¿Sirven para algo los políticos?

No debería ser necesario hacer este tipo de preguntas, pero la verdad es que, en demasiadas ocasiones, da la sensación de que los políticos se enredan en cuestiones que no interesan a casi nadie, en querellas internas, en defensas a ultranza de su buen hacer… un poco como si el fútbol consistiera en un campo repleto de jugadores, poco respetuosos con las reglas, borrachos de balón,  y que se olvidan de que hay que meter gol.
Tenemos un Gobierno con amplia mayoría absoluta, con un enorme poder territorial, con la mayoría de los ayuntamientos en su poder  y en muchas ocasiones da la sensación de que está esperando a ver qué se le ocurre, como si hubieran llegado al poder para pasarlo bien y no les estuviésemos dejando disfrutar de sus méritos. Pues no, se les ha dado el poder para hacer cosas, y hacerlas con celeridad y determinación, no para discutir si el Estado está mejor o está peor, o si queremos mucho o poco a los catalanes. No parece que ningún votante del PP haya deseado un gobierno dubitativo, y el que tenemos lo parece demasiadas veces y en asuntos que deberían ser claros como el agua. El PP puede parecer dividido, pero lo fundamental es que no se sabe bien qué es lo que pretende, si cambiar la Constitución, bajar el sueldo a los diputados o recortar un poquito a todo el mundo para que nadie se alarme más de la cuenta, pero no ha sido elegido para eso y corre el riesgo no solo de imitar a Zapatero sino de acabar pronto como él, esculpiendo frases pretenciosas y con el país patas arriba.
No es posible hablar mejor del resto de fuerzas políticas, entregadas a sus cuitas internas, huyendo de los problemas por el procedimiento de crear otros peores y culpar al rival, sin ocuparse realmente de si su gestión está siendo buena para los ciudadanos. Los políticos tienen una tendencia a ensimismarse que es el mayor peligro de esta democracia española. Hay que recordarles que están a nuestro  servicio y que no es que tengamos pocos problemas, precisamente. España está de pena y los políticos tienen una parte muy importante de la culpa, así que es ya hora de que dejen de mirar para otra parte.

Mentiras educativas

Cuando dicen que no se puede hablar de algo, lo normal es sospechar  que hay tongo. La izquierda ha impuesto un régimen, tontamente aceptado por la derecha, de que no se puede hablar ni de educación ni de sanidad, y así está el patio. La educación, en particular, es un terreno en el que reina impune y venerada la mayor cohorte de mentiras imaginable. Ya lo decía Ortega hace ochenta años, y la cosa no ha hecho sino empeorar.

Por ejemplo, se sigue confundiendo la educación con dar clase o ir a clase, lo que tiene especial mérito en la época en que vivimos en que hay tantos textos inmejorables al alcance de la mano. Lo de las clases sirve para construir edificios, y vender sillas y ordenadores, para contratar personal que se cuide de los edificios, y mil utilidades más, pero educar es otra cosa. Por ejemplo, tener interés en saber y poder hablar con alguien que sepa más que tú para que te oriente. ¿Cuántos universitarios españoles han ido alguna vez a hablar con un profesor para saber algo, para hacer una pregunta distinta a la de cómo va a ser el examen? Nuestra educación está presa de la mentira y la apariencia, y se parece más al pastoreo que a cualquier iniciación a la ciencia. Así pasa que tenemos casi cien universidades, y ninguna entre las mejores no ya del mundo, ni siquiera de Europa,  que, para nuestra desgracia, no es precisamente un gran ejemplo en este campo, aunque la censura al respecto no sea tan eficaz como entre nosotros.
Hay que hablar de Educación, y urge hacerlo, sobre todo si hay que aplicar recortes, como parece el caso. Lo que no puede suceder es que, con motivo de la escasez, se ponga en la calle a profesores buenos y trabajadores, mientras otros siguen calentando el sillón y haciendo lo mismo de siempre, es decir nada. Para recortar bien hay que tener criterio y valor, pero ni una ni otra cosa abundan, y la mejor manera de disimular  es decir que algo es intocable. 

Suicidios

Mi amigo Damián Galmés me llama oportunamente la atención sobre los dos suicidios recientes que, según todos los indicios, han sido motivados por desahucio. Comparto su preocupación por el hecho de que hay dos versiones de la crisis, la retórica, y la que padecen los que lo están pasando realmente mal, y es obvio que las cargas del problema, sin siquiera fijarnos en sus causas, se están pagando de manera notoriamente desigual. No quiero hace tremendismo, pero sí me parece obvio que no se puede vivir a lo grande mientras gente pierde su casa, que la administración no puede seguir aumentando los impuestos a la gente más humilde, para que los que la gozan sigan viviendo como si no pasase nada, mientras unos pobres sin ayuda acaban por decidir que lo mejor es matarse. No es justo, es indecente y hay que poner remedio serio y rápido a esta situación, acabando con los incomprensibles privilegios con los que se premia a los grandes, a los defraudadores masivos, a los que han dirigido el cotarro político financiero que está en el origen de este disparate moral.
Lo siguiente, es que empecemos todos a ser un poco menos chorizos, sobre todo los grandes chorizos de la parte alta. 
Márgenes menores

El Gobierno se cae del guindo

Nunca es tarde si la dicha es buena, pero no puedo evitar que me suene un poco a broma lo de esta comisión que se da un  año para enterarse de cómo malgastan nuestros dineros. Eso se tenía que traer estudiado desde casa, en el programa, que para eso está, pero en fin, tal vez lleguen a descubrir que sobra alguna universidad, alguna facultad de medicina,  cosillas de pocos millones, pero me temo que vaya a ser que no, que el zorro diga que las gallinas no corren peligro alguno.
Es lo que pasa con los abogados del Estado, que creen que todo es cosa de comisiones, de estudio, de leyes, de normas: y es verdad, pero ellos deberían dejar la política a quienes entiendan de esto; no lo harán porque se creen los más listos de la clase, claro que la clase va camino de ser la última del mundo mundial, eso sí, con ellos en la fila de los honores.
la lucha por la vida

El sentido del ridículo y el super ego catalanista

Una de las noticias más ridículas del mundo: unos eurodiputados catalanistas se dirigieron a la CE preocupados porque el pisotón de Pepe a Messi no había sido suficientemente sancionado. Desgraciadamente, Europa no ha sido capaz, me temo, de resolver este flagrante acto de agresión franquista, españolista y, seguramente, hasta un poco machista, dado que Messi es más bajito. Decididamente, la estupidez no conoce límites pero el ego catalanista tiende a superarlos, por difícil que parezca. 
No me extraña que se teman una invasión, o que les inquiete el sonido de unos aviones de guerra.  De todas maneras, ahora cuentan con el primo de Zumosol, que ha dicho que es separatista, de manera que a temblar españolazos. 
Si Apple fuera secesionista catalana no bajaría

El problema no es Rubalcaba

¿Recuerdan lo del dedo y la Luna? pues es inevitable hacerlo al oír a quienes se empeñan en que APR debería dimitir, como si eso sirviese para algo. El problema no es APR, el problema es que la política del PSOE todavía no ha tocado suelo porque nadie se atreve a pensar ni por un minuto en qué debería ser el nuevo PSOE tras el absoluto desastre de Zapatero, pero tendrán que hacerlo, es un favor que se les pide y que nos deben. No irán a ninguna parte mientras se empeñen en llevar la contraria a su historia, olvidándose de que son españoles, a su clase, olvidándose de su origen socialmente humilde, y a su orientación política, sin confundirla con ningún oportunismo. Es difícil que lo consigan, pero yo lo preferiría. 

¿Felicitaciones a Basagoiti?

Hace tiempo que no sentía una indignación similar a la que sentí oyendo ayer a la señora Cospedal felicitando al señorito  Basagoiti por el buen resultado obtenido en las elecciones vascas. Cinismo, hipocresía, desprecio a la inteligencia del oyente y monolítica estupidez pretendían revestirse de bálsamo al compañero en un mal paso, pero eran, objetivamente, un intento de engaño, una asquerosa mentira. Así no es que no vayamos a ninguna parte, que no vamos, es que no merece la pena ir. ¿Cuándo podremos librarnos de políticos con tan pocos escrúpulos y tan mediocres?

La huelga de los «papis»

Una de las preguntas que cabe hacer  sobre nuestra situación es la siguiente: ¿quién está peor, España misma o su izquierda política? Pues bien, para abordarla les propongo analizar uno de los acontecimientos más notables de los últimos días, semanas y meses, como tan tontamente se dice ahora.
Las asociaciones de padres preocupadas por la calidad de la enseñanza pública, que, como se sabe, está en manos peligrosas, aunque cabe discutir desde cuándo, ha promovido una huelga de sus hijos. Se conocen casos de heroicos padres y madres de familia que se han cogido un “moscoso” para cuidar a sus pequeñines, y a los de otros compañeros que no podían permitirse tal lujo,  para que mejor se pudiesen  vaciar las aulas y se hiciese más visible el rechazo total de la sociedad española, eso dicen.
Esta iniciativa, histórica, si nos atenemos al término empleado por sus promotores, muestra muy claramente que a la izquierda se le puede estar acabando el público, pero no  la imaginación. ¿Quién no se enternecería al ver a un parvulillo portando una pancarta que proclama algo tan tierno como “educación pública de todos y para todos”, una consigna que expresa uno de los anhelos más auténticos de todo ser humano desde que comienza su dentición, si no antes?
Esta innovación de poner en labios de los más inocentes las consignas humanas básicas, no tardará en sentar precedente. Pronto veremos a las democracias sustituir los debates adultos, por formas de comunicación ya contrastadas en Barrio Sésamo.
Es un hecho que la política contemporánea se vuelve incomprensible, así que esta profundización de la democracia hacia las primeras edades, se deberá acompañar de una pedagogía adecuada para que los grandes poderes financieros internacionales, en nefasta alianza con las fuerzas del oscurantismo político, no puedan seguir manipulando a las personas mayores. ¿Verdad que ya saben cuál es la respuesta a lo que les preguntaba?
Publicado en La Gaceta

No engañan a nadie

Los nacionalistas no tienen necesidad de engañar a nadie: consideran que su electores ya están previamente engañados con que lo único importante es ser fiel a la manada, ser de los nuestros, como en los rebaños, o en la mafia. Esa es, también, por cierto, la lógica interna que algunos políticos profesionales querrían ver en el interior de los partidos, basta con ser del partido y ya no hacen falta para nada ni la libertad ni las ideas propias, que siempre son de mal gusto.
Así lo ha declarado paladinamente la señora Mintegui lideresa de Bildu, de los valientes compañeros de viaje de una banda de asesinos:»No hacemos una carrera electoral, planteamos un proyecto de pueblo». Más claro, el agua. Lo penoso es que puedan ser mayoría, los cobardes que se aglutinan para echar a los demás. 

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1. Es un problema político, de poder, no hay nada que haya que entender bien, mejor o peor. Sea cuál fuere la idea que se tenga acerca del nacionalismo, de las naciones, las patrias, Kedourie, Gellner o Benedict Anderson, estén o no en lo cierto (por cierto, ¿que es estar en lo cierto a este respecto tan brumoso?), lo importante es acertar con una política adecuada. Adecuada, entiendo yo a los intereses españoles,  a las exigencias de la unidad e indisolubilidad de la patria, primero, y de la Nación española y su ordenamiento legal, después.
2. La única historia que hay que tener muy presente es la de estos años de democracia para reconocer que la apuesta del 78 ha sido un error, independientemente de que algunos, más o menos listos, lo supieran ya entonces, o de que ahora se enteren todos, o no todos. Se apostó por conseguir la lealtad de los partidos nacionalistas a base de concesiones, y eso no ha funcionado. Es como el que tiene una serpiente venenosa o un león un poquito manso en casa y apuesta por educarle: lo que conviene cuando se comprueba que no dejan de morder o de picar es matarlos o meterlos en una jaula. No es cuestión de valor, sino de instinto de supervivencia, claro que algunas regias cabezas parecen tan necias que ni siquiera ahora lo ven así. 
3. En consecuencia, hay que vencer a los nacionalistas, y hay que vencerles con las reglas de juego de la democracia, si no perderemos más y será peor. Eso incluye, en su caso, la amenaza inteligente, hacia los Pujoles, que salieron de naja el 23F, pero sobre todo a los que van a seguirles, me da igual si por convicción o por miedo, la presión cierta e insistente e incesante sobre toda especie de poderes, empresas, prensa, etc.
4. Es imprescindible dejar de seguir funcionando al ritmo que les conviene: o independencia o exitazo electoral y vuelta a empezar, a base de llevar la iniciativa frente a la indefensión política de España.
5. No creo que a los ingleses se les ocurra mirar a ver qué hacemos nosotros con Cataluña para tratar el problema escocés o el de Irlanda del Norte. En eso, sí deberíamos imitarlos. En todo lo demás, el problema no es que sea distinto, que lo es, es que es el nuestro, no el de ellos, y en política nunca existen dos situaciones iguales, ni siquiera similares. 
6. Sin embargo, a estas alturas de la historia europea, al llegar las cosas a donde han llegado, y al ir a celebrarse un referéndum en Escocia, creo que sería un error, otro, no coger el toro por los cuernos, y, en consecuencia, considero indispensable: 
a. reformar la constitución, que además hay diez o doce motivos más para hacerlo,
b. admitir el principio de la secesión, pero introduciéndolo en la Constitución y yendo de la ley a la ley,  para que quienes no quieran seguir  en la casa común, sea Cataluña, Euskadi, la Bureba, o la acera izquierda de la calle Serrano, puedan ejercer ese derecho que no me importa nada reconocer, tan seguro estoy del chantaje emocional y partidista que supone el secesionismo actual, y así fijar las reglas conforme a las cuales se debiera hacer la pregunta decisiva y clara, las fórmulas de negociación de la separación amistosa, como hizo Suecia con Noruega a comienzos del pasado siglo, el plazo en el que no podría volver a repetirse la consulta, todo en plan canadiense, y disponerse a ganar la batalla. 
c. admitir que se puede perder es la mejor manera de ayudar a que ganemos y de poner a los españoles de Cataluña frente a su responsabilidad, que no es exactamente la mía, sino más exigente. 
Detrás de todo el montaje secesionista hay una concepción pre-democrática, antiliberal y austracista que se ha resucitado para ponerse  al servicio de la partitocracia catalana (que es idéntica a la del resto de España, pero mejor organizada y con mayor consenso social debido a la intoxicación historicista y etnicista que han cultivado con absoluta dedicación y esmero y con nuestro estúpiido consentimiento), un mal que nuestro sistema actual no ha puesto ningún interés en combatir y superar. Lo que pasa en Cataluña muy bien podría acabar pasando en Valencia, y hasta en Madrid, es cosa de ponerse a ello: en el fondo eso es lo que está detrás de la delirante expresión de deuda histórica que ha tenido tanto éxito, y de la confusión entre los derechos de las personas y los derechos (inexistentes) de los territorios, de la puesta en cuestión de la legitimidad fiscal de un Gobierno común, argumento que implícitamente acepta el Gobierno español cuando se sienta a negociar con presidentes, cosa que no debería hacer nunca más en el futuro. 
Por supuesto, si estamos convencidos de que nos conviene que España siga siendo lo que es, bueno lo que debiera ser y ahora ya es un poco menos, pero no todo está perdido, hay que dar una batalla en toda regla, cosa que ni ha empezado a hacerse, contra los secesionistas, pero no solo con argumentos constitucionales  o de historiador, aunque también con ellos, sino en serio, con la RFEF, con la economía, por tierra, mar y aire: darles la idea de que no nos da igual y de que nos están queriendo robar algo que no estamos dispuestos a dejarnos arrebatar por las buenas, y por las malas ya veremos. 
Con los matices del caso,creo que he dicho lo que me parece esencial: lo hemos hecho mal; hay que rectificar;  es un problema de poder, y no existe poder si no se tiene capacidad de causar miedo; más democracia y no consentir, de ningún modo que se vulneren las leyes, aunque haya que cambiar el sistema constitucional para demostrarles que no defienden una causa realmente respetable ni mayoritaria. Si no fuere así, pues a empezar de nuevo, tras algo que supondrá cinco siglos de retroceso, y se habrá debido, sobre todo,  a la impericia y la cobardía de la clase política española, aunque nosotros la elegimos y la soportamos, incluyendo a su pináculo, pero se deberá también al envilecimiento de una sociedad, la catalana, que se ha pasado en la dosis de agnosia moral que resulta soportable  y en la sumisión al capricho irresponsable de sus líderes/señoritos.