Buena noticia

Estamos tan escasos de buenas noticias que hay tendencia a considerar como si lo fuese la de los auditores internacionales sobre el maltrecho estado de nuestro peculiar y dualista sistema financiero (políticos y banqueros en comandita). 
Una sociedad tan acostumbrada a la mentira tiene que soportar estas buenas nuevas con cierta calma, pero es cada vez más urgente que corrijamos el estilo y que no se diga, por ejemplo, que el señor Divar ha hecho un gran sacrificio. Mientras sigamos siendo siervos y adoradores de la hipocresía, no nos saldrán las cuentas y nadie nos comprará nada. 
Fides ex auditu

Unamuno recordado

Mi amigo José Luis Puerta me llama la atención sobre esta carta al director de El País que recuerda lo que Unamuno pensaba de los políticos de su tiempo, ustedes dirán si hay motivo: la transcribo a continuación:

Cartas al Director. 19/06/2012 

Se repiten los mismos errores en esta sociedad española anestesiada, sin que una gran mayoría de ciudadanos tenga capacidad para detectar el adoctrinamiento, la mentira y la ineficacia como señas de identidad de una cierta clase política, como ya señalaba en su época el gran Unamuno. “Sabido es lo que son y han sido siempre nuestros gobiernos. Cuando no quieren, o no pueden, o no saben cumplir lo que la opinión pública les exige, lo falsean todo. La mayoría de los políticos viven del engaño y en él quiere mantenernos a todos, sin darse cuenta que no es posible idiotizar a los ciudadanos libres que conservan la cabeza en su sitio y un espíritu critico al cual no van a renunciar”.
Ahora, más que nunca, España necesita otros políticos y otras actuaciones basadas en la unión y no en el sectarismo ineficaz. “El político verdadero, el estadista, tiene valor de personalidad; el politiquero, el caudillo de bandería, el organizador de elecciones, no pasa de ser una fulanidad”.— José Fuentes Miranda.

Paracetamol

En la UE se toman ya a chacota lo de nuestro posible rescate, Paracetamol, han dicho. Esto tiene cada vez peor aspecto, la verdad, pero no hay otro remedio que reconocer que se trata del desvelamiento de un secreto a voces, a saber, que nuestro sistema es inviable, algo capaz de echar a pique un proyecto nacional que nos ha inspirado, supuestamente, durante  seis décadas. Pues nada, a volver a la peseta y a subvencionar la minería, eso es lo que piensan algunos, pero puede que tengamos suerte y que Frau Merkel nos de una prórroga. ¿Sabremos aprovecharla?
EEUU, España y los libros 

No saber lo que pasa

Es siempre útil releer a Ortega, pero en España estamos atravesando momentos en que resulta especialmente aconsejable. Ortega señaló la frivolidad y la falta de advertencia sobre la realidad como defectos bastante comunes, fruto, en el fondo, de la rutina y la pereza intelectual de nuestra clase dirigente. Pero también la mala costumbre de todo el mundo al habituarse a lo extraordinario como si fuese común, al convertirnos todos en «señoritos satisfechos». Eso es lo que hay detrás de la negativa del gobierno, y de los políticos en general, a revisar el funcionamiento de un sistema que está absolutamente en quiebra. De aquí al miedo, al pánico y al descontrol, falta realmente muy poco y habría que procurar evitarlo, pero eso exige mucho valor en gentes que parecen andar escasos. De momento, lo que se lleva, en una especie de consenso irresponsable, es pedir que los alemanes nos paguen las cañas, y no van a querer, que es lo que haríamos nosotros, desde luego, en su caso. 

Disculpando a Divar

Entre los que disculpan a Divar hay alguna diversidad, pero no mucha. El argumento proferido es el de la venganza, cosa que sirve también para sentar plaza de entendido. Es muy probable que sea cierto, pero me temo que no tiene nada que ver. El caso Divar pasará a los anales porque será un primer ejemplo de corruptela en la que no ha funcionado el escamoteo, aunque desgraciadamente no se ha subrayado lo más grave, sino lo anecdótico, pero por algo se empieza. Más grave que los euros es la costumbre de semana caribeña, desde luego, pero lo peor de todo ha sido el comportamiento inicialmente corporativo de los jueces afines, aunque luego se hayan corregido, por lo que pueda tronar. La Justicia no solo está en malas manos políticas, sino en manos sucias judiciales. Siento decirlo, porque me parece que se puede malentender, pero que se ponga en la picota a un político por unos trajes, y que se considere que no atenta al reglamento lo del juececito es de coña. En fin, entiendo que se haya chapuceado una solución no demasiado sangrienta, pero hay que ir a más y a mejor, no a lo de siempre.
Google se niega

Espada

Arcadi Espada tiene toda la razón, y suele tener bastante, en dos de sus últimas intempestivas, contra la, creo, señorita Robles y sus consideraciones divarianas, y contra la sentencia a favor de Dans, por más que yo no sea tan propietarista como lo es don Arcadi y caiga más del lado anarcoide, si es que lo es, de Dans, pero mentir me parece mentir, no opinar, faltaría más. Por lo visto ha sido condenado por twitter por esta última andanada, pero ¿qué tendrá que ver el culo con las témporas? La única diferencia entre una mentira individual y una mentira idolatrada por multitudes es que ésta última es mucho más peligrosa, pero sigue siendo mona a pesar de la seda twittera. 
Malas noticias

Hipócritamente, pero se va

Supe que Divar se iría, lo que es un alivio, al oír a una consejera rival hacerle elogios en una tele. Le doraba la píldora para que tuviese un gesto de dignidad, con seguridad previamente pactado. En este desdichado país todo es apariencia, boato, mentira. Divar se queda para poder lucir en compañía del Rey e irse luego como si lo hiciera dignamente.  Lo de la justicia igual para todos, puede esperar, como siempre. Pacto de miserias, pero algo es algo. Entre otras cosas, puede ser un modelo para otra dimisión que pudiere llegar a ser urgente, aunque ahora todavía parezca inaudita e impensable, como la de Divar hace un par de semanas. Pero en Italia hacen estas cosas mejor.
Cosa de dos

Sentido histórico

Llama realmente la atención la absoluta falta de discernimiento de algunos políticos en cuanto se refiere al momento histórico en que vivimos. Repasemos, de afuera adentro: el mundo es hoy algo profundamente distinto a lo que era hace solo diez años; Europa está en una crisis grave; la situación política española es enteramente de final de un largo ciclo de 35 años que no comenzó mal, pero que puede acabar muy mal si no se acierta a encontrar las salidas adecuadas, la mejora y la profundización de la democracia, sobre todo. Pues bien, hay quien, en la cumbre en que todo debiera verse con más claridad, se obstina en confundir lo normal con lo extraordinario.
Libros (¿?) en Google Play

Aunque Divar tenga que marcharse, hablaremos hoy de fútbol

Ahora que la Liga ha terminado, es un buen momento para pensar un poco en la situación de nuestro fútbol, lejos de las pasiones que lo colonizan, y que le hacen perder buena parte de su auténtico interés, sin que tampoco ayuden nada a cualquier otra cosa. El deporte es un rito en el que juega un importante papel la regla y el anhelo de la objetividad posible, algo que suelen pisotear los aficionados que solo saben ver la lucha a muerte detrás de las bellas maniobras que se ejecutan en el césped.  El fútbol de boquilla, maniqueo, cerril y torpe, le hace menos bien de lo que pueda parecer al fútbol de verdad.
El fútbol español es excelente, sin duda, y buena prueba de ello es el palmarés reciente de la selección nacional, los trofeos europeos de los clubes y la expectación mundial ante nuestros partidos. Pero el fútbol nacional tiene también algunos graves defectos que sería bueno tratar de aminorar. El primero de ellos tiene que ver con el abismo que separa a los dos grandes del resto y que priva a los aficionados de mayores dosis de competitividad y de incertidumbre que son los dos grandes valores del fútbol, un deporte en el que los resultados deberían ser más impredecibles de lo que son cuando se juega contra un grande. Los 100 puntos del Real Madrid no son solo una hazaña, son la muestra evidente de que algo no va del todo bien en la Liga española, de que hay una excesiva desigualdad, un abismo entre los dos primeros y los demás. Esta diferencia revela el éxito del Real Madrid y del Barça en la gestión de sus equipos, pero muestra también una disparidad de condiciones en la pugna deportiva que habría que corregir. No es lógico que compitan en el mismo Torneo equipos que multiplican por muchos enteros el presupuesto del resto de equipos. Eso puede y debe corregirse regulando de otro modo el reparto de los ingreso por televisión, tal como se hace en otras ligas europeas que son más competitivas que la nuestra, y no necesariamente menos brillantes, como se ha visto este años, sin ir más lejos.
El ejemplo de la NBA debería tenerse en cuenta como modelo: el espectáculo y la profesionalidad no están reñidos con reglas que defiendan una cierta equidad económica y permitan una competitividad más deportiva que financiera.
Otro aspecto negativo de nuestro fútbol es el de las irregularidades y opacidades que rodean el mercado futbolístico y la vida de algunos clubes. Que haya equipos que gastan sin tener dinero, que deben dinero a Hacienda, o a los jugadores, que están llenos de trampas y tapujos no debería seguirse consintiendo. Del mismo modo que hemos tenido una burbuja inmobiliaria, vivimos encima de una burbuja financiero-futbolística que no deberíamos alimentar por más tiempo. No me extrañaría que las autoridades europeas, futbolísticas o no, estén empezando a pensar que hay que intervenir en nuestro fútbol del mismo modo que han tenido que ocuparse de nuestras finanzas. 
El fútbol español vive un momento realmente luminoso, seguramente sin parangón en una historia, que ha sido, en general, muy brillante. Hay que tomar medidas para que pueda mantenerse e incrementarse  el nivel de calidad, para que aumente la competitividad de los equipos menores, y con ello el interés de la mayoría, y para consagrar unos niveles de limpieza competitiva y de respeto a las reglas que, francamente, pueden mejorarse.
El fútbol, guste o no, es uno de los temas que más tiempo e interés ocupan en la vida de muchos españoles y, por ello, es un asunto de indudable importancia política. Refleja cómo somos, y es un espejo  en el que nos miramos, de manera que una sociedad consciente debiera procurar que la equidad, la ejemplaridad y las virtudes cívicas se cultiven en los estadios. Nos proporciona muy legítimos argumentos para la autoestima y el orgullo, pero también ofrece aspectos menos admirables y esos son los que hay que corregir. Sería absurdo pretender que el dinero o, más en general, los poderes económicos y políticos, no jugasen un cierto papel en un deporte tan profesionalizado como el fútbol, pero es absurdo tolerar que el dinero y el poder tengan más influencia que la estrictamente inevitable. La poliarquía, el equilibrio de poderes, es siempre la garantía de la democracia, y el fútbol también necesita de una cierta poliarquía, de reglas que dificulten que el mayor poder económico se transforme inmediatamente en predominio deportivo, que los goles se puedan meter casi exclusivamente con la chequera, más todavía si la chequera se nutre, como ha sucedido en muchos casos, de ayudas públicas, de favores y corruptelas.
El fútbol español merece una atenta y responsable consideración de los políticos, un impulso reformista que le dote de mayor transparencia, competitividad y limpieza deportiva. Si además se consigue que las discusiones entre aficionados dejen de ser maniqueas y pasen a ser más sofisticadas y objetivas, la cultura política de los españoles habrá dado un gran paso adelante. El fútbol es demasiado importante como para dejarlo en las manos de sus dirigentes. 
[Publicado en La Gaceta]
Vuelve Terra

Los viajes de Divar

Lo grave, insisto, no son los viajes de Divar, que son injustificables y que nunca debieron cargarse al erario público. Lo grave es que siga aduciendo justificaciones falsas, como si tal cosa, y que el Consejo General del Poder judicial no comprenda que debe exigirle su dimisión inmediata. La mentira debe empezar a ser intolerable, aunque ahora sea casi un mérito. Nuestra crisis es incomprensible sin el grado de tolerancia social hacia los mentirosos, pero por algún sitio hay que empezar a acabar con esta lacra, y no es malo que sea por el primero de los jueces, el más obligado a la trasparencia, al estricto respeto de la ley ya al ejemplaridad. ¡Que se vaya Divar, cuanto antes! España y su moralidad pública necesitan esta dimisión urgentemente, de manera inmediata. 
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