Lo que Bono no le dijo a los niños



Atendiendo a una amble invitación de la Cadena 100, la emisora musical de la COPE, el presidente del Congreso ha tenido la oportunidad de dialogar con un grupo de niños y de contestar a las difíciles preguntas que éstos le han hecho sobre su extraordinaria biografía política. Los medios han glosado las declaraciones de Bono en las que, una vez más, ha vuelto a quedar patente la amplitud de miras, la generosidad y la bonhomía de este notable ejemplar político. Bono no pierde, como se ve, la oportunidad de aclarar cosas siempre difíciles, como su pasada ambición de ser presidente, su inagotable lucha contra los malos, o su entrañable camaradería con ese líder tan admirable que es Zapatero, con el que, según sus palabras, mantiene algunos secretos en común, pero siempre a beneficio de las grandes causas. 
Bono ha dejado clara que su ambición no está, en estos momentos, en alcanzar la presidencia del gobierno, aunque quepa suponer que estaría dispuesto a renunciar a su bien ganado descanso si los españoles precisásemos, una vez más, de su inagotable capacidad de sacrificio por la causa. El formato espontáneo de su comparecencia ante un público tan exigente como el infantil ha impedido, seguramente, que Bono pudiese incluir en su elenco de sapientísimos consejos y reflexiones algunas indicaciones de carácter patrimonial y mercantil, asuntos en los que, obviamente, el señor Bono es un ejemplo a imitar: ahí es nada haberse labrado una auténtica fortuna a base de sueldos medianejos, o el haber aprendido a concitar el auxilio de los poderosos  a favor de sus, aunque abundantes, modestas residencias, con el fin de poder mejorarlas y, en su caso, someterlas a un trueque atractivo y beneficioso para sus intereses. Se precisa de muy alta escuela para poder hacer todo eso sin suscitar sospechas, y al abrigo de suspicacias ajenas. Claro es que también podría haber explicado a los niños  lo que se precisa para obtener invariablemente un trato deferente por parte de la Fiscalía, o las técnicas jurídicas que hay que poner en funcionamiento para evitar las insidias de envidiosos, difamadores y periodistas aviesos, de esas gentes que, en su mezquindad, no acaban de comprender que un chico tan listo haya podido lograr un patrimonio tan sustancioso sin apenas mancharse del polvo del camino.

No consta que Bono haya instruido a sus oyentes infantiles en las técnicas que domina con tanta perfección, y que le han permitido, hasta la fecha, mantenerse al margen del común escrutinio de la Justicia para casos tan extraordinariamente llamativos como el suyo. Tal vez Bono se haya dejado llevar de su afamada ingenuidad y haya pensado que materias semejantes no forman parte de las preocupaciones de las almas infantiles, porque, de haber estimado lo contrario, habría empleado la misma elocuencia con la que suele despacharse sobre esta clase de cosas. Nos parece bien, de cualquier modo, que Bono se reserve para los juzgados, no vaya a ser que acabe enredado en cualquiera de las muchas demandas que aún tiene pendientes, algunas a título personal, otras a través de algunos de los administradores de su amplio patrimonio, gentes más elementales que su patrón y que tal vez no hayan sabido estar a la altura de las exigencias de su señorito, de modo tal que desafortunadamente hayan podido meterle en algún mal paso, aunque su habilidad y gracia seguramente le libren de semejantes contratiempos, de esas contrariedades que siempre sirven para curtir a personalidades tan recias, y a la vez tiernas, como la de Bono

La insólita creatividad de los ERE a la andaluza


En España somos cicateros con el reconocimiento a los méritos y los éxitos ajenos, por esa envidia que, al parecer, es uno de los males nacionales. Me parece que no se ha destacado con suficiente vigor el enorme talento, la creatividad, la solidaridad y la paciencia de que han hecho gala ese grupo benemérito de políticos andaluces que han sido capaces de encontrar un aspecto positivo y remunerador a la tristísima tarea de poner en marcha un ERE, de poner en la calle a cientos de personas. Que hayan sabido transformar lo que, a ojos comunes, debería ser un elemento de descrédito político, en una oportunidad para hacer favores y propagar el camino andaluz al socialismo, es algo muy digno de tenerse en cuenta. Esta innovación se va descubriendo poco a poco, dada la natural modestia de sus autores, por lo que querría llamar la atención de mis lectores sobre el conjunto de la operación antes de que se lancen a una rápida condena de la misma, movidos por no se sabe qué oscuros intereses. Como imagino ya saben los lectores de este diario, en Andalucía se han empleado cientos de millones de euros en apañar los planes ordinarios de reducción de empleo de una gran variedad de empresas, de manera que los beneficios de esos planes, generosamente financiados por el conjunto de los españoles, no se limitaran a la letra de la ley, sino que sirviesen para otorgar favores a personas con acreditados méritos, sindicales o políticos, subarredando, en ocasiones, algunos beneficios a cambio de una merecida comisión para el agente. Ya sé que habrá muchos que, llevados de su estrechez mental, sean incapaces de entender la grandeza de esta práctica, su espíritu de solidaridad, su nítida distinción de cualquier forma más usual de corrupción interesada. Es normal que esta forma de creatividad haya corrido a cargo de socialistas pues, como José Blanco proclamó hace pocos días, un socialista siempre puede distinguir entre las formas taimadas y burguesas de corrupción, y las eventuales desviaciones de la ley al perseguir un fin mayor que la ley misma, la solidaridad, sin ir más lejos.
Los ERE tuneados por los socialistas andaluces han servido, por ejemplo, para financiar prejubilaciones a individuos que no hubiesen trabajado nunca en la empresa sometida al ERE, o a personas que no tuviesen los suficientes años trabajados, lo que siempre puede considerarse un azar y una injusticia, de forma que el dinero público ha valido para alegrar las duras condiciones de vida de personas, sin duda, meritísimas.
Al actuar de este modo, los autores y consentidores de esta nueva forma de política social, pues no se trata de otra cosa, han hecho algo que no puede considerarse corrupción, sino, sencillamente, socialismo imaginativo. Este tipo de prácticas son plenamente distintas de las de un Roldán, para citar un caso bien conocido, que metía la mano en la caja de los huérfanos de la Guardia civil, además de en otros muchos rincones, en su exclusivo beneficio, es decir comportándose como un especulador cualquiera, como un liberal depredador y defensor de la libre empresa, que en último término no busca otra cosa que su beneficio personal. Estos compañeros de Andalucía habrán cobrado, si es que se demuestra que lo han hecho, alguna pequeña comisión por su trabajo, pero lo que han hecho ha sido en beneficio de los demás y del socialismo, puesto que no consta que haya existido ningún beneficiario ajeno a los círculos que han hecho posible, con su ejemplo y su sacrificio, el poder del socialismo durante casi cuatro décadas.
Las fechorías de estos visionarios no han hecho otra cosa que socializar selectivamente los beneficios del esfuerzo público, y de manera tan perfeccionada y discreta que cabe pensar que estuviesen pensando en incorporar el procedimiento a la legislación ordinaria, lo que les permitiría ir siempre algo más allá, con esta gracia especial que parecen tener para adelantarse a las previsiones ordinarias de las leyes progresistas del futuro con prácticas imaginativas y bienintencionadas. Favorecer los lazos afectivos entre los partidarios del socialismo supone reinventar el socialismo, puesto que éste, una vez abandonada la idea revolucionaria, corre el riesgo de reducirse a una retórica evanescente, y a una rémora económica. Ellos han descubierto la manera de conseguir que la condición de socialista, o de ugetista, o de amigo de quienes lo sean, sirva para entrar en una senda de mejora económica casi permanente, lo que supone un avance innegable.

No vale decir que con ello, privaban de unos beneficios legítimos a quienes tuvieran derecho a ese dinero, eso sería no comprender la esencia de esta estupenda invención: el Estado socialista, digan lo que digan los mercados, no puede quebrar, y siempre se acaba por encontrar lo necesario para cumplir. No cabe negar que han descubierto lo que es casi el movil perpétuo: a base de imaginación, han transformado la letra de la ley en solidaridad bien entendida.
[Publicado en El Confidencial]

Elogio, relativo, de la corrupción creativa

Aunque ya he escrito algún parrafito sobre el asunto, quiero hoy adentrarme algo más en el debido reconocimiento a ese pequeño, aunque no tanto, grupo de políticos andaluces que han llevado la corrupción a un nivel creativo desusado. Me refiero al lento y sorprendente descubrimiento de que en Andalucía se han empleado cientos de millones de euros en, por ejemplo, financiar prejubilaciones a individuos que no hubiesen trabajado nunca en la empresa que se sometía al ERE correspondiente, o que no hubieran trabajado durante un período lo suficiente, conforme a la ley, y un sinfín de variedades solidarias, y muy creativas. Creo que se trata, para empezar, de corrupción socialista, químicamente pura, y por oposición a la mera corrupción individual o de amigos, que, aunque también sea practicada con arte por buen número de socialistas, es tipológicamente más apropiada a otros gremios políticos. 
Los corruptos andaluces actuaban de tal manera que sus fechorías contribuían no solo a socializar los beneficios del robo, si bien imagino que existiría siempre algún tipo de cascada comisional, sino también a que el robo pudiese acabar convirtiéndose en una costumbre, y, a la larga, en algo legítimo. Se trata, pues, de un procedimiento enteramente dirigido a ampliar y a fortalecer los lazos clientelares sin los que el socialismo, una vez abandonada la idea revolucionaria, se convierte en una retórica evanescente, y en una rémora económica. Estos tipos han descubierto la manera de conseguir que la condición de socialista, o de ugetista, o de amigo de quienes lo sean, sirva para entrar en una senda de mejora económica casi permanente. 
Se podría argumentar que, con ello, privaban de unos beneficios legítimos a quienes tuvieran derecho a ese dinero, pero eso sería no comprender la esencia de este estupendo negocio: se trata de que el Estado socialista, digan lo que digan los mercados, no puede quebrar, y de que siempre se acabará por encontrar lo necesario para atender a lo que marcan las leyes. Así pues, la innovación que han puesto en marcha, un sistema de bonus para retribuir a los que, con su empeño, hacen posible la continuación del milagro político que es la supervivencia del socialismo, redundaría en beneficio de algunos, pero sin perjudicar a nadie, cosa que comprenderá perfectamente cualquiera que haya hecho el breve curso de economía al que se apuntó Zapatero. Insisto, no se puede negar que la invención sea genial: en Andalucía han descubierto algo que es casi como el movil perpétuo, un auténtico hallazgo, han superado, a base de imaginación, lo que, antes de ellos, pudiera parecer imposible. 

Recomiendo que no se pierdan la historia de los orígenes del bacalao al pil pil que imagino verdadera, además de interesante

Las cuentas de la lechera

A diferencia de la ilusa protagonista del cuento clásico, que se remonta, al menos, a Esopo, el presidente del Congreso de los Diputados ha conseguido edificar una considerable fortuna a base de unos inexplicables golpes de suerte, en unos casos, e inspirando solidaridad y ternura en un buen número de empresas que, a buen seguro, no suelen conceder al común de los mortales las suculentas ventajas que han concedido al señor Bono, que, claro está, no iba a rechazarlas, para consolidar un patrimonio que se pretende al abrigo de toda sospecha. Es obvio que los que se han de conformar con la triste y conformista moraleja del cuento de la lechera, carecen de la habilidad y la labia del político manchego. Se podría decir incuso que, de la misma manera que los expertos que han pergeñado en Andalucía unas modalidades inéditas y muy imaginativas de corrupción, puesto que hay que reconocer que introducir en un ERE a alguien que no forma de la plantilla es mucho más ingenioso que descerrajar la caja de los huérfanos de la Guardia Civil, como había hecho Roldán, es decir robando de una manera harto vulgar y escasamente imaginativa, el señor Bono ha dado pasos muy firmes en un terreno que, hasta el momento se ha solido considerar resbaladizo, de manera que su conducta puede servir para ampliar en un sentido, digamos, humanista, e incluso cristiano, las categorías jurídicas de Códigos legales en los que no encuentra fácil acomodo ni la simpatía, ni la facundia y el don de gentes del singular político manchego. Si a eso se añade que el señor Bono dispone en su favor de medios de información entregados a la inverosímil causa de su ascenso político, se reconocerá con facilidad que es imposible prever hasta dónde llegarán las innovaciones que Bono pueda poner en práctica para regocijo de políticos poco escrupulosos, como no sea que alguien le advierta a tiempo, si fuere el caso, de que lo suyo es ingenioso pero no indudablemente legítimo.
Lejos de estas complacencias con político tan rumboso, la querella que se ha presentado contra él en el Supremo no se anda con contemplaciones y en lugar de admitir la rareza contable de unas cuentas de la lechera triunfadora, tira con decisión de la aritmética común para demostrar que los números no cuadran, los muy antipáticos. Da toda la sensación, según indica la querella, que la estupenda permuta de un viejo piso madrileño, con inquilino incorporado, por un espléndido ático doble y libre de cualquier carga en una zona de lujo de la costa se ha podido llevar a cabo sin que quede constancia explícita de la cancelación de una hipoteca muy inflada que pendía sobre el piso de la calle del Cerro del Castañar, en esta villa y corte, y por el que el matrimonio Bono percibía una renta mensual de entre 600 y 700 euros, muy alejada, ciertamente, del supuesto valor del inmueble. En cualquier caso, si la hipoteca hubiese sido cancelada, la querella se pregunta con enorme buen sentido “«¿de dónde sacó el matrimonio Bono-Rodríguez el dinero necesario para proceder a la liquidación de la hipoteca? Como se ve, estamos ante una sucesión de prodigios realmente digna de un cuento chino. La habilidad financiera del matrimonio solo puede compararse con el espíritu altruista de Reyal-Urbis, imaginamos que habitualmente reprimido por mor del buen negocio, ya que no se recuerda en el sector una permuta de lujosos áticos en la Costa del Sol por un piso, viejo y arrendado, es decir de muy problemática venta para recuperar el valor puesto en juego en un trueque tan generoso. Los jueces, con la segura ayuda de los Fiscales, van a tener que hilar muy fino para considerar que tantas casualidades son menos sospechosas que unos trajes de caballero.

Listas de tránsfugas y corruptos

La vuelta a las listas socialistas para la alcaldía de Benidorm de los que abandonaron aparentemente el PSOE para hacerse con la alcaldía, muestra con toda evidencia el nulo aprecio de ese partido por la ética, la idoneidad y la coherencia. Los socialistas van a los suyo, al interés de su organización y de quienes de ella viven. La sordidez de la política es cada vez mayor, y hace falta una ingenuidad rayana en el delirio para seguir creyendo que se pueda esperar de los partidos algo que se justifique porque convenga a todos, si no les favorece a ellos. El despilfarro del Senado en traducciones inútiles es otra muestra del alejamiento de los políticos del buen sentido, del descaro con el que imponen lo que en cada caso les conviene aunque resulte ridículo, obsceno y perjudicial. En el caso de Benidorm, fueron unánimes los dirigentes socialistas en decir de todas las maneras posibles que sería impensable que pudiera suceder lo que ahora acaba de ocurrir, pero era tan evidente que la maniobra para desalojar al PP de la alcaldía había sido orquestada por el clan de Pajín, su madre, su padre y las personas a su servicio, que lo único que asombraba de tales declaraciones era su inagotable cinismo.
El transfuguismo es, en realidad, un vicio del sistema, una consecuencia de que los partidos no cumplan con su función, de que sus dirigentes no representen a sus votantes sino que, por una serie de mecanismos inverosímiles, se hayan convertido en pequeños dictadores que imponen sus conveniencias a los electores. Nada de esto tendrá arreglo hasta que cese el ciego fanatismo de millones de electores que siguen votando a sus representantes aunque sean delincuentes reconocidos, con la presumible excusa de que, puestos a robar, prefieren que sean los suyos quienes lo hagan.
El transfuguismo es una de las muchas caras de la corrupción, la prueba de que muchos políticos no piensan en otra cosa que en llenarse los bolsillos cuanto antes. La increíble tolerancia de una Justicia politizada, lenta y miope, hace que se sientan seguros de que nada vaya a ocurrirles, porque, además, gozarán de la protección de sus máximos dirigentes que, con tal de negar que la corrupción les afecta, serían capaces de cualquier cosa, de mantener en sus candidaturas, por ejemplo, según datos que publicó ayer Gaceta, a decenas de candidatos procesados. Los cuadros más altos del PSOE pregonan que no admiten a corruptos, pero en Ronda, en Denia, en Ibiza, en Torrox, en Estepona, en Melilla, en Elche, en Cartaya, en Jerez de la Frontera, en Ávila, en Plasencia, en San Fernando de Henares, en Llanes, por citar solo los casos de que da noticia el periódico, hay personas en sus listas que han mercido las pesquisas de los jueces, pese a la levedad con la que la justicia consideran esta clase de conductas contra el interés público. Lo mismo se podría decir de algunos casos del PP, porque, aunque su número sea considerablemente menor, el partido también prefiere casi siempre defender su honorabilidad con el frágil tamiz de la justicia que promover a personas cuya decencia conste de manera inequívoca.
Se trata de cosas que deberían cambiar porque están manchando de manera irresponsable a la democracia, pero para ello haría falta que los partidos abandonasen la moral de mafia, y se decidiesen a trabajar de verdad por el bien común, por la decencia, la ejemplaridad y el mérito, un escenario en el que no sobrevivirían esas mediocridades que se han adueñado de tantos aparatos de poder.

Túnez, una esperanza cercana

Los acontecimientos de Túnez son, sin duda alguna, especialmente importantes y significativos, y, a lo que se ve, van en una dirección excelente. Transcribo a continuación, con mínimas alteraciones y con la autorización de su autor, lo que me cuenta Karim Gherab, compañero y coautor de dos de mis libros y de algunos otros trabajos, que conoce bien de cerca el caso, porque creo merece la pena:
Lo que ocurre en Túnez es un levantamiento popular espontáneo que ha logrado derrocar al ya ex-presidente, Ben Ali. Los islamistas no están, para nada, detrás de esta revuelta, conocida ya como «la revolución de los jazmines». Los lemas de la revuelta, es decir, lo que exigía la gente era: LIBERTAD, TRABAJO y DIGNIDAD.
Todo empezó el 17 de diciembre, cuando la policía humilló a un vendedor ambulante de frutas y verduras, Mohamed Bouazizi, en el pueblo sureño de Sidi Bouzid, al volcarle el carro y destruirle la mercancía por no tener la licencia de venta. Este chico, licenciado en Informática de 26 años, formaba parte del más del 50% de estudiantes universitarios en paro. Desesperado por la destrucción policial de su fuente de ingresos familiares, se inmoló frente al ayuntamiento de su pueblo. Este acontecimiento provocó el comienzo de manifestaciones en las ciudades del sur, que fueron rápidamente aplastadas sin contemplaciones por las fuerzas policiales de Ben Alí, alcanzando por entonces la suma de 60 muertos civiles. Sin embargo, las nuevas tecnologías jugaron un papel estelar en el desenlace de las revueltas: los jóvenes que salían a enfrentarse a la policía en el sur de Túnez grababan con sus móviles, no sólo los enfrentamientos, sino también las atrocidades de las fuerzas policiales, y los videos empezaron a circular vertiginosamente por Facebook, lo que hizo que los habitantes de la propia capital de Túnez se enfurecieran y salieran también a manifestarse. Cuanta más represión policial, más videos circulaban, y más de sublevaban los ciudadanos.
El viernes 14 de enero, gracias a una convocatoria lanzada por Facebook, decenas de miles de personas salieron a la calle principal de Túnez a manifestarse pacíficamente reclamando sus derechos, reclamando libertad de expresión, más empleo, menos corrupción, acceso a todas las web de Internet (Youtube, Wikileaks, y otras web estaban capadas en Túnez) y, sobre todo, la dimisión del presidente. A la manifestación acudieron abogados, empresarios, trabajadores, artistas, arquitectos, parados, ricos, pobres, amas de casa, es decir, gente proveniente de todos los estratos sociales, y todos cantaban el himno nacional mientras caminaban por la Avenida Habib Bourguiba (la «Gran Vía» tunecina). En un primer momento, Ben Ali, incapaz de hacer frente al levantamiento popular únicamente con la policía, decretó el Estado de Excepción y pidió al ejército que abriera fuego contra los rebeldes en todo el país, algo a lo que, al parecer, el general del ejercito de tierra se negó. Es más, corren rumores de que el ejército se interpuso entre la policía y los manifestantes en algunos pueblos del sur y en la capital (hay videos en Youtube que muestran a miembros del ejército abrazados con la gente, e incluso cómo hay anti-disturbios que se quitan los cascos y lloran). El ejército es una institución muy respetada en Túnez y que, tradicionalmente, no se inmiscuye en cuestiones políticas. A la desesperada, Ben Ali prometió por TV crear 300.000 empleos, abrir YouTube y otras web, bajar el precio de los alimentos de primera necesidad, no presentarse a la reelección y «acometer cambios políticos y sociales profundos». Como la gente seguía pidiendo su dimisión, destituyó primero a su ministro del interior, y posteriormente, destituyó a todo su gobierno, prometiendo elecciones libres en el plazo de 2 meses. Nada de esto le funcionó. La gente sólo quería su cabeza y, sobre todo, la de su mujer (la persona más odiada por la ciudadanía tunecina).
Uno de los motivos clave del levantamiento popular ha sido el odio infinito que tenía el pueblo a su mujer, Leila Trabelsi, y a toda la familia de ésta, llamado «el clan Trabelsi» o también «La Familia», un clan familiar que ha tenido un comportamiento «cuasi-mafioso» (palabras literales del embajador estadounidense en los cables publicados por Wikileaks) desde hace 10 años. Nadie podía crear un empresa sin pagar a correspondiente mordida al clan; ningún negocio con éxito se salvaba de la obligación de vender un 25 % de las acciones a «La Familia». En resumen, Ben Alí, su mujer y todo el clan Trabelsi se granjearon el odio, no sólo de las clases más pobres (por la falta de perspectivas laborales), sino también de las élites, los burgueses y las clases medias, gentes con carrera universitaria y frustradas por tener que dar parte de sus ingresos a estos parásitos. El acto de Mohamed Bouazizi al inmolarse fue el comienzo de un «BASTA YA!» generalizado y totalmente espontáneo que no tiene detrás a los islamistas, por mucho que éstos quieran ahora sacar provecho de lo sucedido y ponerse medallas. Es importante señalar que los cables de Wikileaks han jugado también un papel importante, ya que confirmaban, de fuentes diplomáticas americanas, lo que todo el mundo ya sabía. Los cables cuentan anécdotas lamentables, por ejemplo, la impotencia del embajador USA porque el gobierno tunecino rechazaba un incremento de becas Fullbright, o un incremento de inversiones de empresas americanas (así MacDonalds no quiso invertir en Tunez porque «La Familia» quería tener la franquicia en exclusiva), o un incremento de ayuda al desarrollo y a la concesión de becas universitarias. También contaba el embajador que un banquero le decía que había empresarios que le llamaban para pedirle consejo, porque habían recibido una llamada del clan Trabelsi, pidiéndoles dinero. O cómo la mujer del presidente creó una universidad de élites para competir con la escuela de estudios superiores patrocinada por el gobierno USA, y para hundir a ésta, se inventaba impuestos y presionaba a los padres de los estudiantes para que abandonaran la escuela norteamericana. El clan Trabelsi tenía entre manos, con malas artes, la mitad de los negocios de Túnez (bancos, concesionarios de todas las marcas de coches, representación de Boeing y Airbus, hoteles, medios de comunicación, restaurantes, etc). Y tanto su mujer como su yerno (de 29 años) estaban intentando preparar el terreno para suceder a Ben Ali (73 años y 23 en el poder) en el poder.
Desenlace: Ben Alí ha escapado con su familia a Arabia Saudi después de ser rechazado por Francia e Italia. Mientras tanto, el país vive en toque de queda, de 17h a 7h. En un primer momento, el primer ministro tomó el poder de forma temporal, pero los jueces del tribunal superior reclamaron, siguiendo lo que pone en la Constitución, que fuera el presidente del parlamento quien tomara las riendas del país. Este ha hecho un llamamiento a todas los opositores políticos en el exilio para crear un gobierno temporal de unidad nacional.
La inseguridad por la noche es grande, reina el caos, hay saqueos por la noche, por lo que los vecinos se han organizado y han creado patrullas nocturnas de vigilancia para defender sus bienes. en un principio se pensaba que los saqueos de encapuchados eran obra de gente de a pie, pero hoy mismo (confirmando los rumores que ya se leían en Facebook) se ha descubierto que los saqueos son obra de policías y milicias fieles al ex-presidente. De hecho, parece ser que los tiros que se oyen por la noche son los enfrentamientos del ejército contra la milicias de Ben Ali. Hoy mismo el ejército ha detenido al ex-jefe de seguridad de Ben Ali cuando intentaba huir a Libia y parece que la policía y el ejército están logrando, poco a poco, mejorar la seguridad en las calles. El horario del toque de queda se ha reducido un poco.
Es la primera vez en la historia que se produce una revolución democrática en un país árabe, una revolución espontánea sin islamistas ni militares detrás. No ha sido un golpe de estado, sino una revolución popular (de origen juvenil y estudiantil). Creo que posibilidades reales de que Túnez se convierta en la primera (verdadera) democracia árabe de la historia y que puede abrir el camino de revueltas similares en otros países del Magreb y oriente (Egipto, Argelia, Marruecos, Libia, Jordania…). Por supuesto que existe el riesgo de que los islamistas lleguen al poder, aunque creo que en el caso de Túnez es muy difícil que esto ocurra. El espíritu laico está muy arraigado en Túnez, hay mucha clase media, ha habido mucho contacto con los turistas en los últimos años y la admiración por Occidente es muy grande. Además, la tasa de universitarios es la más alta del Magreb y los derechos de la mujer (gracias a Habib Bourguiba, el admirado presidente anterior a Ben Ali) son, de lejos, los más avanzados del mundo árabe (en los videos, se puede ver a las mujeres participando junto a los hombres en las revueltas, sin burkas ni nada parecido).
Si surge el islamismo será, en parte, culpa de Francia, Italia y España, que han defendido a Ben Ali hasta el último momento. Ha sido vergonzoso. Los acontecimientos ocurridos han mostrado la verdadera naturaleza de las dictaduras del Magreb: regímenes policiales alentados por estos 3 países (al contrario que Alemania, USA, Canadá y Reino Unido) son una copia de la política llevada a cabo por Henry Kissinger en América del sur en los años 70. Reclamar libertad, democracia y respeto a los derechos humanos en la escena pública, y financiar al dictador en la trastienda con la excusa de frenar el auge islamista. Te puedo decir, con conocimiento de causa, que el auge islamista es una consecuencia de los métodos de dictadores como Ben Ali. Es más, al propio Ben Ali le interesaba que, de cuando en cuando, hubiera revueltas islamistas, que él, como «buen amigo» de Occidente, se encargaba de aplastar.
En fin, que los tunecinos no solo han tenido que luchar contra Ben Ali, sino también contra los gobiernos franceses, italianos y español. Por desgracia, el hecho de que Francia haya intentado hasta el último momento mantener a Ben Ali en el poder va crear resentimientos por parte de los tunecinos y franco-tunecinos. Para reparar los daños, Sarkozy dice ahora que va a congelar las cuentas bancarias sospechosas de Ben Ali en Francia y que va a expulsar a las 2 hijas de Ben Ali de Francia (ambas había huido a Paris unos pocos días antes del derrocamiento como medida de precaución). La ministra francesa de asuntos exteriores, Michèle Alliot-Marie, ofrecía el 11 de enero a Ben Ali el «savoir faire» de los antidisturbios franceses «para frenar los problemas de seguridad» de Tunez. ¡Toma ya!
Menos mal que no enviaron los anti-disturbios franceses, porque, tanto era el hambre popular por cargarse a Ben Ali y a su mujer (lo digo con mucho conocimiento de causa), que los tunecinos se los habrían comido igual. Tendrían que haber enviado el portaaviones Charles De Gaulle para hundir las ansias de libertad tunecinas…
Por cierto, otra anécdota que cuenta el embajador en los cables de Wikileaks son las «mordidas» del Banco Santander a la familia del dictador con el fin de hacer buenos negocios en Túnez.

Gratis total

La actitud de una gran mayoría de altos cargos socialistas frente a las privatizaciones es de total oposición, como se sabe, aunque se trata de una disposición que admite una excepción muy clara en lo que se refiere a utilizar los medios que la administración pública pone a su servicio, como los coches oficiales, los ujieres o el personal de su entorno inmediato. En este caso, el servicio público y el provecho personal y privado se ven forzados a la armonía, y los jerarcas no pierden el tiempo poniéndole puertas al campo, ya que todo vale para el convento, según reza el dicho popular. Ya se sabe, lo dijo Enrique Barón, que un ministro es un bien público, de lo que cabe deducir que una ministra ha de ser, sin ningún género de duda, aún algo más precioso. Parapetados tras esta presunción, que nadie les discute en el momento del abuso por la cuenta que les pueda traer, son muy abundantes los altos cargos, y las altas cargas, que utilizan servicios que se les ofrecen para cumplir sus funciones públicas como si fueran los señores de una gran casa, viejos aristócratas o plutócratas que no necesitan llevar ni billetes ni monedas en el bolsillo.
Los lectores de La Gaceta han podido enterarse, no sin cierto asombro, de la desenvoltura con la que algunas personas confunden su cargo público con un servicio universal en régimen de gratis total, si leen el reportaje que se publicó el domingo sobre los usos que ciertos mandamases y mandamasas hacen de los parques móviles, y es solo un ejemplo. ¿Qué la ministra quiere bombones? Pues que el chófer se acerque a la pastelería. ¿Qué la responsable de igualdad trasnocha? Pues ¿para qué están los turnos de noche? ¿Qué la vice tiene prisa? Hombre… no vamos a andarnos con respetos al código de la circulación cuando está en juego el porvenir del socialismo, y el del feminismo, si se nos aprieta.
Esta conciencia de exención, esta convicción de poder obrar con impunidad y no solo porque no se sepa, sino por estar por encima de la norma, es uno de los grandes tesoros psicológicos de quienes creen estar en la vanguardia de la ética universal, porque son tan grandes sus servicios a los grandes ideales que están seguros de que ni siquiera un el más escrupuloso rigorista moral podría poner en duda la legitimidad de sus aparentes excesos. En este asunto, como en todos, el ejemplo que han dado los de más arriba ha sido decisivo para disipar las ligeras nieblas de duda o vacilación que pudieran afectar a los de conciencia más exquisita. Desde que Felipe González usó el Azor sin pudor alguno para irse de pesca con sus cuates, o Guerra mandó llamar el Mystere a Portugal para no llegar tarde a una corrida sevillana, los socialistas han entendido bien el mensaje de que los vencedores merecen su recompensa, y de que sería un desperdicio de su tiempo, que tanto apreciamos todos, dedicarse personalmente a los menudos menesteres que ocupan la jornada de las gentes del común, a desgastarse en tareas menores.
Pues bien, frente a esos ejemplos de hipocresía y abuso, hay que decir bien claro que tal clase de conductas es rotundamente inmoral y políticamente intolerable en cualquier caso, pero más aún cuando los poderes públicos están desangrando a los ciudadanos con impuestos cada vez más altos, y haciendo que la deuda pública crezca hasta límites realmente insostenibles y enloquecidos. Este gobierno miente por hábito en lo que dice, pero su mentira más hiriente es lel comportamiento de quienes lo encarnan.
[Editorial de La Gaceta]

Mi bella lavandería

Las lavanderías forman parte esencial del imaginario fílmico siempre que se trate de gánsteres. Una asociación inevitable entre el lavado de la ropa y el blanqueamiento del dinero sucio ha hecho de estos establecimientos lugares privilegiados en el desarrollo imaginario de las tramas delictivas. No deja de ser, pues, una infausta y sorprendente coincidencia que, según informa La Gaceta, haya aparecido una lavandería en el abigarrado escenario de los bienes de fortuna que atesora el señor presidente del Congreso. No produce sino asombro la capacidad del señor Bono para ir engarzando pequeñas perlas en el collar de sus posesiones, de manera discreta, tacita a tacita.
Es claro que esta noticia tendría que inquietar a nuestros concienzudos fiscales, si es que se decidieran a investigar un enriquecimiento que nada tiene de modélico y cuyas causas han de ser, por fuerza, completamente ajenas a los empleos, públicos y escasamente remunerados, del señor Bono.
La lavandería que ahora ha salido a la luz no es, precisamente, una empresa pequeña y, como en casi todo lo que tiene que ver con el político manchego convertido en plutócrata, guarda sospechosas relaciones con las instituciones y con los constructores amigos de Bono. Curiosamente, el señor Santamaría, presidente de Reyal, al que no se le conoce en el ramo de la limpieza, ha sido titular de la explotación hasta el momento en que esta pasó a las manos de sus actuales propietarios, uno de cuyos familiares ha explicado de manera paladina que actúan, en realidad, como meros testaferros del auténtico propietario que no es otro que Bono. Se trata de afirmaciones graves que la Fiscalía debería investigar porque además servirían para explicar algunas de las sorprendentes noticias que se refieren a la vida y milagros de la portentosa lavandería, como la escasez de su factura de agua o las caprichosas subvenciones que ha recibido.
Al parecer, los empleados, los vecinos y los conocedores de las intimidades de la empresa dan también por hecho que la verdadera propiedad de la lavandería está en manos de alguien distinto a quien la administra de manera nominal. Visto lo visto, no es extraño que una buena mayoría de manchegos piense que cualquier cosa pueda ser propiedad del albaceteño, dada la habilidad que no hay otro remedio que reconocerle para irse haciendo una fortuna. Habría, sin embargo, que despejar esta sospecha para evitar que el público se acostumbre a la idea de que los políticos puedan eludir la presión de la justicia y las indagaciones de la opinión pública, que tiene derecho a conocer cómo se las gastan quienes le piden el voto, con el simple procedimiento de inscribir sus pertenecías a nombre de quienes se prestasen alegremente a desempeñar ese papel, al servicio del todopoderoso y por el bien de la región.
La Fiscalía puede seguir poniéndose de perfil, y agarrándose a criterios tan discutibles como el de que no se pueda investigar los orígenes de las fortunas, lo que constituye una manera patente e hipócrita de escurrir el bulto cuando se trate de empleados públicos que de ningún modo hubieran podido amasar honradamente el pastizal que se les reconoce, y del que gozan sin demasiados disimulos.
Una hípica, un imperio inmobiliario, una lavandería… no son propiedades de las que puedan presumir los políticos honrados que acceden a su oficio sin bienes de fortuna previos, como ha sido el caso de Bono. Que a la Fiscalía no le merezca dudas es algo más que sospechoso, es una evidencia de que la Justicia quiere quitarse la venda de sus ojos y colocárnosla a nosotros, pero no lo consentiremos.
[Editorial de La Gaceta]

Aceras humanas

A la salida de mi alojamiento veraniego una numerosa cohorte de obreros se empeña en achicar una esquina de acera que, pese a pasar de cincuentona, tiene al parecer unos graves e invisibles defectos que hacen inaplazable su sustitución por una esquina más humana, como decía la propaganda del concejal de turno al comunicar a los pacientes ciudadanos el inaplazable comienzo del desaguisado.
El ayuntamiento ha sido tomado no ha mucho por una cohorte de supuestos infieles del PSOE con la inestimable ayuda de un concejal tránsfuga que se ocupa precisamente de esta clase de pendejadas con el pomposo nombre de urbanismo y planificación. No digo que haya una relación causa efecto, pero reconocerán ustedes que es mucha casualidad el súbito descubrimiento de los defectos de la acera esquinada.
El caso es que en pleno ferragosto, uno de los lugares más plácidos de esta costa maltratada se ha convertido en un simulacro de Sarajevo en tiempo de guerra, por los ruidos, los humos y las dificultades de tráfico al borde mismo de una playa cuyos accesos no son inmejorables, pero funcionaban habitualmente sin agobios. Puestos a pensar bien, es maravilloso el celo de los munícipes renovados, y puestos a pensar mal no hay otro remedio que reconocer que son unos hijos de mala madre. Ustedes perdonen, pero es un desahogo. ¡Qué bien reconducen estos chicos a sus bolsillos y los de sus amigos el dinero de nadie!

Bono se separa

El presidente del Congreso de los Diputados, José Bono Martínez, anunció recientemente la separación de su esposa Ana Rodríguez, amistosa y mediante acuerdo de las partes. Más allá del interés humano, la noticia tiene un notable interés político por su relación con la singular trayectoria de Bono como personaje público. Bono siempre ha dado que hablar y, recientemente, es seguro que más de lo que él quisiera. Su condición de socialista y su proclamación como cristiano, su supuesto españolismo y su rechazo al entreguismo de Zapatero a la causa del nacionalismo catalán, han dado lugar a numerosas polémicas. Sin embargo, lo que más revuelo ha ocasionado en los últimos meses es la revelación de la inaudita riqueza de un político cuya imagen había pretendido ser, hasta la fecha, popular y austera.
El copioso patrimonio inmobiliario y mercantil de Bono excede en mucho el alcance de sus elusivas explicaciones y su pretensión de que las noticias sobre su patrimonio formaban parte de una inexistente campaña de acoso es bastante cómica. En realidad, este argumento especioso ha hecho que los ciudadanos sospechen fuertemente de la riqueza de un personaje que lleva en el servicio público desde su primera juventud, cuando es pública y notoria la imposibilidad de edificar un capital tan pingüe con los emolumentos habituales. Las sospechosas relaciones que mantiene con magnates generosos con Bono y su familia, las transacciones muy ventajosas totalmente impensables para los ciudadanos normales, y una serie de irregularidades y tratos de favor son un síntoma evidente de corrupción. Pese a tanta abundancia de indicios, la Fiscalía, siempre atenta a determinar el valor de un bolso o de unos pantalones si han ido a parar a un político del PP, ha decidido atenerse a las proclamaciones de inocencia de Bono, y mirar para otra parte cuando se evidenciaban posesiones harto inverosímiles, como las colecciones de áticos en distintas costas españolas, o la hípica toledana edificada sobre una cañada protegida por normal medioambientales que, al parecer, son de aplicación al resto de los mortales, pero no rigen para los caballos, las cuadras y los aperos que el paternal Bono ha destinado para satisfacer la vocación ecuestre de uno de sus vástagos.
Las actividades mercantiles en el ramo de la bisutería fina de la exseñora de Bono han sido utilizadas para legitimar los recursos destinados a financiar un parque inmobiliario escasamente común en las familias españolas. Como una buena mayoría de españoles post-Logse tiene dificultades con la aritmética, no se ha caído en lo prodigioso que resulta que unos negocios de minucias, y situados en poblaciones escasamente fashion, hayan podido reportar tan altos rendimientos. En este contexto hay que preguntarse, por fuerza, si la separación juega algún papel en la estrategia de disimulo que viene practicando el matrimonio Bono para no dar cuenta del origen de su sorprendente y variopinta fortuna.