Ayer y anteayer tuve unas discusiones de sobremesa en torno al bipartidismo, sobre la muy extendida idea de que nuestro problema lo produce la ley electoral. Siempre suelo recordar que la ley acentúa, pero no impone el modelo, entre otras cosas porque son muchos los que siguen pensando que el sistema premia a los nacionalistas, idea errónea y grave equívoco político. Lo que premia a los nacionalistas es el absurdo cainismo de una izquierda, y de una derecha, dispuestas a pactar con quien haga falta, que suelen ser siempre los mismos, para evitar un acuerdo con el adversario al que previamente se demoniza. Lo curioso de este proceder es que luego, en el poder, salvo el breve paréntesis de Aznar y no en todo, la izquierda y la derecha interpretan la misma política, con muy ligeras variantes, sobre una partitura que es fruto del consenso socialdemócrata dominante, en Europa, Inglaterra incluida, y, cada vez más, en EEUU. 
Además hay bipartidismo en lugares con leyes electorales rotundamente distintas, como EEUU, Inglaterra, Alemania, Francia o España, de manera que el problema es un poco más complejo. De todas maneras está feo querer ganar los partidos amañando las reglas. La ley electoral española no está demasiado mal y cumple muy bien el cometido, esencial, de permitir gobiernos estables. Lo que está mal, rematadamente mal, es que los grandes partidos se hayan quedado con la democracia, la estén jibarizando de manera lamentable y nos tomen el pelo de forma tan desvergonzada, pero pueden hacerlo porque muchos españoles se limitan a ver la TV y a preguntarse sobre la vida y milagros de seres perfectamente inanes, mientras se olvidan de que no se puede vivir eternamente de la sopa boba, y, algún día, si no cambiamos, todos lo pagaremos muy caro.
En resumen, nadie obliga a los españoles a votar al PSOE o al PP, podrían darle la mayoría a otros y ojalá lo hagan. 

Tecnología e imaginación

Otro éxito del PP de Rajoy

En su estela de admirables aciertos el  PP ha conseguido, lo que no es poco mérito teniendo mayoría en el Congreso y dos tercios en el Senado, que el CGPJ esté en manos de sus enemigos, además de que lo han constituido completamente al margen del espíritu constitucional. Se hace el programa del adversario, y se le entrega el poder, es todo un plan, todo menos construir una democracia liberal que podamos admirar, es peligroso.   
Viernes negro, seguimos innovando

La obscenidad

Todo lo que se relaciona con el nombramiento de los miembros del CGPJ ha sido particularmente obsceno. Se ha pasado del erotismo a la más cruda pornografía: son gentes de partido, y serán obedientes obedientes a lo que haga falta, que de eso se trata. La obscenidad no se ocupa ya ni de las apariencias: unos cuantos están familiarmente relacionados con sus padrinos, esposas, primos y demás ralea. Y encima el carota del ministro de  Justicia dice que el proceso está dotado de una doble legitimidad. Todo produce un asco profundo, es una burla de la democracia y de todos nosotros que no somos nadie, a ver si nos enteramos. 
Tecnologías del dinero

Mentir de memoria

La tolerancia española hacia la mentira es muy alta, y hacia la mentira escrita mayor, porque se lee muy poco y ¿a quién le importa? Ahora se han puesto de moda las Memorias, Aznar, Felipe, Solbes, Zapatero y me parece que en alguna de ellas brilla más el empeño en autojustificarse, ya se sabe cómo, que la verdad que se recuerda, menos el testimonio que la reconstrucción. No me extraña habiendo tan poca tradición memorialista, pero ya es pena que algunos empiecen por la pura apología y acaben en el bulo, tanto nos respetan. 
Amazon prepara un nuevo e reader

El PP y la democracia

La salida de Santiago Abascal del PP, muy generosamente explicada en una carta que recogió El Mundo, plantea de nuevo la pregunta de la compatibilidad entre la democracia y la forma de funcionamiento de los partidos. A mi me preocupa en especial el funcionamiento del PP, la constatación, cada vez más nítida, de que a muchos de sus dirigentes les parece que lo de la democracia interna es una coña. Yo no lo creo, y afirmo que ese es, precisamente, el origen de todos los males, del PP y de la peculiar situación política española, tan bloqueada, tan absurda que está apunto de suceder que los socialistas rebasen en intención de voto al PP, después del desastre de ZP, y, sobre todo, porque eso está sucediendo cuando el PP hace lo que debería hacer un PSOE medianamente aseado. Este peculiar vodevil entre apenas 100 personas es lo que aquí se entiende por democracia y, como no hay democracia real, los 100 de la trama son muy malos, pero que muy malos: está a la vista y hay que remediarlo. 
Controlar a Google Now

Lo que cuesta un Rajoy

Si El Mundo no se equivoca, y me temo que no, la deuda pública española por habitante ha subido de 43.000 euros a 56.000 en sólo dos años. Cada español o española tendrá que pagar en algún momento, además de los impuestos directos e indirectos que ya ha pagado, 13.000 euros adicionales por este bienio de buen Gobierno. De seguir así las cosas llegaremos directa e inmediatamente al paraíso del proletariado por un procedimiento que ningún Marx podría haber imaginado, y Botín sin enterarse. 
Literatura infantil

Disculpas en nombre de Rajoy

Los jefes de Moncloa y de la prensa afín no deben ver muy claro el panorama cuando menudean las acusaciones de deslealtad hacia todos aquellos votantes, militantes y dirigentes del PP que no comulgan con las políticas de Rajoy ni con sus explicaciones, por llamarles algo, sobre la corrupción y la no existencia de una caja B que acaba de dar por muy verosimill un auto del juez Ruz, que no es ningún Garzón. ¿Deslealtad? Hay que preguntarse quién fue el primero, y explicar las razones por las que, personas suficientemente independientes y que no dependen para nada de la sumisión al capo, o que tienen valor bastante como para decir lo que piensan, debieran comulgar con ruedas de molino en lugar de actuar en consecuencia con lo que creen. Les echarán la culpa de la derrota, pero no hay mayor derrota  que hacer la política del adversario y torear  a los propios, en nombre de lo que fuere. 
Mercados y lectores

Atado y bien atado

Así queda el Consejo General del Poder Judicial en manos de los partidos, para que nada escape a su poder. Luego dicen que todos los males vienen de la Transición: el  único mal que realmente padecemos es justamente el de traición al ansia de libertad que supuso la Transición, un neofranquismo institucional, de unidad de poder y coordinación de funciones, después de la democracia, controlarlo todo, ahora que ya no se nota tanto, pero se nota, y mucho, que de la democracia no van quedando ni las raspas en manos de algunos. 

Los políticos

La imagen de los políticos continúa deteriorándose, y no creo que pueda considerarse injusto. Pero creo que hace falta que muchos se preguntan qué hacen para evitar esa plaga de malos políticos, de personajes mediocres, de aprovechados y corruptos. Me temo que la mayoría se limitará a maldecir, pero habría que encontrar la manera de hacer algo más positivo. Para empezar, propongo no solo criticar, sino elogiar, especialmente a los adversarios que no sean desesperadamente malos. Una de las razones por las que los políticos pueden ser unos mantas es porque gozan del beneplácito incondicional de los suyos, por el mero hecho de serlo. Pero, además de constatar que muchos políticos no son nuestros sino suyos, si empezamos a preferir al adversario bueno frente al correligionario pésimo puede que logremos algo: no hay que empeñarse en que todos los adversarios son de lo peor. ¿Se imaginan, por ejemplo, lo bien que podría irnos si el PP hubiese tenido un líder con el arrojo de Zapatero? Sé que es una pregunta irritante, pero piénsenlo un poco y verán que no está tan mal traída. 
El porvenir de Telefónica

Los idiotas

Un problema de la democracia son los idiotas, en realidad son un problema de la vida, pero en la democracia se notan mucho. No es, simplemente, que abunden, es que tienen gran éxito, tal vez por lo que les sacan en las teles, para solaz de los muchos. Cualquier idiotez tiene grandes posibilidades de prosperar y es muy difícil que en nuestro inventario de opiniones no se nos hayan colado unas decenas de estupideces. La única manera de no ser idiota full-time es estar preocupado por no serlo, desconfiar, dar un par de vueltas a lo que se nos cuenta, no creerse casi nada, y desconfiar de lo que se nos ocurre  antes de haberlo sometido a una buena inquisición de memeces, que no siempre funciona. No se consigue erradicar del todo a la tontería, pero, con tiempo y paciencia, podemos conseguir minimizarlas. 
Internet y los idiotas