables.
Casi diez años después
El mayor atentado de la historia de España sigue siendo un misterio envuelto en un enigma. No es fácil hablar de aquello porque la dureza del caso, y el dolor insoportable que implica, se acentúa con la inverosimilitud de las supuestas explicaciones. Hay una cosa que me parece clara, que hay quienes pretenden que no se sepa qué pasó, o que creamos una hipótesis ciega, incapaz de entender nada, y hay quienes reclaman que se prosigan los esfuerzos por averiguar la verdad, una verdad razonablemente creíble. Lo sorprendente es que la losa judicial, con el beneplácito del poder en su conjunto, ha caído sobre el caso de forma notoriamente incompleta e impide que se pueda reconsiderar razonablemente todo lo que sabemos que ocurrió, y lo mucho que no sabemos, una imagen coherente del diseño, la causa, la intención y el procedimiento que se pusieron en píe para infligir ese terror. Esta circunstancia favorece, en cierto modo, una de las hipótesis más terribles al respecto, pero no la menos verosímil. Creo que es verdad lo que dice Gabriel Moris, padre de una de las víctimas, que si este espantoso crimen terrorista no se esclarece, «España no podrá levantar cabeza nunca, porque está claro que tenemos unas clases dirigentes que nos tienen a todos subyugados». Tal vez eso pase también en otros lugares, pero aquí ocurre en forma excesivamente obscena.
Secretos obvios
Secretos obvios
Alejo Vidal Quadras, Montoro, Cospedal
Ayer vi una entrevista a AVQ en Intereconomía. Además de estar casi completamente de acuerdo con cuanto dijo, me recordó una escena realmente humillante, la presencia de Montoro, relegado protocolariamente en la toma de posesión de Mas y ante un retrato del Rey tapado con un sudario negro. Creo que, además de símbolo de muchas cosas nefastas, es una imagen muy certera de hasta dónde están dispuestos a llegar los políticos con tal de seguir en lo suyo.
Es asqueroso, la verdad. Otra escena surrealista es la de la señora Cospedal, recibiendo los elogios de Mariano Rajoy, casi todos verdaderos, salvo alguno, y afirmando que se alegra de que el caso Bárcenas esté en manos judiciales porque así «podremos saber la verdad», como si no la supiera de sobra. En fin, que hacen lo que sea por seguir, pero lo más importante, tomarnos por tontos, e imaginarnos más cobardes todavía que ellos.
Gafas y relojes
Gafas y relojes