Decepción tras decepción

El gobierno intenta salir adelante, pero sus medidas suscitan la decepción casi universal; las de la izquierda porque para eso está; las de sus votantes más liberales porque siguen haciendo lo que debiera haber hecho un ZP más sensato, pero nada distinto. Las de los economistas independientes, si es que existe algo como eso, porque no acaban de ver cómo vaya a ser posible el plan que el presupuesto sugiere. Se antoja muy difícil que esto pueda salir bien. Un ajuste sin política es un cuadrado redondo. Una llamada a la normalidad cuando el país está abierto en canal es una retórica muy pobre. Este gobierno necesita una melodía distinta y cuanto más tarde en entonarla, más rotundo y rápido podría ser su fracaso. 
Universidades y librerías

Signos de ipotencia

El gobierno debe tener cuidado para evitar que sus gestos y decisiones no anulen sus propósitos, me refiero a los proclamados. Lo de la amnistía suena realmente mal, y la falta de valentía para concretar unas reformas, aunque sean en modo de promesa y de estudio, que atajen de verdad el mal del exceso de peso del Estado, y de sus excrecencias de todo nivel, amenaza con que, si no se produce un milagro económico, el gobierno pueda encontrarse en una situación muy comprometida a menos de un año de las elecciones, y por no hacer nada, más que por hacerlo mal. 
Leyendo en el parque

La valoración de la huelga

Creo que la fuerza de los sindicatos es enteramente residual y que se nutre no de que convenzan a nadie sino de ese residuo absurdo de idolatría de la violencia y la insumisión, de la rebelión (re-bellum) etimológicamente entendida como el volver a la guerra de todos contra todos. Estoy, por tanto, en contra de la interpretación de que los piquetes violentos y los anti-sistema son ajenos a la huelga: en realidad son los que mejor interpretan lo que hay detrás, algo que es jugar con fuego y que podría llegar al incendio grave. No es razonable que se use ninguna especie de violencia para combatir una norma que tiene el apoyo del Parlamento, y menos para amenazar chulescamente con no parar hasta que se haga lo que estos señoritos quieren. Así es, por más que miremos a otra parte. 
La tableta de Google

Este blog no hace huelga

Son muchas las razones, pero la principal es que la forma en que los sindicatos conciben la huelga me parece un acto plenamente antidemocrático que fía su éxito a la violencia posible, que a Dios gracias no pude ser mucha, y a la coacción, nunca a la persuasión ni al argumento. es posible, no me atrevo a negarlo, que en otros momentos eso fuese justificable, ahora me parece un privilegio absurdo y retardatario, de modo que no haría huelga ni aunque me pareciese justificada, lo que, desde luego, no es el caso. Aprovecho para recordar a que habría que acabar de una buena vez con los privilegios corporativos de los sindicatos que son directamente contrarios a los intereses reales de los trabajadores, de los que viven directamente del salario que ganan en un mundo que no deja de ser difícil y lleno de trampas para ellos, pero los sindicalistas al uso no se ocupan de esas pequeñeces. 
Libros digitales

Las almas bellas

Siempre me ha llamado la atención que el número tan alto de almas bellas no sea capaz de ahogar, aunque se pueda emplear una expresión más suave, la abundancia de desastres. No digo que los aumenten, ni que sea mala en sí misma esa abundancia, pero me cansa oír los reproches de los bien pensantes, sobre todo  porque suelen no enterarse de nada. 
Edición en papel

Gala tronado

Siento que esté enfermo, pero me parece que el  comentario de Antonio Gala en su «Tronera» de hoy en El Mundo es de las cosas más necias, populistas y obscenas que he leído en mi vida. Se regocija del resultado andaluz, está en su derecho, y acaba celebrando una soleá que dice algo así como «no soy ladrón, pero me tira robarle al gobierno». Que un personaje tan elemental y oportunista pueda ser un faro de nuestra cultura explica  bastante bien lo que nos pasa, y las razones de fondo de la debilidad de la derecha: robarle al Gobierno, ¡con dos narices!
Cables, ¡qué lata!

Lo peor de la derrota

Se dice que las derrotas no tienen padres, pero tienen muchas consecuencias, sobre todo si no se analizan bien. La decepción del PP de ayer no puede ser disimulada con análisis estadísticos para proclamar una victoria histórica, y, además, los políticos hacen muy mal en creer que los demás seamos tontos. El caso es que Rajoy ha tropezado con la primera piedra, y puede tropezar  en muchas más si no analiza bien lo que ha pasado. Arenas no es el único culpable, no mucho más que otros: la culpa es de una política sin garra y con mucho disimulo. Habrá que examinar mejor los datos, pero me parece evidente que los casi medio millón de andaluces que votaron al PP en noviembre y ahora no lo han hecho tienen razones para haber actuado así, tantas como para no echar la culpa al empedrado. El juego de dar la espalda a los incondicionales para halagar a los extraños pasa factura, afortunadamente para la democracia.

Machado, el terrorismo y la técnica

En Francia un terrorista de Al Quaeda hace unas matanzas, y se organizan manifestaciones contra el racismo. No es que manifestarse sea, en si mismo, un prodigio de lógica, pero habría que cuidar un poco las apariencias. Leo un libro sobre la técnica y es, como de costumbre, un libro contra la técnica. Este tipo de cosas me recuerdan lo que decía Juan de Mairena a propósito de un discurso contra los banquetes, que era, en realidad, contra la humanidad a propósito de los banquetes. Hay que reconocer que los prejuicios son casi invencibles y que Descartes anduvo muy fino cuando veía la raíz del error en la voluntad, eso creo. 
Más de redes

Otra vuelta de tuerca

Sobre liberales y absolutistas. En mi columna de El Confidencial escribí sobre este asunto y noté, con cierto regocijo, que algunos lectores, seguramente progres, pero es posible que también de otro tipo, se sentían molestos con mi analogía entre la derecha radical de antaño y la izquierda contemporánea. Como toda analogía es parcial, pero hay dos ángulos en que creo que es atinada: el desprecio de ambos extremos hacia la libertad, en general, y, en especial, a la libertad de pensamiento, y el miedo al futuro, el fondo conservador, del antiguo régimen, por llamarlo de algún modo, antes, del estado de bienestar, ahora. Mi recomendación más simple para entenderlo es leer a Pérez Galdós. 
cansados de las redes