La extraña campaña

La forma en que Zapatero ha convocado las elecciones y la crisis de fondo que nos afecta van a propiciar una campaña realmente extraña, anómala, algo que probablemente se tratará de aprovechar para legitimar a posteriori la oposición al nuevo gobierno.. Me temo que se inicie una auténtica carrera de disparates que demostrará, una vez más, el escaso aprecio que los partidos tienen por la inteligencia de los españoles. Que el PSOE va a cometer excesos, como utilizar los colegios andaluces para perorar contra los recortes del PP, está cantado, porque se encuentra al borde de un ataque de nervios, pero lo que resulta más notable es que el PP se sienta obligado a cometerlos, por esa extraña simetría por la que, a veces, se rige la política española. El portavoz del PP ha pedido disculpas por llamar estúpidos a los votantes del PSOE, pero debería pedirlas también a sus votantes por razones análogas, aunque me temo que se le escaparán. 
Que el PP evite entrar a fondo en el nauseabundo asunto de la ETA, por ejemplo, no puede considerarse un caso de inteligencia política, me parece. Si el PP no aprovecha esta oportunidad para mejorar la cultura política de los españoles estará cavando su tumba, un trabajo en el que cuenta con auténticos especialistas. La verdad es que siempre que asoma el espectro de un PP que dice vótenme a mí para que yo mande porque soy más listo, más guapo o más decente, me dan ganas de exiliarme.
La España diferente 

Lo dijo Mateo Alemán

No hay hombre cuerdo a caballo. Me he acordado de esta cita mientras pensaba en lo que le ha ocurrido a Gadafi en Libia y en el escándalo que han causado en occidente las malas maneras de los rebeldes. No sé qué esperaban, la verdad. Pero la cita del novelista me ha hecho pensar en que hoy la gente no suele andar a caballo, pero tampoco abunda la cordura. El caballo que más se lleva es el del poder, el de la fama, y basta pensar unos minutos en cómo se comporta el personal para llegar darle la razón al autor del Guzmán de Alfarache. 
Información al alcance de la mano

El fin del terror


No es posible hacerse una idea cabal del significado de la renuncia de ETA a la lucha armada sin considerar los fines que la banda ha perseguido. El terrorismo no consiste meramente en matar, sino en hacerlo por algo, en la barbarie que siempre supone sacrificar la vida y el dolor de las personas en el altar de un objetivo político
Una vez que pensamos en esos fines, por quiméricos que nos parezcan, el significado de la supuesta renuncia de ETA puede verse a una nueva luz, porque, en efecto, aunque la derrota de ETA sea una de las posibles lecturas del paso que acaba de dar, no deja de ser obvio que la banda armada está siendo lo suficientemente hábil para tratar de obtener la máxima ventaja de su debilidad, de su forzada renuncia. Por eso la presenta como una victoria y la reviste de promesa, porque quiere convencernos de que da con ello un paso más en la consecución de unos fines que pretende legítimos, que no considera haber prostituido con sus años de sangre y de violencia, con esas acciones que pretende ocultar tras un término sumamente equívoco, aludiendo a un conflicto que nunca existió.
Una condición inexcusable para que esa lectura interesada pueda hacerse ha sido la complacencia disimulada del Gobierno del PSOE, el empeño personal del presidente del Gobierno en no dejar la Moncloa sin colocar a ETA en un lugar de privilegio para la consecución de sus fines políticos, los de ETA, y los del Gobierno. Ocurre, sin embargo, que el descrédito total con el que Zapatero va a abandonar el escenario va a hacer por completo  imposible que el PSOE pueda beneficiarse de un acontecimiento tan equívoco, tramposo y lleno de riesgos para la democracia.
El único beneficio tangible que va a obtener el PSOE con este paso que ha facilitado a la ETA va a ser dejar colocado en el despacho del próximo presidente de Gobierno un artefacto políticamente muy explosivo, cuyo manejo va a exigir altas dosis de inteligencia, determinación y valor. El comunicado de ETA coloca al próximo Gobierno frente a un chantaje político del que hay que esperar que sepa salir con dignidad.
Se tratará, en el fondo, de no seguir jugando irresponsablemente al éxito electoral de ETA y sus secuaces, una confusa amalgama de criminales, cínicos, descerebrados y personas atenazadas por el miedo y el síndrome de Estocolmo, de forma tal que el Gobierno sepa aplicar la Constitución, promover la libertad y la democracia, y combatir políticamente a los herederos  de ETA. Hay que acabar con ETA sin dejar que ETA acabe con la democracia, y se adueñe por vías equívocas de los destinos políticos de un una parte, pequeña pero muy querida de nuestra patria, de España. Puede parecer difícil hacerlo, pero será desde que entre en la Moncloa, una de las primeras y más exigentes obligaciones del nuevo Gobierno.
No se puede dejar que la ETA consiga transformar su debilidad en poder político, su derrota en victoria, su carácter criminal en promesa de liberación y de paz.
Es posible que  Amaiur pueda formar grupo parlamentario en el Parlamento, y es seguro que los proetarras pretenderán sentarse a negociar con el nuevo Gobierno; tratarán también de que los presos dejen de serlo, y negociar un retorno dorado de ellos y de los expatriados, todo lo que lleve, en fin, a que Otegui, o alguien de su perfil, pueda ganar las próximas elecciones autonómicas y negociar desde Ajuria Enea el futuro de una Euskadi independiente. Mientras tanto, ETA estará al acecho con el chantaje de que no será suya la culpa si vuelve a utilizar las armas para restablecer su poderío. Todo esto es precisamente lo que el nuevo Gobierno deberá evitar, porque, como sabe muy bien la Guardia Civil, y nos enseña la experiencia ajena,  no se pueden descartar posibles acciones y escisiones de quienes pretenden seguir constituyendo un ejército de reserva en pro de la independencia y al margen de la ley. Hasta que todo esto no sea literalmente imposible, no habremos alcanzado verdaderamente el fin del terror. 
Sociedad del desconocimiento

Un Colegio Mayor

He tenido el placer de dar la conferencia inaugural de curso en un Colegio  Mayor sevillano. Mi placer no consiste en hablar, ni siquiera en que me escuchen con atención y respeto, como si tuviera algo interesante que  que decir, como ha sucedido (me refiero a lo de la atención y el respeto). El placer ha sido participar de un ambiente universitario, formal, educado,cordial, con los chicos bien vestidos y dispuestos a celebrar un acontecimiento, un ceremonial de paso. Creo que queda muy poco de esto, y es de lamentar. Hay que perseguir la excelencia, pero es difícil hacerlo si las formas se olvidan por completo, si todo se reduce a una campechanía más o menos chabacana, a un colegueo zafio y sin perfiles, al igualitarismo necio que tan buen acogida tiene en esta España cada vez más gris y escasa de alicientes, y de manera tan especial como paradójica, en la universidad . Me pareció una especie de milagro que haya quienes se empeñen en mantener vivas tradiciones de formalidad y prestigio. Ya con eso mismo tienen su premio. La reinvención de la universidad, tan deseable como improbable, tendrá que apoyarse en estos bravos sevillanos y en quienes, como ellos, sepan que nadar contra corriente es, además de saludable, un camino de perfección.
Android y sus rivales

Un tirano menos

La desaparición de Gadafi es una buena noticia, pero no significa que el futuro de lo que llamamos Libia vaya a ser de color de rosa. La amenaza del islamismo radical es obvia, aunque los libios tendrán que pensar en que han necesitado la ayuda occidental, y que no sería muy razonable montar un régimen que supusiese una amenaza para las democracias. Sin embargo, las formas que hemos visto en las televisiones no aseguran que la sensatez se vaya a hacer cargo del destino de esa zona del mundo, que de todas maneras, tiene ahora unas posibilidades que estaban prohibidas, de manera que hay un ligero margen para la esperanza.  
Mi teléfono aprende a reconocerme

Fantasmas sin fronteras

La esperpéntica conferencia de pazcelebrada en San Sebastián, con el incomprensible apoyo de destacados miembros del PSOE que, pese a la esquiva negación de Rubalcaba, quien ahora quiere hacer como si no se enterase de nada, han actuado con la calculada ambigüedad con que se ha movido el zapaterismo en este lamentable circo,  nos ha permitido ver en acción a unos auténticos fantoches, a unos fantasmas sin fronterasque se atreven a pontificar sobre lo que desconocen, y pretenden explotar con palabras altisonantes un prestigio moral del que carecen por completo.
Han venido a España, como quien va a una tierra sin ley y sin orden, a proponer una solución indigna a lo que han llamado conflicto, y han tenido la desfachatez  de dedicarse a dar consejos rimbombantes y vacíos, que, ¡oh casualidad!,  favorecen las estrategias de ETA para una desaparición tan falsa como gloriosa, y que resultan conformes con los ilusos y cobardes planes de paz del zapaterismo, de un gobierno desprestigiado, roto y sin autoridad alguna.
Que un grupo tan nutrido de personajes, gorrones, desprestigiados y corruptos, se pretenda erigir en referencia moral es una señal inequívoca del significado manipulador, engañoso y  sumiso frente a los intereses de los asesinos de este lamentable simulacro de conferencia. El grupo de fantoches que ha perpetrado toda suerte de equívocos, con consecuencias criminales, como en Ruanda, no tiene la mínima autoridad para decir a nadie lo que hay que hacer. Cualquiera que se atreva a poner a una banda criminal en el mismo plano que a gobiernos democráticos y respetuosos con la ley merece un desprecio absoluto. Ni siquiera podrían invocar su ignorancia para suavizar la traición que cometen a la democracia y a las víctimas, porque su desconocimiento de la realidad de cuanto ha sucedido con ETA no es disculpable, ya que algo habrán de saber de aquello que quieren arreglar y, siendo esto así,  es de juzgado de guardia que hallan empleado un lenguaje deliberadamente neutral, que iguala  a violentos criminales con pacíficas víctimas.
Que ETA quiera timar a la democracia entra dentro de lo normal, pero que el Gobierno no haya sabido poner límites a este burlesco despropósito, y que algunos de los más conocidos dirigentes del PSOE vasco hayan ido a hacerse la foto con estos buhoneros resulta completamente intolerable.
A quienes hemos sostenido desde hace tiempo que se estaba buscando un ardid de este estilo para enmascarar las últimas concesiones a ETA se nos ha dicho de todo, pero no se nos podrá llamar fantasiosos, porque esta ceremonia de la confusión estaba desde el principio en el guión de un intento de final pactado, y acabamos de ver como esta farsa se ha representado con todo lujo de detalles y conforme al guión previsto por los estrategas de la banda. Muchos debieran de pedir públicas disculpas a Jaime Mayor Oreja por anunciar con gran claridad y precisión lo que acabamos de ver, una faena de aliño que ni siquiera ha tenido un mínimo de imaginación ni de originalidad, una burla de la justicia, de la libertad y del valor de las vidas ajenas que sería risible de no estar por medio tanta sangre inocente.
Quienquiera que acepte esta clase de supuestas aproximaciones deberá asumir que su fingida neutralidad le vincula de manera indeleble con los intereses y objetivos de una banda asesina, y con la negación más radical de la democracia, con la sumisión de la voluntad popular al mandato de quienes han utilizado cobardemente las bombas y las pistolas.
Un Rodríguez Zapatero inteligente

La historia se repite


Pese a las diferencias que puedan establecer en el futuro los especialistas, la verdad es que los finales del zapaterismo y del felipismo se parecen en muchas cosas. La descomposición de un proyecto político  basado en supuestos principios altruistas y nobles nos muestra en  toda su crudeza la realidad de una lucha despiadada por el poder, por la supervivencia. Los que en un momento dado fueron todopoderosos, Guerra entonces, Blanco ahora, se ven envueltos en escándalos que desmienten buena parte de sus pretensiones ideales. Las guerras internas resplandecen y no parece haber piedad alguna para los vencidos.
El rumor insistente de la intervención de Bono en los problemas que ahora mismo afligen al actual portavoz,  encaja perfectamente en este esquema de guerra de dossieres y amenazas de tirar de la manta que fue también típico del final del felipismo; basta con recordar los casos Roldán y Perote, para  establecer algo más que analogías entre ambas situaciones.
No parece razonable sospechar que el CNI se implique ahora en la defensa de la probidad de un personaje bastante amortizado como lo es Pepe Blanco, aunque el “caso Campeón” sea muy típico de final de etapa política. Hasta ahora no se ha hablado de financiación ilegal del PSOE, pero dista de estar claro cuáles son las fronteras precisas entre ese tipo de casos y las imputaciones que ahora se hacen a José Blanco, porque no es razonable pensar en ellas sino como una especie de retórica que sirva para ocultar lo que sería, sin esa piadosa disculpa, un caso demasiado hiriente de provecho personal, que, en todo caso, se ha dado siempre, o casi siempre, que han aparecido esas operaciones de financiación ilegal. A dinero irregular, le corresponden siempre comisiones incontrolables y es normal que los que se aventuran en esos turbios asuntos procuren no quedar enteramente desprovistos de un beneficio personal sustantivo.
La relación entre Bono, un político muy amigo de tirar la piedra y esconder la mano, y notoriamente hábil para la intriga y los negocios de imposible explicación, y el actual ministro de Fomento ha sido siempre escasamente cordial, al menos desde el congreso que eligió a Zapatero. Por otra parte, el ministro Blanco, como corresponde a su cargo en el gobierno, ha manejado cifras muy cuantiosas que son las que parecen estar detrás de todo el extraño caso de la gasolinera, donde hay que estar muy escasos de imaginación para suponer que Blanco se citó para recoger un sobre con billetes morados. Las investigaciones periodísticas apuntan a asuntos de mayor calado que una supuesta comisión por unos cientos de miles de euros, y esa podría ser la información que, conforme a sus obligaciones, estuviese en manos del CNI y que, supuestamente, habría podido llegar a manos de Bono. Todo cuanto ahora se sabe no deja de resumirse en una serie de conjeturas, pero hay un sumario abierto, y muchos amagos, y eso quiere decir casi inequívocamente que algo ha fallado en un plan para obtener beneficios mutuos a cargo del contribuyente. La experiencia enseña que una vez que se rompe el hechizo de la supuesta limpieza en el manejo de cantidades multimillonarias, las noticias fluyen a borbotones, y se acaba por saber  lo sustancial, especialmente si alguien se siente perjudicado y está dispuesto a tomarse cumplida venganza, algo muy fácil en las horas crepusculares de los que fueron muy poderosos, y ya no lo son, momento en el que los falsos amigos se toman su venganza.

Un ensayo de mundialización del descontento


El 15 de octubre ha contemplado un ensayo de coordinar las protestas de muchos indignados en cientos de ciudades con el resultado que se verá, pero que, en cualquier caso, y al entender de los protagonistas, supondrá un avance en los intentos de globalizar las protestas, más allá del viejo empeño de los activistas, casi profesionales del ramo, que se han dedicado a entorpecer las cumbres internacionales, y que han tenido carácter violento. Aparentemente, la franquicia franco-española del 15M ha ido aclimatándose en diversas ciudades del mundo con una modificación sustancial respecto a nuestro 15M: el objetivo de los ataques no es la clase política y su supuesto falseamiento de la democracia, sino las maniobras financieras internacionales que, según ellos, son la causa de la crisis económica que atenaza al mundo. Hay otra diferencia nada desdeñable, y es que las policías del mundo no tienen unos jefes tan sensibles como Rubalcaba, sino que están dirigidas por gentes elementales y directas que creen que la misión de la policía es favorecer el uso general de los espacios públicos sin permitir que nadie se apropie  de la calle, por nobles que sean los motivos alegados. Tal vez Rubalcaba podría encontrar en el futuro un buen campo de trabajo en escuelas de formación de policías para que se pongan al tanto de sus ideas y se comporten con talante.
Así como el 15-M pareció inicialmente un movimiento renovador, aunque pronto controlado de manera férrea por las falanges de la ultraizquierda a la búsqueda de una causa verosímil para esconder su odio a la democracia,  la indignación globalizada se alimenta de un maniqueísmo, y de un odio a la libertad política, con escasas capacidades de engañar a nadie. Bajo capa de un discurso contra los abusos financieros, se pretende la abolición de la libertad, para que el mundo acate mansamente los dictámenes y ocurrencias de unos señoritos escasamente ilustrados, pero dispuestos a hacerse  por las bravas con un lugar al sol desde el que refrescar y reverdecer los supuestos éxitos de las políticas de izquierda. No se molestarán en concretar, porque es más fácil señalar lo que está mal que decir cómo puede evitarse, y porque les viene bien el tono apocalíptico para promover su paraíso, un escenario que se llenaría de policías y fusilamientos, como siempre ha sucedido, en el caso, extremadamente improbable, sin duda, de que estos activistas al ataque consiguieran lo que se proponen.
En España estaremos seguramente a la cabeza del mundo en esta clase de hazañas, no en vano hemos gozado durante dos legislaturas de un Zapatero, que es el tipo de político que esta gente admira, y de una policía anestesiada por las doctrinas melifluas de Rubalcaba sobre lo muy inconveniente que puede llegar a resultar molestar o interferir las andanzas y acampadas de estas gentes. Además, a nadie se le escapa que es conveniente ir cogiendo forma para el momento en que el desorden financiero internacional consume la tropelía de poner en la Moncloa a un político del PP, algo que, al parecer, nada tendrá que ver con la democracia ni con el voto de los españoles, tan tontos y tan perversos que desoyen las pintorescas y vacuas enseñanzas que proclaman estos  sujetos.
Quien vaya a ser ministro del Interior tendrá trabajo, pero será menos del que se puede imaginar si hace las cosas bien desde el principio y asegura el uso de la calle por todos, algo que aquí ya no se lleva en cuanto a cualquiera se le antoja mostrar lo muy indignado que  se encuentra.
Movistar se queja

La fiesta nacional y el día de los abucheos


Es seguro que Zapatero no pasará a la posteridad como un gran patriota, ni como el gobernante que más haya hecho por fomentar una cultura de defensa razonable y moderna, ni el sentimiento nacional, una emoción sobre algo discutido y discutible por decirlo en sus propios términos. Sería un auténtico milagro que alguien que llegó al gobierno con un pacifismo de guardarropía, y tras negarse a saludar a la bandera americana, que sacó alocadamente a nuestras tropas de una misión internacional, que colocó a una mujer embarazada en la cartera de Defensa para dejar claro cuáles eran sus ideas de fondo sobre el papel de las fuerzas armadas, hubiese hecho algo digno de mención, aparte de rectificar tarde y mal, según estilo de la casa, pretendiendo endosar el déficit presupuestario de Defensa al PP, tras ocho años de gobierno, y firmando de manera vergonzante y chapucera nuestra participación en el escudo antimisiles.
Toda esta batería de disparates fruto de una ideología inmadura e ilusa ha pesado como una losa sobre las celebraciones militares tradicionalmente anejas a la fecha de la fiesta nacional. No sería lógico pedirle al presidente de una sociedad gastronómica que inaugurase un congreso en pro de la dieta vegetariana, pero eso es lo que ha estado pasando durante ocho años el 12 de octubre. Los abucheos, los silbidos y las muestras de disconformidad de una gran parte del público han sido una respuesta lógica que debiera haberse evitado cambiando de política y de gestos, pero que este gobierno de las apariencias ha combatido alejando al público de las tribunas, lo que es todo un símbolo de un modo de gobierno reducido al disimulo y a la incompetencia más absoluta; todavía ayer la ministra de Defensa se vanagloriaba de que la celebración tendría un carácter más civil que militar, lo que, sin duda, implica una contraposición indebida entre ambos términos y un tono despectivo hacia los militares.
Gracias a las extrañas manías ideológicas de Zapatero, que el PSOE ha asumido como propias en un ejemplo de sumisión borreguil que pasará a los anales, lo que debiera ser una fiesta de todos, y una jornada de acercamiento entre las fuerzas armadas y los ciudadanos, se ha convertido progresivamente en un rito vergonzante que el gobierno no ha sabido cómo esconder de manera más eficaz. La espléndida disciplina de los militares y su magnífico sentido de la responsabilidad, la profesionalidad, y su amor a la patria, han evitado que los ejércitos acabasen disueltos por una gestión que, en el fondo, pretendía exactamente eso, convertir a los militares en una ONG, o en simples bomberos, transformar las fuerzas armadas en una especie ridícula de ejército de salvación   al servicio de la alianza de civilizaciones y otras ensoñaciones disparatadas y cómicas. De manera harto elocuente, se mantuvo, sin embargo, el programa de compras de armamento, eso sí gestionado como cabe esperar, tal vez porque esas operaciones son propicias al lucimiento, y siempre podrían dejar algunas oportunidades de lucro interesantes en manos de amigos, primos o personas de confianza y probada lealtad. De cualquier manera, lo esencial, el amor a la patria, y el orgullo y la determinación hasta la muerta por defenderla cuando sea el caso, quedaron ocultas bajo siete capas de una mezcla perversa de ideología tontamente pacifista y de absoluto cinismo.
Los españoles tenemos perfecto derecho a sentirnos orgullosos de serlo, a celebrar nuestra fiesta nacional y a sostener, apoyar y vitorear a unas fuerzas armadas que  representan también una tradición gloriosa, una historia muchas veces centenaria de la que no tenemos ningún motivo especial para avergonzarnos. Hay que esperar que así sea en 2012.
Control remoto

Un acierto de Aguirre

La presidenta de la Comunidad de Madrid se dispone a declarar hábiles a efectos comerciales todos los horarios que le vengan bien al establecimiento respectivo, incluidas fiestas y cualesquiera horas de las 24 que dispone el día. Me parece un acierto, una decisión valiente y  un adelanto indiscutible en favor de los consumidores, que somos la mayoría. Los horarios rígidos no dejan de ser una sindicación de intereses de los comerciantes, protegidos por la administración, siempre atenta a llevarse bien con los mejor organizados, y en contra de los intereses del público, mayoritario pero inerme y desorganizado. Ya era hora de acabar con esto.  Ahora se crearán nuevas oportunidades de empleo, habrá menos atascos y nuevas formas de competencia, lo que es magnífico; al que no le convenga abrir, no abrirá, pero no podrá impedir que otros lo hagan y contribuyan a dinamizar la competencia, que falta hace.