El persistente error de Divar

El señor Presidente del Supremo y del Consejo General del Poder judicial pretende dar hoy explicaciones de lo que ha hecho, mal por supuesto, y alega que lamenta el mal causado al Consejo. Pues muy mal, una vez más. Lo importante no es el daño que le haya causado al Consejo, que cierto es, sino el daño que nos hace a todos nosotros, a España y a su prestigio moral, a nuestra imagen pública como Nación, a nuestra credibilidad, y no tanto porque este atildado personaje se haya gastado ilícitamente unos cuantos miles de euros, lo que, para nuestra desgracia, es moneda común, sino porque está utilizando sus resortes de poder para que algo que está indiscutiblemente mal, un proceder por lo que cualquier chorizo pagaría, y durísimamente, se le pase a esta Señoría por alto, se blanquee, y aquí no pase nada. Esto último es lo que es absolutamente intolerable, además de que lo primero constituye muy probablemente un delito, menor, tal vez, pero delito, del que está claro que hay indicios, diga lo que diga la Fiscalía, de manera que usted deberá irse a su casa, para empezar, para que, la menos podamos sacar un ejemplo, ya que no de su conducta, si de la unánime repulsa que ha merecido, que debería merecer, a derecha y a izquierda.
La descortesía

Algo se puede hacer

La situación de España es bastante desastrosa, pero todos podemos hacer algo, con mayor razón si apunta a la raíz de nuestros males, a la mentira, el abuso de poder, el cinismo y la corrupción, que es lo que está hundiendo por todas partes el prestigio y la imagen de todos. Nunca unos pocos hicieron tanto daño a tantos.
Hay una iniciativa a la que invito a unirse a todos mis lectores para pedir la dimisión del inefable presidente del Tribunal Supremo y del Consejo general del poder judicial. Me da igual si quienes la promueven son de izquierdas, de derechas o del KKK: lo que piden es muy necesario y justo, lo menos que se nos debe a los millones de españoles decentes y trabajadores. Yo no soy tan de derechas como algunos creen, pero no tengo nada que ver con los partidos de izquierda, y menos aún, con el juez Garzón, que pudiera estar detrás de alguna de estas maniobras. Me da exactamente lo mismo. Lo del señor Divar es impresentable, ignominioso, y ya que la Fiscalía no  le quiere procesar, por lo menos que se vaya, mañana mejor que pasado mañana, a ver si vamos aprendiendo. Hay que apuntarse en  la página web Change.org donde se están recogiendo firmas para pedir la dimisión de Carlos Dívar. 
Consuelo en las consolas

Un país podrido

No me gusta exagerar, pero tampoco me gusta el disimulo. Una de las cosas que pasan ahora mismo es que casi nada funciona, y desde luego que apenas nada es ejemplar. Las instituciones están podridas porque la mentira se ha convertido en un hábito irreprimible, en un modo de vida. Desde la monarquía, a las universidades, los partidos políticos, la prensa y los jueces, todos se aprestan a hacer cierto el diagnóstico de Revel«la primera fuerza que dirige el mundo es la mentira», a exagerarlo incluso.  El presidente de gobierno quiere tranquilizarnos y recurre a algo que da toda la sensación de ser una mentira infantil, a decir que la prima no tiene nada que ver con Bankia, tiene bemoles. Esto no aguanta más así, de forma que bueno será que empecemos a reconocer con la mayor calma posible las verdades del barquero, … y a actuar en consecuencia, que tampoco es fácil. 
Motorola y Android

Una situación insostenible

Nuestra economía está en una situación que, a medias, es absurda e insostenible. No responde a razones serias, como dijo Alierta estaría bien una prima de 150, pero no más, pero refleja un estado de perdición y de desconcierto en que está ahora mismo España entera. Hace falta liderazgo europeo y español para salir de ésta, pero si uno mira alrededor, la verdad es que se asusta. No hay que perder la esperanza, sin embargo. Espero que en España haya fuerza y responsabilidad suficiente para coger este toro por sus cuernos, sin que basten las negaciones
Tabletas para empresas, no

Los rectores, o los pájaros contra las escopetas

El profesor Francisco Cabrillo ha publicado un excelente análisis de lo que está pasando en la Universidad española, lúcido y moderado. Yo sería algo más agresivo con los que mandan, en la Universidad, sobre todo, y también en el Ministerio. Creo que el plante de los rectores al Ministro ha sido un bochorno, una prueba de muy mala educación, y además, por mucho que reclamen respeto,  una enorme falta de respeto, no ya al Ministro sino a la democracia española, a una democracia  que no existe, ni puede existir, por cierto, en una Universidad dominada orgánicamente por el juego oscuro de intereses y prebendas, por un pacto por la mediocridad que se ha podido consolidar, tan solo, por la ignorancia del asunto por parte de la sociedad, y por la herencia clerical y servil de que se nutre nuestra escasamente gloriosa universidad.
Para ser respetado y respetable hay que ser autónomo, también en la economía y nuestras universidades solo saben vivir del dinero de los presupuestos porque no compiten, ni por dinero ni entre sí, y  quienes mandan en ellas, esos sindicatos de intereses tan espesos como obvios, tampoco tienen el menor interés  en que así sea. 
Se trata de algo a lo que hay que poner remedio, pero los españoles pueden estar seguros que eso no podrá hacerse mientras las universidades se sigan gobernando, caso único en el mundo civilizado, de la manera que lo hacen. Los rectores han pretendido asustar al gobierno, y es posible que lo hayan conseguido, para vergüenza de todos, pero no hacen más que dilatar una agonía inevitable, porque la universidad que hoy padecemos ni tiene sentido, ni tiene futuro.
Un teléfono de FB



La obediencia debida


Estuve el jueves en un homenaje al general Gutierrez Mellado que organizó Miguel Ángel Aguilar en la Fundación Carlos de Amberes: fue un auténtico placer recordar al militar que enseñó a sus compañeros que hay muchas cosas que están por encima de la obediencia debida: la Constitución, la conciencia, el honor, para decirlo de manera resumida. 
Necesitamos un Gutiérrez Mellado que les enseñe a los diputados y a los miembros del poder judicial la lección que tan bien han aprendido los militares, para que podamos librarnos de episodios de cinismo, sumisión  y desvergüenza, como la que han protagonizado los bozales del CG del PJ a propósito de los desahogos  marbellíes de su presidente, que pretenden hacer pasar por gastos normales. Que el presidente del Supremo se comporte como un vulgar chorizo es detestable, que no se vaya a su casa avergonzado, es insoportable,  pero que quienes debieran encarnar la justicia, la trasparencia y el respeto más riguroso y exigente a la ley y a lo que significa, le apoyen como un solo hombre en sus triquiñuelas mentirosas es absolutamente desolador y deprimente.  
Nunca imaginé que unos jueces pudieran llegar a competir en desvergüenza y en esfuerzo denodado para que se  pierda definitivamente el respeto a la Justicia, pero así está siendo para nuestra desgracia. Lo peor que se puede decir de nosotros y de quienes nos representan es que parezca normal que un escándalo tan grave como éste se administre como si fuera un asunto de trámite o una pelea competencial, un problema menor… ¡Pobre España!
Transparencia

Devotio iberica

La devotio iberica ha resplandecido con toda intensidad allí donde era más necesaria, en el CGPJ, el Consejo de la Justicia cuasi poder independiente del Estado, ese lugar de ciegos sabios que es completamente incapaz de distinguir la ley, y no digamos la moral, de los amigos y los enemigos. Da gusto vivir en un país con instituciones tan ejemplarmente encanalladas. Supongo que a quien me sé todo esto le parecerá normal. Desgraciado país que desconoce el valor de la excelencia, de la ejemplaridad y del honor, que sólo parece saber cuál es la mano del amo, país de siervos y de gitanos, con perdón de los calés.
Google y las tabletas

Estulticia infinita

El debate de los eurobonos esconde varias cartas marcadas; me fijaré en la principal, en la de los que creen que la prosperidad alemana se ha hecho a costa del empobrecimiento español, y cosas similares. Si la rigidez de la Merkel fuese la causa de nuestras desdichas, para qué habrían servido los Zapateros, los Florentinos, los Cajeros, los inmobiliarios, Urdangarín, y la SGAE, por escoger solo unos símbolos. Creer que sus aciertos se han convertido en disparates por la estrechez de la Merkel es de aurora boreal, metáfora que se emplea para no agredir a nadie, que los creyentes son muy exquisitos con su imagen de almas bellas.

Nos quejamos de vicio

No hay motivo para criticar a la Justicia, véase, si no, la diligencia con la que la Fiscalía ha actuado para aclarar la acusación contra Divar, que según Gallardón, que de estas cosas entiende un rato, sale fortalecido. Nada, ni indicios, así que a ver si aprendemos a no tirar de la manta cuando no toca. Eso se dice, pero no se hace, caramba. 
Lo que no entiendo es cómo con unas instituciones tan diligentes no se fían de nosotros esos fanáticos del norte.
Redes sociales, el paraíso