Sobran leyes de intenciones dudosas

La creación de instrumentos legales excepcionales debería reservarse para casos gravísimos, para asuntos que no generasen ninguna posibilidad de interpretación equivocada o de abuso; para el resto de situaciones debería bastar la ley ordinaria. El hecho de que se puedan producir determinadas formas de abuso de lo que habitualmente se entiende como propiedad intelectual, un asunto menos claro que lo que pudiera parecer, no justifica de ningún modo que el gobierno o el parlamento se puedan sentir legitimados para crear nuevas normas que pongan en riesgo los derechos ciudadanos para sobreproteger los intereses de grupos bien organizados y que se no dudan en pisotear los derechos de los demás para defender sus viejos negocios. El manifiesto adjunto se opone a la iniciativa del Gobierno español que introduce una serie de medidas, unas muy discutibles, otras claramente regresivas,en la llamada Ley de Economía Sostenible, nombre que es, en sí mismo, una paradoja, como ya he señalado otras veces en este blog. Bastan las leyes comunes y hay que oponerse a los estados de excepción en defensa de intereses de terceros bien organizados, poderosos y no precisamente ecuánimes. Una de las páginas web que han surgido en contra de las medidas que prepara el gobierno español es Internet no será otra TV, es decir no quedará únicamente en manos de gobiernos y grupos poderosos, al menos eso debiéramos procurar los ciudadanos que amamos las libertades y detestamos el dirigismo y las imposiciones despóticas por muy ilustradas que se supongan.

A partir de hoy, Red y Libertad

Consideramos imprescindible la retirada de la disposición final primera de la Ley de Economía Sostenible por los siguientes motivos:

1 -Viola los derechos constitucionales en los que se ha de basar un estado democrático en especial la presunción de inocencia, libertad de expresión, privacidad, inviolabilidad domiciliaria, tutela judicial efectiva, libertad de mercado, protección de consumidoras y consumidores, entre otros.

2 – Genera para la Internet un estado de excepción en el cual la ciudadanía será tratada mediante procedimientos administrativos sumarísimos reservados por la Audiencia Nacional a narcotraficantes y terroristas.

3 – Establece un procedimiento punitivo “a la carta” para casos en los que los tribunales ya han manifestado que no constituían delito, implicando incluso la necesidad de modificar al menos 4 leyes, una de ellas orgánica. Esto conlleva un cambio radical en el sistema jurídico y una fuente de inseguridad para el sector de las TIC (Tecnología de la Información y la Comunicación). Recordamos, en este sentido, que el intercambio de conocimiento y cultura en la red es un motor económico importante para salir de la crisis como se ha demostrado ampliamente

4 – Los mecanismos preventivos urgentes de los que dispone la ley y la judicatura son para proteger a toda ciudadanía frente a riesgos tan graves como los que afectan a la salud pública. El gobierno pretende utilizar estos mismos mecanismos de protección global para beneficiar intereses particulares frente a la ciudadanía. Además la normativa introducirá el concepto de «lucro indirecto», es decir: a mí me pueden cerrrar el blog porque «promociono» a uno que «promociona» a otro que linka a un tercero que hace negocios presuntamente ilícitos

5 – Recordamos que la propiedad intelectual no es un derecho fundamental contrariamente a las declaraciones del Ministro de Justicia, Francisco Caamaño. Lo que es un derecho fundamental es el derecho a la producción literaria y artística.

6 – De acuerdo con las declaraciones de la Ministra de Cultura, esta disposición se utilizará exclusivamente para cerrar 200 webs que presuntamente están atentando contra los derechos de autor. Entendemos que si éste es el objetivo de la disposición, no es necesaria, ya que con la legislación actual existen procedimientos que permiten actuar contra webs, incluso con medidas cautelares, cuando presuntamente se esté incumpliendo la legalidad. Por lo que no queda sino recelar de las verdaderas intenciones que la motivan ya que lo único que añade a la legislación actual es el hecho de dejar la ciudadanía en una situación de grave indefensión jurídica en el entorno digital.

7 – Finalmente consideramos que la propuesta del gobierno no sólo es un despilfarro de recursos sino que será absolutamente ineficaz en sus presuntos propósitos y deja patente la absoluta incapacidad por parte del ejecutivo de entender los tiempos y motores de la Era Digital.

La disposición es una concesión más a la vieja industria del entretenimiento en detrimento de los derechos fundamentales de la ciudadanía en la era digital.

La ciudadanía no puede permitir de ninguna manera que sigan los intentos de vulnerar derechos fundamentales de las personas, sin la debida tutela judicial efectiva, para proteger derechos de menor rango como la propiedad intelectual. Dicha circunstancia ya fue aclarada con el dictado de inconstitucionalidad de la ley Corcuera (o ley de patada en la puerta).

El Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet, respaldado por más de 200 000 personas, ya avanzó la reacción y demandas de la ciudadanía antes la perspectiva inaceptable del gobierno.

Para impulsar un definitivo cambio de rumbo y coordinar una respuesta conjunta, el 9 de enero se ha constituido la «Red SOStenible» una plataforma representativa de todos los sectores sociedad civil afectados. El objetivo es iniciar una ofensiva para garantizar una regulación del entorno digital que permita expresar todo el potencial de la Red y de la creación cultural respetando las libertades fundamentales.

En este sentido, reconocemos como referencia para el desarrollo de la era digital, la Carta para la innovación, la creatividad y el acceso al conocimiento, un documento de síntesis elaborado por más de 100 expertos de 20 países que recoge los principios legales fundamentales que deben inspirar este nuevo horizonte.

En particular, consideramos que en estos momentos es especialmente urgentes la implementación por parte de gobiernos e instituciones competentes, de los siguientes aspectos recogidos en la Carta para la innovación, la creatividad y el acceso al conocimiento:

1 – Las/os artistas como todos los trabajadores tienen que poder vivir de su trabajo (referencia punto 2 Demandas legales, párrafo B. «Estímulo de la creatividad y la innovación», de la Carta);

2 – La sociedad necesita para su desarrollo de una red abierta y libre (referencia punto 2 «Demandas legales«, párrafo D «Acceso a las infraestructuras tecnológicas», de la Carta);

3 – El derecho a cita y el derecho a compartir tienen que ser potenciado y no limitado como fundamento de toda posibilidad de información y constitutivo de todo conocimiento (referencia punto 2 «Demandas legales«, párrafo A «Derechos en un contexto digital», de la Carta);

4 – La ciudadanía debe poder disfrutar libremente de los derechos exclusivos de los bienes públicos que se pagan con su dinero, con el dinero publico (referencia punto 2 «Demandas legales«, párrafo C «Conocimiento común y dominio público», de la Carta);

5 -Consideramos necesaria una reforma en profundidad del sistema de las entidades de gestión y la abolición del canon digital (referencia punto 2 Demandas legales«, párrafo B. «Estímulo de la creatividad y la innovación», de la Carta).

Por todo ello hoy se inicia la campaña INTERNET NO SERA OTRA TELE y se llevarán a cabo diversas acciones ciudadanas durante todo el periodo de la presidencia española de la UE.

Consideramos particularmente importantes en el calendario de la presidencia de turno española el II Congreso de Economía de la Cultura (29 y 30 de marzo en Barcelona), Reunión Informal de ministros de Cultura (30 y 31 de marzo en Barcelona) y la reunión de ministros de Telecomunicaciones (18 a 20 de abril en Granada).

La Red tiene previsto reunirse con representantes nacionales e internacionales de partidos políticos, representantes de la cultura y legaciones diplomáticas.

Firmado

Red SOStenible

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Antonio Fontán, nobleza obliga

Al saber del fallecimiento de Fontán, me asaltan unos versos de Rubén Darío a propósito de Machado, otro Antonio sevillano: “Fuera pastor de mil leones /y de corderos a la vez”. La personalidad de Fontán era, en efecto, muy poliédrica, aunque estaba presidida por un fondo de seriedad y de lealtad que no le abandonó nunca en sus empresas. Fontán fue, en primer lugar un intelectual riguroso, autor de un número muy alto de trabajos históricos y filológicos, llenos de interés por su erudición, su curiosidad y su talento. El último de sus libros, Príncipes y humanistas, está repleto de intención, de sabiduría: un tema arcano se convierte en una reflexión sobre la vida llena de interés, de sugerencias, de actualidad incluso.

Ser un latinista competente es argumento suficiente para una vida plena, pero Fontán supo ser más, sin dejar de ser de los mejores en lo suyo. Aunque a él no le gustase oírlo, Fontán era un español bastante raro, un tipo tan alejado de la improvisación y la chapuza como uno pueda imaginar. Además de un erudito de primer nivel, fue un extraordinario periodista que encabezó varias iniciativas históricas. Fue el alma del diario Madrid, un intento insólito de forzar la libertad política en el seno de un régimen que se resistía a perder los controles. Es pasmoso que un académico haya podido ser, un hombre de acción tan eficaz y constante. Su tarea periodística le abocó a la política de una manera natural, pero como un ejercicio de patriotismo, de lealtad al pasado y al futuro de una España a la que amaba hondamente, y para la que siempre procuró lo mejor. Los españoles, fieles a nuestra ceguera, no hemos sabido reconocer sus méritos de una manera adecuada, aunque el marquesado de Guadalcanal, de modo tardío, ha atenuado un poco esa injusticia.

Como político era ambicioso y tranquilo, astuto e ingenuo. La política fue algo que había que hacer, pero con lo que era mejor no perder la cabeza, un riesgo al que siempre están expuestas testas menos sólidas que la suya. Supo retirarse a segundo plano cuando entendió que había cumplido su misión, y concentrarse en esas tareas que no se pueden abandonar. Son muchos los que han aprendido a su vera, los que le han acompañado en sus ambiciones e ilusiones y ha sabido dejar en ellos una semilla de nobleza, de desinterés, de pasión por lo que vale la pena. Era muy notable ver la atención que dedicaba a cualquiera que tuviera algo que decirle, siendo como era uno de los españoles con mejor criterio e información del último medio siglo.

Fontán ha sido todo lo que fue desde un fondo que puede parecer contradictorio: un genuino liberal, una mente abierta, tolerante, capaz de valorar cuanto de bueno hay en este mundo y, a la vez, un hombre profundamente cristiano, dedicado discretamente a hacer el bien y a vivir su fe y su esperanza. Creo que puede decirse de él, sin irreverencia, lo que el evangelio de San Marcos dice del Maestro: Omnia bene fecit, todo lo hizo bien.

[Publicado en La Gaceta]

La continuidad de Zapatero

Hace unas semanas, un inteligente artículo de José Luis Álvarez, profesor de Esade, realizaba un llamativo análisis de la posibilidad de que el actual presidente del gobierno decidiese no presentarse a las próximas elecciones generales. El argumento del profesor Álvarez suponía que Zapatero podría renunciar a un tercer mandato, o a una derrota, para abrir un proceso que evitase a la izquierda una larga e incierta travesía del desierto.

El artículo ha abierto un debate poco corriente sobre esta cuestión, una duda que los dirigentes socialistas tratan de cerrar de manera indisimulada. Pero no es fácil que lo consigan del todo, porque el profesor madrileño ha acertado a plantear un asunto inesquivable. Según él, si todo siguiera como parece que lo va a hacer, las próximas elecciones generales serían muy diferentes a cualquiera de las anteriores por la enorme debilidad de los liderazgos en juego. Las elecciones funcionan con un sistema de agregación entre ideología, programa y liderazgo, en el que este último ha jugado siempre un papel decisivo, un papel que, en 2012, no podría ser sostenido por Zapatero, ni, según su análisis, por Rajoy. Si cualquiera de los dos grandes partidos decidiese buscar un candidato mejor el juego de fuerzas se vería alterado y, según Álvarez, el PSOE está, ahora, y no por mucho tiempo, en las mejores condiciones para lograrlo.

La consecuencia más importante de su planteamiento no es, como pudiera parecer, que evitar la alternancia en el 2012 sea completamente imposible, aunque Álvarez no lo diga con toda crudeza, sino que perder las elecciones en el 2012, con Zapatero frente a Rajoy o como fuere, no es lo peor que le pudiera pasar al PSOE. Lo que realmente está en juego es que la reconquista del PSOE al poder podría requerir un proceso muy penoso e inusitadamente largo.

Quizá el profesor Álvarez peque de optimismo por una de estas dos razones: en primer lugar, considerar que los partidos españoles puedan hacer algo contra los intereses de sus líderes, o, en segundo término, por creer que los líderes tengan la capacidad de ver más allá de sus propias vanidades.

Es posible, sin embargo, que acierte en lo que se refiere al PSOE, un partido que, como tal, tiene más cuerpo que el PP, una fuerza política lastrada por su naturaleza absurdamente monárquica y por su empeño en mantener un liderazgo hereditario.

El PSOE ha sido siempre algo más que Zapatero, y, antes del peculiar ascenso del falso leonés, ha sido algo muy distinto de lo que ahora es. La cuestión es la siguiente: ¿Hay en el PSOE energía política suficiente como para hacer cálculos a largo plazo y más allá de los inconsistentes devaneos de Zapatero? Como soy optimista, creo que es así, y me parece que hay algunos dirigentes que, digan ahora lo que dijeren, tienen que jugar a un post-zapaterismo inmediato, tal vez con el visto bueno del propio presidente.

Hay dos variables independientes que, más allá de cualquier clase de argumentos formales, van a influir poderosamente en el destino de esta cuestión: la marcha de la crisis, puesto que sería de broma que Zapatero pretendiera presentarse para arreglarla, aunque ese sea el argumento de la señorita Pajín, y las consecuencias de la sentencia del tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, sean las que fueren. No cabe negar, sin embargo, la posibilidad de que se esté gestando un cierto reflujo del PSOE hacia su versión más nacional, un papel que muchos pudieran atribuir a Bono, pero en el que un político como José Blanco podría jugar con argumentos mucho más sólidos.

Visto lo visto, para cualquier hombre de izquierda con la cabeza bien amueblada, el principal reto político es ya la salida del zapaterismo. Tal vez Álvarez sobrevalore la tendencia a la alternancia en la democracia española, aunque, evidentemente, esa tendencia sea mayor en unas elecciones nacionales que en las territoriales, pero es un factor que no cabe despreciar y en el que se apoya inequívocamente la estrategia del líder del PP.

Para los socialistas, las próximas elecciones generales representan, evidentemente, un riesgo enorme; en primer lugar, porque pueden perderlas y tratarán a cualquier precio de que no sea así, pero, en segundo lugar, porque esa derrota podría convertirse en una auténtica debacle si el partido no hubiese sido capaz de ofrecer una alternativa a la derecha, pero también a sus propios errores. Comenzar a rectificar puede ser la medida más atrevida, pero también la más acertada, porque Zapatero podría prolongar su influencia más allá de la presidencia del gobierno dando paso a una voladura controlada de los efectos de su programa, y presentándose como el líder capaz de hacer lo que no supo hacer Aznar, preparar una sucesión ordenada con un partido en forma y sin hipotecas. Algo de eso intentó hacer el partido republicano en los EEUU, pero enfrente estaba Obama, lo que no es el caso aquí.


[Publicado en El Confidencial]

La chuleta de Montilla

Una cámara de TV ha sorprendido al presidente de la Generalidad de Cataluña mientras copiaba atentamente de una mínima tarjeta para estampar su firma en un libro de dedicatorias. Si la gente supiese observar, ese detalle tendría un enorme valor. Nadie observa nada, sin embargo, porque se ha extendido la idea de que lo anormal es lo corriente, y que de nada hay que extrañarse; hemos sido tan abiertos en admitir lo que haga falta, que hemos llegado a prohibir las contradicciones, y, por ello, a ser incapaces de detectar la hipocresía o la mentira, por ejemplo. Santiago González, en su espléndido blog, llamaba la atención, hoy mismo, sobre el hecho de que un menor (o una menor, a saber) pueda cambiar de sexo, pero no se pueda revelar nada sobre su identidad, precisamente por ser menor.

La contradicción que afecta a Montilla es de enorme importancia. Un personaje que está dispuesto a enmendar la plana al Tribunal Constitucional sobre un asunto, como mínimo, intrincado y gravísimo, no es capaz de escribir una dedicatoria sin copiar de una chuleta. Ortega habló en su momento de la separación entre la España real y la España oficial, pero ahora estamos en una esquizofrenia más terrible, la que nos lleva a admitir que un individuo absolutamente incompetente desde el punto de vista intelectual y cultural pueda ser un líder nacional.

La democracia parece habernos servido para entronizar la vulgaridad y la mansedumbre, pero no para mucho más. Tardaremos en salir de este estado de inconsciencia, y ello nos costará grandes disgustos, porque nos afectan problemas para los que no existen chuletas en ninguna parte.

La televisión y las matemáticas

Hoy he visto una noticia en TV, según la cual, una leve disminución de la cantidad de sal que consumen los norteamericanos evitaría la muerte de unos 500.000 al año. Jamás imagine que la sal pudiera ser tan mortífera, pero veamos la cosa más de cerca, aunque no soy demógrafo. Según Wolfram Alpha, la población norteamericana es de 306 millones de individuos, y la mortalidad anual es de unos 2,5 millones de personas. La noticia nos dice que un 20% de esa gente se libraría de morir, de manera que la consecuencia lógica sería que, a nada que disminuyese el consumo de sal, la población actual aumentaría en un porcentaje escasamente desdeñable durante el período de vida de los que actualmente gozan de la ciudadanía americana y, en consecuencia, crecería la edad media de los norteamericanos, que ahora es de 37,5 años, algo muy envidiable. Como se entere nuestra Ministra, prohibirá la sal, más o menos lo que ha hecho el alcalde de Nueva York que es el que ha dado píe a la noticia.

Bueno, dejemos la sal en el salero, y no apostemos de manera tan radical por el aumento de la población y de su vida media. De algo hay que morir, al fin y al cabo. Lo que no es probable es que ningún periodista muera de ejercicios de cálculo, porque, aunque el exceso de sal sea peligroso, el orden de las magnitudes que manejan les suele parecer irrelevante.

Lo que España no quiere escuchar

Un artículo de Alejo Vidal Quadras en la Gaceta de hoy llama la atención sobre una carta que nadie quiere escribir, sobre los problemas de los que no se quiere hablar. Creo que habría que corregir un poco al brillante analista, y decir que esa carta sí se escribe, él mismo lo ha hecho hoy, pero son pocos los que escuchan, los que quieren oír la gravedad de lo que está pasando, en política y en economía, y tomarse en serio lo que oyen.

Quien no lo hace nunca es el presidente del gobierno, porque en lugar de ocuparse de lo que debiera, se ocupa de seguir en lo suyo, aunque haya ingenuos que piensen que pudiera no presentarse a las próximas elecciones. Zapatero está demostrando ser un maestro consumado en el arte de manejar a los españoles, porque nunca nadie ha conseguido nada con tan poco. Es el indiscutible campeón en el arte de engañar al tiempo que se halaga; nadie le aventaja en ese oficio ni se acerca a su maestría. Quienes piensen que pueda creer en algo de lo que dice tienen mucho trabajo por delante para entenderle, porque no es fácil encontrar una categoría en la que colocarle.

¿Qué dice a los españoles? Que nunca pasa nada, que todo se arregla con el tiempo, que la culpa es de otros, que no nos armemos líos innecesarios con la lógica, que no nos tomemos en serio ninguna de nuestras preocupaciones. Este personaje es el ideal para que los españoles continúen ignorando lo que les pasa, eso que ya decía Ortega que nos pasaba hace muchas décadas.

Lo terrible es que es modelo de política irresponsable ha hecho escuela, y que la oposición parece conformarse. Ya puede desgañitarse don Alejo, que mientras los españoles no vean el país hecho trizas y sin remedio preferirán seguir escuchando al flautista. Muchos creen que eso es precisamente la democracia, una especie de nirvana, y ZP es un coach inmejorable para esta clase de ejercicios: empezó con el talante y acabará con la ataraxia, es un ingeniero del alma, un verdadero poeta.

La nueva gramática de la lengua española

Los Reyes me han dejado una onerosa carga, la nueva gramática de la lengua española, de la Real Academia de la Lengua y del resto de las academias de la lengua española que existen en el mundo. La obra es excesiva, cerca de cuatro mil páginas de apretada tipografía. Carezco de cualquier autoridad técnica para criticar el contenido de la obra o sus afirmaciones más sorprendentes, pero sí creo oportuno hacer unas observaciones de usuario, un tanto frustrantes.

En primer lugar, el nivel que se exige al lector que quiera consultar cualquier cosa es muy técnico, y eso hace que muchas de sus afirmaciones sean más discutibles, seguramente, de lo que debieran.

En segundo lugar, esta obra es un trabajo de investigación, mejor, una serie de trabajos de distinto porte, que acaso tuvieran mejor cabida en revistas especializadas que en algo que debiera ser un manual de consulta para lectores preocupados con las dudas que les plantea el uso de su lengua.

En tercer lugar, la publicación de un trabajo de este tipo ya debiera ser directamente en Internet, lo que facilitaría mucho su actualización más o menos permanente.

No hay duda de que la lengua es un fenómeno cambiante, y de que la ciencia que la estudia también tiene derecho a serlo, pero me parece que el nivel de novedades que introduce esta edición, insisto en que no soy experto, va a resultar de difícil acogida para el público culto. Los especialistas pueden ir tan lejos como quieran, pero en una lengua que, de alguna manera, admite una institución que ejerza una función de carácter normativo, como son las Academias, el trabajo de estas debiera tener, me parece, un aspecto más clásico, dejando las innovaciones para los artículos de revista especializada y haciendo las explicaciones más inteligibles para el hablante no experto.

Higuaín

Ser aficionado al fútbol tiene sus inconvenientes. Uno de ellos es el riesgo permanente de oír tonterías, un género en el que muchos incluyen al fútbol, sin más. Me parece que la tontería, así, en general, juega un cierto papel muy de fondo en este asunto, pero me quiero referir ahora a un concepto, digamos, más técnico de tontería, a aquello que dicen, en ocasiones, algunos periodistas del ramo, a pesar de saber perfectamente que están diciendo algo que no dirían de no mediar intereses ajenos a lo que dicen estar comentando.

Dicen tonterías y, además, mienten, pero prefiero no llamar mentira a algo que tiene muy pocas posibilidades de engañar. En manos de los profesionales de la comunicación, el fútbol adquiere un nuevo poder, funda un nuevo negocio que, lógicamente, se apoya en el principal. Deben de alimentar a la opinión y a la pasión para que se les siga atendiendo en aquellos largos momentos en el que el fútbol está ausente. Es lógico, pues, que digan tonterías, que inventen cosas, que pretendan descubrir el Mediterráneo y reescribir a cada minuto la historia. El fútbol es tan potente que los sostiene y los resiste, pero ellos inventan tonterías y las siguen alimentando como si fueran realidades, temas genuinos de conversación inteligente, más o menos.

Una de las más notables que se vienen promocionando, sobre todo entre profesionales de una determinada cadena de medios, más entusiasta que juiciosa, es la del supuesto error del entrenador del Real Madrid por no alinear lo que llaman el tridente florentiniano, es decir, por no hacer que juegue Benzemá en lugar de Gonzalo Higuaín. Es una tontería que tropieza con el hecho evidente de que Higuaín es un futbolista excepcional, un personaje que ha aguantado, a muy corta edad, la postergación frente a nombres más poderosos, y que ha dado tardes gloriosas a la afición, además de goles bellísimos y decisivos. Naturalmente que a veces falla, pero también fallaba don Alfredo o el propio Zidane.

No estoy seguro de cuál pueda ser la causa para tratar de postergar, de nuevo, a Higuaín, pero me resisto a creer que sea cosa distinta del interés. El interés puede tener varias fuentes, aunque hay una que me parece especialmente innoble, la del halago a Florentino, como si el presidente del Real Madrid solo pudiera engrandecerse por el rendimiento de sus fichajes y no por el de los jugadores heredados. De ser así, se trataría de una tontería especialmente malévola que no traerá otra cosa que disgustos, en el caso improbable de que alguien les hiciese caso. No creo que suceda. Cuando alguien se coloca, o deja que le coloquen, por encima de lo que representa, siempre aparecen diversas faunas aduladoras, pero lo que suele pasar está perfectamente descrito en la literatura clásica, y no digo más.

Me supongo, por tanto, que la razón resida en alguno de los otros dos posibles motivos: el primero de ellos, que hay que vender, que hay que hablar de algo, pero preferiría que encontrasen mejores cebos; el segundo, que tengan algo que ganar a través de intermediaciones o contratos, lo que, desgraciadamente, está muy cerca de uno de los males del periodismo que se lleva entre nosotros, no solo en lo deportivo.

Yo, ni quito ni pongo rey, pero creo que prescindir de Higuaín es, hoy por hoy, un verdadero desatino, haya costado lo que haya costado el bueno de Benzemá, que, sin duda, tiene sus forofos.

Sobre la lectura

A mi deseo, los Reyes Magos me han regalado dos nuevos tomos de los diarios/novela en marcha de Andrés Trapiello, concretamente los dos últimos (que creo son decimosexto y decimoséptimo). Es una obra extensa, sin duda, pero menos de lo que pudiera parecer al ver los lomos, porque, por lo general, están compuestos en un tipo amplio y, a nada que se lea, se alcanzan las cincuenta páginas. Hace poco mantuve una breve conversación con varios amigos que eran, en general, reticentes sobre la obra de AT. También recuerdo que, algo más atrás, un amigo, inteligente y buen escritor (lo que no siempre tiene que coincidir), se mostró burlón al saberme lector de este Trapiello.

Este curso he propuesto a mis alumnos la lectura de un texto de David Gelertner (“El estudio del Talmud”) que trata, precisamente, sobre la lectura, en este caso a propósito de la informática y del uso científico de los textos. Gelertner presume que comprender correctamente el Talmud puede llevar más de diez años y compara la lectura que requiere con otras formas de leer. Total, que al volver a la lectura de Trapiello hube de preguntarme sobre la clase de tarea intelectual que iba a acometer. Acudí a la red y eché un vistazo a una serie de cosas sobre AT y sobre su obra; casi todo lo que pude ver me era familiar, aunque algunos detalles eran nuevos.

Hubo dos cosas que me llamaron la atención. Una de ellas, la leyenda sobre el carácter de enemigo del pueblo (literario, se entiende) que se atribuye a AT. Se refieren, sin duda, a ciertas formas de maledicencia, seguramente sinceras y adecuadas, que aparecen, de vez en cuando, en las páginas de su obra. Las que yo he visto me parecen divertidas y atinadas, además de suaves, pero no estoy seguro de que los afectados sientan lo mismo. Pensé, por un momento, si esta condición cotillil, por decirlo a la manera que también usa AT, pudiera ser uno de los motores de lectura de estos textos, más cercanos a lo clandestino que al best-seller, imagino. No lo creo, pero pudiera ser un aliciente que no haya que despreciar. De hecho uno de los amigos del autor, que aparece con frecuencia en el libro, me lo recomendó, supongo que sin querer, precisamente por eso, para ver lo que se decía de algunos conocidos comunes. En mi caso, el cotilleo me parece completamente irrelevante, porque lo que me gusta es la forma que tiene AT de transformar en texto reflexivo y cotidiano lo que pasa en su casa o en la calle, lo que también nos pasa a todos. Se trata, a mi modo de ver, de una lectura musical, aunque tal vez diga esto porque sea poco experto en música.

La segunda cosa que me llamó la atención en mis lecturas enredadas fue la afirmación de algún entusiasta de que esta obra será a nuestra época lo que fueron los Episodios Nacionales al XIX. Me parece una opinión enteramente equivocada, fuera de lugar. No creo que ni la intención, ni el estilo, ni la realidad que se relata tengan nada que ver con el mundo galdosiano. No entro a valorar lo que dirán nuestros nietos sobre el particular. Habrá, como es lógico, de todo. Pero si se impusiese una tesis similar a la que rechazo, habría que reconocer que Gelertner tiene mucha razón y que, si no se aprende a leer con el Talmud, apenas se sabe leer otra cosa que signos u órdenes, como, por ejemplo, cuando vemos un Stop. Me parece que AT puede hacer de Talmud y que algunos han leído a Galdós y a Trapiello como quien lee el código de la circulación.

Zapatero y el poder de la palabra

Una de las cualidades más sorprendentes del actual presidente del gobierno es su comportamiento verbal. No es demasiado difícil caer en la cuenta de que, puesto que, de manera corriente, la palabra es una forma esencial de comunicarnos, es posible también que la palabra se convierta en una forma de desconcierto, de intoxicación y falseamiento. No estoy sugiriendo que eso sea precisamente lo que hace Zapatero, y no lo estoy diciendo porque hoy es relativamente simple enterarse acerca de la verdad de las cosas. Zapatero no pierde el tiempo, por ejemplo, tratando de disimular las cifras del paro o de disminuir las magnitudes del déficit público; otros se encargan de hacerlo con asiduidad, y el presidente se siente liberado de una función tan escasamente brillante.

Lo que hace Zapatero pertenece a otro reino que el de la desinformación. Por decirlo con una contraposición más o menos habitual, Zapatero no se dedica al mensaje sino al masaje. Él no pretende engañar a nadie, sino recordar de manera continua a los suyos que él es de los nuestros, que él está donde está porque alguien tiene que estar precisamente en la Moncloa para evitar diversas catástrofes que aterrorizan a los suyos. El subtexto de sus discursos dice algo como esto: el mundo es cruel e injusto y ya sabemos que no se puede crear el paraíso, pero mientras nosotros estemos al frente del poder político, la derecha no podrá hacer con nosotros lo que haría con toda seguridad si nos dejásemos. Por eso, el momento cumbre de Zapatero estuvo en su primera victoria, un mandato para pararle los píes a un partido que había ido demasiado lejos, tras haber ganado por dos veces las elecciones.

En este universo maniqueo, Zapatero se mueve como pez en el agua, y toda su política ha estado destinada a alimentar el maniqueísmo radical. Zapatero ha sabido ver que la izquierda estaba perdiendo la batalla porque había concedido demasiado, porque había abdicado de su misión esencial de contener a los explotadores, a los perversos de toda laya. Es curioso observar como en esa nueva era de la izquierda el papel de la maldad se ha desplazado del capitalismo a la derecha política, al adversario electoral. Los banqueros no son un problema, si se los trata adecuadamente; los empresarios, especialmente si son grandes, están demasiado acostumbrados a llevarse bien con el gobierno como para que puedan dar guerra. Los verdaderos enemigos son, por tanto, los partidos de centro y de derecha, sus militantes y sus líderes, además de los medios de expresión que les apoyan, aunque también con esos se puede llegar a alguna entente cordial.

Si se parte de esta cosmovisión de la izquierda, la siguiente operación política tiene que consistir, por fuerza, en convencer a los suyos de que cualquier crisis económica tiene dos características esenciales, a saber, o bien no existe, que es lo que decía durante su primera legislatura, o bien es inevitable, pero pasajera, que es lo que dice ahora, de forma que lo único que hay que hacer, es mantener la unidad sindical, y gastar dinero público sin tasa para que los nuestros puedan soportar los efectos de la crisis sin perder la fe en la importancia de seguir ganando las elecciones para la izquierda.

Zapatero sabe muy bien que la discusión política no puede ser útil más que si es radical. Por eso se entiende tan bien con los nacionalistas, que son maestros en la retórica de la exclusión, y por eso vio en el Pacto del Tinell, por el que se descartaba al PP de cualquier posibilidad de acuerdo, la clave maestra de una nueva izquierda. Esta es la razón por la cual Zapatero ha tenido que buscar motivos de confrontación cuando no los había, porque es necesario fortalecer la convicción de que la izquierda había traicionado su misión al dejar que la derecha pudiese tener alguna tecla que tocar en una democracia.

No es difícil ver que toda la estrategia de comunicación de Zapatero busca crear una atmósfera virtual que aparte a los suyos de la tentación de discutir las cosas en los términos en que, según él, quiere plantearlos la derecha, a base de números o de argumentos lógicos, por ejemplo. Ya dejó muy claro desde el principio que la política y la lógica eran realidades extrañas. Zapatero entiende, por el contrario, que la política es un menester poético y moral, un manoseo del Bien y la Belleza sin que deba importar lo más mínimo un posible miedo al ridículo; pocos políticos se habrían atrevido, en efecto, a enarbolar la retórica de la tierra y el viento en un ámbito en que se discutían crudamente los precios de la energía y los costes de la política ambiental.

La pregunta es: ¿Cómo tiene éxito un mensaje político tan estrafalario? La respuesta es larga, pero hay un elemento que no conviene desdeñar: tanto nuestra tradición escolástica y barroca, como nuestra débil cultura científica, favorecen el aprecio por mensajes que viene desde arriba y que, aunque no signifiquen nada, nos confirman en que somos los mejores.

[Publicado en El Confidencial]