Sostres

Leer a Salvador Sostres es higiénico, porque suele decir cosas relativamente insólitas. Se puede pensar que lo hace adrede, pero qué importa el motivo. Hoy me ha servido de saludable tónico porque me confieso propenso a la solemnidad, que es vicio de ilusos. De todas maneras, aunque sea indudablemente bueno dudar de uno mismo y de sus obsesiones, nunca es malo nadar contra corriente, justo lo que hace SS. A veces, al hacerlo con hábito cotidiano se corre el riesgo de equivocarse, pero lo bueno de nadar por cuenta propia es que hasta el mismísimo último día, se puede rectificar, o intentarlo: o sea, que me parece bien que Rajoy se haya ido a ver el fútbol a Polonia, y hasta es posible que no pueda hacer nada mejor, pero no me gusta que se consagre con aplausos un estilo de gobierno que no sabe dar un paso sin engañar, porque no puede llevar a nada bueno y, al final, perderemos también la Eurocopa.

Tejidos y novedades


Cuando era un niño circulaba bastante un chiste sobre la enorme inconveniencia de confundir la expresión, muy común en los comercios de la época, «tejidos y novedades», con un exabrupto  de sonido similar, con «te jodes y no ves nada». Perdón por la grosería, pero a veces es difícil controlarse, porque el Gobierno quiere que nos confundamos, quiere que persista el engaño, dice que no hay intervención, y que no ha sido presionado cuando hay intervención y la ha habido mucho antes de lo que nuestro Gobierno pretendía, como para que quede claro quién manda. Naturalmente, podía haber sido peor, y lo probable es que lo acabe siendo con un Gobierno tan pusilánime, tan dispuesto al apaciguamiento y al disimulo. 
El Gobierno quería liquidez vía BCE y no se la han dado, porque, para nuestra desgracia, no la merecemos; el Gobierno no quería intervención, y se la han impuesto antes de lo que pensaba, tras las penosas negaciones de Rajoy, de Soraya, y de toda esa cohorte de políticos demediados y confusionarios que se limitan a hacer la ola. 
Tremenda la responsabilidad de la prensa que se tiene por prensa de derechas tratando de contribuir al engaño. Lo de la portada de La Razón, es de vergüenza nacional, una sima de abyección y de populismo tardo-franquista de la más baja estofa. Que yo tenga que reconocer que no hay más remedio que leer El País, mejor El Confidencial en la web, si queremos enterarnos de lo que está pasando es tremendo. 
¡Pobre España! Un gobierno que no va a tomar el turrón, se empeña en terminar sus días en medio de la deshonra y el disparate. 
La videoconferencia

Con el ánimo suspenso

La mayoría de los españoles conscientes está hoy con el ánimo suspenso a la espera de la decisión que se tome sobre nosotros, porque de eso se trata. ¿Sabremos aprovechar este aviso para rectificar? ¿Seremos capaces de construir una democracia verdadera sobre las ruinas de este sistema corrupto hasta decir basta? Habrá que intentarlo, porque, que nadie se confunda, ese es el problema.
El país que copia

Una imagen contra la que no se hace nada

La imagen que me manda mi amigo Boris Levy es el puro retrato de una situación contra la que nada se hace. Con la levísima excusa de la presunción de inocencia, todos los sistemas se apresuran a proteger a quienes, entre los suyos, son merecedores de repulsa y de sanción. Los partidos defienden a sus corruptos, que son millares; los jueces, que trabajan coordinadamente en empeorar la fama que merecen, defienden a un jefe descarado que tiene que irse a su casa cuanto antes; los legisladores no toman ninguna medida que pueda contribuir a acabar con esta lacra que desprestigia a la democracia y hunde nuestra economía; en fin, para qué seguir. 
Urge modificar la Constitución para establecer normas de mínimo cumplimiento que promuevan la democracia interna de los partidos, y es inaplazable imponer reglas de trasparencia en todo, absolutamente en todo. Siempre que algo está oculto es porque no se puede mostrar, así de simple: las cuentas de los partidos, los gastos reservados, las atenciones protocolarias. Hay que acabar con todo esto para que una ética pública exigente permita que la democracia rinda frutos de prosperidad real, no de burbujas basadas en la especulación, la mentira y la recalificación arbitraria del valor de los terrenos para que unos cuantos puedan forrarse a costa del esfuerzo ímprobo de muchos.
La wikipedia del 15M

La lucidez de Muñoz Molina

Gracias a mi amigo Federico Hasna Menduiña he podio conocer un magnífico texto de Antonio Muñoz Molina, «Hora de despertar», que, aunque ya tiene unos meses, no ha perdido ni una pizca  de actualidad y, sobre todo, de oportunidad: es un análisis enormemente certero de una de las verdaderas causas de los males que nos afligen. Les hago un favor incluyendo el link para que lo lean y disfruten
Una Internet mejor

Nunca es tarde

Las cosas de palacio van despacio, esta vez han tardado más de noventa años, pero puede merecer la pena. En 1921, en plena guerra de África,  había que defender a los soldados españoles que se retiraban de Annual; entonces, el teniente coronel Primo de Rivera, al mando del  Regimiento de ‘Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería’, al que ahora le ha sido concedida la Cruz Laureada de San Fernando, dirigió la siguiente alocución a las tropas a su mando:  “La situación, como ustedes pueden ver, es crítica. Ha llegado el momento de sacrificarse por la Patria cumpliendo la sagrada misión del Arma. Que cada cual ocupe su puesto y cumpla con su deber”. Reconozco que no puedo leer estas palabras sin experimentar un   respingo, una emoción que me parece noble y muy humana, el orgullo de saberme compatriota de aquellos soldados valientes y honrados, porque, por discutible que pueda haber sido la causa en que estaban envueltos, nos defendían a todos. La resistencia de esa unidad entre el 22 de julio y el 9 de agosto de 1921, cuando el Regimiento dio protección al repliegue de las tropas españolas desde sus posiciones hasta el monte Arruit, supuso una gesta en la que fallecieron la mayor parte de sus integrantes (28 de los 32 oficiales y 523 de los 685 miembros de tropa), y ha merecido, por fin,  el homenaje más alto y solemne  a la conducta  ejemplarmente heroica de aquellos hombres. 
Tontería artística avanzada

Las verdades del barquero

Un artículo de José Ignacio Torreblanca pone en negro sobre blanco uno de los temas de mayor importancia para el futuro de España, el rescate de la democracia.  El problema de Bankia, por ejemplo, como Torreblanca subraya, es antes que un problema de regulación bancaria un caso desdichado de autoregulación política de ambos partidos que todo lo ocupan y todo lo pervierten. Torreblanca no se refiere al caso de las autonomías, pero es idéntico, no es tanto un exceso de las regiones como un abuso de las mesnadas partidarias (remember Valencia y su Estatut demente). Desgraciadamente, no hemos aprendido gran cosa de la democracia, la hemos reducido a ser algo así como el franquismo con otros libretos,   no siempre mejores, con idéntica unidad de poder y, habitualmente, peor coordinación de funciones, sin poliarquía alguna, y eso tendría que acabarse, aunque los beneficiarios se resistirán. 
También aquí puede verse la cortedad del actual gobierno que cree que se trata de reformar algo para que todo siga igual, cuando es obvio que sin cambiar las causas no se podrán evitar los efectos muy amargos  que ahora padecemos. El drama es que el PP tiene legitimidad política y electoral para acometer reformas de verdad pero se limita a chapucear. ¿Qué clase de democracia es la que ampara la corrupción evidente del presidente de uno de los poderes del Estado con excusas de reglamento? Cuanto más se tarde en acometer los cambios de fondo, más dolorosos serán, pero no dejarán de ser inevitables. 
Peculiaridades españolas

Beneytos y Pastores

Este gobierno tiene un problema de fondo y de forma, le falta claridad y unidad, y, en consecuencia, decisión. Como no se aclara, nos obliga a tratar de aclararnos y eso, inevitablemente, genera confusión, malestar, un dolor añadido. Un par de ejemplos. La ministra Pastor, que está en Fomento, ha declarado, más o menos, lo siguiente: el gobierno anterior ha dejado 40.000 millones de deudas, facturas sin pagar o déficit, no creo que lo sepan ni ellos, pero, al parecer, el AVE es rentable, y parece ser que lo será más cuando vaya a La Coruña, creencia insólita, pero muy oportuna en una gallega simulada y vocacional como la ministra. Para culminar afirma que ella va a arreglar todo esto sin que nos  cueste un euro a los españoles. ¿Qué pasa entonces? Que no hay quien entienda como con ministros tan sagaces no se han resuelto ya todos los problemas en España, y como no vienen del mundo entero a pedirle a Rajoy que les deje algunos ministros, al menos por unas semanas. 
Entonces aparece Beneyto que no es ministro, pero manda y se atreve a echar un cuarto a espadas, y dice que no hay que descartar una intervención y que tampoco sería para tanto (no sé si estaría pensando en que Pastor diese la versión oficial para hacerlo muy llevadero). Éste, al menos, dice algo que puede ser verdad, aunque parece que no es lo que el gobierno está deseando que pensemos, de manera que imagino que le lloverán los capones, y que puede  terminar su carrera sin apenas haberla empezado. Si me dejan elegir me quedo con Beneyto, pero me temo que el estilo Pastor se lleva más, es decir suponer que los electores son más tontos de lo razonable.
¿Chromebook?

Nuestro problema

Esta vez no es que no sepamos lo que nos pasa, porque lo sabemos; el problema, más bien, es que nos guiamos por el principio comodón de «que se corrijan los demás», y, claro, no funciona nada. España necesita dosis crecientes de ejemplaridad y de intolerancia con los corruptos, o sea, por ejemplo, que Divar sea obligado a marcharse, aunque sea a Marbella. Además, somos acomodaticios en exceso, y cobardes, decimos lo que pensamos cuando no importa decirlo, pero no cuando haya algo en juego: pronto tendré ocasión, una vez más, de comprobarlo.
¿Novedades digitales?

Cavan su tumba, y la nuestra

La insensibilidad de los políticos a los estados de opinión del público es proverbial: la suficiencia insensata que les caracteriza, el estar rodeados de pelotilleros, y el hecho de que lo único que les importa no sea casi nunca confesable, lo hacen francamente fácil. De todos modos, sorprende ver a Ruiz Gallardón, un personaje cuyas credenciales en materia de flexibilidad, por decirlo de algún modo, son casi legendarias, atarse al destino de Divar, a la apuesta por su honradez, a echar tierra al asunto como si fuese un pecadillo sin importancia, con el peregrino argumento, ya repetido, de la estabilidad de las instituciones. ¿Cómo no comprenden que lo que está en juego es su fiabilidad y que lo peor que pueden hacer es lastrarla con un caso que todo el mundo comprende? Los más viejos se pueden acordar del episodio de las bragas de la Miró, que, por cierto, acabó con su vida política, e inició la era demoledora para el PSOE felipista.
El gobierno de Rajoy se le está jugando a costa de un juez pasmosamente indigno que se atreve a esconderse detrás de una conciencia moral tan peculiar que no admite examen. Lo que están haciendo es gravísimo, pero en medio de la tormenta financiera e institucional es directamente suicida, y, si no, al tiempo. ¡Que se vaya Divar! ¡Que dimitan los consejeros que le apoyaron! ¡Que Gallardón se esfume! Es lo que va a pasar, que no cesarán de crecer las exigencias. Se lo ha explicado Draghi, pero ellos siguen escuchando a Arriola que cobra un pastón y dice lo que quieren oír.
Morir de éxito