Me equivoqué

Equivocarse es humano, pero esa es una declaración fácil de hacer en abstracto. A mi me parece muy sano ejercitarse en reconocer errores concretos, como el que no tengo otra opción que atribuirme. Me refiero a que había pensado que la reforma de la Constitución que ha propuesto Zapatero y ha aceptado Rajoy era un acierto, pero es que había pensado poco en ella. Me ha bastado leer un texto de Miguel Ángel Quintanilla Navarro para darme cuenta de mi error. El argumento esencial es que la Constitución no debe ser un programa político, y la medida propuesta lo es, efectivamente. La Constitución debe admitir que hay opciones enfrentadas, y la política económica y fiscal que se deriva de la propuesta de déficit cero es la que creo más acertada y oportuna, especialmente en estos momentos, pero no hay razón para constitucionalizarla, y menos de manera tan rara. Hay que defenderla y tratar de implantarla, pero sin ponerla en el lugar en el que debe haber reserva para principios comunes, porque esta medida no es, claramente, un principio que deba asumir la izquierda, aunque tampoco estaría mal que se acercase lo más posible a ella. Como me he equivocado, admito también que puedo equivocarme ahora, de manera que tal vez vuelva sobre mis pasos. De todas maneras pido disculpas por presumir de una cualidad que creo conservo, a Dios gracias, la de cambiar de opinión si se me ofrecen argumentos mejores que los que tenía por míos.
Ver de nuevo E.T.

Rubalcaba a la búsqueda de un personaje

Cuando era joven, estuvo muy de moda un drama de Pirandello, Seis personajes en busca de  autor, cuyo título me viene ahora a la cabeza para tratar de describir el imposible en el que han embarcado a este hombre, que no parecía ningún ingenuo. A mi me cae bien, porque además es madridista, pero creo que se ha equivocado muy mucho asumiendo la candidatura del PSOE sin controlar el partido, algo que debiera haber exigido de algún modo. Al no haberlo hecho, parece que no conocía a Zapatero lo suficientemente bien. El episodio del pacto para la reforma constitucional le ha pillado completamente fuera de juego y está tratando, desesperadamente, de atribuirse algún mérito, en lo que sea. Su situación es la típica, en la desgracia, de un político más marrullero que líder, más pragmático que revolucionario. Yo creo que es un personaje que podrá hacer un papel interesante, pero ahora está tal vez en sus peores momentos. 

La consulta

Es evidente que medio siglo de socialdemocracia, por llamarlo de algún modo, ha alterado mucho lo que se podría considerar el sentido común. Que se considere lógico  gastar más de lo que se tiene solo es comprensible si no se piensa dos veces en el asunto, o bien, que creo es lo más común, si se llega a tener tan escasa noción de lo que es el dinero y la economía que se crea que todo puede arreglarse dándole a la máquina de los billetes.
Ahora muy amplios sectores de la izquierda quieren que se le consulte a los españoles si la Constitución debe prohibir o no el déficit público, y se entiende que haya gentes que consideren que esto supone robarles la cartera, con lo acostumbrados que están de ser ellos quienes se la levantan a los demás con aires de hacerles un favor, la paz social y todo eso.
Todo el marco es delirante. Unos individuos que ponen a parir a los mercados, esos perversos, no caen en la cuenta de que la única manera de que los mercados no te aprieten es tener una deuda muy reducida, idealmente inexistente, y que nadie dude de que se vaya a pagar. Los sindicatos y otros indignados ven que se le puede acabar parte importante de su cuento, todo es literalmente imposible, y están dispuestos a movilizarse, bueno, a decir que lo hacen, pero no llegará la sangre al río, porque tienen mucho que perder, y se limitarán a dar los gritos de rigor para que  se desdibuje todo lo posible el complejo mapa  de sus intereses.
Steve Jobs, un hombre de letras

La vajilla del Ministerio

Agosto, que empezó con un panorama financiero sumamente bravío, se desliza de manera discreta y un tanto mortecina hacia su final en medio de los ecos de la impresionante JMJ. El Gobierno, en contra de sus hábitos más acendrados, ha estado, en estos días de prueba, discreto y en su sitio, salvo el leve resbalón de dar a entender que el Vaticano estaba exultante con las ideas del Presidente para el futuro del Valle de los Caídos, uno de esos temas que no deja vivir al español medio y que el Gobierno ha cultivado con tanto esmero como improductividad.
Como es época de especial dedicación a la lectura, para quienes cultiven esta clase de vicios solitarios, he incrementado mi colección de anécdotas y citas, pero ha habido una que casi me ha hecho, saltar del asiento. Se refiere a Francisco Largo Caballero, a quien se llegó a motejar, un poco extrañamente, como el Lenin español. El caso es que Largo Caballero ordenó el traslado a Valencia desde un Madrid asediado, pero que resistía bastante bien, a las tropas franquistas. La idea no fue, desde luego, ni una inyección de moral, ni una gran operación de imagen, pero ya es agua muy pasada. No cuesta mucho imaginar el desmadre que supuso el traslado, y los riesgos de todo tipo que hubo que correr, de manera que, una vez el gobierno en Valencia, se imponía tratar con la Junta que quedaba al mando de Madrid sobre ciertos temas de intendencia. El general Miaja, que tampoco fue nunca un entusiasta de Largo Caballero, quedó como la primera autoridad militar y, por tanto, a cargo del Ministerio de Guerra del que también era titular Largo Caballero. El caso es que, un par de días después de ejecutado el grueso del traslado, Miaja recibió una nota de su ministro y presidente en el que le encargaba le enviase a Valencia la mantelería y la vajilla del Ministerio que se había olvidado en medio del tumultuoso traslado. Con Franco en la ciudad universitaria, y el país en plena guerra, el ministro de la guerra, persona, por otra parte, adusta y también meticulosa, el Lenin español, el presidente del gobierno de la victoria, como se había hecho llamar, tenía el tiempo y la oportunidad necesarios para pedir unos enseres olvidados.
Más allá de lo chusco de la anécdota, me parece evidente que lo sucedido constituye un buena muestra de una de las dimensiones inevitables de la política, de cualquier gobierno. Los políticos están tan a lo suyo, pierden tanto el contacto con esas realidades que imaginan no les afectan, que pueden y suelen hacer cosas que resultan delirantes para el sentido común.  No muy distinto a lo de la vajilla y la mantelería ha sido el empeño de este Gobierno en mantener la ficción de que dirige la política nacional por unos meses más. Hay que esperar que no ocurra nada especialmente grave, pero resulta evidente que el Gobierno está pensando más en los ajuares de los distintos ministerios que en la realidad exterior, que en la guerra que está experimentando la economía internacional y que, en cualquier momento, podría proporcionarnos un disgusto morrocotudo.
Como la cosa va de citas, les regalaré otra, esta vez  de Chesterton, que atañe muy directamente a lo que nos está pasando, a lo que ha ocurrido. En un debate de 1935 en la BBC con Bertrand Russell, seguramente el más ingenioso y agudo de los filósofos británicos y un auténtico lord de la izquierda, discusión que fue un verdadero portento dado el ácido ingenio de ambos contendientes, Chesterton le dijo lo siguiente a su rival: “Ninguna sociedad puede sobrevivir a la falacia [socialista] de que existe un número absolutamente ilimitado de benéficos funcionarios y una cantidad absolutamente inagotable de dinero para pagarlos”. Con la vajilla del ministerio, se puede dar de comer a un par de docenas, pero está en la esencia del negocio de la izquierda el hacernos creer que es una exageración de los católicos el atribuirse la exclusiva del milagro de la multiplicación de los panes y los peces.
Es frecuente que los liberales atribuyan malas intenciones a los socialistas, y al revés, como es lógico, pero en realidad, sea cual fuere su intención, el socialismo constituye esencialmente un error de cálculo, lleva indefectiblemente a pensar que la sangre no llegará al río, que la crisis pasará, si es que viene, que vendrán tiempos mejores. Esa es la base del optimismo que siempre ha impregnado los análisis de nuestro presidente. Si además se cometen excesos, se contrata a amiguetes, se patrocinan negocios sucios, o se producen misteriosos incrementos de patrimonio personal, por poner ejemplos que están en la mente de todos, muchísimo peor. Pero la raíz del mal está en algo que también aparece en el patinazo de Largo Caballero, en esperar que las propias ideas se impondrán mansamente, o por las bravas, a la verdadera naturaleza de las cosas, en creer que una buena propaganda valdrá más que una realidad pobre, o que con contentar a los propios se volverán a ganar las elecciones. Por fortuna, no suele ser así.

Kubrik y las tabletas

Demócratas de toda la vida

Por una vez que Zapatero dice una cosa sensata, que Europa nos pide a gritos, como que sea constitucional la obligación de no incurrir en déficit público, y que Rajoy le apoya, van los indignados de siempre y dicen que ellos quieren votar. Es evidente que quieren votar no, y a eso le llaman «golpe de estado del PPPSOE», de manera que está muy claro el tipo de estado que estos sujetos quieren, el gratis total y que trabaje Rita, o mejor, Helmut, que nos han dicho que le gusta. Nosotros a vivir el Spain is different, como con Franco.
Nuevo Chrome

No me gustan las riñas

Ni las del Real Madrid contra el Barça, o viceversa, ni la de los laicistas, izquierdistas, indignados, o quienes sean, contra la religión, ni la de los que se dedican a atacar a los laicistas para no ser menos, o para ser más, que no lo sé muy bien. Hemos tenido unos días de gozosa presencia religiosa en el ámbito público, pero parece que algunos se empeñan en prolongar, a cuenta de ello, una polémica, estéril, provinciana y estúpida. Última vez que aludo al tema, porque no sirve de nada, y desmiente los mejores propósitos de los que nos sentimos cristianos. Yo creo que una obligación moral, y desde luego cristiana, es no responder con maneras tan necias y zafias como las que usan nuestros agresores, y si se puede, y vaya si se puede, hablar de otra cosa. 
Manden un Fax

La de Dios es Cristo

Este expresivo dicho castizo resume muy bien toda la teología, por lo menos para el común de los mortales. Es lo que ha recordado insistentemente el Papa, que la fe no es una teoría, que es una vida en la que el Dios hecho Hombre nos acompaña y sostiene. Nada indica que sea fácil vivir de esa manera, es evidente que no lo es, pero cualquiera que se llame cristiano tiene que recordar que no basta con creencias, que hace falta vivir y testimoniar ese misterio que nos debe llenar de caridad, sobre todo, y de esperanza. 
La Iglesia trata de renovarse, es su obligación, para poder repetir incansablemente su mensaje, para hacer eficaz su trabajo y su testimonio. A veces se dice que estos tiempos son duros, seguro que lo son, pero nunca ha debido ser fácil esa especie de contravida que a veces supone la religión vivida con exigencia. No fue fácil ni para los Apóstoles, ni para Pedro, entonces y ahora.
El Papa, además del regalo religioso de su presencia, nos ha hecho, de pasada, otro don: que al menos por unas horas hayamos podido mirar esta vida con unos ojos distintos, que hayamos podido poner en segundo plano esas agonías que habitualmente nos azogan como si realmente fueran lo único importante, y es claro que no lo son.
Una buena idea de HTC

El Gobierno siempre acertando

Como este Gobierno ha cumplido de maravilla sus obligaciones, se permite el lujo de dedicarse a las gollerías, y acaba de sufrir un sobresalto a cuenta de una de esas noticias que produce con tanta frecuencia,  una de esas llamaradas de optimismo universal que acaba en quemaduras de hocico del optimista de turno. Resulta que tras entrevistarse con la plana mayor del Vaticano, que se encuentra en Madrid acompañando al Papa, el ministro de la Presidencia, un tipo que parece discreto cuando no dice nada, se ha apresurado a declarar que el Vaticano ve con simpatía los planes de este Gobierno respecto al Valle de los Caídos. A mi, la verdad, me pareció un poco raro que el Vaticano le facilite nada mínimamente delicado a un Gobierno que está ya fuera de cuentas, pero bueno. El caso es que el Vaticano ha declarado que ha escuchado con atención lo que el Gobierno le expuso, pero que no ha habido ninguna reacción al respecto. Estos chicos están ya tan acostumbrados al abucheo que cuando alguien les escucha con amabilidad creen que han producido entusiasmo. Pues no creo. 
¿Quién eres?

Las calles de Madrid


Están nuestras calles muy alteradas por la visita del Papa, pero me parece una alteración feliz y alegre. Hoy he paseado por las zonas aledañas al recorrido papal y me he mezclado con inmensas multitudes de chavales de todas partes con la misma cara de confianza en estar haciendo algo bueno. Creo que hasta para los agnósticos y los ateos no muy sectarios es buena la noticia de la religión en la calle, porque no todo va a ser follar, ganar dinero y engañar a quién se pueda. Esta gente nos da testimonio de que la vida puede vivirse de otra manera, nada fácil, por cierto, se tenga éxito o no. Les remito a un par de escritores, Sostres y Gistau, ambos en las páginas de El Mundo, que creo han sabido ver bien, y con ojos bastante neutrales, el significado hondo de estos días. El director de ese periódico se ha dejado llevar, sin embargo, por el tópico antipapal y ha titulado la portada con un «el Papa arremete» completamente inadecuado, se mire por se mire.
Tengo algunos amigos que dicen eso de «que rabien los de izquierdas»; no comparto ese punto de vista que politiza innecesariamente algo que está más allá de cualquier política, que se asienta en estratos sentimentales y lógicos mucho más profundos y menos usuales. Yo me he sentido emocionado, estimulado y alegre y me gustaría que muchos más compartiesen ese sentimiento que nace, a la vez, del movimiento de millones jóvenes y de unas palabras, las del Papa, que tienen ese inconfundible aroma de lo que es inactual pero verdadero y serio. ¡Que les aproveche!
Erudición en la red

Pegones

Como era de esperar, porque es su estilo, un grupo de manifestantes antipapales agredió ayer en la Puerta del Sol madrileña a un grupo de jóvenes católicos. ¡Qué valientes! Lo más terrible para este tipo de personajes es que no exista una yihad católica, que el cristianismo sea exactamente lo contrario de lo que ellos pretenden que es, aunque algunos cristianos, como ese desdichado mejicano que ha sido detenido, se olviden de ello en ocasiones. El cristianismo es caridad, anhelo de paz, de justicia, de dignidad y de libertad. A veces algunos han cometido desmanes en nombre de Jesús, pero es que hay gente capaz de matar por el Teorema de Desargues, por poner un ejemplo obvio de algo ajeno a la violencia.
Cierta y abundante izquierda española está tan desesperada de sus supuestas razones que ha llegado a la convicción de que deben imponerlas a golpes, empezando por quienes imaginan sus peores enemigos. No prevalecerán, pero darán algún disgusto, es su empeño y lo tienen fácil con los cristianos, tan fácil como lo tuvo Nerón. Insisto, ¡qué inteligentes y qué valientes son estos ateos dogmáticos!
Fallos de Google en Gmail