Cebrián y los políticos

Hay  un notabilísimo paralelismo entre la crisis del sistema y la crisis de Prisa. Cebrián se sigue forrando mientras su ineficiente y pretencioso imperio se desguaza y se hunde, entre otras razones porque  él se lleva en su sueldo un alto porcentaje de los ingresos del grupo. Pero él aguanta. Ese parece el ideal de algunos políticos: el sistema hace aguas, los españoles ya saben que  hay que cambiarlo, hay sensación de caminar hacia el abismo, por fuera y desde dentro, pero algunos pretenden hacer el Cebrián, que nada cambie para que todo siga igual. Pero no va a poder ser, y se va a ver muy pronto.


La Universidad del futuro

Fuerza y valor

López Burniol escribe una columna en La Vanguardia sobre la honra de España con la que estoy bastante de acuerdo (discutiría la idea de federalismo que defiende, aunque creo que es él quien se expresa de manera un tanto impropia en este punto, que recientemente he aprendido a valorar mejor). El problema de fondo consiste en que la democracia española de 1978 ha tratado a los catalanistas como si fuesen leales a un proyecto común, y han demostrado que no quieren serlo. Lo que ahora toca es defender nuestra democracia y el estado de derecho, por débil que sea, aprestarse a no consentir una secesión por la bravas, dando muestras muy claras de que no se tolerará, y poner en negro sobre blanco las condiciones en que podría llevarse a cabo una secesión pacífica y acordada, previa fehaciente comprobación de que esa fuere la voluntad ampliamente mayoritaria de los catalanes. Urge empezar a hacer las cosas bien tras décadas equivocadas, si bien no por nuestra culpa, o no enteramente, al menos. 
¿Crecen los enanos en el circo de Jobs?

Un juez español

Andan muy errados los que creen que en España escasea la invención. No es verdad, lo que pasa es que hay mucho envidioso. Repárese, por ejemplo, en el fulgor de una figura mítica, una singularísima creación del genio de la raza, lo que podríamos llamar, exagerando un poco por el entusiasmo que nos produce el hallazgo, un juez español. Tal Pedraz, un imposible si no hubiese existido previamente el gran Garzón, esa luminaria  a la que la envidia organizada de los mediocres y grises magistrados, esos que se creen que han de limitarse a aplicar las leyes, quiso confundir con un delincuente. Pero Garzón ha sido algo más que un antecedente: es un ejemplo, un paradigma de lo que puede llegar a ser un juez español. 
Fijémonos en Pedraz, en su insólito valor para hacer justicia, en la  capacidad de advertir la verdad profunda por debajo de las apariencias que entontecen a las masas incultas. Parecía haber existido un intento organizado de asalto al Congreso: no y mil veces no.  Lo que ha ocurrido es que unos políticos decadentes han ordenado a una policía bárbara que reprima injustamente a unos civilizados ciudadanos que se habían reunido a dialogar platónica y pacíficamente en los alrededores de una plaza. 
¡Que gusto, qué seguridad! No cabe exagerar la magnitud del invento. Garzón y Pedraz son a la ley como Newton y Einstein a la Física, puro esplendor. Gracias a ellos sabemos que las leyes no están para ser aplicadas, eso es una vulgaridad. Los jueces españoles han descubierto que las leyes sirven para hacer lo que a uno se le ponga, sobre todo si es juez. ¡Viva la libertad, la gracia y el ingenio de estos jueces españoles!
El destino

El déja-vu de la Historia

La verdad es que sorprenden, y no para bien, los paralelismos entre la España de hoy y la de hace cien años; se ve que hay carencias de nuestra cultura política que no son nada fáciles de superar, pero, de cualquier modo, las posibilidades ahora mismo son mucho mayores que las de comienzos del XX, y hay que esperar que los resultados sean mejores, además de que, por descontado, no haya guerras, ni las europeas ni las nuestras, ambas muy improbables. 
Tal vez lo que más llama la atención es la escasa audiencia que tienen los disidentes del esquema dominante, o, dicho de otro modo, que los disidentes de ahora parecen más anti-sistema, siempre dispuestos a golpear,  que mentes propensas a pensar en soluciones, y que los intelectuales de ahora, a diferencia de los que fueron disidentes por entonces, los Ortegas, Unamunos, Maeztús, etc., están más escondidos y silentes, tal vez porque el problema sea más difícil, tal vez porque el ruido nos impide escuchar lo que piensan. 
Mi impresión, en cualquier caso, es que la mayor diferencia está en la clase política; la de la crisis del 98 tenía un nivel medio superior; estos de ahora, con eso de que los hemos votado parecen sentirse dispensados de pensar, algo que siempre hay que hacer por cuenta propia, al margen de las posiciones de partido.
Con Woz llegó el escándalo

La política ceremonial

La reunión de presidentes de Autonomías ha sido una tomadura de pelo, una falta de respeto al respetable, que ya está muy mosca. Nuestros políticos se mueren por una foto, mientras la España real se desangra por falta de ideas y de valor.  Tiempo de fantasmagorías, hay que esperar que no acabe por convertirse, otra vez, en un tiempo de tragedia. Hay que evitarlo, y está en nuestra mano ,porque sería un disparate tirar por la borda los años de progreso, que los ha habido. Pero tanta frivolidad puede llegar a ser insoportable, y a hacer que se desaten más demonios de los que conviene. 

La batalla de los tamaños

Declaración de la plataforma reconversión.es sobre la agresión al orden constitucional promovida por los partidos separatistas en el Parlamento catalán

Los partidos separatistas catalanes, CiU, ERC, ICV y SI, han aprobado una resolución en el Parlamento de Cataluña el pasado 27 de septiembre que representa una grave agresión al orden constitucional y que anuncia la celebración de una consulta completamente ilegal en relación con una quimérica autodeterminación, con posterioridad a las elecciones autonómicas del próximo 25 de noviembre. Este hecho sin precedentes en un Estado Miembro de la Unión Europea, en la que rige como principio básico el de lealtad institucional, lo que implica el respeto escrupuloso al Estado de Derecho, constituye un acto de ingratitud, de insolidaridad y de irresponsabilidad.
De ingratitud, por la falta de reconocimiento del inmenso esfuerzo realizado en España a partir del pacto de la Transición para descentralizar el Estado y reconocer los hechos diferenciales.
De insolidaridad, por acometer semejante maniobra de debilitamiento de la imagen de España en la esfera internacional cuando más necesario es inspirar confianza y demostrar estabilidad en momentos en que millones de nuestros compatriotas sufren las consecuencias de la crisis.
De irresponsabilidad, por las imprevisibles consecuencias de un proceso de vulneración de la legalidad de esta naturaleza, que puede abocar a Cataluña y al resto de España a un conflicto interno, que nadie desea, y a un largo período de empobrecimiento material  y moral.
Ante un desafío a la Nación de esta magnitud y que le causa un daño tan considerable, el Gobierno tiene la obligación ineludible de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes vigentes, aprobadas democráticamente por el pueblo español en su conjunto, sujeto único e indivisible de la soberanía nacional. Por consiguiente, el Gobierno, en el caso de que la anunciada consulta se convocase por parte de la Generalidad de Cataluña, deberá aplicar sin la menor demora los artículos 161.2 y 155.1 y 2 de nuestra Norma Suprema, el primero para suspender una convocatoria flagrantemente contraria al ordenamiento en vigor, y el segundo para proceder, previa conformidad del Senado, a la inmediata intervención de la Comunidad Autónoma de Cataluña en los términos previstos por la ley al haber tomado sus autoridades una medida inequívocamente contraria al interés general de España con evidente vulneración de sus obligaciones. 
El Gobierno de la Nación no puede dejar abandonados a los ciudadanos catalanes en manos de quienes violen la Constitución, las leyes y la esencia de la democracia. 
El Gobierno de la República, en el Decreto de 7 de octubre de 1934 por el que declaraba el estado de guerra para atajar la revolución en Asturias y la proclamación del Estat catalá por Lluis Companys, afirmaba: “Todos los españoles sentirán en el rostro el sonrojo de la locura que han cometido unos cuantos”. Tres años después, Manuel Azaña tomaba nota en su Diario en mayo de 1937 de “las muchas y muy enormes y escandalosas pruebas de insolidaridad y despego, de hostilidad, de chantajismo, que la política catalana ha dado frente al Gobierno de la República”. Algunos insensatos pretenden que la Historia vuelva a trazar un bucle desastroso y es deber sagrado del Gobierno evitar que se reproduzca la tragedia pretérita cortando de raíz la presente farsa con todos los medios que le presta su legítima autoridad. Cualquier Gobierno que no procediese de este modo perdería inmediatamente su legitimidad ante los ciudadanos y cualquier forma de respetabilidad en el concierto internacional. 


Sentimientos y leyes

Los separatistas catalanes juegan obscenamente con dos sentimientos básicos: el de identidad y, sobre todo, el miedo. El primero tiene, como todos, una base perfectamente real, pues, en efecto, Cataluña no es Castilla, aunque España no haya sido nunca más castellana que catalana. El miedo hace que ese sentimiento se convierta en una espiral imparable, en un arma de poder. Pero  ¿qué miedo? Para empezar, el miedo de los catalanes no separatistas a quedar ahogados en una Cataluña hostil, lo que lleva al camuflaje del charnego (a quien no se llama así para que no sea consciente de lo que es, y de serlo), y, sobre todo, el miedo absurdo y culpable del PP y del PSOE, a que se les eche la culpa de todo, de manera que su claudicación acaba  por hacer que las mentiras circulen como verdades indiscutibles: que los españoles somos opresores, vagos y ladrones, mientras que ellos, los  verdaderos catalanes son  limpios, honestos y laboriosos, y que si se quedan con un 3%, que algo habrá subido, es para impedir males mayores.
Para evitar que se formen comunidades supuestamente enfrentadas, se consintió que la lengua catalana expulsase a la española de la escuela, de la administración y del imaginario del prestigio y del poder; para evitar no se sabe exactamente qué, se permite que se incumplan las sentencias; para evitar que se nos llame lo que fuere, se consiente a los separatistas que vejen nuestros símbolos y sentimientos.  El miedo trae más miedo, y la victoria sobre los cobardes acrecienta el poder que obtienen con su disimulada violencia.  
Ahora el Parlamento catalán acaba de aprobar una resolución manifiestamente ilegal, y todo lo que se le ocurre decir al Gobierno es que tiene medios para evitarlo, pero para no asustar a nadie no dice cuáles: una muestra más de quién manda en Cataluña, y de que allí no hay otra ley que la que dicten los Pujoles. No todo está perdido, pero no se puede seguir así.
Mal comienzo

Homenaje a Cataluña


En el blog de Arcadi Espada hay un video con un discurso de Albert Rivera en el Parlamento de Cataluña que es una pieza formidable, un discurso que me habría gustado hacer, algo muy fuera del alcance de tanto funcionario metido a político y convertido en agente de un mandamás. Esto es democracia, señores, y Cataluña no se merece menos, España tampoco. 

Algo huele a podrido

Sin compartir ni por medio segundo la estrategia de ocupación, rodeo, concentración, o lo que fuere, del Congreso, creo que es muy miope no ver que esos movimientos, que tal vez sean menos completamente espontáneos de lo que se supone, dejan ver, como pasó con el 15 M, un desarreglo de fondo, un divorcio real entre las instituciones y los ciudadanos. Ese es, a mi gusto, el problema número uno, porque hace posibles todos los demás que, con una democracia menos amojamada, mentirosa e hipócrita se evitarían, librándonos de muchos disgustos y de un futuro tan negro com el que nos tememos. Más democracia, siempre más democracia, sin subterfugios, con libertad real, sin tener que comulgar con ruedas de molino. Por cierto, ¿qué hace el ayuntamiento de Madrid contratando a 1600 nuevos empleados?
Obviamente nos engañan