Tal vez tenemos un exceso de sentido del ridículo, pero muchos catalanes parecen haberlo perdido. Esa manifestación espontánea de apoyo a Mas en la puerta de su Palacio, esos aires de individuo que se inmola en aras de la patria gran, su solemne promesa de abandonar el cargo tras cruzar el Rubicón, todo eso tiene un aire de farsa innegable. Pero las farsas pueden acabar en tragedia si las protagonizan los tontos y las consienten los cobardes.
Autor: JLGQ
El problema del PSOE
Y de Rubalcaba y del PSC. Consiste en que nunca podrá tener mayoría en España sin sus votos de Cataluña, mientras cree que no tendrá suficientes votos en Cataluña si renuncia o debilita su catalanismo. No es un problema tácticamente fácil, pero debería tener una solución que no fuese una chapuza. Es de temer que no sea así y se quede sin posibilidades de ser nada en Cataluña, y absolutamente alejado de cualquier opción en España al haber propiciado con sus vacilaciones y su indefinición el separatismo catalán.
En estas circunstancias, hablar de federalismo es una necedad. Ya somos un estado federal más descentralizado que cualquier otro en Europa. La cuestión no es esa, y Rubalcaba debería saberlo. Por cierto, el PP, si todavía existiese, cosa harto dudosa, no debería beneficiarse irresponsablemente de la debilidad de Rubalcaba en estas cuestiones: el interés nacional debería estar por encima y llevarles a ayudar a Rubalcaba a evitar lo que puede llegar a ser inevitable, pero no inocente. Es lo que haría un partido nacional, pero ¿lo es todavía el PP?
Transparencia
Transparencia
Un descubrimiento tardío
Leer los periódicos puede ser muy útil. Gracias a la lumbrera de Juan Luis, luminaria, más bien, pues es académico, amén de multimillonario e impecable (modelo ¡no hay cojones!), he descubierto que soy un nacionalista español, y que puedo ser una fiera porque estoy dormido. ¡Y yo sin saberlo!
Conozco pocos tests tan fiables como el de este cantamañanas de éxito, así que ya saben ustedes a lo que se enfrentan, y no me irriten.
El problema no es Cataluña
Se encoge el corazón pensando si sabremos superar inteligentemente el desafío de Mas. No será fácil, bastó el debate en El gato al agua entre Josep Maria Gay, Ernesto Juan Viladrich y Alejo Vidal Cuadras, tres catalanes de solera, para entenderlo.
El separatismo plantea un escenario que requiere una combinación de serenidad, comprensión, firmeza y afecto. Lo peor es que se funda en los graves defectos de nuestro sistema, en el hábito partidista de olvidarse de lo esencial, de la libertad y de la dignidad. En una democracia plena nadie osaría manipular los sentimientos con tanta desvergüenza para no alterar a los mandarines.
Juegan con fuego quienes se oponen a una unidad pacífica y multisecular, pero también les ayudan los que han carecido de valor para defender a España y los españoles de la marea negacionista fomentada por irresponsables dispuestos a ser héroes del pueblo a costa de su ruina completa. Cuando el partidismo oprime a la sociedad, cuando le dicta los sentimientos y la moral, la democracia muere y se entroniza la tiranía, por más que se disfrace de galas identitarias.
Es la hora del valor, de los catalanes, en primer lugar. Se enfrentan al riesgo de dejar de ser españoles, y al todavía mayor de perder la libertad en aras de un ídolo tiránico. Hemos de ser capaces de ofrecer un proyecto atractivo de convivencia, una patria común de la que nadie tenga motivos reales para querer marcharse.
La ambición de los chacales crece con la crisis: quieren una justicia propia para delinquir sin temor, una hacienda propia para evadir más impuestos, una policía propia para detener a españoles. Algo muy hondo está fallando cuando un programa así es capaz de seducir a alguien más que a sus directos beneficiarios. No basta con refugiarnos en la conllevancia orteguiana, es hora de hacer las cosas que permitan a la libertad política abrirse paso, en Cataluña y en España.
Autonomías y cultura política
El asunto que más discuto con mis amigos políticos es el de cuál es el primer problema de la política española. Abundan quienes creen que el Título VIII and so on; yo, por el contrario, sin negar que exista ese específico y nada pequeño problema, afirmo que hay otro más radical y que es, además, la causa de la mayoría de los males que se han derivado del desarrollo del Título VIII, a saber, las deficientes condiciones culturales (lo que se suele llamar cultura política) en que se ha desarrollado la vida democrática española, la conversión de los partidos en meras bandas, con frecuencia mafiosas, apegadas al clientelismo, y causa consentidora, como mínimo, de la corrupción. Cuando se trata de arreglar lo primero sin parar mientes en lo segundo, se incurre casi sin querer en la confusión de centralismo y democracia, cosa innecesaria y que no está claro sea lo más razonable en un país con nuestra geografía y nuestra historia.
Ojo con no confundirse
El separatismo catalán plantea un reto endemoniado, entre otras cosas porque no es separable de los defectos del sistema; lo que quiero decir es que una democracia en forma, de la que carecemos, resolvería mejor las complicaciones que plantean unos políticos bastante corruptos pero que manejan muy bien sentimientos, que, aunque se puedan considerar equívocos o absurdos, no son, por eso, menos reales y peligrosos. La primera cosa que hay que hacer, por tanto, es darse cuenta de que tenemos un grave problema, lo teníamos ya, pero se está agravando, y la segunda cosa es reparar en que el tacticismo debería dejar paso a posiciones más sólidas y más de fondo… pero eso empieza a parecerse peligrosamente a lo que nuestra sabiduría popular describe como pedirle peras al olmo.
Como no me gusta ser pesimista, pero me gusta menos ser iluso, creo que la solución, aunque la palabra sea inadecuada, hay que acordarse de la conllevancia orteguiana, tiene que ir por la línea de propiciar más libertad y más democracia, en lugar de más privilegios para una oligarquía que maneja ya muy bien sus hilos populistas y que está dispuesta a todo, o eso quiere hacer creer, para no poner en riesgo sus mamandurrias.
Europa y Torrelodones
Europa y Torrelodones
La cuadratura del círculo
Los nacionalistas catalanes lograrían la cuadratura del círculo de conseguir la independencia que dicen buscar. Es claro que no dicen lo que realmente quieren, sino lo que necesitan para conseguirlo. La mejor manera de tratarlos es sin caer en sus trampas, sin renunciar a tener presentes la enorme distancia entre los ideales que proclaman y la práctica que realmente promueven; para decirlo con la mayor claridad: quieren tener una justicia propia para robar sin riesgo alguno y a pierna suelta, una policía propia para detener a los que no estén de acuerdo, una hacienda propia para no pagar impuestos, y unos presupuestos propios para pasar del 3% al 30%, mientras el cuerpo aguante. Es posible que haya ingenuos a los que esto les parezca bien y, efectivamente, ha crecido la tribu de los que se creen resultarían beneficiados con la imposible cuadratura, con la chapuza oportunista que vayan obteniendo, pero tan imposible como cuadrar el círculo es que la demografía catalana les apoye, y que los charnegos bendigan su sempiterna sumisión. Más fácil es, sin embargo, que los partidos, gobernados por tipos humanos muy similares a la casta pujolista, cedan en lo que haga falta para que pueda continuar su propio negocio, esta vez en contra de los intereses de todos los españoles. Lo que es asombroso es que haya quienes puedan pensar que se trata de unos patriotas generosos y tipo Gandhi, hace falta ser muy miope, pero siempre hay tontos dispuestos al sacrificio en el altar de turno.
Mientras tanto, a cumplir la ley y, a ser posible, a mejorar la democracia, a imponer una poliarquía real, a acabar con la partitocracia corrupta, a promover la ejemplaridad, algo que los dejaría reducidos a la nada en muy poco tiempo.
Riesgos digitales
Riesgos digitales
El discurso del Rey
Parece que el Rey desmiente que esté dispuesto a reinar sobre una España diminuta; un poco tarde, pero vale. Se echa de menos que los políticos defiendan la unidad de España, de una Nación que ha existido desde antes y que siempre será más que su Constitución, a ver si nos enteramos.
El problema de los catalanes que tienen, o dicen que tienen, el problema de los catalanes, es de ellos, no nuestro. Nos basta con no agravarlo: ni magnificarlo , ni minimizarlo, porque es lo que es y nada más, ni una amenaza real, ni un riesgo serio, si cada uno supiere cumplir con su deber, pero hay muchos que tocan de oídas, y así nos va.
Sobre el agonismo
Sobre el agonismo
Parábola
La habilidad del heredero puede consistir en hacerse indispensable para los enemigos manteniendo suavemente la legitimidad originaria, pero supeditándose al realismo. O puede que no. Ya se verá. Ha habido muchos grandes personajes que han empezado con menos, y otros que han ido a menos, naturalmente.
Un Baroja
Un Baroja
Homenaje a Esperanza Aguirre
Se va una gran luchadora, una persona que, más allá de sus defectos, sean cuales fueren, ha sabido vivir la política como una entrega personal y como una misión con trasfondo moral e ideológico, y, en consecuencia, con valor. Creo que es una pésima noticia para todos y, muy en especial, para un PP desde ahora más huérfano de ideales liberales.
Su despedida, aunque abrupta, ha sido emotiva y magnánima. Yo también creo que lo mejor que ha hecho ha sido la educación bilingüe, y lo peor, sus meteduras de pata, como ella misma las calificó con ejemplar sinceridad. La echaremos muy de menos, y eso obligará muy especialmente a quienes nos sentiremos más desamparados con su ausencia.
Un tweet sobre EAGdeB
Un tweet sobre EAGdeB