El alcalde okupa

El alcalde de Parla, ciudad tranviaria, ha decidido encerrarse en el edificio de la Puerta del Sol, sede del gobierno de la Comunidad de Madrid, para que la comunidad le pague el tranvía que no puede pagar el Ayuntamiento que él preside. Me descubro ante la creatividad política del insigne alcalde. ¡Encerrémonos todos al grito de que me paguen lo mío! Así se acabaría muy rápido con la injusticia,  la indignación se convertiría en una fuerza positiva, y, seguramente, conseguiríamos acabar incluso con los financieros perversos que ponen los mercados en nuestra contra. En Parla no tienen un alcalde, tienen un profeta. 
Una calle para Jobs

Despedida y cierre

El Gobierno de Zapatero no se piensa ir sin dejar buenas muestras de que es un gobierno progre, disminuido por las circunstancias y los mercados, pero  como Dios manda. Lo del Valle de los Caídos, el premio a Sampedro y los nombramientos de última hora para agradecer el sacrificio de los más fieles dejan una impronta clara de la idea que se hacen de sí mismos. Gestos, ademanes, impotencia: el mundo sería de otro modo, de poder ellos. A dividirse, entre lamentar que no puedan, o que eso crean. 
Dos mundos

El PSOE ante el abismo

Las reuniones formales de los partidos políticos suelen ser unos auténticos monumentos al eufemismo, pero la última reunión del Comité federal ha roto el récord del disimulo porque tanto unos como otros se han empeñado en echar la culpa de su derrota al empedrado.  El todavía secretario general del PSOE y presidente en funciones ha vuelto a dar una prueba más de su agudeza política al culpar a la crisis de la grave electoral de su partido; es cierto que admitió ciertos defectillos en la gestión de su gobierno, pero la responsabilidad, como siempre que un socialista fracasa, le parece que es de los demás. Como el PSOE ande tan clarividente en relación con su crisis como lo ha estado su secretario general no acertará a recuperarse en un horizonte razonable.  
Los socialistas harían bien en ser autocríticos, en aplicarse a sí mismos un cierto porcentaje de la crítica  implacable que siempre reservan para los demás. No es cierto tampoco que Zapatero sea el único responsable de cuanto ha sucedido, porque el partido entero, del primero al último, le siguió de manera mansurrona y zalamera en todos y cada uno de los innumerables disparates que ha perpetrado en sus años de mandato. Los estropicios causados por Zapatero han sido numerosos y de difícil reparación, pero no será el menor de ellos el daño que ha causado a su partido, eso sí, con el irresponsable aplauso de la totalidad de sus dirigentes que ahora se disponen a pelarse por gobernar los restos del naufragio.
El menor de los problemas del PSOE es la inexistencia de un verdadero liderazgo alternativo. La verdad es que lo que los españoles que antes le votaron han abandonado es una política, no simplemente unos errores de gestión de un personaje estrafalario. Zapatero ha intentado inventar un PSOE imposible e inviable, un partido avergonzado de ser español, incapaz de asumir nuestro pasado con tranquilidad y grandeza, miope frente al presente y al futuro, y que ha tratado de nutrirse del rencor, y de un antifranquismo tan fuera de lugar como inconsecuente y demagógico. Es una nueva política lo que necesita el PSOE y no simplemente un cambio de cromos, ni una vuelta al felipismo o una nueva apuesta zapateril por ese peculiar feminismo catalanista de quien parece creer que todos debamos votarla por ser mujer y catalana.
El PSOE debe ser un partido reconciliado con la normalidad con la que los españoles viven la democracia y la libertad, y capaz de promover soluciones realistas y factibles a los retos que siempre se le plantearán a la sociedad española, y que ya no tienen nada que ver con los que nos llevaron al enfrentamiento civil hace tres cuartos de siglo. Sería deseable que nos ahorrasen el espectáculo de una lucha por el poder completamente ayuna de ideas, aunque eso seguramente exigirá que abandonen por completo el escenario esos políticos que no han sabido hacer otra cosa que alabar las ocurrencias zapateriles, que contribuir al vano intento de engañar a la opinión prometiendo el pronto paso del mal rato, o echando la culpa a los mercados de sus inconsecuencias e incompetencias.  
El PSOE tiene que dejar de jugar al peligroso juego de quebrar el consenso o de excitar las contiendas civiles por motivos religiosos, éticos o educativos. Que no sepan construir una política alternativa sin necesidad de inventarse una nueva sociedad o una España inexistente, diría muy poco de la capacidad política, pero, en cualquier caso, si no aciertan a hacerlo no harán otra cosa que caminar firme y decididamente hacia el abismo que se ha abierto ante sus píes y que no van a conseguir  evitar con uno de esos maquillajes a los que están tan acostumbrados. 
Disparates españoles y digitales

El saqueo de España

Ante el descomunal castigo electoral que les ha infligido el pueblo español, los ministros del Gobierno han reaccionado con más codicia que pena, y han decidido aprovechar los últimos días de su precario mandato para quedar tan bien como puedan con sus fieles y amigos, que, aunque pocos, se enfrentan a una etapa muy dura, lejos del cariño y el afecto que les ha prestado un gobierno tan amable con los suyos. Nada habría que objetar a este cariño hacia lo propio, si no fuera que se paga con el dinero de todos, y ante una duradera época de vacas flacas. El gobierno piensa llevar su solidaridad hasta el mismísimo día de la investidura, seguramente consciente de que van a tardar mucho tiempo en verse ante una oportunidad como la que han tenido y han acabado por malbaratar por su insolvencia y su sectarismo. Llama poderosamente la atención la enorme suma de dinero, de un dinero que, en realidad, no tenemos, que el Gobierno está dispensando en estos últimos días a sindicatos, fundaciones y organizaciones afines, a entidades cuyas siglas no se molestan ni en disimular su carácter de iniciativas oportunistas y aprovechadas.
El gobierno sigue erre que erre con la memoria histórica, dando estupendas ayudas a unas asociaciones de baratillo que le han hecho la ola durante estos años, por cierto que  sin ningún beneficio político visible, a precios de auténtico escándalo. Produce sonrojo la lectura de los títulos que exhiben esas asociaciones para quedarse con nuestro dinero, es un puro disparate y un auténtico descaro este reparto de sopa boba a entidades que no son otra cosa que listillos dispuestos a firmar unos recibos, y a gastarlo en lo que mejor les venga, aunque sea en comilonas como la viguesa para agasajar la presencia del ministro de las gasolineras.
El frente internacional tampoco se priva de las dádivas de la alianza de civilizaciones: Exteriores ha dejado caer un maná de nada menos que 100 millones de euros sobre las más insólitas iniciativas de los escasos personajes que les hacen algún caso, aunque con esas ayudas bien podrían convertir a Zapatero en un auténtico mito de los oprimidos del mundo. Estas acciones no solo significan tirar el dinero de nuestros impuestos, sino que comprometen la continuidad de la ayuda de España en el próximo futuro, es decir que estos socialistas no solo quieren gastarse lo que no tienen, sino lo que tampoco tendrá el próximo Gobierno.
Un gobierno en funciones debería suspender de manera inmediata este rosario de adjudicaciones, y, si no se siente inclinado a hacerlo por respeto a la mera decencia, debería pararse a pensar en los recortes que ha debido hacer, a costa de funcionarios y de pobres pensionistas. Solo alguien dotado de un imperturbable sentido del cinismo puede sostener que el pago de esas ayudas constituya una obligación del Estado. Parece mentira que haya socialistas que no comprendan que ha sido precisamente esa insolidaridad real con los españoles que pagan sus impuestos, y apechugan con la crisis que el Gobierno y el PSOE negaron primero, y agravaron después, lo que ha privado al partido de unos cuantos millones de votos. Poca perdida es si se mira a la luz de las desvergüenzas que siguen perpetrando.
El PP debería exigir que cesen estas fechorías, que a la vista de los sacrificios  que habremos de soportar todos, se acabe  con esta feria del reparto, con el  indecente saqueo de unas arcas que se han vaciado con su incompetencia y que pretenden seguir explotando hasta el último minuto, como si la cosa no fuese con ellos.


Educación

Cuando se tiene una cierta experiencia en la educación, pronto se llega a perder la capacidad de asombro. Es realmente notable que no caigamos en la cuenta del daño que causa en el espíritu de los jóvenes una educación rutinaria, sin aliento, sin ninguna emoción, y cómo amputa muchas de las cualidades que debiera potenciar. Habría que dejar de hablar de educación, que suena a algo muy pasivo, y recordar a todo el mundo que nadie puede educar, pero que tampoco nadie debería privar a los alumnos de su capacidad de aprender, cosa que se hace a base de prohibir el interés y premiar la pasividad. A partir de cierta edad y nivel de instrucción hace falta que un alumno tenga vocación, deseos de saber, preparación y capacidad de sacrificio, y muchos carecen de esas cualidades sin las que es imposible que consigan nada, pero les hacemos persistir en el feo vicio de frecuentar las aulas  para acostumbrarse a repetir lo que oyen. Lo raro es que no haya todavía más desastres que los muchos que soportamos. 
Black Friday

Los rumores

Los rumores sobre los ministrables constituyen un género muy español, y no de los mejores, ciertamente. Es absurdo que se de la importancia que se da a esta necia intención de averiguar lo que nadie, si acaso uno, puede saber a día de hoy con certeza, pero además, de poderse saber, sería una información bastante irrelevante, porque el nombre y la trayectoria de alguien  no permiten adivinar  lo que  vaya a hacer, incluso suponiendo que tenga autonomía y coraje para hacerlo. En fin, en algo hay que gastar el tiempo, en lugar de estar cada uno a lo suyo. 
Bibliotecas y librerías

La histeria

Todo lo que se está hablando acerca del acortamiento de los plazos para la entrada del nuevo gobierno está inspirado en una especie de histeria económica, en la demencia de confundir la celeridad con la eficacia, y las soluciones con los milagros. Creo que Rajoy haría bien en no perder la calma, y en no dejarse llevar por estas supuestas urgencias de los mercados que son, más bien, fruto de la frivolidad de los comunicadores de bolsa, y otras gentes de mal vivir. Eso creo, y no es porque desee la perduración del presidente en funciones que, para mi gusto, está de más desde hace cerca de ocho años. Un poco de calma, por favor, que no se toma Zamora en una hora. 
Virus androides

Comienza la esperanza


La amplísima victoria del PP en las elecciones del domingo ha demostrado que no hay en España nadie que discuta seriamente la necesidad de afrontar una etapa política completamente nueva, de iniciar un cambio radical que sea capaz no solo de sacarnos de la crisis sino de colocarnos en una senda de estabilidad y crecimiento que no pueda interrumpirse con facilidad. No estamos ante una ocasión como la de 1996, sino ante un reto de superior dificultad que hay que afrontar con decisión y audacia para que en un período relativamente breve los ciudadanos comprendan que no se trataba simplemente de cambiar, lo que era inaplazable, sino que han acertado a  escoger el buen camino. Es evidente que no será fácil, pero no es menos claro que cualquier error de rumbo tendría en un plazo muy corto consecuencias catastróficas para España.
El Gobierno de Rajoy se enfrenta a dificultades realmente graves y no va a gozar de un período de gracia especialmente largo, porque las expectativas de cambio ya están descontadas, y lo único que puede cambiar el miedo de los mercados hacia la fiabilidad de España es comprobar que nos encontramos ante un gobierno decidido, valiente, que tiene las cosas claras y que no piensa en otra cosa que en cumplir nuestros compromisos y en acabar con los defectos de fondo de nuestro sistema político y económico. No es, pues, poca ni fácil la tarea, pero, a cambio, las expectativas de éxito serán grandes si se afrontan los retos con decisión, con rigor y con generosidad.
Los españoles están, dígase lo que se diga, al cabo de la calle de los disparates cometidos, y comprenderán con facilidad que se hayan de tomar medidas muy radicales, a cambio, eso sí, de que la austeridad y los recortes se apliquen con seriedad, sin demagogias electoreras, con sentido de la justicia  y, sobre todo, si se aplican también a los innumerables excesos con que se han beneficiado los políticos de manera escandalosamente poco ejemplar.  No hay razón alguna que impida reducir en un altísimo porcentaje el gasto puramente político de las administraciones, y eso ha de hacerse porque no se puede imponer sacrificios a los ciudadanos si  quienes los imponen siguen gozando de empleos y prebendas inasumibles.
No se trata solo de corregir los errores y disparates de estos últimos años; hay que hacer cosas que nunca se han hecho y son inaplazables, como, por ejemplo, una reforma radical y muy rápida de la legislación laboral, que es la razón última de los casi cinco millones de parados; una reforma limpia y a fondo del sistema financiero que sea capaz de encontrar una solución al problema de los ruinosos activos inmobiliarios, lo que es técnicamente factible, y que permita que, de nuevo, afluya el crédito al sector privado; una severísima limitación del gasto público corriente con supresión, reunificación y  armonización de innumerables organismos administrativos paralelos e inútiles, lo que exigirá un plan muy ambicioso de reformas político-administrativas que se ha de implementar en menos de un año si queremos que nuestros acreedores, los ahorradores del mundo entero,  crean seriamente en nuestra capacidad de devolver lo que nos han prestado, y vuelvan a confiar en nosotros.
No se trata solo de economía; es la política lo que está en juego. Hay que acometer reformas serias de la Justicia, que supone una rémora a nuestra productividad completamente inasumible, y de la educación, sector en el que gastamos casi más que nadie y obtenemos bastante menos que la mayoría. Hay que meter mano al control de gasto en las administraciones, por ejemplo en la Sanidad, y evitar que haya organismos que rebasan sistemáticamente en más de un diez por ciento su capítulo de gastos de personal por la exclusiva razón de un absentismo laboral escandaloso, bien protegido por los sindicatos que, aunque se llamen de clase, son auténticos guardianes de los peores intereses corporativos.   También es política y no mera buena administración poner fin al despilfarro de las subvenciones, que no son sino una forma de corrupción y que evitan, interviniendo arbitrariamente en los diversos sectores, que salgan adelante con facilidad las mejores iniciativas y los mejores gestores. Si los españoles supiesen con certeza en qué han gastado el dinero de sus impuestos los Gobiernos hace ya tiempo que habrían puesto coto a estos desmanes, pero una espesa maraña de burocracia y eufemismos oculta ese espectáculo obsceno a los ojos del público; hay que acabar, a la vez, con el ocultamiento y con el despilfarro.
Si Rajoy acierta a hacer eso bien desde la primera hora, tendrá tras sí a una amplísima mayoría de españoles que sabrán atemperar su esperanza con la paciencia requerida hasta alcanzar la solución a  problemas tan hondos y tan extendidos.
El PSOE tiene también por delante un trabajo nada menor. España necesita una izquierda distinta a la caricatura que ha usurpado su papel en los últimos años, una izquierda que no viva del pasado ni de un rencor impostado, doblemente falso porque muchos de esos rencorosos teatreros son herederos directos de lo peor que pretenden denunciar; necesitamos una izquierda que crea en la Nación española, como lo hizo siempre hasta su reinvención tras el franquismo, y que no crea que nacer en distintos lugares de píe a derechos superiores; hace falta un PSOE que combata las desigualdades reales y no las que inventen a conveniencia. No será fácil para el PSOE que ha sido desde 1978 uno de los pilares del sistema, pero tendrán que encontrar su líder y su camino en la larga travesía que les espera, y ojala acierten, por el bien de todos.

Un panorama complejo

Las elecciones generales celebradas ayer han alumbrado un panorama político muy nuevo y bastante complejo. Su primera nota es el enorme descalabro que ha sufrido el PSOE, lo que plantea dudas muy serias sobre su orientación política en el futuro. La consecuencia inmediata de este desastre del PSOE es la mayoría absoluta del PP que, sin embargo, no sube excesivamente en el voto (en comparación con lo que sería razonable que subiera), ya que incluso pierde voto en algunas circunscripciones. La victoria de Rajoy es, pese a todo, una gran noticia, y su poder en el partido será incontestable a partir de hoy: su responsabilidad también será enorme, porque así lo es la expectativa provocada por su mayoría y el rango de los difíciles e inaplazables problemas con los que ha de enfrentarse. 
España es así. Diversa, compleja, desconcertante, y el panorama político y parlamentario va a ser completamente distinto de lo que era. Suben los nacionalismos, sube el separatismo, sube IU y sube UPyD, los primeros suben mucho con relativamente  pocos votos, los segundos suben menos con bastantes más, lo que pone de manifiesto, una vez más, la cara más fea de nuestro sistema electoral. Lo de IU ys se sabe que es un derivado, pero lo de UPyD parece ir más allá, y eso es una gran noticia para la estabilidad, el dinamismo y el equilibrio del sistema político. 
Toca esperar, no mucho, pero esperar. Los efectos de las políticas que emprenda Rajoy serán fulgurantes, para lo bueno y para lo malo. El panorama se ha movido mucho, y nada indica que vaya a quedarse quieto. 
Amazoneando

Pausa publicitaria

A la espera de los resultados de la histórica votación de hoy, no todas lo son del mismo modo, no estará de más echar un vistazo a una noticia de aspecto agradable. Telecinco mantiene en antena un programa que puede considerarse el paradigma de la telebasura y, a iniciativa de un bloguero, la publicidad ha dejado de aparecer en él como castigo a su utilización de una entrevista que tiene que ver con el odioso y morboso caso del asesinato de una joven sevillana. 
Hay quienes, como Arcadi Espada, han visto en esto una nueva técnica publicitaria de las marcas más pudibundas, cosa que es posible, pero, en cualquier caso, quiero saludar el aspecto sano de la noticia, que halla maneras de decirle a una TV, donde más le duele, que su programación es indecente. 
Ordenadores y elecciones