Partidos fuertes

Rajoy y sus portavoces aluden a que es necesario votar a partidos fuertes, y parecen creer que con ello invitan a votar al PP. Pues bien, la cosa no es tan simple. Si hay algo que no es fuerte es el actual PP, un partido político muchos de cuyos electores, que son el verdadero capital de cualquier fuerza política, se sienten atrapados sentimentalmente por unas siglas, pero nada convencidos de lo que con ellas se hacen en su nombre. Un partido fuerte sería el que no tuviese temor a implantar su programa teniendo mayorías absolutas, y el PP no lo ha hecho; un partido fuerte sería el que tuviese respeto a sus adversarios, pero mayor respeto todavía a sus votantes y, por tanto, nunca traicionase los deseos de estos por temor a las reacciones de aquellos. El PP de Rajoy ha hecho exactamente lo contrario, mostrar una enorme debilidad y retractarse de cuanto dijo haría: todos sabemos lo que no ha hecho. El PP actual no es un partido fuerte ni cohesionado, es un proyecto oportunista y a la deriva, y no puede haber mayor debilidad que la del que no se atreve a ir a dónde pensaba tener que ir. 
Hay personas que tienen miedo a que si no votan al PP pasen cosas muy graves. Ese sentimiento es muy respetable, pero no es síntoma de fortaleza, sino de debilidad. No se puede tener miedo a votar conforme a lo que se cree, ni se puede votar al que dice que o nosotros o la nada, porque eso, además de ser muestra de debilidad, es una gran mentira, y, la verdad, votar para que se nos siga engañando tampoco es signo precisamente ni de valor ni de fortaleza, salvo que se piense que la muestra más alta de valor es el masoquismo, someterse a la voluntad de otro para encontrar placer en sus humillaciones y vejaciones. Que no cuenten con nosotros para eso. 

El candidato a palos

La designación de Arias Cañete para encabezar la lista del PP es una muestra especialmente brillante del estilo de hacer política que ha impuesto Rajoy y que tanto desafecto está logrando entre sus electores. Arias Cañete es el candidato a palos, tiene que hacer lo que no quería hacer porque Mariano & Arriola lo controlan todo. Arias Cañete no quería pasar por ese trago, pero el motorista de Moncloa le ha dejado sin alternativas. Se comprende: es muy distinto querer ser candidato y que los tuyos te voten y no querer porque no te van a votar ni los tuyos. De todo esto hay que sacar una lección: las elecciones europeas son muy importantes porque a Rajoy parecen no importarle, y esta es una espléndida oportunidad para enseñarle un poco de democracia, eso que, según ha dicho, a él le gusta, pero le parece muy difícil.  
Arias Cañete es más de lo mismo, y con un banquillo cada vez más reducido. Habrá que ver si los votos le dan la razón a sus temores, me malicio que sí, y será una gran noticia comprobar que los electores han caído en la cuenta de que su voto es suyo, y no de nadie, por supuesto no de Rajoy que ha hecho todo lo posible y parte de lo imposible para perderlo. ¡Y Vox existe!

En la calle

VOX empieza a estar en las calles porque tratamos de suplir con dedicación y entusiasmo una falta de medios evidente. Una vez más, el desequilibrio entre la realidad y su imagen se hace chirriante en esta España barroca y cada vez más descreída, con esa bendita inocencia, lo dijo el poeta, del que da en no creer en nada, que, por cierto, a mi no me lo parece tanto, me refiero a inocencia. Se oye decir: aquí los únicos que no están corruptos son los que todavía no han tenido poder, ese es el enorme daño que está haciendo a la democracia por parte de quienes la mantienen aislada de cualquier virtud, de cualquier forma de entusiasmo y de orgullo, los que la han reducido a un expediente para ver quién manda algo más por cuatro años. En VOX al salir a la calle no solo pedimos ayuda, le recordamos a todos los españoles, a la mucha y buena gente que éste es nuestro país, que España no es ni del PSOE ni del PP, porque es nuestra y la queremos mejor, más limpia, más ágil, más admirable y mucho más próspera, con prestigio, sin desánimo, creyendo en nosotros mismos y sin necesidad de mendigar ayudas de nadie. En VOX no nos gusta vivir de prestado, así que cuando los Montoros nos recuerdan que el coste de la deuda está bajo, y tratan de atribuirse el mérito, de lo que nos acordamos es de la deuda y de que ellos no han hecho nada cierto y real por que desaparezca: eso es lo que decimos en la calle, queremos vivir a costa de nuestro trabajo, no queremos vivir a costa de nadie y buscamos el apoyo de quienes piensan y sienten como nosotros, de los muchos españoles orgullosos de serlo y hartos del triste papel de nación pedigüeña e incapaz  que nos han enjaretado gobernantes sin sangre en las venas. 

Partidos a medida del consumidor

Muchos españoles confunden su justo rechazo de la corrupción política y del enorme distanciamiento entre los elegidos y gobernantes respecto a los electores y gobernados con la utópica existencia de un partido que represente milimétricamente sus deseos, sus intereses y hasta sus manías. En esa posición es muy difícil entender en qué se funda la política democrática que es una tarea enfocada a la consecución de acciones que supongan un bien común que, casi por definición, nunca podrá satisfacer por entero los deseos de nadie, o de casi nadie. Cuando hemos fundado VOX hemos tenido presente esa dificultad y no hemos puesto ninguna traba para formar parte del nuevo proyecto, basta con estar conforme con las ideas expuestas en el Manifiesto fundacional  y comprometerse a financiar y a participar en la vida interna del partido. Por eso somos todos provisionales, hasta que la primera Asamblea ordinaria, que celebraremos en el otoño, decida unos Estatutos aprobados democráticamente, decida una dirección política nacional, esta vez definitiva por el período entre Asamblea y Asamblea, que espero acordemos sea anual, y una ponencia política con un programa sometido a intenso debate y aprobado democráticamente por todos. Mientras tanto, es lógico que no siempre acertemos a elegir las personas que nos ayuden a implantar VOX en los diversos lugares, pero nadie debiera ponerse nervioso, queda mucho por jugar y hay que confiar en que, en su momento, los afiliados escojan a los mejores, a los más trabajadores, a los más fieles y eficaces defendiendo nuestros principios y formulando políticas inteligentes que pueda compartir la mayoría. No hemos hecho sino empezar, y no hay que precipitarse. En política el que resiste gana, y, si no gana, hace lo que debe, que es mucho mejor. No queremos un partido vigilado por mastines, la imagen es de Alejo, sino un partido de ciudadanos libres y valientes, respondones cuando haga falta, y disciplinados cuando se trata de defender algo acordado democráticamente en el seno de VOX. Y sabiendo, lo dice también Alejo, que cuando se sacrifican los principios a los votos, se pierden los principios, y también los votos. Que nadie se desanime, que nos queda una larguísima jornada, a veces amena, en ocasiones puede que amarga, pero siempre merecerá la pena luchar por lo que creemos y por nuestra querida patria, por España. 

Renfe vigila a los maquinistas

Renfe acaba de anunciar que gastará unos millones de euros en montar sistemas de vigilancia a sus maquinistas. ¿No se tratará de una maniobra de despiste más para centrar la atención en los errores humanos y olvidar otro tipo de errores más graves y lamentables? Personalmente, creo que hay que mirar en otras direcciones si lo que se trata es de analizar en serio el gravísimo accidente del Alvia de Santiago, hace ya casi un año. Renfe, Adif y los responsables políticos de hoy y de ayer tratan de centrar toda la responsabilidad en un descuido o negligencia del maquinista, y de ahí que rápidamente pudiéramos ver todos el vídeo del tren a gran velocidad momentos antes de descarrilar. Pero en esa responsabilidad no se acaba el asunto, ni siquiera ha empezado una investigación seria del conjunto de factores que propiciaron una tragedia, y es vergonzosa la irresponsabilidad del Congreso al no abordar este tema como lo que es, como una mayúscula chapuza en la que no hay un único responsable. La plataforma de víctimas del accidente está luchando por que se esclarezcan las causas, siempre son múltiples cuando existe una tragedia de estas dimensiones, y merece el apoyo de todos los españoles que no quieran conformarse con medias verdades. 

Democracia interna

La democracia interna puede parecer un imposible, y lo es para cualquiera que no comprenda que la política nunca puede consentir en hacer exactamente lo que cada cual crea, piense o quiera. La política es colaboración, atención mutua, debate civilizado, hablar y escuchar, y para eso existen los partidos, para hacer exactamente esa mediación que es imprescindible en las sociedades complejas: así funciona en los países con democracias sólidas y sociedades exigentes, en Inglaterra, en EEUU, en Alemania o en Finlandia. Aquí apenas hemos empezado y hay que hacerlo, empezando por no negar las dificultades y los problemas. Cuando no hay democracia interna se aplica el criterio del líder y a callar, y por ese camino se puede llegar, y siempre se llega, a lo que ahora tenemos, a hacer lo contrario de lo que se dijo, a mentir, a tratar de justificar lo injustificable. En cambio, mediante el debate razonable se pueden armonizar las distintas posturas que existan y encontrar la que más convenga a las convicciones y principios del grupo. Es claro que hay quienes piensan que un partido no puede tener opiniones, que todo lo que no sea defender sin la más mínima concesión lo que cada cual tiene por cierto no vale. Tenemos mucho que aprender: la política no consiste sólo en principios y en enfrentamientos, eso es lo que pensaban los comunistas, una lucha a muerte entre el bien y el mal, sino que requiere del diálogo, de la comprensión, del debate, de la negociación y la búsqueda de compromisos, y eso es una tarea que compete a todos porque es la urdimbre básica de una convivencia civilizada. Espero que aprendamos a hacerlo, respetando siempre el punto de vista ajeno al tratar de promover el propio, sin imposiciones ni dogmatismos que están fuera de lugar en un debate entre personas que comparten los principios que les han llevado a unirse para trabajar juntos por su patria. 

Vergüenza

Uno de los mayores embustes de la política entendida como mera gestión es que pretende marginar por completo los sentimientos que son tan motor de la acción, al menos, como las mejores razones. El ejemplo más fácil de reconocer es el del olvido del patriotismo, nunca se nos recuerda que tenemos obligaciones con la patria, con nuestros hermanos, sólo se nos dice que tenemos derechos y que el Estado nos los va a garantizar y eso, además de ser falso, desmoviliza completamente a los ciudadanos que pasan a esperarlo todo de los demás, en lugar de luchar por sí mismos, por ellos y para ayudar a todos, en especial a quienes más lo merezcan y más lo necesiten.
Otra cosa que se nos oculta es que vivimos de prestado, que somos irresponsables porque gastamos lo que no tenemos. A comienzos de 2009, el sector privado tenía una deuda insoportable, pero, el esfuerzo de todos, ha conseguido reducir la deuda privada en cerca de 380.000 millones de euros, casi un 40 por ciento del PIB de 2013. El sector público, por el contrario, ha incrementado su deuda en  unos 557.000 millones de euros, bastante más del 50 por ciento. A mi esto me da vergüenza, no quiero seguir contribuyendo a que, como españoles, vivamos a costa del ahorro de otros, de los finlandeses, los alemanes o los belgas. No solo me da vergüenza sino que me da miedo porque nos llevará, indefectiblemente, a la ruina colectiva. ¿Por qué sucede esto? Porque tanto Zapatero como Rayoy y Montoro son hábiles mintiendo. Lo que ya no entiendo bien es que los españoles que votaron al PP para acabar con  las políticas de ZP no se den cuenta de que no pueden seguir apoyando a quienes siguen haciendo lo mismo: por esto me fui del PP, porque me daba vergüenza contribuir a ese engaño miserable y aplaudir a quienes me proponen que los españoles sigan viviendo del engaño y gastando lo que no tienen. Por eso estoy en VOX. 

En Palencia, treinta años después

El jueves estuve en Palencia presentando VOX, como en 1982 estuve presentando el CDS. Ha pasado el tiempo, pero las preocupaciones son las mismas, España, la libertad, la democracia, la decencia, la convivencia, el progreso. Estamos mucho mejor, desde varios puntos de vista, pero estamos peor porque muchos españoles no le ven salida al estancamiento político y la corrupción que se han adueñado de todo. Contra eso hemos de luchar, a favor de la esperanza, sin miedo, convencidos de que lo decimos a los españoles será escuchado, porque no queremos engañar a nadie, sino ilusionar  de nuevo con un proyecto ambicioso, de libertad, de trabajo y de política transparente, patriótica y honesta. 

Policías y ladrones

En las películas americanas hay policías corruptos, pero siempre ganan los buenos, y si no ganan es porque los malos han sido muy listos, lo que no es poca moraleja. En las películas españolas, salvo excepción, los policías suelen ser torpes y horteras, así los imaginan los genios que han llevado a nuestro cine a la cumbre. Pero ahora la realidad, en manos de un ministro sorprendente, por decirlo suavemente, empieza a parecerse a esas caricaturas: resulta que los manifestantes pegan a los policías, y luego dicen que aquí no inventamos nada. Algo huele a podrido cuando los policías son las víctimas y cuando los agresores pretenden defender lo que realmente atacan, a la democracia y al pueblo. Estoy con la policía hasta cuando me multa, aunque en este caso, lo reconozco, un poco a disgusto, y por eso me parece lamentable que se deje a los policías a merced de los bárbaros, que los jueces se la cojan con papel de fumar ante los que han descalabrado a guardias y que esto pueda volver a suceder en cualquier momento, tal es el prestigio y el honor que se ha reservado a la violencia política en España. Es hora de acabar con eso y de que la policía sepa que puede confiar en todos nosotros porque actúa en nuestro nombre y para defendernos.

El definitivo adíos

Hace apenas unas horas que ha muerto Adolfo Suárez. Algunos recuerdan lo mucho que le criticaron quienes ahora le aplauden, yo creo que nunca es tarde si la dicha es buena, y que Adolfo Suárez se alegrará de esas conversiones tardías, incluso si un poco hipócritas. Él fue un gran político porque fue capaz de ultimar una gran tarea, y lo hizo acertando a representar el deseo de una inmensa mayoría de españoles que querían mirar hacia adelante y vivir en paz, hacer normal lo que debiera ser normal, convivir con libertad y respeto. Es obvio que hay quienes no le han hecho caso, ni entonces, ni ahora, pero Suárez sabía que la unanimidad no es de este mundo, en las democracias, por lo menos. Frente a la política que parece ejecutar un guión, Suárez tuvo el valor de improvisar, de atreverse a lograr lo que era casi imposible. Ahora tenemos delante unos problemas no mucho menores que en 1976. Espero y deseo que tengamos los políticos valientes y capaces, flexibles, cuando sea el caso, para que España no vuelva otra vez a embarrancarse, y es obvio que para evitarlo no basta con repetir cada día lo mismo, o con mirar para otro lado. Hay que tener convicciones, saber defenderlas, pelear por ellas, pero saber que el mundo no se cierra sobre nosotros, que existen los otros, y que, dentro de las reglas de juego de la democracia, hay que tratar de componer todas las fuerzas para que sirvan a la patria común, eso es lo que intentó hacer, con bastante éxito, el presidente que ahora nos deja. Hay que tener valor, como hizo él, para desembarazarse de fórmulas que ya se ha visto que no funcionan, y no tener la cobardía de refugiarse en los tópicos que tanto se repiten para que no veamos claro qué es lo que hay que cambiar, para acertar a hacer, una vez bien asentada la democracia,  una España más inteligente, más ligera, menos gravosa, capaz de progresar sin quedarse varada a la vera de la corriente de la historia. Entre todos tenemos que hacer real la España posible, eso es la política.