Luis Bárcenas

Había tenido la oportunidad de almorzar en un par de ocasiones con Luis Bárcenas y algunos amigos comunes antes de que se viese salpicado por el maloliente Gürtel. Cuando su nombre saltó a la primera página con motivo del sumario, mi intuición me decía, y parece que no me equivocaba, que en el caso del tesorero del PP se trataba de una extensión torticera de las investigaciones, de una mala faena policial del todopoderoso Rubalcaba, con la ayuda del muy probo Garzón, y con miras a implicar al PP y poder equipararlo con el PSOE de Filesa y mil chanchullos más, pero todavía hay diferencias, me parece a mí. A través de sus amigos fui conociendo su versión del caso que me parecía sumamente verosímil, porque siempre pensé que era un caballero. Ahora la Justicia, tal y como imaginaba, le ha restituido en su honorabilidad, pero no podrá olvidar nunca las dentelladas que le dieron los bienpensantes de la prensa, esos que se comen la presunción de inocencia siempre que afecte a uno de enfrente, y, por omisión, muchos de los que podían considerarse sus amigos. Aunque no pude hacer nada por él, al menos mantuve siempre la versión de sus amigos, de los que le conocían bien y sabían de su inocencia respecto a imputaciones tan artificiosas. Como es un hombre fuerte y generoso espero que se recupere y pueda dedicarse a lo que desee. ¡Bienvenido de nuevo al mundo de las personas decentes del que algunos canallas pretendieron expulsarle!.. y menos mal que todavía quedan algunos jueces que juzgan sin tener demasiado en cuenta lo que privadamente piensen.

Las trampas de Rubalcaba

Hace tan solo unos meses una expresión como la del título es seguro que sugeriría a todo el mundo algún engaño urdido por Rubalcaba, un personaje con fama de astucia y escasos escrúpulos.  Ahora, sin embargo, es él el que va cayendo en una serie de trampas, porque, en el fondo, las realidades que pretenden ocultarse se toman su venganza.
La Gaceta ha publicado una detallada información sobre las andanzas telefónicas  de Fernando Mariscal, jefe de seguridad del PSOE,  el día del chivatazo del Bar Faisán, esa operación política que Rubalcaba ha pretendido negar repetidamente en el Parlamento. El día del chivatazo, el teléfono de Mariscal establecía repetidos contactos con la Moncloa confirmando así el cariz político del caso. Mariscal habló precisamente con Presidencia del Gobierno poco antes  y algo después de que se llevase a cabo el chivatazo policial a los etarras que abortó una importante operación policial contra la red de extorsión de ETA. Se trata de algo que hasta ahora no habíamos podido saber porque el habilidoso juez Garzón, sometido a un triple proceso por prevaricación en el Supremo,  se había encargado de considerarlo irrelevante. Rubalcaba no podrá substraerse por más tiempo a la responsabilidad política consiguiente, y a la evidencia de que ha estado engañando al Parlamento. Fernando Mariscal había sido también quien mantuvo al tanto a Ferraz de cuanto se cocía en la policía en los tempestuosos días del 11M, de manera que venía siendo, desde hace mucho tiempo, una persona de la absoluta confianza del actual candidato del PSOE.
A Rubalcaba se le han torcido mucho las cosas desde que dio el salto para ponerse al frente de la candidatura socialista. Las revelaciones de La Gaceta en relación con las conversaciones ente los implicados en el caso Faisán  y los cargos políticos sacan a la luz la absoluta falta de escrúpulos  de quienes estuvieron dispuestos a saltarse las normas de la ética política y todos los principios legales con tal de conseguir lo que se proponía, esa ilusa, torpe y miope paz con los asesinos de la ETA, tramada a espaldas del Parlamento y engañando a la opinión pública, una auténtica traición a los intereses legítimos de la nación española, a la ley y a la misma democracia, que todavía pretenden seguir negando frente a evidencias cada vez más contundentes.
Tampoco ha debido sentarle nada bien al candidato que un juez de simpatías claramente progresistas haya desmantelado las imputaciones aducidas por la policía, y disciplinadamente apoyadas por el Fiscal General del Estado, para lograr la implicación de altos cargos del Partido Popular en la trama Gürtel, de modo que una operación de relojería para que le estallase a Rajoy a las puertas de las urnas se ha convertido en una prueba de la mala fe y las artimañas de nuestro Fouché, de tan mala calidad que finalmente ha acabado en nada, por más que haya servido de cebo a la prensa adicta durante años.  Rubalcaba ha coqueteado siempre con lo ilegal, con lo que no puede salir a la luz sin que se conmuevan hasta los más tibios. Su calculada ambigüedad con el 15M ha sido otro de sus malabarismos que, finalmente, tampoco le va a servir de nada.
Quien consiente lo siniestro no se va a andar con chiquitas por cualquier fruslería, pero la supuesta astucia de Rubalcaba ha dado en un rosario de desastres: ya no le cuadran las operaciones, y hasta el propio líder que le permitió alzarse, en precario, con el liderazgo del partido, le ningunea en los tramos decisivos del final de la legislatura. 


Los clientes no son bobos, ¡qué pena!

Añoranzas

Cuando se oye a algunos supuestos pensadores de la derecha hablar del nuevo gobierno del PP, no son pocos los que entonan una especie de llanto preventivo lamentándose de que la derecha vaya a volver  de nuevo a ocuparse del empleo y de la economía, pero olvidándose de la regeneración moral, así suelen llamarlo, los valores, la familia y cosas de este tipo. Yo, para estas cosas, soy barojiano, y en cuanto oigo la palabra regeneración me mosqueo, pero, aparte de mi manía, creo que los que así piensan, si es que lo hacen, ponen el carro delante de los bueyes. Los partidos y la democracia están para gobernar, no para hacer una sociedad al gusto de unos pocos o de unos muchos. En esto parecen algunos querer ser como Zapatero, imponer el código moral de su preferencia, y eso es siempre un error, con independencia de la calidad del tal código. Lo pasmoso es que muchos de los que dicen este tipo de cosas hablan también de sociedad civil, como se ve, no se privan de nada. No negaré yo que sean preferibles ciertos valores, los cristianos, sin ir más lejos, a muchos de los que son dominantes en la sociedad española de ahora mismo, pero no creo que esa sea tarea del PP, francamente. El PP bien haría en apartarse cuanto pueda de este género de individuos que todo lo confunden, pero tal vez sea mucho pedir.
La tableta de Amazon

La huelga de profesores

Tengo mis dudas de que la anunciada huelga de profesores alcance el éxito que desea la izquierda. Sin embargo, hay algo de anticíclico en el comportamiento político de los profesores: recuerdo, por ejemplo, la huelga muy masiva de las enseñanzas medias con el primer gobierno de Felipe González, con Maravall,  no mucho después de su estruendosa victoria del 82. Creo que las autoridades educativas se explican solo de manera regular; es un error, por ejemplo, hablar de las 18 horas de trabajo como si se tratase de un privilegio que mereciera correctivos, tal vez para ganarse la antipatía del público por esa huelga y acobardar a muchos profesores. Yo no creo que eso vaya a pasar, pero me parece muy mala táctica de los gobiernos del PP, aunque hay que reconocer que el personal sindical es de aúpa. Sospecho que entre la mayoría de los profesores se impondrá, más pronto que tarde el buen sentido y no harán esa huelga de tan evidente intención política y de tan obvias y estériles consecuencias, nada bueno.
Android crece y gana

Rubalcaba lo hace mejor que Montoro

Como decíamos ayer, Montoro dijo dos tonterías, pero al menos no mintió descaradamente, se limitó a usar un lenguaje idiota para hacer ver que algo le gustaba poco. Rubalcaba ha mejorado el registro, pero, además, ha mentido, lo que no creo que les extrañe mucho. Tonterías de Rubalcaba: para reducir el gasto público, vamos a quitar las diputaciones y vamos a subir los impuestos a los ricos. Nosotros, los de APR, no vamos a tocar ni la sanidad ni la educación, eso lo hacen otros (nótese la sutilísima alusión al maligno). Son tonterías porque ninguna de las dos medidas afectan, ni de lejos, al fondo del problema, pero constituyen, además, una mentira porque ni lo van a hacer, ni, de poder hacerlo, que no podrán porque van a perder, dejarían de hacer también algo de lo que los otros tendrán que hacer.
Los otros ya llevan su penitencia en negar los recortes como si se tratara de las penas del infierno: ahí tienen una huelga de profesores, no se bien si por melindrosos o por tontos.

Una tontería como otra cualquiera

Tengo una cierta admiración por lo que parece saber el economista Montoro, que fue, además, un buen ministro de Hacienda, pero debo declarar y declaro que el político Montoro tiene una cierta tendencia a decir cosas que, en un régimen normal, deberían ser tomadas por sandeces. Ante la actuación de Sacyr frente a Repsol, Montoro ha hecho dos comentarios entre los que sería difícil decidir cuál es el más tonto: que estas cosas no se hacen en los finales de legislatura, y que este tipo de actuaciones debería hacerse siempre en beneficio de la totalidad de los accionistas y, en especial de los pequeños. La verdad es que la tendencia de los políticos a decir cosas absolutamente memas y vacias es insoportable. Se le perdona a Montoro por aquello de que las obras valen más que las palabras, pero que sea  la última vez que dice bobadas similares para dar a entender que algo no le gusta, o que le parece mal: si no quiere dar las verdaderas razones, callarse puede ser una gran idea. 
Un paso de gigante en el marketing tecnológico

Una situación rara

Hace ya bastante tiempo que la situación política española viene pareciendo lamentable a una buena parte de los ciudadanos. Es casi un tópico referirse a que  el PSOE ha fracasado estrepitosamente en el tratamiento de la crisis económica, al tiempo que en su intento de crear un nuevo marco político, lo que Zapatero ha pretendido repetidas veces, y con pocos disimulos. Los frenos constitucionales, con lentitud, con dudas, con infinitas presiones, han evitado la total consumación de lo peor, pero se han desgastado mucho. Al tiempo que todo esto sucedía, se ha insistido también en que el PP parecía incapaz de suscitar grandes esperanzas, lo que refleja, al menos en parte, un cierto éxito del intento de crear un cordón sanitario en torno a este partido. En medio de esa situación pantanosa, surgió el movimiento del 15M que suscitó una serie de esperanzas que el tiempo, y los malos modales de quienes se han hecho con el invento, se han encargado rápidamente de enterrar. La economía, por su parte, no ha dejado de dar malas noticias y abundantes sobresaltos, lo que ha llevado al Presidente a adelantar las elecciones generales, a su modo, porque todavía faltan tres meses y nadie sabe lo que puedan dar de sí estos largos noventa días.
La gran sorpresa surgió poco después de la visita del Papa: como si Zapatero sintiese  una irresistible tendencia a hacerse notar, propuso, nada menos, que una reforma de la Constitución en las semanas que quedaban. Se han publicado informaciones bastante verosímiles acerca del proceso deliberativo que el presidente ha llevado con asunto tan notable, pero, como es lógico, las interpretaciones sobre su soliloquio son enormemente variadas. Un preclaro comentarista barcelonés ha atribuido al presidente nada menos que una especie de conversión penúltima a las posiciones de Aznar con el que, al parecer, habría mantenido conversaciones tan insólitas como fértiles, si  el análisis resultara ser certero. Está claro, en todo caso, que Zapatero habrá de ser estudiado a la manera como se hace con los pintores, con sus épocas, azul, rosa.. etc.
El PP se encontró ante una propuesta que, al menos aparentemente, no podía rechazar, pues es algo que había propuesto previamente, aunque, sin duda, con la certeza de que no tendría acogida. Tras una primera valoración positiva de la propuesta, la lectura de diversos análisis me ha hecho ver que la idea tiene muchos inconvenientes, nada pequeños, en casi todos los terrenos. La reforma saldrá seguramente adelante, aunque ha tenido numerosos objetores, y desde casi todas las esquinas.
¿Cómo hay que entender esta iniciativa en un contexto tan peculiar? Para empezar, nuestra tradición constitucional no escasea en declaraciones rimbombantes, ya desde 1812, como la afirmación gaditana de que los españoles debieran ser píos y benéficos.  Tenemos una recia costumbre que tiende a confundir la política con el derecho, y el derecho con la mera legislación. Somos tan proclives a confundir las cosas que nos alegramos incluso de que los Ministros de Fomento hagan planes en lugar de hacer caminos. Por aquí, me parece, está el primer defecto de esta reforma por sorpresa: no basta con decir que se va a hacer algo para que eso resulte efectivo. Frente a este argumento puede objetarse que la verdadera buena noticia reside en el hecho de que los dos grandes partidos se pongan de acuerdo, pero ¿lo han hecho? La situación del PSOE es particularmente curiosa porque acaba apadrinando in extremis lo que ha evitado con efectividad a lo largo de estos últimos años. ¿Alguien cree que el PSOE se vaya a tomar en serio este asunto en cuanto se sienta libre  de los agobios presentes? Es muy difícil hacer profecías, pero la política está más constreñida por la necesidad de lo que parece, y es poco verosímil un PSOE dedicado a aplaudir los recortes de gasto que deba hacer el próximo gobierno, si el PP deja alguna vez de dedicarse a decir que no va a hacer ninguno.
Algunos malpensados, que no han tocado bola en el asunto, se temen que esto pueda significar un giro de 180 grados en las políticas de reparto presupuestario, que esto suponga, para decirlo de una vez, poner freno al crecimiento exuberante de las administraciones autónomas y municipales, aunque de estas últimas se habla sospechosamente poco. Lo notable es que esta es una de las cosas que repiten más a menudo los críticos de la situación española, de manera que pudiera estar pasando que los políticos, en lugar de decirlo de manera directa, se hayan puesto de acuerdo en dar este rodeo por la Constitución para disimular un poco. Si esto fuese así, en lugar de mayor consenso tendríamos, simplemente, mayor confusión. El hábito, muy común en todas partes, de disimular lo que se piensa es, además de bastante necio, enteramente inútil y muestra lo muy poco que se cree en la democracia, y en las propias ideas, caso de tenerlas.  La rareza deriva de que resulta extraño que pueda ser verdad tanta belleza.
Publicado en El Confidencial
         

El sacrificio de Rubalcaba

No es que yo sea un gran admirador de Alfredo Pérez Rubalcaba, pero me parece que abundan los políticos de mucho menos peso que el del espigado socialista. Me gusta de él que esté bailando con la más fea sin apenas rechistar, aunque quepa dudar de que el ritual vaya a ser largo. En todo caso, está haciendo lo que tiene que hacer un político en su lugar, como el que tiene que ir al entierro de una víctima del terrorismo o a dar la cara ante cualquier error grave. Y eso, le honra y confiere una cierta dignidad a un oficio tan desprestigiado como difícil.
¿rebajas telefónicas?

El duopolio

El comienzo de la Liga de fútbol de primera división anuncia repetición del duopolio imperfecto de estos últimos años. El Real Madrid a la caza de un Barcelona aparentemente insuperable, y los demás a jugar a otra cosa. Me parece muy malo para el fútbol y para los españoles que las cosas estén así. Me parece mal por tres razones: la primera  porque habrá una mayoría de partidos que no tendrán el mínimo interés, lo que niega la esencia misma del fútbol; la segunda porque creo que el fútbol se resiente por las prácticas de gobierno y competitividad disminuida que han hecho que se pueda llegar a esto; la tercera es porque el enfrentamiento entre el Barcelona y el Real Madrid se politiza de manera casi irremediable y eso es un desastre para todos, y no solo para los que ahora parecemos llevar la peor parte. 
El estudiante aplicado, versión 2.0

El 15M y la Constitución

Los que se han manifestado contra la reforma constitucional ejercen un derecho legítimo y defienden, aparentemente, una causa razonable. Sin embargo, la música que suena detrás de los argumentos es cada vez más horrísona, es el ruido de una generación defraudada, desde luego, pero que hace mal en fijarse solo en lo que está mal sin decir lo que cree. No se puede combatir la hipocresía con la mentira, ni la inutilidad con la pereza, al menos eso me parece. De cualquier manera, el deporte de tomar la calle es adictivo pero está sujeto a modas, climas y bandazos. Que alguien cometa un error no quiere decir que sus críticos acierten, casi nunca. 
¿Pelahustán?