La lección de Suárez

Cuando parece que Adolfo Suárez está a punto de dejar este mundo creo obligado subrayar cuál fue su verdadera lección: que la democracia y España estaban por encima de sus intereses propios, del legítimo interés de su partido, de la UCD, en mantener el poder y en gobernar conforme a sus criterios. Se trata de una lección moral de importancia capital en una sociedad poco acostumbrada a la democracia. Ojalá la aprendamos, también en VOX. Siempre se tiene derecho a discrepar, pero nunca hay que perder de vista lo que es verdaderamente importante, la democracia misma y España. 
Espero que el ejemplo de Suárez y su capacidad de sacrificio sean un estímulo para la generosidad y la grandeza de los españoles de ahora y del futuro.

Envidia sana

En VOX transcurre con normalidad el proceso de primarias, la campaña, el voto telemático, y mañana será el voto directo en urna , para proceder luego al recuento de los dos sistemas (puesto que no ha habido peticiones de voto por correo, España con VOX se moderniza) y proclamar las candidaturas vencedoras.
Esta mañana, en un seminario académico, varios profesores me han dicho que les daba envidia y que esperaban que se generalizase el sistema, lo que sucederá tarde o temprano, en especial si los españoles, como espero pase, nos premian con un voto mucho más generoso que el que algunos, pesimistas, conformistas, temerosos y cínicos, se esperan que tengamos. 
El profesor Ariño, que ha escrito un estupendo libro (Regenerar la democracia, reconstruir el Estado. Un programa de reformas políticas), con el que estoy completamente de acuerdo, es optimista pese a lo duro del diagnóstico, que yo comparto, pero eso es lo característico de VOX, ver los problemas en toda su crudeza y atreverse con ellos, sin falsas disculpas, sin derrotismo, con coraje y con pasión.  En estas elecciones primarias hemos empezado a construir un partido que cambiará el panorama político español, ahora y para siempre. 

San José

Resulta que creo que es un honor llevar el nombre de un santo tan admirable, y felicito desde aquí a todos los que comparten conmigo este nombre tan olvidado. El evangelio de hoy dice lo siguiente: «Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto». 
La ejemplar conducta del santo suele resultar difícil de entender, pero es lógica y caballerosa, no quiere causar daño, ni siquiera se atreve a juzgar, simplemente decide apartarse hasta que recibe un aviso del Espíritu Santo que seguramente le llenó de consternación y de orgullo.  Hoy en día está muy de moda indignarse y protestar, y no se entiende la conducta humilde del santo. Se protesta, incluso, cuando el motivo de queja nos es completamente ajeno, porque protestar trae prestigio, suele tenerse por seña de integridad y de valor, aunque lo sea muchas veces más de hipocresía. A este respecto os aconsejo que veáis Filomena la espléndida película de Stephen Frears, recién estrenada. Filomena, que ha sufrido de manera injusta y escasamente comprensible, sabe perdonar, mientras que el periodista progre es el que quiere montar la marimorena a costa de algo que no le ha pasado a él, pero le sirve para ir por la vida presumiendo de su excelencia, de la belleza de su alma, algo que nunca se le ocurriría al bueno de San José, tan integro y tan valiente como poco dado al espectáculo. 

Tres definiciones de la política

Creo que era Burke quien consideraba que la política es la más noble de las actividades humanas, pero no se fíen de mi memoria y mi escaso conocimiento del pensador británico. Es claro, sin embargo, que también puede ser lo peor, y esa es la imagen que predomina aquí y ahora. Para darles qué pensar me remitiré a tres ideas clásicas, o no tanto, que me gustan, unas más que otras. La primera es de don Antonio Maura, y dice que en política se pueden corregir los desaciertos y enmendar los errores, pero nunca se recobran las oportunidades. Tenemos que saber leer el momento, digo yo, porque no pasará dos veces. Otra es de Ortega y se refiere, en cierto modo a lo contrario, al oportunismo, al vivir al día, olvidándose de lo esencial: dice el filósofo español, «en política, «vivir al día» es casi inevitablemente morir al atardecer, como las moscas efímeras». Siempre he creído que vivir pendiente de la imagen, que es muy tornadiza, tiene este coste tan melancólico. Por último, una de Miguel de Espinosa, un autor cuya prosa admirable  me ha recordado la lectura del libro de Alfonso de la Vega (En las orillas del Ser) que el autor tuvo la gentileza de regalarme en Oviedo, el pasado sábado, tras la presentación de Vox. Dice el gran Espinosa que la política es la simpatía del poder hacia sí mismo, una definición cínica hecha en pleno letargo del franquismo, pero que, por desgracia, sigue teniendo vigencia. No está mal que los que nos dedicamos a estas cosas pensemos en lo que piensan los que nos ven y nos juzgan, la gente, y los pensadores que dicen la verdad sin temor…, porque suelen coincidir. 

Elecciones primarias

Te pido tu voto
Desde hace ya muchos meses, cuando pensamos en poner en marcha esta maravilla que hemos llamado Vox, he imaginado desempeñar diversos papeles políticos, y no debo quejarme porque he tenido cierto protagonismo, y hasta puede que no lo haya hecho del todo mal. Sin embargo, nunca había pensado en ser eurodiputado, ni, por tanto, en presentarme a unas elecciones internas para formar la candidatura, como ahora estoy haciendo. He cambiado de opinión, y lo he hecho porque creo que mi presencia en las listas de Vox puede ayudar a muchas personas a votar nuestra lista, y ese es el consejo que me dio quien podía darlo. No es que yo sea una persona muy conocida, pero sí lo soy en algunos núcleos de voto que pueden, y deben, venir a Vox, y pienso que mi presencia ayudará. ¿A qué me refiero? Pues me parece obvio que el éxito de Vox, sacar bastante más de un eurodiputado, porque eso lo doy por descontado,  depende de que consigamos muchos votos, digamos, vergonzantes, de personas que, por circunstancias que es fácil imaginar, pueden votarnos sin necesidad de hacer alarde de darnos el voto. No olvidéis que, muchas veces, al votar a favor, también se vota en contra.

Por eso os pido el voto, porque creo que será bueno para Vox. No creo que hiciera mal papel en Bruselas, de conseguir el escaño, porque los filósofos tenemos una cierta capacidad de adaptación y yo, al menos en política, he sido muchas veces cocinero antes de fraile, como se puede ver en la pequeña autobiografía que se puede leer en la página web en que he colgado la parte de mis trabajos académicos sobre la que poseo derechos, de forma que pienso que podría contribuir a que el Parlamento Europeo haga su trabajo en pos de una Europa más coherente, más valiente, más liberal y menos anquilosada y burocrática.  Pero todo eso es menos importante que conseguir cerca de un millón de votos que pueden estar a nuestro alcance, si todos trabajamos bien. Yo voy a dar mi voto a quienes piense que pueden ayudar más a conseguirlo y, por fortuna, estoy seguro de que en esta lista seremos muchos. Es un gran motivo de orgullo competir en la lista interna de las primarias de Vox con personas tan valiosas. Ya sabéis, Vox populi, vox Dei, así que seguro que no os equivocáis eligiendo. Un abrazo y gracias por vuestro apoyo, 

Gobernantes y gobernados

De las peores cosas que ocurren cuando una democracia no funciona es que el juego político se convierte en un telón que tiende a ocultar los males del sistema, el hecho de que los gobernantes se sienten como una especie aparte y se olvidan de que su gobierno tendría que ser el del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, de que debieran estar, y no lo están, al servicio de la sociedad cuya legitimidad les ampara. La legitimidad de la democracia se convierte así en un escudo de la arbitrariedad, del egoísmo y de la corrupción, y los gobernantes empiezan a ver a los gobernados como una colonia a la que dominan y a la que tienen derecho a explotar. La política se convierte entonces en el arte del disimulo, en conseguir que los gobernados no caigan en la cuenta de las mil formas en que son explotados, olvidados y burlados por un mal gobierno, y en eso estamos.
Vox existe para recordar cosas absolutamente elementales, que no se trata de aumentar los impuestos sino de disminuir el gasto improductivo e inútil, que los gobernantes no tienen ninguna legitimidad por sí mismos, que el Estado no sirve para que unos cuantos puedan forrarse sino para servir eficaz y decentemente a objetivos comunes, y un sinfín de cosas que se han olvidado en la democracia española. Hay que rehacer por completo este edificio, y hay que empezar desde abajo, con Vox. 

En mi tierra, descubriendo eufemismos

Esta mañana, mientras desayunaba en Oviedo  a la espera del acto de presentación de Vox, mi enhorabuena a Ana María Álvarez y a Javier Jové porque salió de maravilla, he descubierto otro eufemismo oficial a la caza de ingenuos. En política, en mala política que es la más frecuente, los eufemismos están a la orden del día: se usan expresiones engañosas, naturalmente con intención de engañar. Por ejemplo, llamar al aborto interrupción voluntaria del embarazo, IVE, incluso, para mejor taparlo, es un eufemismo como una casa, porque quien aborta no interrumpe nada, ya que sólo se puede interrumpir aquello que se puede reanudar, y ya me dirán como se reanuda un embarazo, pero la cosa coló y eso siempre ayuda a disimular su dimensión dramática, a dar un paso más hacia ese disparate que es considerar que el aborto sea un derecho. Pero no quiero descubrir ese Mediterráneo de las mentiras sobre el aborto.
Mi descubrimiento de hoy va de impuestos, sí de que el Estado y sus múltiples máscaras nos arrebaten el fruto de nuestro esfuerzo. Es obvio que tiene que haber impuestos, pero los que creemos que deben ser los menos posibles, los compatibles con unos servicios cívicos esenciales, queremos que se llamen impuestos, que se sigan llamando impuestos para que se vea lo que son, algo que se nos impone. Pues bien, los expertos dispuestos a disimular  la borrachera impositiva de Montoro se han sacado de la manga un término que promete: ya no hablan de impuestos, sino de ingresos del Estado, como si el Estado fuese una actividad productiva, un negocio, y aunque ya sé que apara algunos es un negocio inmejorable, lo que quieren es que olvidemos de que el Estado nunca nos da nada que no nos haya quitado previamente. El Estado no tiene ingresos, nos impone sus gastos, y aunque sea lógico un cierto nivel de gasto, el ejército, la diplomacia, la Justicia, algunas actividades educativas y sanitarias, y poco más, lo que no podemos es consentir que se nos haga pensar que el Estado se gasta lo que ingresa, porque no es así, se gasta todo lo que nos quita directamente y lo que quitará a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos produciendo una deuda monstruosa. Nada de ingresos del Estado: impuestos, ¡y menos!

Era de temer

Me hago eco de lo que me cuenta mi amigo Rodrigo Álvarez de León, que sabe de estas cosas. Parece que la Comisión Lagares podría sugerir que  se establezca un tipo mínimo  para todas la CCAA, lo que  supondría un retroceso de nuestra normativa tributaria, por ejemplo en Madrid, algo parecido a igualarnos por abajo, en vez de por arriba. El Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones son tributos  que carecen de razón de ser, porque obligan a tributar dos veces  por un mismo hecho. De nuevo, bajo la capa de una rebaja se nos administra una dosis mayor de impuestos. En Vox pensamos, por el contrario, que (punto 7 de nuestro Manifiesto) “La fiscalidad ha de ser una herramienta de dinamización de la economía y no ha de alcanzar nunca niveles confiscatorios que inhiban el ahorro y la inversión y desincentiven el trabajo y el esfuerzo”, pero esto, que es de sentido común, parece que se les olvida pronto a los políticos que se obstinan en disparar con pólvora del rey y en convertir a los ciudadanos libres en meros clientes, en personas dependientes, que es lo que les gusta.

La verdad importa

Una de las paradojas de este mundo es que la abundancia de información puede matar el interés por la verdad, en especial cuando la verdad sea incómoda. Hace diez años ocurrió algo terrible, y lo insoportable se suele abrir paso mediante eufemismos y un sentido común más acomodaticio de lo corriente. Eso es parte de un pasado que tenemos que remediar, que no es separable de los defectos de nuestra democracia. En efecto, la verdad importa, y no puede haber consuelo si no se tiene suficiente: hay que exigirla, buscarla, no dejarse vencer ni convencer por los sucedáneos, ni por el interés de los mentirosos, y de los criminales. 

Europa

Europa ha vuelto a quedar bastante en entredicho con todo lo de Ucrania y Crimea. Necesitamos una Europa más seria y constante, más creíble y más unida. Se trata de un objetivo difícil, como lo es cualquier innovación, pero para innovar hay que ir hacia adelante y distinguir lo que viene de lo que ya pasó. Sabemos o que no queremos repetir, pero no nos atrevemos todavía a dar un paso, y eso es miedo, un miedo tal vez inevitable pero que no ayuda a nada bueno, o a casi nada.