Malas noticias para todos

Algunos se alegran con la imputación de la Infanta Cristina, pero no parece fácil hacerlo. Supongo que la alegría proviene, oficialmente, de sentir que se hace Justicia; la pena viene de un lugar cercano, de que se tenga que hacer justicia, pero también, es la otra posibilidad, de que se haga una justicia a la medida, es decir, una injusticia. Será difícil saberlo, pero es obvio que, se coja por donde se coja, la noticia es mala, y puede que las alegrías no sean mejores. 
La rareza de las invenciones

La marca España

Es obvio que el prestigio internacional de España está sufriendo un retroceso tras el progreso de las últimas décadas. Todo lo que se haga por recuperar ese terreno perdido es bueno, pero tendríamos que saber que hoy en día resulta imposible una buena reputación sin una realidad sólida que la respalde. La mejor manera de promover la marca España es hacer las cosas bien, o sea que nos queda mucho trabajo. 

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Las leyes y la cultura democrática

Popper dejó escrito que las instituciones no bastan si no se ven acompañadas por tradiciones correctas. Creo que el que no pase eso es el primer problema español. Aquí entendemos que la democracia consiste en hacer lo que se le antoje a un grupo cualquiera, sin que nadie se lo impida, eso es el derecho a decidir en brillante invención catalana («mucho ruido y pocas nueces», decía Unamuno), pero claro, eso supone olvidar que la ley es expresión de una voluntad general más amplia y que nunca debe sobrepasarse. La buena cultura política aconseja ni acercarse al límite de lo tolerable por la ley, mantenerse en una zona clara y plácidamente legal, pero aquí se entiende que no puede haber ninguna ley contra el deseo organizado. Es la consecuencia de haber vivido demasiado tiempo a la fuerza y haber descubierto tarde la fuerza de la movilización, además de darle un objetivo inadecuado, como lo es el ir contra la ley y contra su espíritu y su fundamento, que no es otro que la unidad política, y nacional, del conjunto de sujetos que la legitimaron y la continúan legitimando.  Se puede ir contra eso, naturalmente, pero no se puede ir saltándose la ley, mintiendo y chantajeando, ni con derechos a decidir ni con reinserciones de asesinos que no se arrepienten de nada, ¿cómo podrían arrepentirse si piensan haber ganado? 
Se trata, siempre, de la estrategia de ETA, unos pocos, muy duros, contra todos los demás, con el auxilio de quienes creen beneficiarse de esa lucha o se protegen de ella para no ser víctimas. Lo sorprendente es que la cobardía política, y no poca ignorancia, haya permitido darles la razón, justificarlos a posteriori, y legitimar, de paso, cualquier nueva forma de barbarie, que puede haberla, no nos engañemos, porque resultaría rentable. En esto tenemos que cambiar, y hacerlo en nombre de la democracia, de la ley, y no solo de la paz. 
Timos digitales

Renfe en el diván


Hace unos meses se ha publicado «Renfe en el diván», un libro de José Luis Villa, que fue el ingeniero que dirigió la implantación del AVE y que, tras casi cuarenta años en Renfe, dejó la compañía como director general a comienzos de este siglo.

La obra tiene un interés enorme. En primer lugar, es un retrato indirecto de casi medio siglo de España que te hace reír en ocasiones, como cuando recuerda la rica y variada terminología que existía en la Renfe de los sesenta para denominar a los urinarios, o la inextricable maraña laboral, o casi llorar, como cuando cuenta la frivolidad de quienes compraban trenes como si fueran docenas de huevos o la miopía nacionalista que nos ha obligado a repetir a finales del siglo XX el error Subercase, multiplicándolo casi por diecisiete.
En segundo lugar, es el retrato desde dentro, con extraña objetividad tratándose de españoles, de la gestión profesional y política de una compañía tan gigantesca y decisiva como ha sido Renfe.
Por último, muestra en primer plano que el esfuerzo y las ideas de gente dispuesta a trabajar casi puede conseguir milagros, en este caso el cambio completo de una compañía en apenas dos décadas.
Sinceramente, no creo que nadie que tenga que ver profesionalmente con el ferrocarril pueda prescindir de la lectura de un libro tan excepcionalmente singular. Los españoles no tenemos ni tradición memorialista, ni, por lo general, nos esforzamos mucho en razonar y en ser objetivos con nuestros rivales: el libro de José Luis Villa es un ejemplo de lo contrario.
Como la distribución de libros es un desastre sin paliativos, y sé de lo que hablo, la mejor manera de adquirir el libro es Amazon. El autor ha abierto un blog que también puede visitarse.

Para hacer honor a la objetividad del autor, acabaré confesando, y lo hago porque esto es para mi un honor, que he sido el editor del libro, lo que me ha permitido el placer de leerlo por dos veces, antes de publicarlo, y después.
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Una Navidad que se ha quedado en nada

Que el público no está para fiestas, parece evidente, aunque parece estar un poco más dispuesto a comprar que hace un año. Se sabrá. Lo que me ha llamado más la atención ha sido que el proceso descristianizador de la Navidad ha avanzado muchísimo, al menos aparentemente. Me pregunto cuál será la responsabilidad de la jerarquía católica y de ciertos apóstoles en este asunto, sin descartar la mía, nada pequeña, seguramente, pero también puede ser que estemos ante un proceso más hondo que lo que todo el mundo percibe. Creo, sinceramente, que es una perdida, pero ha pasado más veces y alguna vez será la última, aunque no tenga necesariamente que ser esta.
Susticat, contra la migraña separatista

Gödel y Dios

En Vozpopuli aparece una información sobre una supuesta demostración científica de la existencia de Dios a partir de las ideas de Kurt Gödel, uno de los grandes matemáticos del siglo pasado, tal vez el que haya hecho derramar más tinta a los no matemáticos. El artículo es lo que cabe suponer que sea, pero la idea de fondo ha dado muchas vueltas, es vieja, lo que no siempre quiere decir que sea una mala idea. Se trata de un asunto serio, que no cabe en una columna digital, pero que no es una chorrada como alegremente comentan varios de los que adjetivan la atrevida columna. En el fondo es el argumento ontológico, una prueba que no les pareció mal a algunos genios como Descartes, Leibniz o el propio Gödel, además de filósofos contemporáneos, como Norman Malcolm, uno de los discípulos directos de Wittgensterin, o Alvin Plantinga. 
Si traigo aquí este asunto es porque se relaciona con una cuestión que me ha intrigado bastante, y es de carácter más general, a saber, cuál es la causa, más que la razón, de que la mayoría de la gente persista inconmovible en sus creencias, aunque haya argumentos racionales de considerable peso frente a ellas. Esto ocurre con llamativa frecuencia cuando el argumento es puramente formal o lógico, es decir, inesquivable en ese terreno. Pero la gente, tal vez con buen sentido, prefiere la evidencia inmediata o intuitiva, una especie de fe animal como la llamaba Bertrand Russell,  a la evidencia deductiva, y encuentra sospechosa siempre a la evidencia meramente verbal o simbólica, cuando de esa conclusión se podrían derivar consecuencias para lo que hay que pensar o lo que convendría hacer, para la vida. Cree, y no le falta razón, que el nexo entre las verdades meramente decibles y la existencia  real de lo que tal verdad proclama hay un abismo. Además de tal inconveniente, nada pequeño, resulta que nadie está dispuesto a entregar su libertad de juicio, incluso la de quienes la niegan, a una fórmula. Me parece que por esta vía se toca una de las cuestiones más profundas y paradójicas de la condición humana, pero para ser primero de año, ya está bien de metafísica. Feliz 2014 a todos mis lectores: que Dios derrame sobre nosotros los bienes esenciales para un vida feliz,y que nosotros sepamos aprovecharlos. 
Coches digitales

Le cedo la palabra a Sostres

Salvador Sostres no deja a nadie indiferente, esa es una virtud importante en un mundo tan carcomido por la hipocresía y la corrección política. Hoy estoy completamente de acuerdo con lo que dice en El Mundo y me sumo al homenaje que le hace a Alejo Vidal Quadras, un político extraordinario que, al parecer le sobra al PP, ¡qué cosas! 
Transcribo abajo el memorable y placentero texto sostriano:

«Parece ser que el Partido Popular va a prescindir de Alejo Vidal-Quadras y no le volverá a presentar a las elecciones al Parlamento Europeo, del que es en la actualidad vicepresidente. El portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Alfonso Alonso, ha comentado que no le extraña porque Vidal-Quadras lleva meses siendo un «activista destacado en contra del partido y del Gobierno de Mariano Rajoy».
El problema de la derecha española es que al no tener casta, ni clase social, tampoco tiene sentido de lo patrimonial, y es capaz de prescindir de una de las inteligencias más fértiles que ha dado la política española desde la recuperación de la democracia. Sería como si para poner un spa en su lugar, derribáramos la casa que Coderch construyó en el jardín porque era amigo del abuelo.
Si el PP fuera realmente un partido de derechas, de derechas como Dios manda, Alejo tendría rango de noble, de patriarca; y sería invitado a discrepar siempre que lo considerase oportuno, y sus reflexiones no serían temidas con recelo, sino celebradas como una lección de estilo. Personajes como Alfonso Alonso le sujetarían el abrigo.
Si la derecha española tuviera clase, y una idea clara de lo que es y significa el patrimonio, presumirían de Alejo Vidal-Quadras, procurarían hacerle caso. Y cuando no pudieran, por oportunismo electoral o cualquier otra bajeza, asumirían sus postulados, le escucharían con respeto, le aplaudirían la valentía de no sucumbir y de permanecer combatiente y libre, sin otra fidelidad que la que guarda a su honestidad intelectual. Le agradecerían que fuera digno de dedicarse a la política.
Si tuviéramos una derecha con estructura moral y deseo de mundo mejor, Vidal-Quadras no sería apartado de ninguna lista ni, todo hay que decirlo, estaría aparcado en Europa. Pero como en España no tenemos derecha sino un cámping un poco menos cutre que el otro -y a veces ni eso-, lo que acaba siendo noticia son las pequeñas deposiciones de un tal Alfonso Alonso, que jamás ha hecho la menor aportación ni a las ciencias ni a las letras, ni a la retórica ni a la oratoria, ni a ninguna otra disciplina intelectual o artística, y es simplemente un mindundi más con el que una derecha invertebrada, sin prestigio ni honor, chapotea en el descorazonador lodazal socialdemócrata.
Una derecha que no se puede permitir a un hombre tan extraordinario como Vidal-Quadras, tan inteligente, tan brillante, tan temido y tan odiado por los apologetas de las categorías débiles; una derecha que tiene a don Alejo Vidal-Quadras en sus filas y a la única conclusión a la que es capaz de llegar es que discrepa en ocasiones de su presidente, no está preparada para liderar la revolución estilística y moral que España necesita para superar el relativismo tercermundista en el que vive sepultada, y que es lo que causa todos los demás atrasos.
La derecha es una clase, y por lo tanto un sentido de lo patrimonial. Un estanque en el jardín, y una larga conversación donde lo de menos es el resultado y lo que importa es la inteligencia y la virtud, la sonrisa por encima de la querella, el talento como artilugio, el gusto de vivir expresado con audacia y con belleza, y esa ternura infinita con que mecemos el tiempo y las ideas.»

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Otra variante del sofisma

Los independentistas catalanes argumentan con cifras para saltarse la ley, eso dicen que es la democracia, pero no lo es. Paralelo a su sofisma político existe otro cuantitativo, al parecer, el independentismo seguirá subiendo idefinidamente, en especial si no alcanzan la independencia. La verdad es lo contrario: no puede ir a más y bajaría en picado en el imposible e indeseable caso, por ese orden, de que lo lograran. Hay independentistas precisamente porque creen que es un buen negocio, no perjudican a nadie, nadie se opone, tienen derecho y es lo natural: pero las cinco creencias son falsas de toda falsedad e irán a menos a medida que se emprenda de una buena vez una campaña consistente y persistente mostrando la verdad de lo contrario. Los catalanes son gente razonable, aunque puedan parecer un poco crédulos y mansos ante los halagos de Mas y sus sacamantecas.
Chromebook empieza a ganar

Unas portadas de Rajoy

Pese a que cada día hay miles de informaciones, o precisamente por eso, el testimonio de la memoria se invoca poco en política, y resulta esencial recordar algunas cosas. Gracias a un tweet amigo he podido recordar estas cuatro joyas, no tan viejas: «Rajoy no subirá el IVA y dice que dará la cara ante la crisis», en La Razón; «Meteré la tijera a todo, menos a pensiones, sanidad y educación», pues mira qué bien, en el ABC; «Cuando gobierne bajará el paro» en El Mundo y, por último, «Arreglaremos la economía en dos años», en El País. Eran otros tiempos, pero la verdad es también hija del tiempo, precisamente, y ese engaño, injustificable e inexplicable, le costará, le debiera de costar, muy caro, aunque, desgraciadamente, lo pagaremos más nosotros que él. 
Ladrones poco prudentes y algo ignorantes

El cierre de La Gaceta

Siempre da pena la desaparición de un periódico de papel, y en el caso de La Gaceta, mi pena es mayor porque, de vez en cuando, acogía mis textos. Sin embargo, por encima de los errores que se hayan podido cometer, de la crisis económica, y de la escasez de lectores, tres temas que podrían ser diez, lo lógico es que el papel de periódico perezca. Deseo, pues, buena vida y mejor inteligencia a La Gaceta digital, a ver si consigue el éxito que estuvo a punto de lograr en papel, antes de iniciarse el declive económico de un grupo tan singular y atrevido como innovador.

 Difícil elección