Las comparecencias

El Congreso ha vuelto a ser puro teatro, del malo. Las comparecencias de los gerifaltes ferroviarios han sido una mezcla del libro gordo de Petete y del Pío Pío que yo no he sido, aunque han servido para aclarar que lo primero que hicieron al enterarse del accidente fue preocuparse por las víctimas, lo que dará lugar, sin duda, a una historia de gratitud interminable por parte de ellas y de todos nosotros. Lo de la Ministra será apoteósico, visto lo visto. Un ambiente de tongo solo roto por chapuceras intervenciones de los que no están en el tinglado, pero estudian poco y no se enteran de nada, Los españoles podríamos intentar algo intermedio entre la algarabía contestataria del Prestige, sin un muerto que yo sepa, y el homenaje silencioso y solidario a las víctimas un accidente del que nadie es responsable, salvo un pobre maquinista que pasaba por allí, aunque tampoco en su mejor momento. España está acostumbrada a comer basura y resistirá también esta ración, un buen entremés para volver a lo de Bárcenas con el estómago preparado.

Contra el caos, si se pudiera

El cainismo

El discurso de Rajoy fue puro cainismo, el tú más en vena. ¿Funciona? Sí, al parecer, para los que viven del negocio y  esperan cada nuevo día como un paso más ante un futuro oscuro, pero no creo que la sociedad española esté dispuesta a dar ese definitivo paso atrás, a convertirse en una especie de Italia con un Berlusconi, sin gracia ni poder propio, a la española. No creo que funcione, pero me parece que ese es, de momento, el plan. Espero que lo desbaraten una triple combinación de resultados electorales pésimos, en forma de previsión, cuando la curva del PSOE está más alta, por poco que sea, que la del PP, noticias y revelaciones en manos de un cocinero notable y de varios pinches, y una perspectiva económica en la que la bonanza puede estar demasiado lejos, todavía. Y en el exterior, el entusiasmo con los milagros y las tretas del equipo A, Gibraltar, Carromero, es perfectamente perceptible. Es lo que hay.
Jeff Bezos compra el Whasington Post

Sobre el éxito de Rajoy

Hablando con algunos amigos que entienden, para mi asombro, que Rajoy estuvo muy bien en el último debate, suelo decirles que no explicó nada de lo que tenía que explicar y, entonces, me replican que machacó a Rubalcaba. A parte de no ser del todo cierto, lo que les hago ver es que los aplausos a las citas de Rajoy con textos de Rubalcaba no dejan de ser aplausos a las explicaciones felipistas del GAL o de Filesa, y cuando les digo eso se cabrean, pero es lo que es, así que ya a se ve que es un éxito un poco raro. El PP está empezando a ser el PSOE de la derecha, una máquina sin alma alguna, con un patriotismo de partido que es, en realidad, una moral mafiosa y despótica.
Si pierdes tu Android

Ad calendas graecas

La política no solo hace extraños compañeros de cama, sino que tuerce las evidencias, de hechos hace versiones, glorifica los diálogos de besugos en que usted me pregunta lo que quiere y yo le contesto lo que me da la gana, y es capaz de prorrogar al  infinito la resolución de lo que parece inaplazable. La eternidad es el día a día cuando por medio hay vacaciones, y la esperanza en que el prometido bienestar creciente  haga olvidar al público sus anhelos de limpieza.
Lo malo de las calendas griegas es que dependan de algún astrólogo incontrolado. Así, el gobierno y el grupo que le sigue disciplinadamente, han obtenido un aplazamiento de algo que podía parecer inminente y eso les ha sabido como agua en boca seca, pero no es fácil que se engañen sobre la naturaleza de los peligros que les acechan. Para empezar, es raro que una sesión como la de ayer no haya podido tener lugar, con mejores pronósticos, hace ya varias semanas. Esta resistencia a los controles, aunque se superen con éxito, es indicio de falta de confianza, de certeza en que hay que racionar las recursos de que se dispone para llegar a Ítaca, que no son excesivos.
La oposición fue incisiva, pero sin pasarse. Como no se olvida de la aritmética, era consciente de que Rajoy no iba a caer rendido y proyectó un cálculo de ataques que tal vez no haya sido demasiadamente inteligente. En lugar de buscar la yugular, sea por pacto, por cálculo o por piedad, se dedicó a una descalificación de fondo que pensaron les sería más rentable en el medio plazo. El razonamiento es muy simple: la pieza no puede cobrarse, pero podemos hacer daños estructurales y provocar un entusiasmo superficial y cegador en los equipos de apoyo que se vendrá abajo cuando se evalúen los daños en la retaguardia y los sistemas de provisiones, o sea, en el voto. El problema está en que en los estados mayores de Rajoy hay quien cree que se puede emular a Berlusconi, veinte años a la espera de sentencia, y justamente con los mismos procedimientos, justicia laberíntica, prensa controlada, unidad férrea y algo de simpatía, aunque esto último pueda resultar un poco más arduo.

Rajoy se marcha a descansar y todos harán lo propio, como si aquí no pasase nada. El frente contrario esperará también a que el publico esté más atento, así que quedan semanas de sosiego, pero después empezará de nuevo el pedrisco, las noticias judiciales, las encuestas, los nuevos testimonios, las preguntas más precisas, y tal vez la economía no acompañe o tal vez resulte insuficiente para capear el temporal. Los muros de la fortaleza se saben agrietados: la discusión es si la herida puede ser el broche o, más bien, la brecha por la que empiece a vaciarse el poder de que disfrutan.
La voz sirve para mandar

La España de Quevedo

Un hermoso artículo, en La Vanguardia, de Juan José López Burniol recuerda, con la vieja esperanza de los buenos españoles, que la vida siempre sigue, y lo recuerda al hilo de una estupenda, y breve, reconstrucción de la aguda percepción quevediana de que algo irremediablemente malo estaba corroyendo lo que pudo, por un tiempo,  ser un imperio admirable. Se trata de un paralelo, evidentemente, pero Quevedo tenía razón porque era un pesimista lúcido. Aquí hay quienes no perciben todavía que algo irremediable está en marcha, aunque yo, como el culto notario catalán, siempre confío en la vida, gracias a Quevedo, entre otros.

Un teléfono nuevo

De partido a mafia

La diferencia entre una mafia y un partido democrático es muy simple: en las primeras no hay otra ley  que el silencio y la lealtad al que manda; en los segundos, hay que asomarse al mundo exterior, las leyes vigentes se toman en serio y son los electores, sus deseos, sus creencias y el contrato electoral el que puede regir la conducta del partido y de sus miembros. Vista esta pequeña pero sustancial diferencia, analícese lo que pasa y que cada cual decida lo que hay que hacer. El porvenir de la democracia no depende de lo que vaya a pasar, sino de lo que queramos hacer. La lástima es que las mafias son invenciones autóctonas, mientras que los partidos siempre han sido un poco exóticos, pero alguna vez habrá que cambiar esto, digo yo. 

Música en Google

Rajoy en el Parlamento

La sesión dedicada a Bárcenas se puede resumir muy fácilmente: sabedores de que Rajoy no va a dimitir, sus adversarios se han decidido por mantener el debate abierto, por amagar, más que por dar, y le han perdonado a Rajoy que no contestase a preguntas que se han formulado, pero como de pasada. Rajoy es un buen parlamentario, visto lo que hay, y ha ganado tiempo, una vez más. Sería absurdo que convocase elecciones, y una segunda investidura, que sería lo normal en cualquier país, tendrá que esperar a que los del PP vean que con Rajoy van al desastre, si es que llegan a verlo, que creo llegarán. Además está el proceso judicial, que puede deparar ingratas sorpresas, pero mientras la mayoría del PP sea rocosa, aun siendo indecorosa, habrá poco que hacer. 

El día de la X, de Motorola

El intermitente del AVE

Algunas noticias sobre el accidente ferroviario se dan como si los trenes se condujesen igual que los vehículos de carretera. Es increíble, por ejemplo que se haya dado como noticia que alguien le diga al maquinista que entre por la vía 2, como si el maquinista pudiese escoger, cambiar de vía… y olvidarse de poner el intermitente. Todo ello está sirviendo muy bien para ocultar tres asuntos realmente decisivos: cuál fue el fallo desencadenante, no el maquinista ni la mera velocidad, si los sistemas de seguridad son los adecuados, y si es lógico que este tipo de tren, una especie de todoterreno del ferrocarril, pueda circular con tamañas velocidades y carencias, porque, al parecer, no llevan el sistema de seguridad de la alta velocidad, pese a poder alcanzar los 250 km. hora. 

Office para Android

Curiosa manera de entender la patria

Creo que las reacciones en torno al accidente de Santiago han sido más o menos mesuradas, correctas, pero me preocupa que algunos traten de considerar como escasamente patriótico la exigencia de mayores precisiones en torno a las causas del accidente, sin cargar toda la responsabildad del caso en el despiste que el maquinista ha confesado. Hay que ser valientes para preguntarse cosas que algunos puede que no quieran que se sepa, esas son las que tienen mayor interés, y hay que hacerlo siempre con mesura, sabiendo que la seguridad perfecta es imposible y que un fallo humano puede ser siempre fatal, pero debe quedar claro el contexto en el que ha sucedido todo y las razones que lo han hecho posible, y, luego,  inevitable. Se lo debemos a las víctimas y a  nuestra patria. 
De nuevo sobre la lectura

Bipartidismo

Nuevas encuestas pronostican grandes caídas de voto en el PSOE y el PP, y esto no ha hecho más que empezar. Sin embargo, me parece un error ver en esto el final del bipartidismo, que es prácticamente inevitable con la ley vigente. Tal vez pudiera pasar que los dos grandes partidos fueren otros, pero creo que eso no sucederá. El arbitrismo no sirve para nada, salvo para que se desgañiten los arbitristas. 

Así está la cosa