Clint Eastwood es un genio

No descubro nada afirmando la genialidad cinematográfica de Eastwood, pero ayer tuve la oportunidad de ver Hereafter («Más allá de la vida») y tengo la imperiosa necesidad de ponerme a escribir sobre ella para afirmar que se trata de una película extraordinaria, de una verdadera maravilla. Además de un inicio realmente impactante, en el que imagino se nota la mano de Spielberg en la producción, la película cobra un ritmo narrativo que consigue mantener un in crescendo realmente extraordinario para culminar con una especie de final feliz que sorprenderá a más de uno. Siempre me ha llamado la atención el atrevimiento de Spielberg para crear películas realmente difíciles, aunque es evidente, que no todas le han salido perfectas, siendo todas realmente muy buenas. En este caso, a mi entender, la dificultad era extrema y el éxito, por tanto es mucho más meritorio. Para mí es una de sus grandes películas (Million dolar baby, Mystic River, Poder absoluto, Medianoche en el jardín del bien y del mal…), pero es, seguramente la más complicada de hacer y de hacer bien. Cojamos, por ejemplo, el caso de Sin perdón: se trata, sin duda, de una grandísima película, pero es más fácil de hacer porque hay un número alto de películas similares, y extraordinarias, que pueden servir de plantilla, si es que sabes hacerlo. No estoy queriendo decir que el cine haya de ser analizado por géneros, no lo creo, pero no cabe duda de que determinadas películas tienen detrás más tradición y oficio que otras, y, aunque sea muy difícil superar ese peso de la historia, también hay que reconocer que, al que domina su oficio, esa tradición le sirve de mucha ayuda si acierta a hacer algo más que repetir. Pero Hereafter no tiene, en lo que a mi se me alcanza, precedentes; hay que ser un auténtico maestro para meterse en un tema tan difícil y hacer una película tan honda, tan emotiva, tan escéptica y tan crédula a un tiempo. Vayan a verla, me lo agradecerán, y, si no les gusta, nunca más me hagan caso en esto del cine; yo, por mi parte, le negaré el pan y la sal a cualquiera que diga que no se trata de una obra maestra, aunque en algunos casos condescendería a explicar los porqués, pero no ahora, en que me voy a limitar a expresar mi admiración y a recomendarla con vehemencia.

El PP reaparece en Sevilla

El Partido Popular comienza a sentir la euforia que desata la inminencia del triunfo, el entusiasmo de los incondicionales, y los abrazos cómplices de quienes lo ven menos claro. Siguiendo con sus costumbres, escasamente proclives a poner en duda lo que no siempre es obvio, el PP ha decidido festejar tempranamente sus anunciados éxitos en una sede como Sevilla, que también fue en el pasado el trampolín de lanzamiento de Aznar, un personaje que parece plenamente recuperado para el remo en la barca de Rajoy, como no podía ser de otra manera. Los gobiernos de Aznar, y el buen recuerdo que dejaron, son el mejor aval de un partido que seguramente ha utilizado más prudencia que ambición para convertirse en una alternativa inevitable.

Rajoy ha subrayado un rasgo esencial, necesario pero no siempre suficiente: la unidad del partido, plenamente recuperada pese a las dentelladas del contrario, a los errores de algunos y, finalmente, a la aventurera y suicida deslealtad cantonalista, de Cascos uno de los males que pueden afectar al PP, cuando el timón de la nave no se lleva con firmeza.

El PP no debería tener ningún miedo a su pluralismo interno, pero sí a la tendencia al particularismo de algunos de sus líderes, al fulanismo de dirigentes que no se sabe bien qué defienden, esos cuya política debería reservarse a los socialistas sensatos, cuando los haya. El PP tiene que superar sus miedos a afrontar ciertos problemas, a encontrar las soluciones mejores sin temor a perder votos, a debatir a fondo los problemas que interesan a sus electores y se debaten en la vida real. El PP no debiera dar la sensación de que se resiste a defender las causas de quienes le votan, tal vez precisamente porque reconoce que sus votos no proceden de un único venero, pero justamente en eso tiene que residir el mérito de su política, el acierto de unas propuestas que no solo le echan en falta sus adversarios.

Rajoy ha comparecido en plena forma y ha acertado, por ejemplo, a prometer que retiraría las ventajosas pensiones que con tan escaso miramiento se han otorgado sus señorías. La propuesta es interesante, pero lo sería mucho más si apuntase a que Rajoy estuviere dispuesto a no dejarse intimidar por la inercia del pasado, a corregir cuanto sea necesario, y hay un buen número de temas que lo requieren, a afrontar sin demoras y con diligencia las reformas que España necesita apara volver a moverse con dignidad y soltura por el mundo, para recuperar su imagen de país serio, confiable y con futuro.

Rajoy parece haber comprendido que los españoles no se conforman con saber que ganará el PP, sino que quieren poder desear que gane, quieren que el PP no solo venza sino que convenza. No es difícil conseguirlo, pero hay que lanzarse a hacerlo sin limitarse a esperar al entierro del zapaterismo. La Convención sevillana debería ser el comienzo de una nueva etapa en la que el partido se lanzase a conquistar las cabezas y los corazones de los españoles, sin limitarse, simplemente, a acoger los restos del naufragio, a los que huyen de la quema. Rajoy no debiera limitarse a corregir defectos de imagen, tendrá que intentar que crezca el entusiasmo, algo que ahora mismo es bastante descriptible, porque va a necesitar de la convicción, el sacrificio y el esfuerzo de todos para que su gobierno logré que los españoles volvamos a confiar en nosotros mismos, en nuestra patria, y en nuestros políticos. Tal es la esperanza que solo el PP suscita, y que solo él puede malograr.

Los males de la patria

Vivimos tiempos en los que nos es inevitable pensar de manera doliente en el destino de nuestro país, en los males de la patria. Tras una larga etapa de progreso político y económico, tal vez más aparente que real, pero que, al fin y al cabo, ha supuesto un buen número de mejoras, una crisis económica, larga, profunda y pésimamente abordada por el gobierno de Zapatero, nos está haciendo cuestionar gran parte de los argumentos optimistas y orgullosos de hace menos de una década, del «España va bien», para resumirlo en un slogan.

Es lógico que, ante el brusco y desagradable despertar de un sueño que estaba siendo suavemente placentero, un buen número de españoles sienta la tentación de echar la culpa de todo a los políticos, cuya irresponsabilidad, por otra parte, sería necio negar. Pero ese recurso expiatorio nos hace olvidar algo decisivo, en lo que nunca se insistirá bastante, a saber, los males de nuestro sistema son un reflejo de nuestros vicios comunes, de lacras que lastran no solo la vida política sino todos los aspectos de nuestra convivencia y que, mientras no sean combatidos de manera eficaz por el conjunto de los españoles seguirán multiplicando nuestras dificultades, favoreciendo nuestra mala suerte. Somos un país viejo, hipócrita, envidioso, escasamente dispuesto a cambiar, en el que ha predominado una cultura barroca bastante incompatible con el cambio social; un país con el con una fortísima tendencia al disparate, a crearlos y a mantenerlos, porque, a base de viejos y escépticos, somos capaces de tolerarlos, y aún de corregirlos y aumentarlos. Esas características morales de la sociedad española se reflejan y amplifican con errores políticos, algunos de ellos muy persistentes y graves: la partitocracia, el cantonalismo, el nepotismo, la corrupción no son invenciones de los políticos sino la consecuencia en esa esfera de nuestros hábitos escasamente razonables.
La política democrática debiera haber podido ser una palanca de cambio social pero lo ha sido en una medida mucho más pequeña de lo posible por las resistencias sociales a la libertad, a la competitividad, al juego limpio, a los hábitos más sanos y abiertos que permiten las libertades.
Uno de los problemas que más nos afligen en la actualidad es el de la elefantiasis del sistema autonómico, el insoportable crecimiento de las burocracias, el peso creciente de los diversos poderes públicos. Parece haber una conciencia creciente de la necesidad de someter a revisión lo que hemos hecho en estos años al confundir una muy conveniente y razonable descentralización con la generalización de una fórmula cuasi federal que, necesaria en algunas regiones como Cataluña y el País Vasco, no ha servido para otra cosa que para promover las ambiciones alicortas e insolidarias, cantonalistas, de las clases políticas locales, esa clase de necedades a las que acaba de incorporarse el inefable Cascos descubriendo a redopelo que Asturias le necesita. Es un tema muy complejo que no pretendo despachar con cuatro verdades elementales, y sobre el que, además, no tengo más que verdades negativas sin que sepa a ciencia cierta cuál debiera ser la solución, aunque sí crea que debe salir de un debate civilizado, hondo y sincero sobre las deformidades disfuncionales absurdas e insoportables a las que hemos dado lugar. Recomiendo que se lea, sobre el particular, el extraordinario artículo de Enric Juliana que cuenta algunos de los hechos decisivos que condicionaron el nacimiento de nuestro estado de las autonomías y que deberían ser tenidos en cuenta a la hora de tomarse en serio una reforma a fondo del mismo, algo que habrá que hacer, y hacer bien, sin duda alguna.

Mentir a sabiendas

Un político autonómico del que se ha hablado con frecuencia estos días ha dicho de alguno de su oponentes políticos que «miente a sabiendas». Los políticos han llegado tan alto en esto de las artes de la mentira que casi estoy por suponer que quepa la mentira inconsciente, pero no llegaré a tanto. Ya me había sorprendido, más de una vez, comprobar que mis alumnos no acertaban a distinguir, y, menos aún, a explicarlo correctamente, entre decir una mentira y decir algo que no sea verdad. Es lo que tienen las simplificaciones, que, de vez en cuando, se quedan en mera chapuza.

El nivel de razonamiento verbal con el que se admite llegar a lo que fuere en política es cada vez más bajo, pero eso también nos refleja y nos califica a todos. Hace falta que cada uno sea algo más exigente con la calidad, limpieza y decencia en sus cosas, y de sus palabras, para que el país pueda entrar por una senda virtuosa en el lenguaje y en las acciones, para que nos den algo menos de vergüenza las exhibiciones de inteligencia, cultura y moralidad de nuestros políticos, de esos personajes tan vulgares que elegimos y nos representan.

¿Otra vez la censura?

Este Gobierno no parece saber contentarse con los asuntos propios, en los que es notoriamente ineficiente, y no cesa en su empeño de ampliar los campos en que poder dejar huella de su torpeza, de su escaso respeto al pluralismo, a las libertades y de su afán de entrometerse en asuntos que le deberían ser completamente ajenos, tal como el de los medios de comunicación. Tomando como pobre excusa la mala calidad de un buen número de programas de televisión, producidos precisamente por muchos de sus amigos, por los beneficiarios directos de sus arbitrarios y mortíferos hachazos a los restos de la televisión pública a su alcance, se acoge ahora a la piadosa monserga de la calidad de los contenidos para tratar de justificar una iniciativa que sólo pretende ampliar su capacidad de censura, su poder de intimidación, su predisposición al sectarismo y a la arbitrariedad.

No es la primera vez que deseos de apariencia inobjetable y meliflua se emplean para legitimar lo injustificable, que se dicen medias verdades para ocultar auténticas tropelías, un procedimiento cuya retórica cree dominar esta Gobierno intervencionista, desnortado e ineficaz. La ley Fraga también proclamaba su deseo de promover el respeto a la verdad objetiva, pero lo que de verdad buscaba era manos libres para controlar los escasos periódicos que parecían medianamente díscolos. Con la creación del Consejo Estatal de Medios, se pretende, en el fondo, poder ir más allá, tener siempre a mano el recurso a la mordaza, poder atentar a la libertad de expresión mirando al tendido y mientras se pone cara de proteger la cultura, la infancia y un buen montón de palabras de apariencia igualmente respetable.
Esto, que es absolutamente obvio, para cualquiera que conozca mínimamente el funcionamiento de los medios en una sociedad libre, se nos propone, además, cuando ya hemos tenido ocasión de comprobar cómo funcionan esta clase de organismos sicarios en aquellas regiones, como Cataluña y Andalucía, que han tenido la desvergüenza de crearlos. En ambos casos, los Consejos de apariencia tan desinteresada han servido para proporcionar una torpe cobertura ética a los deseos de silenciar a sus críticos, para cerrar emisoras, para evitar que los ciudadanos vean, oigan o lean cosas que no resulten agradables a los delicados oídos de su gobernantes.
Resulta especialmente lamentable la pasividad con la que se está recibiendo esta infausta iniciativa por la Asociación de la Prensa, la sumisión que, una vez más, está mostrando el señor González Urbaneja, más preocupado, a lo que parece, por caer bien a los poderosos que por cumplir con su funciones y defender con gallardía el oficio de los periodistas y su libertad, sin la que quedan convertidos en meros voceros de los poderosos.
Este Gobierno no cesa de acosar a los medios libres, porque su afán de control es irrefrenable en todo aquello que no le incumbe, seguramente para compensar su escandalosa incompetencia en lo que le es exigible, además de para satisfacer ese gen totalitario que guía cada uno de sus actos. Dos ejemplos muy recientes lo atestiguan: la multa que el señor Sebastián ha impuesto a este grupo con una excusa realmente peregrina, y la declaración de la ministra Pajín, tan activa en la propagación de las necedades más variadas, reclamando que su departamento revise la información que publican los medios sobre Sanidad. Maestros en la prohibición, y a la busca de coartada, este Gobierno es una amenaza que no cesa para la libertad de todos.

Pegar al PP puede ser rentable

Para nuestra desgracia, nos cuesta mucho abandonar la costumbre de juzgar los hechos por sus relaciones con nuestros prejuicios ideológicos. Aquí es frecuente que la buena lógica, infectada de maniqueísmo, se confunda con la atribución de toda clase de males al adversario, y perezca ante la necesidad de dar las muestras convenientes de pertenencia al rebaño de los nuestros, que, por descontado, son incapaces de cualquier debilidad o malicia. No se trata de un mal exclusivamente español, como hemos podido ver a propósito de la matanza de Arizona, pero, a decir verdad, no abundan entre nosotros los que nos recuerden, como ha hecho magníficamente Obama en un discurso reciente, que ese camino no lleva a otra cosa que al desastre. Aunque me gustaría atenerme con el máximo rigor al patriótico y bienintencionado consejo del presidente americano, no puedo evitar que el análisis de cuanto se relaciona con la violencia en España me obligue a subrayar algunas cosas que tal vez no se perciban a primera vista, y que se traen a colación no para atizar ningún fuego sino, porque nos conviene muy mucho tratar de describir con la máxima frialdad a nuestro alcance el significado político de la violencia, precisamente para hacer un vacío absoluto en torno a ella y evitar que la confrontación política pueda alimentarla de manera soterrada pero precisa.
Una de las maledicencias que se insinúan con cierta frecuencia sobre la perversidad de la derecha es que el PP no tiene realmente ningún interés en acabar con ETA, puesto que el PP se las ha arreglado para obtener un capital político constante y sonante de la persistencia de las acciones criminales de esa banda. La forma en que se interpretó el supuesto interés del gobierno de Aznar en atribuir a ETA la matanza del 11M es un ejemplo paradigmático de la eficacia de esa idea porque, en efecto, son muchos los que creen que si se hubiese podido probar la autoría de ETA, el PP no habría perdido las elecciones. Sin embargo, aquellos fueron días de múltiples errores de unos y otros, y de una inaudita crispación que culminó en el cerco de la sede central del PP el día de reflexión, y es muy difícil sostener con rigor tesis precisas sobre cuanto ocurrió en la cabeza y el corazón de los electores que modificaron su voto, algo sobre lo que existe un acuerdo bastante general entre los especialistas, pero creo que el ejemplo ilustra la interpretación a la que me estoy refiriendo.
Quienes piensan así, están poniendo en juego dos estrategias discursivas que, en cierto modo, se contradicen. Por una parte tratan de devaluar los argumentos del PP contra cualquier forma de negociación con los pistoleros, lo que supone, al menos indirectamente, que ellos pueden apoyar un acuerdo de hecho, pero, al tiempo, se quejan de que no se les reconozca su intención de acabar con el terrorismo, cuando su actitud tiene más que ver con un acuerdo honorable, lo que tendrá los méritos que tenga, pero no supone políticamente una derrota de la banda, sino un lavado de cara.
Ahora bien, si miramos los mapas electorales, es muy fácil reconocer que en aquellas regiones en que hay una mayor tolerancia con la violencia, y en las que el PP es identificado con mayor frecuencia como la causa de todos los males sin mezcla de bien alguno, cosa que ocurre en el País Vasco de manera indiscutible, pero también en Cataluña de forma más soterrada, pero no menos radical y frecuente, el PP obtiene sus peores resultados electorales. Eso significa, lisa y llanamente que la violencia contra el PP es rentable, que de ella se obtienen pingües beneficios políticos. No se trata de hechos aislados, sino de condiciones que afectan de manera muy duradera a un partido que pretende ser nacional, pero ve muy seriamente limitadas sus posibilidades merced al miedo que sienten muchos ciudadanos a que se sepa que ellos comparten las visiones, objetivos e intereses del partido tan eficazmente combatido.
Este hecho puede permitir que se entienda que la violencia política contra el PP puede ayudar directamente a sus rivales, que se puede neutralizar una pujanza que se repute excesiva, como seguramente ocurre en Murcia, mediante el recurso a la banda de la porra. No estoy acusando a nadie; ni puedo ni quiero hacerlo; mientras la policía no detenga a los agresores del Consejero murciano no se podrá establecer con un mínimo de seriedad los móviles reales de esa acción que, afortunadamente, han condenado todas las fuerzas políticas. Pero más allá de las condenas necesarias y convenientes, hay que reconocer que es profundamente lamentable que la violencia pueda tener réditos políticos, entre otras cosas porque nunca se sabe cómo puedan acabar las cosas si se inicia la espiral. Algunos pueden creer que estamos ya más allá de cualquier riesgo de sucumbir a la tentación de la violencia, pero eso no será así hasta que la violencia no sea rentable para nadie, y eso no es algo que ya hayamos conseguido.
[Publicado en El Confidencial]

Steve Jobs

Una de las noticias más repetidamente oídas a lo largo de todo el día ha sido la de la baja médica de Steve Jobs, el auténtico icono de Apple, cuya salud no es tan buena como la de su compañía. Jobs es un luchador, pero la noticia ha dañado la reputación de Apple porque existe el temor de que la compañía pueda abandonar la senda virtuosa recorrida bajo su liderazgo. Es extremadamente notable que una compañía tan sofisticada y eficiente dependa de una manera tan decisiva de su líder. En realidad, quien depende de eso es, más bien, la imagen de la compañía, pero los mercados son histéricos y tienden a preferir, como se sabe, las mentiras del día a cualesquiera clase de supuestas verdades eternas.

Jobs no es, desde luego, un directivo cualquiera sino, en todo caso, un personaje que ha logrado imponer su estilo y tener enorme éxito, hasta el punto de que uno de los problemas de Apple es que hay que decidir lo que se hace con sus enormes beneficios, y los mercados no se fían de que alguien distinto a Jobs vaya mantener el mismo nivel de excelencia en el acierto. Tal vez se equivoquen y acabe sucediendo que después de Jobs venga alguien que lo deje convertido en un ejecutivo de transición, pero no parece probable.
Detrás de los mercados hay mucha racionalidad, pero también bastante creatividad, incluso surrealismo y disparate, y saber llevar de la mano a estos dos corceles, el uno lento y con tendencia a la monotonía, el otro raudo e imprevisible, no está al alcance de cualquiera. Me parece que es esta clase de habilidades, que tantas veces dependerán de la fortuna, las que definen a un buen empresario, a un tipo capaz de romper moldes. Comparados con él, los demás son obreros, especialistas, gente que sabe, pero que no sirve para dar tono y vivir a lo grande en medio de rumores, pasiones y mitos. Y cuando se vive de esa manera, como sucede con las Bolsas, cualquier mínimo suceso puede llegar a dejar en mantillas al llamado efecto mariposa, una cosa que han inventado los físicos para sentar plaza de imaginativos, pero que, comparados con el torbellino financiero, resultan ser aburridamente previsibles.

Túnez, una esperanza cercana

Los acontecimientos de Túnez son, sin duda alguna, especialmente importantes y significativos, y, a lo que se ve, van en una dirección excelente. Transcribo a continuación, con mínimas alteraciones y con la autorización de su autor, lo que me cuenta Karim Gherab, compañero y coautor de dos de mis libros y de algunos otros trabajos, que conoce bien de cerca el caso, porque creo merece la pena:
Lo que ocurre en Túnez es un levantamiento popular espontáneo que ha logrado derrocar al ya ex-presidente, Ben Ali. Los islamistas no están, para nada, detrás de esta revuelta, conocida ya como «la revolución de los jazmines». Los lemas de la revuelta, es decir, lo que exigía la gente era: LIBERTAD, TRABAJO y DIGNIDAD.
Todo empezó el 17 de diciembre, cuando la policía humilló a un vendedor ambulante de frutas y verduras, Mohamed Bouazizi, en el pueblo sureño de Sidi Bouzid, al volcarle el carro y destruirle la mercancía por no tener la licencia de venta. Este chico, licenciado en Informática de 26 años, formaba parte del más del 50% de estudiantes universitarios en paro. Desesperado por la destrucción policial de su fuente de ingresos familiares, se inmoló frente al ayuntamiento de su pueblo. Este acontecimiento provocó el comienzo de manifestaciones en las ciudades del sur, que fueron rápidamente aplastadas sin contemplaciones por las fuerzas policiales de Ben Alí, alcanzando por entonces la suma de 60 muertos civiles. Sin embargo, las nuevas tecnologías jugaron un papel estelar en el desenlace de las revueltas: los jóvenes que salían a enfrentarse a la policía en el sur de Túnez grababan con sus móviles, no sólo los enfrentamientos, sino también las atrocidades de las fuerzas policiales, y los videos empezaron a circular vertiginosamente por Facebook, lo que hizo que los habitantes de la propia capital de Túnez se enfurecieran y salieran también a manifestarse. Cuanta más represión policial, más videos circulaban, y más de sublevaban los ciudadanos.
El viernes 14 de enero, gracias a una convocatoria lanzada por Facebook, decenas de miles de personas salieron a la calle principal de Túnez a manifestarse pacíficamente reclamando sus derechos, reclamando libertad de expresión, más empleo, menos corrupción, acceso a todas las web de Internet (Youtube, Wikileaks, y otras web estaban capadas en Túnez) y, sobre todo, la dimisión del presidente. A la manifestación acudieron abogados, empresarios, trabajadores, artistas, arquitectos, parados, ricos, pobres, amas de casa, es decir, gente proveniente de todos los estratos sociales, y todos cantaban el himno nacional mientras caminaban por la Avenida Habib Bourguiba (la «Gran Vía» tunecina). En un primer momento, Ben Ali, incapaz de hacer frente al levantamiento popular únicamente con la policía, decretó el Estado de Excepción y pidió al ejército que abriera fuego contra los rebeldes en todo el país, algo a lo que, al parecer, el general del ejercito de tierra se negó. Es más, corren rumores de que el ejército se interpuso entre la policía y los manifestantes en algunos pueblos del sur y en la capital (hay videos en Youtube que muestran a miembros del ejército abrazados con la gente, e incluso cómo hay anti-disturbios que se quitan los cascos y lloran). El ejército es una institución muy respetada en Túnez y que, tradicionalmente, no se inmiscuye en cuestiones políticas. A la desesperada, Ben Ali prometió por TV crear 300.000 empleos, abrir YouTube y otras web, bajar el precio de los alimentos de primera necesidad, no presentarse a la reelección y «acometer cambios políticos y sociales profundos». Como la gente seguía pidiendo su dimisión, destituyó primero a su ministro del interior, y posteriormente, destituyó a todo su gobierno, prometiendo elecciones libres en el plazo de 2 meses. Nada de esto le funcionó. La gente sólo quería su cabeza y, sobre todo, la de su mujer (la persona más odiada por la ciudadanía tunecina).
Uno de los motivos clave del levantamiento popular ha sido el odio infinito que tenía el pueblo a su mujer, Leila Trabelsi, y a toda la familia de ésta, llamado «el clan Trabelsi» o también «La Familia», un clan familiar que ha tenido un comportamiento «cuasi-mafioso» (palabras literales del embajador estadounidense en los cables publicados por Wikileaks) desde hace 10 años. Nadie podía crear un empresa sin pagar a correspondiente mordida al clan; ningún negocio con éxito se salvaba de la obligación de vender un 25 % de las acciones a «La Familia». En resumen, Ben Alí, su mujer y todo el clan Trabelsi se granjearon el odio, no sólo de las clases más pobres (por la falta de perspectivas laborales), sino también de las élites, los burgueses y las clases medias, gentes con carrera universitaria y frustradas por tener que dar parte de sus ingresos a estos parásitos. El acto de Mohamed Bouazizi al inmolarse fue el comienzo de un «BASTA YA!» generalizado y totalmente espontáneo que no tiene detrás a los islamistas, por mucho que éstos quieran ahora sacar provecho de lo sucedido y ponerse medallas. Es importante señalar que los cables de Wikileaks han jugado también un papel importante, ya que confirmaban, de fuentes diplomáticas americanas, lo que todo el mundo ya sabía. Los cables cuentan anécdotas lamentables, por ejemplo, la impotencia del embajador USA porque el gobierno tunecino rechazaba un incremento de becas Fullbright, o un incremento de inversiones de empresas americanas (así MacDonalds no quiso invertir en Tunez porque «La Familia» quería tener la franquicia en exclusiva), o un incremento de ayuda al desarrollo y a la concesión de becas universitarias. También contaba el embajador que un banquero le decía que había empresarios que le llamaban para pedirle consejo, porque habían recibido una llamada del clan Trabelsi, pidiéndoles dinero. O cómo la mujer del presidente creó una universidad de élites para competir con la escuela de estudios superiores patrocinada por el gobierno USA, y para hundir a ésta, se inventaba impuestos y presionaba a los padres de los estudiantes para que abandonaran la escuela norteamericana. El clan Trabelsi tenía entre manos, con malas artes, la mitad de los negocios de Túnez (bancos, concesionarios de todas las marcas de coches, representación de Boeing y Airbus, hoteles, medios de comunicación, restaurantes, etc). Y tanto su mujer como su yerno (de 29 años) estaban intentando preparar el terreno para suceder a Ben Ali (73 años y 23 en el poder) en el poder.
Desenlace: Ben Alí ha escapado con su familia a Arabia Saudi después de ser rechazado por Francia e Italia. Mientras tanto, el país vive en toque de queda, de 17h a 7h. En un primer momento, el primer ministro tomó el poder de forma temporal, pero los jueces del tribunal superior reclamaron, siguiendo lo que pone en la Constitución, que fuera el presidente del parlamento quien tomara las riendas del país. Este ha hecho un llamamiento a todas los opositores políticos en el exilio para crear un gobierno temporal de unidad nacional.
La inseguridad por la noche es grande, reina el caos, hay saqueos por la noche, por lo que los vecinos se han organizado y han creado patrullas nocturnas de vigilancia para defender sus bienes. en un principio se pensaba que los saqueos de encapuchados eran obra de gente de a pie, pero hoy mismo (confirmando los rumores que ya se leían en Facebook) se ha descubierto que los saqueos son obra de policías y milicias fieles al ex-presidente. De hecho, parece ser que los tiros que se oyen por la noche son los enfrentamientos del ejército contra la milicias de Ben Ali. Hoy mismo el ejército ha detenido al ex-jefe de seguridad de Ben Ali cuando intentaba huir a Libia y parece que la policía y el ejército están logrando, poco a poco, mejorar la seguridad en las calles. El horario del toque de queda se ha reducido un poco.
Es la primera vez en la historia que se produce una revolución democrática en un país árabe, una revolución espontánea sin islamistas ni militares detrás. No ha sido un golpe de estado, sino una revolución popular (de origen juvenil y estudiantil). Creo que posibilidades reales de que Túnez se convierta en la primera (verdadera) democracia árabe de la historia y que puede abrir el camino de revueltas similares en otros países del Magreb y oriente (Egipto, Argelia, Marruecos, Libia, Jordania…). Por supuesto que existe el riesgo de que los islamistas lleguen al poder, aunque creo que en el caso de Túnez es muy difícil que esto ocurra. El espíritu laico está muy arraigado en Túnez, hay mucha clase media, ha habido mucho contacto con los turistas en los últimos años y la admiración por Occidente es muy grande. Además, la tasa de universitarios es la más alta del Magreb y los derechos de la mujer (gracias a Habib Bourguiba, el admirado presidente anterior a Ben Ali) son, de lejos, los más avanzados del mundo árabe (en los videos, se puede ver a las mujeres participando junto a los hombres en las revueltas, sin burkas ni nada parecido).
Si surge el islamismo será, en parte, culpa de Francia, Italia y España, que han defendido a Ben Ali hasta el último momento. Ha sido vergonzoso. Los acontecimientos ocurridos han mostrado la verdadera naturaleza de las dictaduras del Magreb: regímenes policiales alentados por estos 3 países (al contrario que Alemania, USA, Canadá y Reino Unido) son una copia de la política llevada a cabo por Henry Kissinger en América del sur en los años 70. Reclamar libertad, democracia y respeto a los derechos humanos en la escena pública, y financiar al dictador en la trastienda con la excusa de frenar el auge islamista. Te puedo decir, con conocimiento de causa, que el auge islamista es una consecuencia de los métodos de dictadores como Ben Ali. Es más, al propio Ben Ali le interesaba que, de cuando en cuando, hubiera revueltas islamistas, que él, como «buen amigo» de Occidente, se encargaba de aplastar.
En fin, que los tunecinos no solo han tenido que luchar contra Ben Ali, sino también contra los gobiernos franceses, italianos y español. Por desgracia, el hecho de que Francia haya intentado hasta el último momento mantener a Ben Ali en el poder va crear resentimientos por parte de los tunecinos y franco-tunecinos. Para reparar los daños, Sarkozy dice ahora que va a congelar las cuentas bancarias sospechosas de Ben Ali en Francia y que va a expulsar a las 2 hijas de Ben Ali de Francia (ambas había huido a Paris unos pocos días antes del derrocamiento como medida de precaución). La ministra francesa de asuntos exteriores, Michèle Alliot-Marie, ofrecía el 11 de enero a Ben Ali el «savoir faire» de los antidisturbios franceses «para frenar los problemas de seguridad» de Tunez. ¡Toma ya!
Menos mal que no enviaron los anti-disturbios franceses, porque, tanto era el hambre popular por cargarse a Ben Ali y a su mujer (lo digo con mucho conocimiento de causa), que los tunecinos se los habrían comido igual. Tendrían que haber enviado el portaaviones Charles De Gaulle para hundir las ansias de libertad tunecinas…
Por cierto, otra anécdota que cuenta el embajador en los cables de Wikileaks son las «mordidas» del Banco Santander a la familia del dictador con el fin de hacer buenos negocios en Túnez.

¡Que vuelva Van Gol!

El Real Madrid de Florentino es tan bueno gestionando que ahora quiere que vuelva Van Nistelroy, al que dejaron marchar con enorme alegría. Si además tuviésemos a Seneijder, y se hubiesen esforzado por domar un poco a Etoo, es posible que el Barcelona no pudiese mirarnos desde tan arriba. Es cierto que Van nistelroy se fue porque no veía oportunidades de jugar, pero la verdadera razón de su marcha es el fichaje del paquete Benzema, una hazaña personal del boss, por la que vamos a estar bastante tiempo en el purgatorio de los mediocres. Van Nistelroy mete goles hasta con el culo, y tiene más peligro el solo que diez o doce Benzemas con buen ánimo. ¡Pero así se escribe la historia! Está claro que muchos socios del Real Madrid se dejan engañar con cuentos de hadas, pero el 2-6 y el 5-0 duelen de verdad… y ahora a recuperar a Van Nistelroy. ¡Todo un éxito de gestión de plantillas!

Diez años son una enormidad

En la época del tango se podía decir aquello de Gardel sobre que “veinte años no es nada”, pero ahora, cuando se cumplen los diez años de Wikipedia, ya podemos ir olvidándonos de esa vieja sapiencia. Diez años son un período enorme en el desarrollo tecnológico, que es uno de los factores dominantes en el estado presente de nuestro mundo. Acabo de leer un excelente, y breve, libro sobre La presunta autoridad de los diccionarios de Javier López Facal, que es una autoridad en la materia, y una de las cosas que me han sorprendido muy gratamente es que remita a sendos artículos de la Wikipedia para ampliar algunas de las cuestiones de que se ocupa en su texto. La Wikipedia es uno de los mayores logros de Internet, en mi modesta opinión, y cuanto hagamos por mejorar la versión española, que no siempre está a la altura deseable, será poco.
En estos días se han conocido dos novedades realmente impactantes, en ambos casos de Google, que va camino de ser la empresa más revolucionaria de la historia, dicho sea sin intención de exagerar. Una de ellas es que ya está disponible la traducción directa de voz entre el inglés y el español y que se puede bajar de la tienda de Android para cuantos usen ese sistema en sus móviles. La cosa me ha alegrado la vida casi tanto como la Wikipedia porque creo que se trata de una aplicación sencillamente portentosa y que será enormemente útil, aunque, como todo, pueda tener sus riesgos, especialmente para los torpes en varias lenguas y para los que, como los españoles, usamos un repertorio fonético y vocálico bastante restringido.
La segunda noticia que quiero comentar es que está disponible en Google labs el Book Ngram Wiewer, una aplicación que permite explorar los millones de libro que Google ha indexado, y que nos habilita para comprobar bastantes cosas acerca del uso de palabras y nombres en una lengua y un momento determinado. Ya hay alguna literatura científica sobre el tema, pero esto no ha hecho nada más que comenzar. Karim Gherab y yo ya hablamos de algo así en nuestro libro sobre bibliotecas digitales, pero lo importante no es imaginarlo sino hacerlo. Agradezco a Juan Manuel Rodríguez Parrondo, a Manuel González Villa y al propio Karim las primeras noticias sobre esto en el Buzz de Google, porque gracias a ellos ya he pasado unos ratos agradables comprobando cosas curiosas.
En fin que diez años son mucho más de lo que eran y la cosa se sigue acelerando. ¡Lástima de fecha de nacimiento!
[Publicado en Cultura digital]