Quiero decir, más, todavía, que otras veces. En mi columna de El Confidencial, varios lectores me acusan de repetir cosas que todo el mundo sabe, de bla, bla, bla, además de equivocarme con las fechas porque sitúo el inicio del desastre en 2004. Creo que es cierto, mejor aún, debería serlo, pero no veo la razón para pedir disculpas, y en esto acierta el comentario de un tal Borondes que dice, muy apropiadamente: «La fecha de 2004 está bien puesta, porque entonces todavía era viable el sistema con reformas simples, una década después el disparate económico hace imposible no refundar el sistema con una reforma constitucional a fondo. Lo que ocurre es que no se vislumbra una oportunidad ni unos protagonistas, pero esto es como tener que operarte de un cáncer atajable y que no haya cirujano disponible, no te curas por eso. Y si en lugar del cirujano sigues yendo al herbolario, pues ya sabes lo que te espera». Santa palabra, de manera que el que avisa no es traidor, sino avisador. Puede que los avisados se resistan a enterarse, pero el cáncer, o se quita o te mata.
Autor: JLGQ
El viejo Popper solía insistir en la idea de que las instituciones solas nunca son suficientes para garantizar la paz, la libertad y el bienestar, porque necesitan estar atemperadas por las tradiciones. Se trata de una lección que parece dirigida a los españoles de hoy. No necesitamos tanto de cambiar leyes, como de cambiar conductas. Probablemente nuestra peor tradición consista en establecer leyes ideales, al tiempo que perpetuamos costumbres desdichadas. Nuestro estado de derecho es impecable en los libros, pero como estamos especialmente entrenados para distinguir, hipócritamente, entre la teoría y la práctica, los resultados efectivos son muy distintos. Todo el mundo es partidario, eso sí, de que los demás respeten las leyes, pero cada cual se las arregla para establecer su privilegio, su fuero, su costumbre contraria. El astuto Romanones lo sabía muy bien, que los demás hagan las leyes, que ya me encargaré yo del reglamento.
Siempre me ha sorprendido que entre nosotros no produzca escándalo la expresión común que asegura que “esa ley no se aplica”. Casi nada de lo que ocurre depende de leyes perversas, bastan los hábitos para explicar el disparate.
Para pasmo universal, el hábito de tomarse la ley a chacota ha llegado a los jueces, cosa que debiera merecer algún premio universal, por lo menos de esos que se le dan a Garzón, que es el protomartir de la causa. No admiramos debidamente la iniciativa de esta clase de héroes y luego nos quejamos de ser una sociedad escasamente creativa.
Un horizonte para el patriotismo español
La distinción entre patriotismo y nacionalismo, no siempre sencilla, se apoya en dos características; en primer lugar, el carácter excluyente del nacionalismo, frente al carácter integrador del patriotismo; en segundo lugar, en que el nacionalismo se mueve exclusivamente en el plano político, mientras que el patriotismo actúa en el plano cívico y moral.
En la España de 2012, el embate del secesionismo catalán debiera llevarnos a distinguir nítidamente ambos conceptos para evitar que la dinámica acción-reacción se convierta en una rémora para las posibilidades de mantener en píe la unidad de una vieja Nación cuyo protagonismo reciente, hasta 2004, ha sido notable, y cuya estela histórica no es menor que la de nadie. Nuestra desaparición sería una buena noticia para viejos rivales, y eso, junto al dinero invertido por las embajadas catalanas, puede explicar algunas actitudes foráneas.
Que el patriotismo es más que una política hay que demostrarlo contribuyendo a que exista un patriotismo integrador, que, aunque pueda ser contraria a los intereses políticos locales e inmediatos, contribuya al engrandecimiento de todos, también de los catalanes, de los gallegos y de los vascos, tanto de la izquierda como de la derecha. Para eso, lo primero es no dejarse ganar por el instinto puramente reactivo ante los secesionistas. Es verdad que las identidades suelen construirse en contraste, salvo cuando se es capaz de crear una identidad reflexiva, culta, moral, una identidad basada en la exigencia, pero también en el respeto, y la admiración de todo lo que lo merece, sea nuestro o no. Este objetivo estimulante y difícil debería ser la guía moral del patriotismo, la emulación más que el rechazo, el deseo de gloria y de grandeza antes que la mera contraposición, lo que fue capaz de hacer, sentir y pensar Santiago Ramón y Cajal, por ejemplo, que decía de sí mismo, no ser un sabio (como entonces, a la francesa, se llamaba a los científicos) sino un patriota.
Nuestro horizonte es incierto, y hemos de esforzarnos por superar la ola de rechazo y cabreo que se produce en el español de a píe a consecuencia de los insultos y el desprecio de los secesionistas catalanes. Hay que resistir el embate desintegrador, y hacerlo con voluntad firme y con una estrategia de largo alcance. No será fácil, pero la batalla es de las que merecen la pena, de las que se ganan con gloria y provecho, aunque también se puedan perder con deshonor y desastre. Nos hace falta grandeza de ánimo, ambición, más que codicia, como solía distinguir Unamuno, y saber aprovechar inteligentemente la energía que con su necia suficiencia nos presta el adversario.
No tenemos ningún derecho a abandonar a nuestros compatriotas catalanes a la tiranía que sobre ellos se dibuja con escandalosos rasgos totalitarios. Tenemos que ganar con ellos la batalla de la libertad política que siempre va unida al valor cívico. Los secesionistas catalanes quieren ahogar a la Cataluña que no les está sometida y no dudan en echarle encima al propio Barça, sin que les incomoden, ni poco ni mucho, las analogías entre ese gesto abusivo y las iconografías de Leni Riefenstahl.
El secesionismo catalán, como virus oportunista, ataca en los momentos de impotencia, ahora como hace un siglo. Nuestra mayor debilidad está, sin duda alguna, en la endeblez de nuestra democracia, en su carácter más superestructural y formal que moral, en nuestra cobardía para defender valores, en la partitocracia insensible a las demandas de una sociedad que quiere prosperar y vivir en libertad, algo más que pagar impuestos cada vez más altos para que se mantenga el boato de los menos. Pero este defecto nuestro adquiere en Cataluña los rasgos furiosos de una clase política absolutamente ensimismada en su locura identitaria y destructiva. Aquí está la clave de nuestra superioridad sobre un error tan vetusto, traidor a los más, antiliberal y mezquino: ganaremos en la medida en que sepamos hacer realidad el proyecto de democracia y de libertad que se inició en 1978 y se torció arteramente un 11 de marzo de 2004, sin que hayamos tenido el valor de recuperarlo, fortalecerlo y llevarlo a su esplendor, el de una España libre, solidaria y grande en la que todos cabremos, y en la que nadie sea más que nadie, ni siquiera los catalanistas.
Puesto que los partidos nacionales se esconden cobardemente para disimular el peligro, los ciudadanos tendremos que recordarles su deber. El PP, absurdamente desgajado de su pasado reciente, carece de una posición consistente y, por las razones que fuere, no cree que deba constituir un elemento clave de su estrategia. El PP de Rajoy se ha convertido en una confederación de partidos localistas (Galicia primeiro) en el que la condición española es un factor residual y disfuncional, hasta en la propia Cataluña. Pero no basta con defender la Constitución, una mera etapa de nuestra historia, hay que saber defender a España, lo que somos, y lo que queremos y podemos ser.
lo que sea, pero con teléfono
lo que sea, pero con teléfono
La crisis y su diagnóstico
Conviene no confundir causas y efectos, el viejo problema del huevo y la gallina, pero la política se presta mucho a los equívocos. Entre nosotros no parece muy difícil relacionar la huída hacia delante que ha emprendido Mas, con el desprestigio que afecta al conjunto del sistema, pero sería muy miope confundir la oportunidad, que le viene al pelo, con los motivos de fondo. Sin embargo, ya puestos a pensar en el asunto, no estaría mal que cayésemos en qué es lo que estamos haciendo mal desde hace tanto tiempo, puesto que no es lógico pensar que el secesionismo sea tan ineluctable como la tendencia a la entropía.
Que la democracia española se ha equivocado al afrontar el problema del nacionalismo separatista es evidente, y hace falta que los políticos sepan ver ligeramente más allá de sus propias narices. El llamado estado autonómico ha sido una fórmula fallida de integrar a los nacionalistas, y cuanto antes nos demos cuenta de ello, mejor. Las autonomías han traído más burocracia, más gasto público, más mamandurrias y más corrupción, casi nada que haya estado de acuerdo con aquella piadosa idea de acercar el poder a los ciudadanos. Tenemos un problema con los partidos, con su selección de líderes, con su forma de hacerse con todos los resortes del poder, con su moral distraída, con su corporativismo. Tenemos dos tareas urgentes e importantes: corregir el funcionamiento de los partidos, y repensar la forma de organización territorial del poder político. No pueden hacerse por separado, y la mejor demostración es Cataluña, un territorio en el que una fuerza cerrada y corrupta hasta las cejas quiere hacerse con todo el poder, y está dispuesta a poner fronteras en el Ebro para que nadie les pueda disputar el monopolio: han vuelto a descubrir que un buen movimiento nacional puede ser más eficaz para mandar eternamente que eso de la democracia, un mal asunto en el que podrían llegar a medrar hasta los charnegos.
[Publicado en La Gaceta]
Un poco de vanidad
Permítanme que les deje este video con una intervención mía en un acto de Denaes. Digo algunas cosas un poco fuertes, pero no creo que ni injustas ni básicamente desacertadas. La cosa fue en agosto, pero lo que ha pasado desde esa fecha, y no ha sido poco, no me hace apartarme de lo que pensaba. Saludos
Mi marca y yo
Mi marca y yo
Preguntas para Mas
Hay que ayudar a este hombre, no sea que vaya a hacer una pregunta equívoca («¿Desea usted que Catalunya sea un nuevo Estado de la UE?») en el referéndum que dice que planea. Yo creo que su presunta inquisición es demasiado vaga, y que debería atreverse más. Por ejemplo, me conformare con media docena:
1. ¿Prefiere que Cataluña sea un Estado solidario e independiente de presiones ajenas, con plenas atribuciones para poder bajar sus impuestos (hágase o no) para no seguir pagando la corrupción imperante en la política española?, aunque me temo que esta no la hagan, no vaya a ser.
2. ¿Prefiere que Cataluña sea un Estado libre y solidario en un mundo en paz y prosperidad y que aumente inmediatamente el número de visitantes extranjeros, pues lo serían todos los españoles que vinieran a vernos, pero ya sin esas ínfulas imperiales tan molestas?
3. ¿Desea usted que los españoles sigan comprando con entusiasmo los productos que provengan del nuevo Estado catalán, independiente, respetuoso y solidario?
4. ¿Le parece bien que el Barça siga ganando la Liga de fútbol profesional y que Cataluña se convierta en un nuevo Estado de la UE?
5. ¿Da usted su voto para que España se quede con las deudas y el nuevo Estado catalán con todos los bienes que existen en su territorio?
6. ¿Vería usted con buenos ojos que el President fuese recibido en la Casa Blanca con honores de jefe de Estado como President del nuevo Estado de la UE?
7. ¿Aprobaría que los españoles tengan que pagar un impuesto a Cataluña como nuevo Estado de la UE en compensación por los años que han estado impidiendo una cosa tan natural y tan provechosa?
7. ¿Aprobaría que los españoles tengan que pagar un impuesto a Cataluña como nuevo Estado de la UE en compensación por los años que han estado impidiendo una cosa tan natural y tan provechosa?
No debiera apresurarse Mas con una pregunta que no recoja suficientemente bien las indudables ventajas de su propuesta, no vaya a ser que se confundan y no le den lo suyo.
Un día que no debiera ser ni triste ni problemático
Hoy es el día de la fiesta nacional y, entre unos y otros, se ha convertido en una jornada triste y problemática, algo que no debiera ser, pero así es la vida. Triste porque comprobamos, una vez más, que tenemos muchos enemigos sin apenas tener partidarios. Me parece que nuestra España padece un secuestro oficialista y político, y que los meros españoles no estamos muy dispuestos a celebrar este despojo en el que nos estamos convirtiendo. Hay que invertir esta tendencia, y los políticos que no sepan hacerlo acabarán por ser barridos, o conseguirán que España deje de existir, que todo cabe.
La polémica sobre la españolización y Wert está siendo todo un espectáculo. Ya es fuerte que un ministro no tenga los reflejos mínimos como para no caer en trampas para osos, porque, en español, solo se puede españolizar lo que no es español, que es lo que dijo la consejera catalana con la peor intención, y contra la buena lengua no valen las bravatas. Peor aún, sin embargo, es que ni siquiera se le conceda el derecho a pensar algo más inteligente de lo que efectivamente ha dicho, tan torpes andamos. Y en estas, se le ocurre al PSOE, que está en racha, reprobarle. ¡Qué disparate! ¡Qué ejemplo de solidaridad nacional y de españolismo bien entendido! Menos mal que el otro Maragall se ha decidido a hacer un partido descaradamente soberanista: a ver si eso permite, de buena vez, que el PSOE lleve la E con motivo y orgullo, y no como un lastre de la historia, como un nombre equívoco.
Aliquid novum sub Sole
Aliquid novum sub Sole
La nota de Cuadernos
Como diría Anson, no se habla de otra cosa que de la nota editorial del número 36 de Cuadernos de Pensamiento político, la revista que edita Faes; aconsejo su lectura porque se trata, nada menos, que de poner España en claro. Es un consuelo que no en todas partes predomine il pensiero devole y el mirar para otro lado. No sirve de nada, y además es ridículo.
El que tuvo, retuvo
Leo, no sin pasmo, la noticia de que Iberia tiene cuatro directivos por cada avión. A mi me preocupa esto más que las supuestas locuras del presidente de Ryanair, de las que tanto se ocupa una de nuestra ministras estelares, la más estratosférica y pontevedresa de todas. Iberia será una línea privada, pero a costa de heredar un monopolio que les permite cobrar mucho más allá de lo razonable, me parece. Si no recuerdo mal, creo que también andaba por Iberia una de las mujeres de Juan Luis Cebrián, ese portento que va a conseguir cobrando fortunas de una empresa ya inexistente. En fin, que la historia, bien administrada, da para mucho. Y mientras tanto, el ministro de hacienda sigue descubriendo nuevos hechos imponibles.
A palos con W8
A palos con W8
El reflujo
Ninguna identidad se construye sin contraste con lo otro, salvo que se sea capaz de construir una identidad muy reflexiva, culta, autocontrolada, moral, una identidad basada en la exigencia, pero también en el respeto, y la admiración, de lo otro, cuando lo merezcan, cosa muy frecuente. Ese objetivo exigente y difícil debería ser, según creo, el objetivo moral del patriotismo, la emulación más que el rechazo, el deseo de gloria y de grandeza antes que la mera contraposición, lo que fue capaz de hacer, sentir y pensar Santiago Ramón y Cajal, por ejemplo, que decía de sí mismo, no ser un sabio (como entonces, a la francesa, se llamaba a los científicos) sino un patriota.
Creo que es patriotismo español tiene un amplio campo, y ha de esforzarse por superar el reflujo, la ola de rechazo y cabreo que se producen en el español de a píe y normal a consecuencia de los insultos, el desprecio y el rechazo de los secesionistas catalanes, ahora; pasa con eso lo que también pasó con la ETA que, muy a su pesar, ha proporcionado sentimientos comunes a unos españoles bastante escasos de esa munición, por el largo predominio de gobiernos funcionariales, en el peor sentido de la expresión que lo tiene y es grave, despóticos y supuestamente técnicos. Los peores gobiernos son los que solo saben llegar al poder y no saben luego para qué. Hemos padecido unos cuantos, y no solo en el pasado.
Ahora hay que resistir el embate desintegrador de los secesionistas y hay que hacerlo con una voluntad firme y con una estrategia de largo alcance. No será fácil porque vamos perdiendo, pero la batalla es de las que merecen la pena, de las que se ganan con gloria y provecho, aunque también se pueden perder con deshonra y desastre. Nos hace falta grandeza de ánimo, ambición, más que codicia, como solía contrastar Unamuno, y librarnos de los efectos perniciosos del reflujo para saber aprovechar inteligentemente la energía bruta que con su suficiencia y estupidez nos presta el enemigo necio.
phablets y minis
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