El feo asunto del Ayuntamiento madrileño no debiera acabar como si tal cosa. Suponiendo que no haya cosas peores, que se verá, en la desgracia de la noche de HW ha habido, evidentemente, errores muy de bulto, y, en política se pagan. Lo que ocurre es que muchos se sienten en política como los propietarios de su empresa, pero no es, no debiera ser, el caso.
Autor: JLGQ
¿De quién puede ser este texto?
«Se han prometido al pueblo […] cosas fantásticas, sin que piensen por un momento si se pueden realizar, porque eso, la realización de sus promesas, importa poco a los políticos que buscan solo halagar a las muchedumbres que les escuchan con palabras tremebundas y excitándolas, para que, así, borrachas, inconscientes, vayan como un rebaño de ovejas a las urnas». Pues bien, estas palabras, que podrían ser un comentario a la campaña de CiU y Artur Mas, son, en realidad de un discurso de don José Ortega y Gasset en León, el 26 de junio de 1931.
No es que hayamos prosperado mucho, la verdad, pero no desesperemos porque se puede mejorar y… empeorar.
Los números
Un informe de Faes pone de manifiesto que las alegaciones catalano-separatistas sobre que España nos roba carecen de la más elemental base empírica. Muchos de mis amigos, a los que he pasado el informe, consideran que los datos son irrelevantes y, la verdad, no puedo estar de acuerdo. Creo que siempre es bueno estar cargado de razones, y que los que creen que las razones no pueden nada contra los sentimientos no saben muy bien lo que dicen, aparte de que seguramente están cabreados, no sin razones, por cierto.
En la arena de Madrid
Una de las cosas que se ponen de manifiesto con todo lo ocurrido respecto a la trágica macrofiesta del Madrid Arena es que el cúmulo de irregularidades a las que cabe atribuir el desgraciado suceso es una pálida imagen del cúmulo de irresponsabilidades políticas en relación con el gobierno municipal. Es evidente que manda el PP, pero ¿qué PP manda? Creo que se puedan contar con los dedos de la mano el número de personas que sepan explicar en lenguaje comprensible las razones por las que quienes mandan en nombre del PP son los que son y no otros. Ahora nos damos cuenta de que muchos de esos seguramente no son los ideales, desde luego no son los que se elegirían si hubiese algo así como democracia interna en este partido, pero hay lo que hay, y así son las cosas. Deben cambiar, sin duda, y un proceso exigente de responsabilidades políticas se tiene que poner en marcha, caiga quien caiga, que caerán. Pero hasta que no se cambien las reglas de juego, entre los partidos y en el seno de los partidos, lo asombroso será que no pasen más cosas como estas y que el hedor de la corrupción no haga la vida insoportable. La democracia consiste en que los ciudadanos seamos los dueños de las instituciones y eso, en relación con el ayuntamiento, no pasa de ser un mal chiste.
Maneras de morir
Siempre se puede morir, no está en nuestras manos evitarlo, pero hay muertes que revelan un descuido absurdo de la vida. Varios jóvenes han muerto en una extraña fiesta y echaremos varios días discutiendo, como se discutía sobre cuántos ángeles cabían en una cabeza de alfiler. El caso es perderse en los detalles para no reparar en lo que pudiera enseñarnos algo.
Es inexorable la tendencia de las masas a provocar lo irreparable. Cualquier reunión que se exceda en número no puede ser otra cosa que una manifestación de fuerza, de descontrol. Hace tiempo que se sabe, y, de hecho, nunca se reúnen masas si no es con una finalidad suficientemente bellaca.
Por eso dice tan poco de la fiesta el que se necesite hacerla en medio del tumulto, en la más absoluta despersonalización que se pueda imaginar. Es lógico que los jóvenes cedan a esa tentación porque tienden a estar siempre como huyendo de sí mismos, han dejado de ser niños y no son todavía nadie. Nuestra sociedad se dedica a prolongar absurdamente ese largo período de ausencia, incluso lo celebra, tal es la pérdida de sentido que nos traemos. Pero, en fin, tal vez pueda concederse que esté en la naturaleza de los jóvenes arrojarse a pozos sin fondo, a ver qué pasa, lo que no es fácil de comprender es que los ayuntamientos se dediquen a fabricar trampas y las alquilen con ligereza, mirando para otra parte, excusándose en que se han rellenado los papeles. Tal vez tengan lo hayan hecho porque les sobra el dinero y no les pareció mal contribuir un poquito al disparate del ladrillo, a la religión de la burbuja inmobiliaria.
Es bueno saber que hay políticos que se comportan de manera más atolondrada que esos jóvenes que no saben ni a dónde van ni el porqué de lo que hacen. Esa clase de gentes son la ruina de la democracia, los apóstoles del sinsentido, los gestores de la nada, y luego se refugian en las responsabilidades de terceros, que siempre pasan por allí, normalmente con alguna bengala.
Apple contra Apple
Apple contra Apple
Para entender a Cataluña
Los nacionalistas catalanes, y es posible que no solo ellos, dicen que no los entendemos. Puede que tengan razón, pero no sé si es nuestra, de los no catalanes, toda la culpa. Vean si no: La Vanguardia pone en portada de su edición digital que el hijo de Messi, que me parece no es catalán sino argentino, ha nacido a las 17 horas y 14 minutos. ¿Quién puede entender a quienes dan pábulo a semejantes milagrerías secesionistas?
Muertos de HW
Los españoles odiamos a los EEUU, pero copiamos todo lo que produce de menor valor, tal la fiestecita en que han muerto tres chicas en la flor de la vida. Lo lamento muy de veras, pero no dejo de pensar que han sido muertes ofrecidas a un dios muy estúpido, al ruido, a la masa y al anonimato. Es terrible que tantos jóvenes no sepan hacer otras cosas, que crean que divertirse exige meterse en trampas como ese estúpido y espantoso edificio que el ayuntamiento ha levantado en la Casa de Campo, como si no tuviera otra cosa en la que gastar el dinero que nos arrebata con rara habilidad y desvergüenza. Es la herencia de Tierno, la política del buen rollo, el halago que corrompe la democracia y la convierte en un festival de caridad en el que los políticos nos otorgan el soma, a cambio de pequeñas cantidades de dinero que van a aparar a manos amigas.
Ni el fútbol se salva
Reconozco que con alguna frecuencia me refugio en el supuesto ejemplo del fútbol para consolarme pensando que los españoles no hacemos todo rematadamente mal, pero tampoco vale ese consuelo, más que en parte. Vale, desde luego, para explicar que es mejor un modelo competitivo, por ejemplo entre universidades, que un modelo funcionarial: ¿alguien se imagina a un delantero centro funcionario? Pero lo que resulta desconsolador es el modelo monopolista y escasamente competitivo de la Liga de fútbol, que recuerda a la absurda diarquía entre el PP y el PSOE, o el hecho de que la presidencia del Real Madrid no haya sido objeto de ambición en serio por ninguno de los miles de socios, lo que da una idea de lo mal que está el patio social, corporativo y el oscurantismo económico y financiero en que todo está envuelto.
José María Gay de Liébana es uno de esos economistas a los que todo el mundo puede entender y ha explicado estupendamente cómo el modelo de nuestro fútbol va al desastre a muy corto plazo. Piénsenlo y verán que el fútbol está ahora como estaba la vivienda en 2006… y lo que ha pasado luego.
Gobierno provisional
En España lo provisional tiende a ser eterno; más o menos este parece ser el espíritu con el que el gobierno está dirigiendo (¿?) la economía, tratando de disminuir el déficit y mareando la perdiz con lo del rescate. Podría estar bien si fuese una estrategia al servicio de alguna idea clara, pero me temo que no hay otra cosa que la supervivencia y el salir al paso, bastante menos de lo que se debe pedir a la dirección política de un país, pero parece que nuestra clase política no da más de si, y hay que lamentar que haya tan escasa convicción social de que las cosas no debieran seguir así, o eso creo.
Android en el Pentágono
Android en el Pentágono
Sentirse español
Resulta que hay quienes no se sienten españoles y quieren dejar de serlo: perfecto, que lo dejen, no hay trabas para ello. Lo que no pueden pretender es que en pago a su desprecio por nuestra común condición, se salten a la torera nuestras leyes, y se queden con parte de nuestro país, que no es solo suyo porque es también nuestro. Se han acostumbrado mal, porque hemos cedido mil veces para ver si empezaban a ser leales y algo menos picajosos, pero nos llaman ladrones y nos insultan, diciendo además que les odiamos. No es verdad, y punto.
Sostres sostiene que esto va de lo de siempre, pero la verdad es que ya es muy cansado y hay que cambiar de actitud, no se puede seguir siendo tolerante, comprensivo y generoso con quien, si nos descuidásemos, nos sacaría los ojos. A ver si se enteran los del PSOE y dejan de dorar la píldora a los nacionalistas, pero es difícil, qué se le va a hacer.