He figurado entre los defensores de Pedro Sánchez y creo que todavía hay que darle un margen porque acaba de embutirse un traje que no está hecho precisamente a la medida y resulta un poco desastrado, pero lo que más me preocupa es que cuando parece que el que sale adelante es él, y no su traje, la cosa no mejora, se pone incluso más fea. Espero que vaya aprendiendo, porque lo contrario no le conviene a nadie, especialmente a nadie que no sea del PSOE, salvo a los chicos de moda, pese a esas pintas que se gastan.
Autor: JLGQ
Una imagen precisa
Viendo esta imagen me quedé de piedra: resulta que los reyes dan el pésame a los familiares de las víctimas de un accidente y ni uno solo de los saludados se pone de píe, algo que parece obligado con cualquier persona que se acerque a saludarnos cuando estamos sentados. Creo que es una imagen que muestra hasta qué punto ha llegado el olvido de las más elementales reglas de la urbanidad, de qué manera la chabacanería y la mala educación se han hecho los dueños del espacio público.
Podría aducirse en disculpa de los afectados su estado de postración, pero no me parece excusa suficiente. Hay que llamar la atención, también, sobre la inutilidad de los ayudantes y encargados de protocolo de los reyes que no han sabido hacer una mínima indicación a los familiares para evitar una imagen tan desmoralizadora. No quisiera exagerar, pero me parece una metáfora de la situación real de España, todos sentados, sin hacer nada, y esperando que alguien venga a homenajearnos y a resolvernos la vida. ¡Le llaman democracia y no lo es!
Pro Google, dentro de un orden
Pro Google, dentro de un orden
Una jornada penosa
El cuasi referéndum supuso un espectáculo lamentable, por mucho que nos hayamos acostumbrado a que la ley se pueda tomar a pitorreo por los nacionalistas catalanes. Es un consuelo, relativo, que, con toda la frialdad del mundo, la Fiscalía se querelle contra los responsables de ese suceso vergonzoso, contra esa caricatura obscena de la democracia.
Estamos tan acostumbrados a la mentira que se atreven a celebrar como un éxito que tras años de implacable movilización, de persecución sistemática de los disidentes, hayan obtenido bastante menos de un treinta por ciento de independentistas en este vil sucedáneo que nunca debió existir. Hay que esperar que quienes deben hacerlo, y nos afecta a todos, saquemos consecuencias de esas cifras y nos apresuremos a reducirlas sin miedo y sin tardanza, porque son hijas de la mentira más tonta y cobarde que se pueda imaginar. Yo también me siento triste de que el Gobierno español haya sido tan pusilánime, pero no quiero fijarme ahora en eso, sino en obligarnos todos a combatir con decisión algo que es un ridículo pero que puede acabar en tragedia.
Google, pros y contras
Google, pros y contras
Mas y las matemáticas
No siempre que se vota hay democracia, como se puede ver en las fotos inspiradas en el mensaje que me ha enviado Juan Soler, Franco y Fidel Castro inclinados ante la urna. Aparte de esa observación de principio, hay que insistir en que la mejor manera de manejar al personal es a base de números, la mayoría de la gente pierde el hilo a la primera, y, con ello, la capacidad de objetar, cosa de la LOGSE. Ayer nos dijeron que era un éxito que votasen más de dos millones, pero esa cifra representa apenas un tercio de los catalanes con derecho a voto, dejando aparte la escasísima fiabilidad del recuento y del «censo», lo que significa menos de un treinta por ciento de partidarios de esta independencia tan alegremente planteada, es decir que se quedaría en mucho menos si de verdad se argumentase, como se ha hecho en Escocia, sin ir más lejos.
No todo está perdido para la libertad, la igualdad y la unidad de los españoles, pero hay que empezar por tener un Gobierno más decidido a dar una batalla inteligente, y eso significa que ojo con la izquierda que lleva décadas con esa absurda derrota nacionalista, o con Podemos que, a este respecto, es más de lo mismo, también en esto.
La mentira y el pago a deshora
Monago va a pagar sus viajes a Canarias, pero ese gesto oportunista no evita que le tengamos que llamar mentiroso y, precisamente por eso, corrupto, porque corrupto es el que engaña, el que oculta lo que hace, el que tiene dos morales, la que practica y la que predica.
Que haya pagado con dinero de todos nosotros sus amoríos isleños está realmente mal, pero, que nadie quiera engañarnos, esa conducta es perfectamente legal, y eso está peor. Cada viaje de los que pagamos a nuestros diputados y eurodiputados debiera pagarse indicando el motivo y la actividad, y si no lo hubiera no debería pagarse, pero no es esa la praxis imperante, sino una especie de barra libre de movilidad, en primera, por supuesto. Los españoles han podido asomarse por este agujero a una de las privilegiadas prácticas que se estilan en el Congreso de los Diputados, un caso más de tarjeta «black»: cobra y calla, nosotros no se lo diremos a nadie.
Con todo, lo más grave que se revela en todo este grimoso episodio, que es posible se deba a venganzas internas del PP frente a un tipo relativamente díscolo, es el puñetero aplauso, el apoyo unánime, tal vez simulado, de los mandamases del PP a Monago, un ejercicio de unidad y apoyo mutuo que pone de manifiesto la verdadera naturaleza de la solidaridad de los peperos, más mafiosa que valiosa: se aplaude al que ha hecho algo mal, porque tiene el valor de negarlo y porque es «uno de los nuestros», haga lo que haga. Y luego dicen que el pescado es caro.
Un útil nada inutil
Un útil nada inutil
Lágrimas de Monago
Las lágrimas de Monago son tan expresivas como la escena más explícita, porque permiten tocar una de las raíces de la corrupción, la opacidad sin posible control, la confianza que se conceden a sí mismos los que tendrían que ser no vigilantes sino vigilados. Resulta que Monago viaja a ver a su novia, pero lo hace bajo el amparo de su condición de parlamentario que le concede cuantos viajes quiera, sin control alguno. Monago ha hecho trampa, apenas cabe presunción en contra, pero una falta que no puede ser ni comprobada ni sancionada, piensa él, no es nada que deba preocuparnos.
La ética de Monago es, en este punto, extremadamente vulgar: para él, como decía Mencken, la conciencia moral sólo es esa voz interior que nos advierte que alguien puede estar vigilando. Si nadie vigila, nada hay que evitar. ¿Cuántos Monagos hay en el Parlamento? Acaba de aparecer otro por Teruel, pero son seguramente incontables e irresponsables de su liviandad, porque es de necios suponer que nadie hará nunca nada inconveniente aunque no exista ninguna vigilancia.
Por otra parte, Monago se defiende bien, en pura lógica: los viajes privados los pagó él, y si no los pago él es que no son privados, lo que quiere decir, una vez más que no sabemos con quién estamos hablando.
Los aplausos del PP a las lágrimas de Monago son una muestra más de la infinita simpatía que el poder siente por sí mismo, faltaría más.
Segunda mano
Segunda mano
Podemos hacer más o no podemos hacer menos
Soy bastante aficionado a El Mundo Today, buen humor, incisivo, no esquizoide, certero y escasamente convencional. Hoy traen en portada una pieza extraordinaria: cómo solucionar los problemas del tráfico: ¿Podemos o no Podemos?
Nexus 6 a la venta
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Un buen discurso sobre el populismo
Este discurso parlamentario de la guatemalteca Gloria Álvarez incluye un excelente argumentario contra el populismo, esa política que ofrece milagrosas soluciones sin explicar nunca cómo, una política de engaño sistemático que empobrece y envilece, pero que tiene éxito debido a los defectos y las corrupciones de las democracias.
Votando con Google
Votando con Google
La corrupción no es sistémica sino sintomática
La corrupción no es la causa de nada, sino la consecuencia de varios errores de fondo en la construcción de nuestro sistema político, errores que han sido aprovechados como caldo de cultivo para el latrocinio por muy buena parte de los que mandan.
El primer error es creer que se puede improvisar una democracia sin promover una cultura democrática, que todo es cosa de leyes, cuando las leyes suelen servir, simplemente, para que el que tiene el poder se legitime más y se proteja mejor.
El segundo consiste en creer que basta con que los ciudadanos elijan para que haya democracia. No es posible que exista ninguna forma de democracia sin división de poderes y, en España, no existe apenas división de poderes, salvo, paradójicamente la que crean los partidos merced a la división territorial, justo la que menor interés general supone para todos. En especial, es inaplazable restablecer y fortalecer la independencia de la Justicia para que no pasen cosas como que el asaltante de la casa de Bárcenas ya esté en la cárcel, y que a Bárcenas, y a los de Gürtel, todavía no se sabe por qué se les va a juzgar, si es que se les acaba juzgando. Decir que la Justicia es lenta pero implacable es un sarcasmo.
El tercer error es haber fortalecido al ejecutivo en detrimento del legislativo y haber puesto el legislativo en manos de los partidos, es decir de la presidencia del Gobierno. Milagroso es que no vayamos todavía peor. Esto sólo lo puede arreglar una ley de partidos que los obligue a ser transparentes, internamente competitivos y democráticos, para que se pueda recuperar al menos parte de la independencia del legislativo respecto al Gobierno, cosa absolutamente esencial. No se trata de que haya que reformar toda la legislación electoral, pero sí de que es imprescindible corregir sus principales efectos negativos. Tiene sus riesgos, pero no puede haber nada que se considere una democracia si los legisladores tienen las manos atadas por el Gobierno.
El cuarto error es haber admitido un doble paradigma político: el gasto público es siempre bueno, y los controles democráticos se consideran siempre suficientes. Pues bien, el gasto público debe ser severamente limitado y vigilado, no podemos dilapidar el dinero de nuestros impuestos, y eso es lo que crea el caldo para que la corrupción pueda crecer en una atmósfera absolutamente opaca, y además, hacen falta severísimos controles administrativos a cargo de funcionarios públicos independientes de los partidos y del poder político, el control de interventores profesionales. Cuando el Gobierno de Felipe González se cargó el control previo del gasto, sabía muy bien lo que hacía, abrir el grifo al desenfreno y, con ello, al descontrol y a la corrupción. Dicho sea de paso, por esta vía llegará la corrupción de Podemos, si no ha llegado ya, porque está claro que no piensan en otra cosa que en gastar más, controlándolo ellos.
Suplementos energéticos
Suplementos energéticos
La democracia interna
Veo que abundan los que creen que la ausencia de una verdadera democracia interna en los partidos no tiene nada que ver con la corrupción. Sus razonamientos para sostenerlo son variados, pero remiten siempre a la idea de que ese ideal es un imposible, al parecer porque una supuesta ley que han descubierto ciertos teóricos hace bastantes décadas lo impide. Puede que no les falte razón, pero, de vez en cuando, no está mal fijarse en la experiencia, y es un hecho que en sistemas de partido no tan ajenos a la democracia como el nuestro, la corrupción es menor. Hay gente que no cree en la democracia, y otros que creen que está bien en teoría, pero es inaplicable, especialmente en España. Nunca estaré de acuerdo con esa manera de ver las cosas. Sé muy bien lo difícil que es organizar democráticamente un partido de masas, pero peor es renunciar a hacerlo y conformarnos con el caudillismo, da igual que sea el de Mariano, el de Esperanza o el de Pablo o Pedro.
Cuando hay competencia interna, hay menores posibilidades de que los gobernantes hagan cosas de las que nadie se pueda enterar, y no siempre serán muy admirables. La democracia no admite otra frontera que el respeto a la ley, y los partidos son una tierra sin ley en la que toda corrupción puede tener su asiento. Es urgente acabar con esto, tanto como garantizar la absoluta independencia de la Justicia, ausencia que ha dependido, históricamente, del crecimiento del poder interno y sin control alguno de los líderes políticos: verde y con asas.


